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Un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) revela que, desde diciembre de 2023, el gobierno de Javier Milei ejecutó un ajuste sin precedentes que implicó una transferencia de más de 40 billones de pesos al capital financiero. El recorte del gasto público, la licuación salarial y la pérdida de recursos para la seguridad social y las obras sociales conforman un modelo de “redistribución a la inversa”, en el que el costo del orden fiscal recae casi exclusivamente sobre el trabajo y las jubilaciones.

El ajuste libertario, presentado como la gran cruzada contra el “Estado derrochador”, tuvo un efecto concreto y medible: una masiva transferencia de recursos desde los trabajadores hacia los sectores financieros. Según el último informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), elaborado por los economistas Diego Kofman, Lavih Abraham, Marco Kofman, Natalia Pérez Barreda y Sergio Arelovich, la pérdida total acumulada por el sector laboral alcanza los 55 billones de pesos.

El estudio, basado en datos oficiales del INDEC, desagrega esa cifra en cuatro grandes componentes:

9,4 billones de pesos de pérdida de recaudación en la seguridad social;

4 billones en la financiación de obras sociales;

1,5 billones en los recursos sindicales;

y 40,1 billones de pesos en ingresos que los trabajadores en relación de dependencia dejaron de percibir desde que comenzó la gestión de Milei.

El informe califica el fenómeno como una “redistribución regresiva del ingreso”, impulsada por políticas que licuaron salarios y jubilaciones, paralizaron la obra pública y recortaron la inversión en educación. Según MATE, desde la asunción del gobierno libertario, el Estado “ahorró” 82 billones de pesos mediante la motosierra fiscal, pero ese ahorro “no fue neutral”: significó una transferencia directa al sector financiero y a los grandes exportadores, mientras el poder adquisitivo de los trabajadores se desplomó.

En términos personales, las pérdidas son abrumadoras.

En el sector público, los salarios se encuentran 19% por debajo del nivel de diciembre de 2023, con una pérdida acumulada de 8,1 millones de pesos por trabajador.

En el sector privado, el retroceso ronda el 5%, equivalente a 1,7 millones de pesos por trabajador.

Y entre los jubilados y jubiladas, la caída del poder de compra alcanza el 23%, lo que significa una pérdida promedio de casi 4 millones de pesos por beneficiario.

El deterioro salarial se combina con el aumento del desempleo y el endeudamiento familiar. “A pesar del fuerte incremento del autoempleo como salida individual a la falta de trabajos formales”, señala el informe, “la morosidad de las familias con el sistema financiero llegó a niveles récord”. Históricamente, entre el 2% y el 3% de los préstamos a hogares se encontraba en situación irregular; en julio de 2025 ese porcentaje trepó al 6,2%, el doble del promedio histórico.

El MATE advierte además que la inflación, lejos de moderarse, lleva casi cinco meses consecutivos en alza, pese a que el gobierno justificó su política de ajuste en la necesidad de reducirla. “El alto costo social que la sociedad soportó para frenar la inflación no ha dado resultados visibles”, subraya el informe, “mientras los salarios y jubilaciones no han recuperado nada de lo perdido”.

A la contracción del consumo se suma la incertidumbre macroeconómica. El propio relevamiento del MATE detecta que la economía se estancó a partir de febrero de 2025, con una caída del 1,5% en julio respecto de ese mes. Incluso entre los empresarios industriales —los supuestos ganadores del modelo libertario— predomina el pesimismo: “por primera vez, son más los que creen que estarán peor en los próximos meses que los que creen que estarán mejor”, indica el estudio.

En los últimos días, la política económica oficial dejó en evidencia esa orientación. En su búsqueda desesperada de dólares tras la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, el gobierno eliminó por unos días las retenciones a las exportaciones, lo que representó una pérdida fiscal de más de 2 billones de pesos, según los cálculos del MATE. Al contabilizar todas las rebajas y suspensiones de derechos de exportación desde enero, el Estado dejó de percibir más de 3.000 millones de dólares.

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Las universidades enfrentan otra semana de huelga por salarios y presupuesto

Los docentes de las universidades nacionales volverán a parar desde este martes 18 hasta el sábado 22 de agosto para reclamar al Gobierno de Javier Milei la aplicación integral de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada por el Congreso pero todavía incumplida, según denuncian las organizaciones gremiales.

