Sturzenegger ordena el retiro forzoso de estatales mayores sin aportes y los empuja a la PUAM
La resolución del Ministerio de Desregulación limita contratos y obliga a jubilarse a trabajadores que no reúnen los años de aportes. El fin de la moratoria previsional agrava el impacto social y deja a miles sin empleo ni jubilación plena.
La política de ajuste sobre el Estado nacional sumó un nuevo capítulo de alto impacto social. Una resolución firmada por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, dispuso la desvinculación forzada de trabajadores estatales que alcanzaron la edad jubilatoria —65 años los hombres y 60 las mujeres— incluso cuando no cuenten con los aportes necesarios para acceder a una jubilación contributiva.
La medida establece que los contratos de trabajadores en edad jubilatoria solo podrán prorrogarse por un plazo máximo de seis meses. Cumplido ese período, deberán cesar, quedando los empleados obligados a iniciar trámites previsionales aun cuando no reúnan los requisitos mínimos. En los hechos, esto implica que miles de personas quedarán sin trabajo y sin jubilación.
Intimación sin distinción y sin alternativas
La resolución ordena a los organismos del Estado presentar constancias de intimación a jubilarse de todo el personal que haya alcanzado la edad establecida por ley. Esta exigencia se convierte en condición para que el Gobierno habilite la renovación de otras contrataciones no permanentes, generando un fuerte mecanismo de presión administrativa.
El punto más crítico es que la intimación no distingue entre quienes cuentan con los 30 años de aportes requeridos y quienes no. Para este último grupo, la consecuencia es directa: pérdida del empleo y ausencia total de herramientas para completar los aportes faltantes, ya que el Gobierno decidió no prorrogar la moratoria previsional prevista en la ley 27.705.
Durante 2024, seis de cada diez jubilaciones se otorgaron gracias a ese mecanismo. Su eliminación anticipa un escenario de exclusión previsional que ahora se profundiza con la desvinculación laboral forzosa.
La PUAM como única salida
Para quienes no logren jubilarse, la única alternativa será la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), cuyo haber equivale al 80% de la jubilación mínima y asciende actualmente a $279.443. Se trata de una prestación asistencial que no otorga derecho a pensión por fallecimiento ni los beneficios completos de una jubilación contributiva, y que solo garantiza el acceso a la cobertura de PAMI.
En un contexto de caída sostenida del empleo privado —especialmente para mayores de 60 años— la posibilidad de reinsertarse laboralmente aparece como una opción casi inexistente.
Ajuste incluso en áreas críticas
La resolución se aplicará incluso en dependencias donde el trabajador intimado a jubilarse es el único técnico con experiencia específica o en áreas que ya funcionan con dotaciones por debajo del mínimo operativo, producto de los sucesivos recortes. El impacto no solo será social, sino también funcional, afectando la capacidad operativa del Estado en áreas sensibles.
No es un hecho aislado. En octubre de 2024, la resolución 3/2024 de Sturzenegger ya había intimado a jubilarse a unos 10.000 trabajadores estatales que sí reunían los requisitos, más de 6.800 de ellos pertenecientes a la planta permanente. La nueva medida apunta, ahora, directamente a quienes no pueden jubilarse.
Casi 80 despidos por día
Las cifras dimensionan la magnitud del ajuste. La Administración Pública Nacional cerró diciembre de 2025 con 280.120 trabajadores, un 7,2% menos que en 2024, año que ya había registrado una caída superior al 10%.
Desde diciembre de 2023 se eliminaron aproximadamente 63.000 puestos de trabajo, lo que representa una reducción del 18,4% de la planta estatal. En términos concretos, son casi 80 despidos por día, según datos del Centro CEPA.
Rechazo sindical y alerta social
El secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, calificó la decisión como “cruel e inhumana”. “Esta medida condena a los trabajadores a quedarse sin trabajo, sin obra social y sin la posibilidad real de jubilarse. Hoy el Gobierno presiona a quienes tienen 29 años de aportes para que elijan entre una PUAM o la calle”, denunció.
La resolución se inscribe en una situación donde casi un millón de jubilados cobran la mínima y muchos se ven obligados a seguir trabajando para sobrevivir. La combinación de despidos, eliminación de la moratoria y retiro forzoso configura un ámbito de fuerte regresión en materia de derechos laborales y previsionales.
