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Alerta laboral: Enero profundizó la destrucción de empleo y la conflictividad social

La combinación de apertura indiscriminada de importaciones, derrumbe del consumo interno y aumento de costos productivos desató en enero una nueva ola de despidos y conflictos laborales en todo el país. La industria manufacturera concentra el mayor impacto, mientras crece la tensión social ante la inminencia de una reforma laboral sin consensos.

Argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de su mercado laboral desde la crisis de 2001. El inicio de 2026 consolidó una tendencia que se venía profundizando durante el último trimestre del año pasado: despidos masivos, suspensiones, cierres de plantas y una conflictividad sindical en ascenso que se extiendió de manera federal.

Los datos oficiales confirman la gravedad del escenario. Solo en octubre de 2025 se perdieron más de 33.000 puestos de trabajo registrados en el sector privado, mientras que desde el inicio del actual gobierno ya se acumulan alrededor de 270.000 empleos destruidos. Lejos de desacelerarse, la dinámica se intensificó en enero, especialmente en la industria manufacturera, donde más de 60.000 trabajadores quedaron fuera del sistema en los últimos dos años.

La caída abrupta del consumo interno, el encarecimiento de tarifas energéticas, las elevadas cargas financieras y, sobre todo, la apertura de importaciones sin mecanismos de protección para la producción local, aparecen como factores centrales del deterioro. El ingreso masivo de productos asiáticos a precios sensiblemente más bajos profundizó una competencia desigual que golpea de lleno a las economías regionales y a los polos industriales del país.

Importaciones letales: el derrumbe del entramado textil

El sector textil se convirtió en uno de los símbolos más claros del ajuste. En Tucumán, Hilados SA (TN & Platex) paralizó su planta hasta febrero de 2026 y suspendió a 190 trabajadores, en un contexto de desplome de ventas y duplicación de importaciones de indumentaria desde China. En La Rioja, la misma firma cerró otra fábrica y dejó sin empleo a 70 operarios, profundizando la crisis social en una provincia altamente dependiente de la industria.

La situación se replica en Santiago del Estero, donde Coteminas Argentina SA anunció 57 despidos recientes, acumulando 112 cesantías en apenas dos meses, mientras que en el Nordeste, la histórica Emilio Alal SACIFI, con más de un siglo de actividad, bajó definitivamente sus persianas en Corrientes y Chaco, afectando a 260 familias. En todos los casos, el diagnóstico se repite: importaciones masivas, costos crecientes, financiamiento inaccesible y un consumo interno en retroceso.

Más allá del textil: despidos que atraviesan toda la industria

La crisis laboral no se limita a un solo sector. En la industria alimenticia, el cierre de la planta de Lamb Weston en Munro dejó 100 trabajadores en la calle, mientras que el gremio STIA denunció un proceso de “industricidio” vinculado a la desprotección del mercado interno. En el sector avícola, Granja Tres Arroyos y WADE enfrentan paros y protestas por incumplimientos salariales que afectan a más de 1.000 empleados.

El escenario se agrava en la industria frigorífica: el establecimiento productor de la marca Paty suspendió a 450 operarios, y en Santa Fe, los trabajadores del Frigorífico Euro ocupan la planta desde noviembre tras meses sin cobrar, en medio de denuncias por vaciamiento empresario.

Una crisis federal que se extiende y se profundiza

Desde la minería hasta el comercio, los conflictos se multiplican en todo el país. En San Luis, más de 50 mineros de Master Lajas mantienen un acampe por abandono patronal; en Córdoba, despidos en metalúrgicas reavivan protestas; en Rosario, Fornax SRL cerró sin previo aviso; y en Tierra del Fuego, la eliminación de aranceles a celulares amenaza 2.500 empleos en la industria electrónica local.

La lista continúa: despidos en supermercados de Misiones, vigiladores sin trabajo en San Juan, 8.000 puestos perdidos en Chubut tras el repliegue de YPF, conflictos en la industria automotriz, petroquímica y de seguros, y un deterioro generalizado de las condiciones laborales que empuja a miles de familias a la incertidumbre.

Análisis: ajuste, reforma laboral y un horizonte de mayor conflictividad

La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar. Paros, asambleas, ocupaciones de plantas y denuncias sindicales marcan un clima de creciente tensión social. La caída de la capacidad instalada industrial, registrada nuevamente en noviembre de 2025, anticipa que el escenario podría agravarse en los próximos meses.

El telón de fondo es político y económico. El Gobierno insiste en avanzar con la reforma laboral sin un canal de diálogo efectivo con los sindicatos, lo que eleva el riesgo de una escalada de conflictos. La posibilidad de un plan de lucha nacional, con paro general y movilizaciones, comienza a ganar fuerza en el movimiento obrero.

El “enero negro” del empleo no es un fenómeno aislado ni coyuntural: es la expresión más cruda de un modelo económico que, al priorizar el ajuste y la apertura sin regulaciones, desarticula el entramado productivo y profundiza la precarización laboral. Mientras miles de trabajadores pierden su sustento y la industria nacional retrocede, el país ingresa en un febrero cargado de tensión social, con un futuro inmediato marcado por la incertidumbre y el conflicto.

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