La medida tendrá su principal expresión en la Universidad de Buenos Aires, donde la Asociación Gremial Docente de la UBA (AGD-UBA) convocó a cinco jornadas de huelga. El alcance efectivo de la protesta dependerá de las decisiones adoptadas por cada cátedra y de las asambleas de trabajadores.

Aunque las facultades permanecerán abiertas y conservarán la atención administrativa, el dictado de clases y otras tareas académicas quedarán condicionados por el nivel de adhesión.

La protesta también cuenta con el respaldo de federaciones docentes que resolvieron mantener el conflicto hasta obtener respuestas concretas del Poder Ejecutivo.

La demanda central está vinculada con la recomposición de los ingresos. Los gremios sostienen que, al cobrar los salarios correspondientes a julio durante agosto, volvieron a comprobar que no fueron incorporados los incrementos que, según su interpretación, establece la Ley de Financiamiento Universitario. La deuda salarial calculada por las organizaciones asciende al 31,2%, a lo que agregan los montos retroactivos acumulados desde la entrada en vigencia de la norma.

La discusión no se limita a los haberes. Las entidades universitarias también reclaman una actualización de los recursos destinados a hospitales universitarios y becas, dos componentes que consideran determinantes para sostener prestaciones, investigación y permanencia de estudiantes con menores ingresos.

Desde la Conadu Histórica resolvieron mantener la convocatoria nacional y anticiparon que, si el Gobierno no modifica su posición, podrían avanzar hacia una huelga por tiempo indeterminado y una nueva marcha federal universitaria. De esta manera, el conflicto podría pasar de jornadas aisladas de protesta a una medida de mayor duración durante las próximas semanas.

AGD-UBA, por su parte, cuestionó la propuesta salarial formulada durante las negociaciones paritarias. La organización sostiene que el ofrecimiento representa menos de la mitad de la recomposición que reclama en función de la legislación vigente y advierte que aceptarlo permitiría postergar nuevamente el cumplimiento de la norma.

El reclamo gremial también se apoya en una medida cautelar dictada por la Justicia en favor de la actualización de los salarios universitarios. Para las organizaciones, ese pronunciamiento todavía no se tradujo en una recomposición efectiva de los ingresos, por lo que cuestionaron al Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y a algunas federaciones por valorar positivamente las decisiones judiciales sin que, según afirman, exista una aplicación concreta de sus efectos.

El enfrentamiento combina así tres demandas: recuperación del poder adquisitivo perdido, actualización de los recursos destinados al funcionamiento universitario y cumplimiento efectivo de las disposiciones aprobadas por el Congreso. La respuesta oficial será determinante para definir si las medidas se mantienen como paros sucesivos o avanzan hacia una protesta de mayor duración.

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Sueldos que no alcanzan: seis de cada diez hogares agotan sus ingresos antes del 20

El deterioro del poder adquisitivo comienza a medirse también en una variable cotidiana: cuánto dura el salario. Un relevamiento de la consultora Zentrix mostró que el 61% de los argentinos agota sus ingresos destinados a gastos corrientes antes del día 20 de cada mes, una señal del reducido margen que tienen los hogares para afrontar las últimas semanas.

La situación alcanza una dimensión mayor si se incorpora al 24,3% que consigue llegar al final del mes, pero sin capacidad de ahorro. Apenas el 13% de los consultados asegura cubrir sus obligaciones y conservar algún excedente.

La percepción sobre los ingresos acompaña ese resultado. El 86,1% considera que sus salarios evolucionan por debajo de los precios, una diferencia que limita el consumo y obliga a una administración cada vez más ajustada de los recursos familiares.

Los datos sobre remuneraciones permiten observar la evolución de esa pérdida. En mayo, frente a una inflación mensual del 2,1%, los salarios del sector privado registrado aumentaron 2%, los haberes de los empleados públicos nacionales 1,9% y los provinciales 1,4%. La diferencia de unas décimas adquiere mayor dimensión cuando se acumula durante varios meses.

Entre mayo de 2025 y mayo de 2026, los trabajadores privados registrados sufrieron una caída real del 2,9%, mientras que los empleados públicos provinciales perdieron 3,2% y los estatales nacionales resignaron 7,3% de poder de compra.