Un ajuste que redefine el rol del Estado
La ofensiva del Ministerio de Desregulación no solo busca reducir el gasto público, sino redefinir el vínculo del Estado con sus trabajadores, trasladando el costo del ajuste a los sectores más vulnerables. La desvinculación de empleados mayores sin aportes suficientes marca un punto de inflexión: por primera vez, el ajuste no solo recorta empleo, sino que clausura el acceso a la jubilación plena.
El impacto social de esta decisión recién comienza a desplegarse, pero sus consecuencias ya anticipan un aumento de la precariedad, la desigualdad y la exclusión previsional en la Argentina.
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La CGT se suma la Marcha Federal Universitaria y endurece su rechazo al recorte educativo
La CGT oficializó su adhesión a la Marcha Federal Universitaria convocada para el 12 de mayo y reforzó el respaldo político y sindical al reclamo de docentes, nodocentes y autoridades académicas. La decisión expone la magnitud del deterioro presupuestario que atraviesan las universidades nacionales y convierte la protesta en una nueva señal de confrontación con el gobierno de Javier Milei.
La Confederación General del Trabajo resolvió involucrarse de lleno en uno de los conflictos más sensibles que atraviesa hoy la administración nacional: el financiamiento del sistema universitario. Tras una reunión mantenida en la sede de Azopardo con representantes gremiales y autoridades del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la central obrera confirmó que participará activamente de la Marcha Federal Universitaria prevista para el próximo 12 de mayo.
La definición no constituye un gesto menor. La incorporación formal de la CGT al reclamo educativo amplifica el alcance político de una protesta que ya había encontrado respaldo entre estudiantes, docentes y rectores de todo el país. La decisión sindical coloca el debate universitario en una dimensión más amplia: la discusión sobre el papel del Estado, la inversión pública y las consecuencias sociales del programa económico impulsado por la Casa Rosada.
Durante el encuentro participaron Franco Bartolacci, presidente del CIN, y Anselmo Torres, vicepresidente de la entidad, quienes expusieron ante el Consejo Directivo de la CGT un panorama crítico sobre el funcionamiento de las universidades nacionales. Según describieron, la falta de actualización presupuestaria y la negativa del Ejecutivo a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario comprometen desde el sostenimiento operativo básico hasta la continuidad de proyectos académicos, científicos y de extensión.
La preocupación excede lo estrictamente administrativo. Rectores y sindicatos coinciden en que la fragilidad financiera comienza a impactar de manera directa sobre la calidad educativa y sobre las condiciones laborales de miles de trabajadores del sistema público de educación superior.
En ese contexto, la central obrera decidió asumir una posición de acompañamiento explícito. El dirigente del Sindicato del Vidrio y cotitular de la central obrera, Cristian Jerónimo, fue el encargado de transmitir la postura sindical. “Vamos a adherir y a acompañar la marcha de los universitarios para repudiar y rechazar las políticas del gobierno de Milei, y solidarizarnos con esta gran lucha que están dando los compañeros”, sostuvo.
La definición sintetiza el cambio de escala que adquirió el conflicto universitario en las últimas semanas. Lo que comenzó como un reclamo presupuestario circunscripto al ámbito académico terminó convirtiéndose en un punto de convergencia para distintos sectores golpeados por el ajuste fiscal. La CGT interpreta que el deterioro de las universidades no afecta únicamente a la comunidad educativa, sino también al entramado productivo y al horizonte de movilidad social de amplias franjas de la población.
Desde la conducción sindical sostienen que el debilitamiento de la educación pública repercute de manera directa sobre la formación técnica y profesional de los trabajadores argentinos. Bajo esa mirada, el recorte universitario no sólo representa una discusión contable, sino una definición política sobre el modelo de país y las oportunidades de desarrollo futuro.
La situación salarial ocupa además un lugar central dentro de las demandas. Tanto la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) como la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) advirtieron sobre el deterioro acelerado de los ingresos del sector. Sus secretarios generales, Daniel Ricci y Walter Merkis, reclamaron la inmediata reapertura de paritarias y cuestionaron la ausencia de respuestas oficiales frente a la pérdida del poder adquisitivo.
