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El conflicto en el sistema aerocomercial argentino vuelve a escalar. La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) ratificó un paro total en todos los aeropuertos del país, que comenzará a las 0 horas del próximo lunes y dejará sin vuelos a miles de pasajeros en plena temporada estival.

La decisión fue adoptada tras una asamblea realizada en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, luego de que —según denunció el gremio— no existiera ninguna convocatoria oficial al diálogo por parte del Ejecutivo nacional. La medida de fuerza afectará los servicios de control, administración y fiscalización, funciones clave para la operatoria aérea, lo que en los hechos implica la paralización casi absoluta del sistema.

Desde el sindicato anticiparon que el impacto será especialmente severo durante la franja horaria matutina, cuando se concentra el mayor volumen de vuelos domésticos e internacionales. En ese sentido, ATE-ANAC aseguró que avisó con antelación a las compañías aéreas y a la comunidad para que puedan reprogramar los vuelos afectados.

No obstante, el escenario permanece atravesado por la incertidumbre. Hasta el momento, la Secretaría de Trabajo no emitió señales sobre el dictado de una conciliación obligatoria, aunque en el gremio no descartan que el Gobierno recurra nuevamente a ese recurso a último momento para postergar la protesta, como ocurrió en conflictos anteriores. Esa posibilidad mantiene en vilo tanto a trabajadores como a usuarios, ya que el paro podría concretarse este lunes o desplazarse hacia la segunda quincena de febrero.

Los ejes del reclamo

El secretario general de ATE-ANAC, Marcelo Belelli, fue categórico al explicar las razones de la medida. “No hemos tenido ningún tipo de convocatoria de las autoridades a ningún tipo de diálogo. Por eso se mantiene el paro dispuesto para el lunes próximo desde la cero hora”, señaló.

El núcleo del conflicto gira en torno a recortes salariales compulsivos aplicados sobre haberes ya liquidados, una práctica que el sindicato considera una violación directa de acuerdos paritarios vigentes. A eso se suma el reclamo por una recomposición urgente de la escala salarial, frente a una inflación que continúa deteriorando los ingresos del sector.

Desde la conducción gremial también denunciaron una postura de “intransigencia extrema” por parte del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, a quien responsabilizan por el estancamiento de las mesas de negociación. Además de los reclamos salariales, ATE-ANAC exige garantías sobre las condiciones de seguridad operativa en las terminales aéreas, un punto sensible en un sistema que funciona bajo estándares internacionales estrictos.

Un conflicto que no es aislado

La medida de fuerza del lunes se inscribe en un proceso de conflictividad persistente dentro de la aviación civil argentina. Durante 2024, primer año de la gestión de Javier Milei, el sector atravesó múltiples paros parciales y asambleas que derivaron en la declaración de la “esencialidad” del servicio por parte del Gobierno, una decisión que aún genera disputas judiciales en torno al derecho constitucional a huelga.

En 2025, el escenario no mostró una distensión. Paros sorpresivos en los servicios de rampa y maleteros derivaron en una reestructuración del sistema de servicios de tierra, profundizando la fricción entre los sindicatos estatales y las áreas de transporte. Lejos de resolverse, los conflictos se fueron acumulando y configuraron un clima de tensión permanente.

El paro total anunciado por ATE-ANAC expone, una vez más, la fragilidad de los canales de diálogo entre el Gobierno y los trabajadores del Estado en áreas estratégicas. En un sector altamente sensible como el aerocomercial, la ausencia de mediación no solo deriva en conflictos gremiales, sino también en un impacto directo sobre la actividad económica y los usuarios.
Mientras el Ejecutivo evalúa —o demora— una posible conciliación obligatoria, el conflicto sigue abierto y la incertidumbre se impone como denominador común. El lunes, salvo una intervención de último momento, los aeropuertos del país volverán a ser escenario de una protesta que ya no parece excepcional, sino parte de una dinámica estructural de confrontación.

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Del despido al volante: las plataformas ya suman 600.000 conductores en Argentina

El deterioro del mercado laboral empuja a cada vez más trabajadores hacia las plataformas de transporte. Según entidades del sector, la cantidad de choferes activos se duplicó en los últimos tres años y ya alcanza a unas 600.000 personas. El fenómeno refleja el avance de formas de empleo sin estabilidad ni cobertura social.