La comparación con noviembre de 2023 profundiza la brecha. Desde entonces, los salarios de los empleados públicos nacionales acumulan una pérdida real del 36,5%; en los estatales provinciales alcanza el 9,8% y entre los trabajadores privados formales llega al 3,6%.

El deterioro tampoco comenzó con la actual administración. Un análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), elaborado por Nadin Argañaraz sobre información del INDEC, calculó la pérdida acumulada desde 2017 hasta comienzos de 2026. Según ese estudio, los trabajadores privados formales resignaron un poder de compra equivalente a 16,2 salarios mensuales, mientras que entre los empleados públicos la pérdida llegó a 21,8 sueldos en 98 meses.

La contracción del ingreso real se combina, además, con una reducción del empleo público nacional. De acuerdo con datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre diciembre de 2023 y junio de 2026 se eliminaron 71.661 puestos, equivalente a una baja del 21% en la dotación de trabajadores de la administración pública nacional.

La consecuencia económica más visible aparece en la capacidad de consumo. Cuando el ingreso se agota antes de terminar el mes, los hogares reducen compras, postergan gastos, recurren al crédito o utilizan ahorros para completar sus necesidades básicas.

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Vicuña y Los Azules impulsan el desembarco de capitales en San Juan

En el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), San Juan y la región de Cuyo quedaron posicionadas como uno de los principales polos de atracción de capitales vinculados a la minería y la energía. El movimiento no solo confirma el peso estratégico de la actividad extractiva, sino que además marca un cambio de jerarquía dentro del sector, con el cobre por delante del litio como principal apuesta inversora.

La provincia de San Juan, junto con desarrollos ubicados en Mendoza, encabeza la lista de proyectos aprobados bajo este régimen. Se trata de iniciativas de gran escala que, por volumen de inversión y proyección exportadora, pueden incidir de manera directa en la matriz productiva regional y en la generación de empleo.

Entre los emprendimientos más relevantes figura Vicuña, en San Juan, considerado el proyecto minero más grande aprobado en todo el régimen. Está previsto que demande u$s9.737 millones para la extracción de cobre, oro y plata, con una estimación de 31.700 empleos directos e indirectos.

También en San Juan, Los Azules, a cargo de Andes Corporación Minera, prevé una inversión de u$s2.672 millones para poner en marcha una mina y una planta de procesamiento de cobre. A eso se suman Carbonatos Profundos – Gualcamayo, con una inversión de u$s665 millones para reactivar el yacimiento, y la ampliación de Veladero, donde Minera Andina del Sol destinará u$s436 millones a las fases 8 y 9 de lixiviación, con exportaciones proyectadas por u$s3.800 millones.

En Mendoza, el proyecto PSJ Cobre Mendocino, impulsado por Minera San Jorge, contempla una inversión de u$s891 millones para la explotación a cielo abierto de cobre y oro. En la misma provincia, el Parque Solar El Quemado, de Luz del Campo, prevé u$s211 millones para una central fotovoltaica de 305 MW, con capacidad para abastecer a más de 233.000 hogares.

El contraste entre cobre y litio también queda reflejado en los números. Mientras el cobre concentra u$s13.300 millones con proyectos como Vicuña, Los Azules y PSJ Cobre Mendocino, el litio acumula u$s5.787 millones en iniciativas distribuidas en el norte del país. La diferencia confirma que el eje de la inversión minera se desplazó hacia San Juan y Mendoza, con una proyección de divisas de largo plazo más robusta.

Según el panorama general del RIGI al 14 de agosto, el régimen acumula casi u$s200.000 millones en 44 proyectos, incluyendo la solicitud récord de YPF para Argentina LNG por u$s51.000 millones en Río Negro. De ese total, 21 iniciativas ya fueron aprobadas por u$s46.708 millones, mientras que 22 expedientes continúan en evaluación por u$s101.241 millones.

La concentración sectorial también resulta significativa: petróleo, gas y minería representan el 97,8% de la inversión formalizada. En ese contexto, San Juan aparece como una de las provincias mejor posicionadas para capitalizar el nuevo mapa productivo que empieza a delinearse en la Argentina.

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