Los dirigentes sindicales remarcaron que gran parte del funcionamiento universitario se sostiene actualmente gracias al esfuerzo de docentes y trabajadores nodocentes que continúan desempeñando tareas con salarios profundamente erosionados por la inflación. La advertencia apunta a una consecuencia que comienza a inquietar dentro de las propias casas de estudio: la dificultad creciente para retener profesionales altamente capacitados dentro del sistema público.
La movilización del 12 de mayo aparece así como una instancia de fuerte contenido político y social. La expectativa de los organizadores es reeditar la masividad observada durante las grandes marchas universitarias realizadas durante el primer año de gestión libertaria, cuando cientos de miles de personas colmaron las calles en defensa de la educación pública.
Sin embargo, el trasfondo del conflicto exhibe una discusión todavía más profunda. El enfrentamiento entre el Gobierno y el sistema universitario expresa dos visiones contrapuestas sobre el rol del Estado y las prioridades presupuestarias de la Argentina actual.
Mientras la administración de Javier Milei insiste en sostener el ajuste fiscal como eje central de su programa económico, las universidades, los gremios y ahora también la CGT advierten que la reducción del gasto público amenaza áreas estratégicas para el desarrollo nacional.
La incorporación de la CGT al reclamo universitario también revela una recomposición de alianzas dentro del universo sindical y social. Docentes, estudiantes, nodocentes, rectores y gremios industriales confluyen ahora en una misma convocatoria, articulando una respuesta colectiva frente a políticas que consideran regresivas para el sistema educativo y el mercado laboral.
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“La universidad está siendo llevada a una asfixia presupuestaria”, advirtió Jaime Barcelona
El secretario general de ADICUS, Jaime Barcelona, describió el deterioro salarial que atraviesan docentes y no docentes de la Universidad Nacional de San Juan y cuestionó el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Alertó sobre vacantes que ya no logran cubrirse, el éxodo de profesionales hacia otros sectores y las dificultades para sostener el funcionamiento académico en medio del ajuste presupuestario impulsado por el Gobierno nacional.
La crisis que atraviesa el sistema universitario argentino dejó de expresarse únicamente en estadísticas presupuestarias para instalarse de lleno en la vida cotidiana de las universidades nacionales. La caída del poder adquisitivo, la paralización de partidas destinadas a investigación y becas, y la falta de actualización de fondos para funcionamiento comenzaron a impactar de manera directa en las aulas, los equipos académicos y la estructura operativa de las casas de altos estudios.
En ese escenario, Barcelona dictaminó un severo diagnóstico sobre la situación que atraviesa la Universidad Nacional de San Juan y advirtió que el deterioro salarial ya empuja a numerosos docentes a abandonar la actividad universitaria en busca de ingresos más competitivos en otros ámbitos laborales.
“La situación es muy complicada para poder sostenernos”, resumió el dirigente sindical al describir el efecto concreto que tuvo la inflación sobre los salarios del sector desde fines de 2023. Según explicó, el retraso salarial acumulado dejó a numerosos trabajadores universitarios —docentes y no docentes— por debajo de la línea de pobreza, mientras el desfasaje entre ingresos y costo de vida continúa ampliándose mes tras mes.
Barcelona sostuvo que el problema ya no se limita a una pérdida transitoria del poder adquisitivo, sino que empieza a comprometer el funcionamiento estructural de las universidades. La consecuencia más visible, señaló, es la creciente dificultad para retener profesionales formados dentro del sistema público.
“Muchos docentes han decidido emigrar de la universidad hacia otros ámbitos públicos o privados en busca de mejores salarios”, explicó. La salida de personal académico, añadió, comienza a dejar vacíos difíciles de cubrir, particularmente en cargos iniciales y dedicaciones intermedias cuyos ingresos quedaron muy por debajo de los valores del mercado laboral.
La preocupación sindical también apunta al incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya aplicación continúa judicializada. Para el gremio, la falta de transferencia de fondos impide recomponer salarios, normalizar las negociaciones paritarias y garantizar el sostenimiento operativo de las universidades nacionales.
El representante gremial recordó que la normativa establece mecanismos concretos de actualización salarial vinculados a la evolución inflacionaria, además de contemplar partidas para funcionamiento, becas estudiantiles y actividades académicas esenciales. Sin embargo, denunció que esos recursos no están llegando al sistema universitario.