La pérdida de puestos de trabajo y la desaceleración de la actividad económica están modificando el mapa laboral argentino. Mientras la desocupación alcanzó el 7,8% en el primer trimestre de 2026, las plataformas de transporte se consolidan como uno de los principales refugios para quienes quedan fuera del mercado formal.

Según datos de la Asociación Civil Conductores de Aplicaciones Unidos de la República Argentina (ACCAURA), la cantidad de choferes que trabajan mediante Uber, Didi, Cabify y otras aplicaciones pasó de unos 300.000 en 2023 a cerca de 600.000 en la actualidad. El número prácticamente se duplicó en un período marcado por el deterioro de los indicadores laborales y la caída del empleo registrado.

Desde la entidad sostienen que el perfil de los trabajadores cambió de manera significativa. Si en años anteriores predominaban quienes buscaban complementar ingresos o aprovechar la rentabilidad de la actividad, hoy se incorporan profesionales, jubilados, trabajadores despedidos y mujeres jefas de hogar que encuentran en las plataformas una alternativa inmediata para generar recursos.

La tendencia se observa con mayor intensidad en zonas golpeadas por la retracción industrial y comercial. El conurbano bonaerense concentra parte de ese proceso. En Pilar, por ejemplo, miles de desvinculaciones registradas en los últimos meses dentro del entramado fabril reflejan las dificultades que atraviesa la producción. La situación también impacta sobre actividades estratégicas como la metalurgia, el sector textil, la pesca y distintas ramas manufactureras.

Los datos regionales muestran la misma dirección. En Mar del Plata, la desocupación pasó del 6% al 9,3% en apenas un año, un incremento registrado incluso durante un período que incluyó la temporada turística estival, tradicionalmente favorable para la generación de empleo.

Sin embargo, el crecimiento de las aplicaciones no necesariamente se traduce en mejores condiciones económicas. De acuerdo con estimaciones del sector, alcanzar ingresos netos cercanos a los dos millones de pesos mensuales exige jornadas de entre 45 y 50 horas semanales, además de absorber costos cada vez más elevados de combustible, mantenimiento, seguros y depreciación de los vehículos.

La ecuación resulta aún más exigente para quienes no poseen automóvil propio. Actualmente miles de conductores alquilan unidades destinadas exclusivamente al trabajo en plataformas, con costos semanales que rondan entre 380.000 y 400.000 pesos, una cifra que reduce significativamente el ingreso final.

En este sentido, el crecimiento de esta modalidad reavivó el debate sobre la regulación del trabajo digital. Las organizaciones de conductores reclaman reconocimiento laboral, límites a las comisiones empresariales, transparencia en los algoritmos que asignan viajes y mecanismos de protección social. El planteo cobra relevancia en un mercado que ya reúne a cientos de miles de trabajadores y que continúa expandiéndose al ritmo de la fragilidad del empleo tradicional.

La expansión de las aplicaciones aparece así como una de las expresiones más visibles de la transformación que atraviesa el mercado laboral argentino: menos empleo formal, mayor informalidad y un aumento en el traslado de trabajadores hacia esquemas de ocupación flexibles, pero desprovistos de las garantías históricas del trabajo registrado.

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La canasta de servicios subió 919% desde 2023 y profundizan la pérdida de ingresos

La recomposición tarifaria continúa ampliando la brecha entre la evolución de los ingresos y el costo de los servicios esenciales. Durante junio, un hogar promedio del Área Metropolitana de Buenos Aires necesitó $282.758 para cubrir los gastos de electricidad, gas, agua y transporte, un desembolso que se incrementó 10,1% respecto de mayo y 54% en comparación con igual mes del año pasado.

El dato más significativo surge de la evolución acumulada desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), la canasta de servicios públicos registró un aumento del 919% desde diciembre de 2023, muy por encima de la inflación acumulada estimada para el mismo período, cercana al 236%.

