Diputados sindicales impulsan declarar nulos los acuerdos de deuda con EE.UU. sin aval del Congreso
Un grupo de diputados de Unión por la Patria, con fuerte representación sindical, presentó un proyecto para reafirmar la potestad exclusiva del Congreso en materia de deuda externa. Advierten que cualquier préstamo del Tesoro estadounidense sin aprobación parlamentaria “carecerá de validez absoluta” y denuncian que el Gobierno negocia financiamiento en la opacidad.
La disputa política por el manejo de la deuda externa sumó un nuevo capítulo en el Congreso. Legisladores de Unión por la Patria, encabezados por Máximo Kirchner, Vanesa Siley, Sergio Palazzo, Leopoldo Moreau y Paula Penacca, presentaron un proyecto que busca declarar nulos todos los acuerdos de financiamiento que el Poder Ejecutivo o el Banco Central alcancen con el Tesoro de los Estados Unidos sin aprobación legislativa.
El texto, ingresado formalmente a la Cámara de Diputados, invoca las atribuciones exclusivas del Parlamento en materia de endeudamiento que establece el artículo 75 de la Constitución Nacional: el inciso 4 (contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación), el inciso 7 (arreglar el pago de la deuda exterior) y el inciso 22 (aprobar o desechar tratados con otros Estados u organismos internacionales). Según los firmantes, cualquier empréstito que ignore este procedimiento “será nulo de nulidad absoluta e insanable” y, por tanto, no obligará al Estado argentino.
La iniciativa surge en medio de crecientes versiones sobre negociaciones discretas del Gobierno con Washington para conseguir un salvataje financiero, en el marco de la pérdida de reservas y la volatilidad cambiaria. En sus fundamentos, el proyecto denuncia la “opacidad” con que el Ejecutivo encaró estas conversaciones y recuerda los antecedentes de sobreendeudamiento con el FMI durante la gestión de Mauricio Macri, así como los cuestionamientos actuales al gobierno de Javier Milei por su política de financiamiento externo.
En paralelo, los diputados remarcaron que aceptar préstamos sin aval parlamentario constituiría un “avasallamiento institucional” y una vulneración directa de las competencias del Congreso. La diputada y dirigente sindical Vanesa Siley reforzó el planteo en redes sociales: “Toda deuda tomada por el Ejecutivo o el Banco Central con el Tesoro norteamericano que no sea aprobada por el Congreso debe ser considerada nula. Basta de endeudarnos para pagar la fiesta de la fuga y de la timba a los amigos de Caputo y Milei. Primero el pueblo”, escribió en su cuenta de X.
El proyecto exige, además, que el Ejecutivo remita al Parlamento toda la documentación vinculada a eventuales acuerdos financieros, incluidas cláusulas, condiciones y plazos, con el fin de garantizar transparencia y control democrático.
El debate promete escalar en el Congreso y se perfila como un nuevo frente de choque entre el oficialismo libertario y la oposición peronista. Mientras Unión por la Patria busca marcar límites claros al Ejecutivo en un terreno sensible como la deuda externa, el Gobierno insiste en avanzar con negociaciones bilaterales sin someterlas a aprobación parlamentaria. En el trasfondo, late la discusión más profunda sobre quién debe decidir el rumbo financiero del país: el Poder Ejecutivo en soledad o un Congreso que reclama el rol que la Constitución le otorga.
destacada
IA y trabajo: La élite tecnológica impulsa la renta básica ante el avance de la inteligencia artificial
Referentes de la industria tecnológica reactivaron la discusión sobre la renta básica universal frente al impacto de la inteligencia artificial en el empleo. El planteo abre interrogantes sobre el rol del Estado, la distribución del ingreso y la concentración de poder en la economía digital.
El avance sostenido de la inteligencia artificial sobre tareas antes reservadas al trabajo humano reconfigura el debate global sobre empleo, productividad y distribución de la riqueza. En ese marco, referentes de la industria tecnológica —protagonistas directos de esa transformación— volvieron a instalar la idea de una renta básica universal como mecanismo para amortiguar las consecuencias sociales de la automatización.
Elon Musk, empresario al frente de Tesla y SpaceX, retomó recientemente su respaldo a la implementación de una “renta básica universal elevada”, financiada por el Estado. Según su planteo, la expansión de la inteligencia artificial y la robótica generará tal abundancia de bienes y servicios que permitiría sostener transferencias masivas sin presiones inflacionarias. La iniciativa no constituye una novedad en su discurso, pero adquiere una dimensión distinta en un momento en que la automatización comienza a impactar de manera tangible en el mercado laboral.