“El gobierno ha eliminado nuestras paritarias desde agosto de 2024”, afirmó el dirigente, al cuestionar la interrupción de las instancias formales de negociación salarial. A su entender, el congelamiento presupuestario y la ausencia de acuerdos paritarios profundizaron el deterioro económico de miles de trabajadores del sector.
El impacto ya se percibe en áreas sensibles de la vida universitaria. Laboratorios con recursos limitados, actividades de campo restringidas, becas sin actualización y dificultades para sostener servicios estudiantiles forman parte de un cuadro que, según advierten desde el sindicalismo universitario, amenaza con erosionar progresivamente la calidad académica.
La situación se vuelve todavía más delicada en carreras donde comienzan a registrarse dificultades para cubrir cargos vacantes. Barcelona explicó que, ante jubilaciones o renuncias, las universidades encuentran cada vez menos interesados en asumir horas cátedra cuyos salarios resultan insuficientes frente a otras alternativas laborales.
“Nadie quiere tomar cargos por salarios que no alcanzan”, señaló, al describir un fenómeno que ya repercute en la organización académica cotidiana. El dirigente sostuvo que la brecha salarial con el sector privado e incluso con otras áreas del empleo público provincial genera una migración constante de profesionales formados dentro de la universidad pública.
En este ámbito, el sindicalismo universitario profundiza las medidas de visibilización y prepara una nueva movilización federal prevista para el 12 de mayo. La convocatoria buscará reeditar el respaldo social que las universidades lograron meses atrás, cuando cientos de miles de personas participaron de marchas masivas en defensa de la educación pública.
En San Juan, ADICUS coordina acciones junto a otros gremios, autoridades universitarias y organizaciones estudiantiles. Entre las actividades previstas se incluyen recorridas por cursos, campañas de difusión y conferencias de prensa destinadas a reforzar el reclamo por financiamiento y recomposición salarial.
El conflicto universitario, lejos de agotarse en una discusión presupuestaria, expone una disputa más profunda sobre el modelo educativo y científico que el país pretende sostener. Mientras docentes, investigadores y estudiantes advierten sobre las consecuencias del ajuste, la educación superior nacional enfrenta uno de los desafíos más delicados de las últimas décadas: preservar su capacidad académica y su función social en medio de una restricción financiera que amenaza con dejar secuelas de largo plazo.
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INTI e INTA, en la mira del ajuste: gremios denuncian vaciamiento y privatización encubierta
La administración de Javier Milei profundizó su ofensiva sobre organismos científicos y tecnológicos del Estado. Mientras el INTI anticipó despidos masivos sin precisiones oficiales, el INTA habilitó un régimen de retiros voluntarios que alimenta la preocupación por el debilitamiento de áreas estratégicas para la industria, la producción y el desarrollo federal.
La política de ajuste impulsada por el Gobierno nacional abrió un nuevo frente de conflicto con los trabajadores estatales y con amplios sectores vinculados al sistema científico-tecnológico argentino. Esta vez, el foco quedó puesto sobre dos organismos históricos: el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), piezas centrales para el desarrollo productivo, la investigación aplicada y la asistencia técnica en todo el país.
Las señales que surgieron durante los últimos días encendieron alarmas dentro de ambos institutos. En el INTI, las autoridades comunicaron a representantes gremiales que avanzarán con una reducción significativa de personal, aunque evitaron brindar detalles sobre la cantidad de despidos, las áreas alcanzadas o los criterios que se utilizarán para ejecutar las desvinculaciones. La indefinición oficial profundizó el clima de incertidumbre y tensión interna entre los trabajadores.
La respuesta sindical fue inmediata. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) convocó a un paro y movilización para este jueves 7 de mayo en rechazo a lo que considera un proceso de vaciamiento deliberado del organismo. Mercedes Cabezas, secretaria general adjunta de ATE Nacional, describió un escenario atravesado por la presión y el temor dentro de la institución.
“Nos dijeron que iban a desvincular a gran parte de los trabajadores, pero no precisaron números ni plazos ni razones. La incertidumbre es total”, advirtió la dirigente sindical. Además, denunció la presencia de fuerzas de seguridad dentro del predio del instituto. “Militarizaron el lugar, con Gendarmería adentro”, sostuvo.