La aceleración de junio respondió tanto a nuevos ajustes tarifarios como al impacto del invierno sobre el consumo residencial. El gas encabezó los incrementos con una suba mensual del 23,4%, impulsada por actualizaciones en los cuadros tarifarios y una mayor demanda estacional. La electricidad siguió la misma tendencia y registró un aumento del 14,8%.

Sin embargo, el transporte continúa siendo el componente de mayor incidencia sobre el presupuesto familiar. El rubro concentra el 41% del gasto total de la canasta y exhibe el mayor incremento interanual, con una variación del 75%. De hecho, explica por sí solo la mitad del aumento registrado por el conjunto de los servicios durante los últimos doce meses.

La presión sobre los ingresos se vuelve cada vez más evidente. En junio, la canasta representó el 15% del salario promedio registrado, estimado en $1,9 millones. Un año atrás, ese mismo ingreso permitía adquirir ocho canastas completas; hoy alcanza para apenas 6,8, reflejando el deterioro relativo del poder de compra frente a los servicios regulados.

El informe también muestra que el proceso de reducción de subsidios avanza de manera desigual. Mientras el Estado incrementó en términos reales las transferencias destinadas al sistema energético, las compensaciones al transporte retrocedieron significativamente durante el último año. Como resultado, los usuarios absorben una porción creciente de los costos operativos, especialmente en movilidad urbana.

Aun cuando las tarifas del AMBA cubren en promedio el 58% del costo efectivo de los servicios, la tendencia apunta hacia una mayor participación de los hogares en el financiamiento del sistema. En ese contexto, la evolución de los servicios públicos se consolidó como uno de los principales factores de presión sobre el ingreso disponible de las familias, incluso en un escenario de desaceleración inflacionaria.

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La UTA advirtió que peligra la paz social y reactivó la amenaza de un paro

El gremio que lidera Roberto Fernández reclamó una recomposición salarial acorde a la inflación y responsabilizó a empresarios y al Gobierno por la falta de respuestas. Aunque todavía no hay una fecha definida, la organización analiza medidas de alcance nacional que podrían afectar tanto al AMBA como a los servicios urbanos del interior.

La paritaria del transporte automotor volvió a ingresar en una zona de alta conflictividad. La Unión Tranviarios Automotor (UTA) reiteró su reclamo de actualización salarial y advirtió que podría avanzar con medidas de fuerza si las cámaras empresarias no presentan una oferta que permita recuperar el poder adquisitivo de los choferes.

La advertencia fue formulada por el secretario general del sindicato, Roberto Fernández, quien sostuvo que las negociaciones permanecen estancadas y alertó que «los días pasan y la paz social peligra». El reclamo apunta a obtener una recomposición que contemple la inflación acumulada durante el segundo trimestre del año.

El principal foco del conflicto se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se negocian las condiciones salariales de la mayor parte del sistema. Sin embargo, una eventual medida de fuerza podría extenderse al resto del país, ya que la UTA nuclea a los trabajadores del transporte urbano y de media distancia de numerosas provincias.

Las empresas, por su parte, argumentan que no cuentan con recursos para afrontar nuevos aumentos sin una actualización del esquema de subsidios nacionales. Esa disputa volvió a colocar al Gobierno en el centro de la negociación, dado que cualquier acuerdo salarial depende en gran medida de la ecuación financiera que sostiene al sistema.

Aunque el gremio no definió todavía la modalidad de protesta, entre las alternativas analizadas aparecen restricciones parciales de servicios, reducción de frecuencias o un paro de actividades. La decisión quedará supeditada al resultado de las próximas reuniones paritarias.

En San Juan, la situación es seguida con atención por las empresas y los trabajadores del sector. Si la conducción nacional de la UTA resolviera convocar a una medida de alcance federal, los servicios provinciales podrían verse alcanzados por la protesta, como ha ocurrido en anteriores conflictos salariales. Por el momento, no existe una convocatoria formal ni una fecha definida para una interrupción del transporte.

La nueva advertencia sindical refleja un problema que trasciende la discusión salarial. La combinación de inflación, subsidios insuficientes y mayores costos operativos mantiene bajo presión a uno de los servicios públicos más sensibles del país. Sin una salida consensuada, el conflicto amenaza con escalar y volver a afectar la movilidad de millones de pasajeros.

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