La referencia no resulta casual. Desde el sindicato Señalan una similitud con el proceso de ajuste implementado durante la gestión de Mauricio Macri, cuando el INTI también atravesó despidos masivos y una fuerte conflictividad gremial. Aquella experiencia derivó en extensas protestas y en una resistencia sindical que logró reincorporaciones parciales tras meses de disputa.
El conflicto actual adquiere, sin embargo, una dimensión aún más profunda por el contexto político y económico que atraviesa el país. Semanas atrás, el Gobierno ya había transferido al sector privado distintas actividades y servicios que históricamente desarrollaba el organismo estatal, debilitando una estructura clave para la asistencia tecnológica a pequeñas y medianas empresas industriales.
El INTI cumple funciones esenciales vinculadas a certificaciones técnicas, control de calidad, metrología, innovación y transferencia de tecnología. Su presencia resulta determinante para miles de pymes que dependen del acompañamiento estatal para sostener estándares productivos y mejorar competitividad. El eventual recorte de personal y capacidades operativas genera preocupación no sólo en el ámbito sindical, sino también entre sectores industriales que advierten sobre el impacto que podría tener el desmantelamiento del instituto sobre el entramado manufacturero nacional.
En simultaneo, el INTA quedó envuelto en otro capítulo del proceso de reducción estatal. El Consejo Directivo del organismo aprobó un régimen de retiro voluntario destinado al personal de planta permanente, vigente durante mayo de 2026 y prorrogable por quince días adicionales.
La resolución establece una compensación equivalente a una vez y media del salario bruto mensual por cada año de antigüedad, aunque incorpora topes decrecientes para trabajadores mayores de 61 años. El esquema fija además restricciones severas: quienes acepten el retiro no podrán reincorporarse al sector público nacional durante un período de cinco años, bajo ninguna modalidad contractual.
El cálculo indemnizatorio se realizará tomando como referencia los haberes correspondientes a enero de 2026, con un incremento acumulado del 10,30 por ciento. Aunque formalmente la adhesión es voluntaria, dentro del organismo existen fuertes cuestionamientos sobre las condiciones en las que se impulsa la medida y sobre las consecuencias que podría tener para áreas estratégicas de investigación agropecuaria.
El INTA es reconocido como uno de los principales centros de investigación y extensión rural de América Latina. Su trabajo abarca desde el desarrollo de tecnologías aplicadas al agro hasta la asistencia directa a productores regionales, cooperativas y economías locales. Por esa razón, distintos sectores consideran que cualquier reducción estructural del organismo repercute directamente sobre la capacidad del país para sostener innovación, productividad y agregado de valor en uno de sus principales motores económicos.
En los gremios estatales interpretan que ambas decisiones forman parte de una misma lógica política: reducir la participación estatal en áreas técnicas y científicas para transferir funciones al mercado privado. Mercedes Cabezas sintetizó esa mirada con una crítica directa al discurso oficial. “Ellos hablan de desregulación, pero siempre hay alguien que regula; el problema es que no es desde lo público, sino desde el capital privado”, afirmó.
La discusión excede así el plano estrictamente administrativo. Lo que se debate es el modelo de desarrollo que pretende impulsar el Gobierno y el lugar que ocuparán el conocimiento, la investigación aplicada y la asistencia técnica estatal dentro de esa estructura económica.
La presencia de fuerzas de seguridad en dependencias públicas, los retiros voluntarios, las privatizaciones parciales de servicios y las amenazas de despidos masivos configuran un cuadro que los sindicatos describen como un proceso de desguace progresivo. La preocupación crece porque tanto el INTI como el INTA constituyen organismos construidos durante décadas, con personal altamente especializado y redes de trabajo federal difíciles de reconstruir en caso de desarticulación.
Mientras el Gobierno sostiene que las medidas forman parte de un programa de racionalización del gasto y modernización estatal, trabajadores, investigadores y sectores productivos advierten que el costo del ajuste podría traducirse en una pérdida de capacidades estratégicas para el país. Detrás de cada laboratorio cerrado, de cada técnico desplazado y de cada programa suspendido no sólo se redefine el tamaño del Estado: también se pone en discusión qué papel tendrá la ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico en la Argentina que viene.
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