Desde otro ángulo, OpenAI —uno de los actores centrales en el desarrollo de estas tecnologías— difundió un documento que propone la creación de un fondo público de riqueza. La iniciativa, impulsada por su director ejecutivo Sam Altman, plantea que los ciudadanos accedan a una participación en empresas e infraestructura vinculadas a la inteligencia artificial, complementada con mayores impuestos corporativos para compensar la pérdida de ingresos fiscales asociada al reemplazo de trabajadores. Aunque no menciona de forma explícita la renta básica, el espíritu de la propuesta converge en la necesidad de redistribuir parte de los beneficios generados por la economía digital.
Más allá de las diferencias de diseño, ambos enfoques comparten un diagnóstico: la inteligencia artificial modificará el empleo a una escala inédita y requerirá respuestas institucionales de alcance estructural. Sin embargo, el hecho de que estas iniciativas provengan de los mismos sectores que lideran la acumulación de riqueza introduce una tensión difícil de soslayar.
El economista Joseph Stiglitz, premio Nobel, advirtió que sin una intervención deliberada, la inteligencia artificial podría profundizar las brechas existentes. Su observación apunta a una contradicción de fondo: actores que históricamente promovieron la reducción del Estado reclaman ahora su intervención para sostener ingresos en un escenario donde el empleo pierde centralidad como fuente de sustento.
El debate, lejos de ser homogéneo, exhibe posiciones contrapuestas dentro del propio universo tecnológico. Marc Andreessen, influyente inversor de Silicon Valley, cuestionó la renta básica al considerar que podría desalentar la iniciativa individual y generar dependencia estatal. En una línea similar, David Sacks —exfuncionario vinculado a políticas de inteligencia artificial— desestimó la propuesta como inviable desde el punto de vista económico y social.
En este aspecto, figuras como Peter Thiel, cofundador de PayPal y referente de la nueva derecha tecnológica, amplían la discusión hacia el vínculo entre tecnología, poder estatal y geopolítica. Su participación en proyectos como Palantir Technologies —empresa orientada al desarrollo de sistemas de inteligencia artificial para seguridad y defensa— ilustra una concepción en la que el desarrollo tecnológico se articula con estrategias estatales de alcance global. En esa misma línea, Alex Karp, cofundador de la firma, sostiene que las compañías tecnológicas tienen una responsabilidad activa en la protección de los intereses nacionales.
Este entramado de posiciones revela que el debate sobre la renta básica universal trasciende la cuestión del ingreso y se inscribe en una disputa más amplia por el control de los recursos estratégicos del siglo XXI. La inteligencia artificial no solo redefine procesos productivos, sino que también reconfigura las relaciones de poder entre empresas, Estados y trabajadores.
Desde la perspectiva laboral, la discusión plantea interrogantes de fondo. La automatización no responde a una dinámica inevitable, sino a decisiones empresariales orientadas a optimizar rentabilidad. En ese sentido, la eventual implementación de una renta básica podría interpretarse no como una solución estructural, sino como un mecanismo de compensación frente a un modelo que desplaza empleo y concentra beneficios.
destacada
El FMI apunta al monotributo en medio de la caída del empleo formal
El Fondo Monetario Internacional volvió a plantear la necesidad de revisar el monotributo, mientras los datos muestran una fuerte caída del empleo asalariado y un crecimiento sostenido del trabajo independiente. El Gobierno de Javier Milei descarta, por ahora, su eliminación.
El mercado laboral argentino atraviesa una transformación profunda que comienza a reflejarse con nitidez en los indicadores. La reducción del empleo asalariado y la expansión de formas de trabajo independiente configuran una nueva fisonomía, donde la estabilidad cede terreno frente a esquemas más flexibles, aunque también más frágiles.
En este sentido, el Fondo Monetario Internacional volvió a colocar en agenda el monotributo, el régimen simplificado que funciona como puerta de entrada a la formalización para millones de trabajadores. La recomendación no es nueva, pero adquiere mayor relevancia en un momento donde los datos evidencian un corrimiento sostenido hacia este tipo de modalidad.
Un informe de la consultora EconViews, elaborado a partir de datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), revela que desde noviembre de 2023 se destruyeron más de 323.000 puestos de trabajo asalariados registrados, considerando tanto el sector privado como el público y el empleo en casas particulares. En el mismo período, el número de monotributistas creció un 7,8%, lo que representa unos 158.000 nuevos inscriptos.
El dato no es menor: mientras el trabajo formal tradicional se contrae, el monotributo absorbe parte de esa caída, funcionando como un mecanismo de contención que evita una mayor expansión de la informalidad absoluta. Sin embargo, esta dinámica también implica una modificación en la calidad del empleo, con menor estabilidad, menor cobertura y mayores niveles de incertidumbre para los trabajadores.
El propio informe advierte que la reducción de asalariados es parcialmente compensada por el incremento de monotributistas y autónomos, lo que evidencia un cambio en la composición del empleo registrado. El total de trabajadores formales, sumando todas las modalidades, pasó de más de 13,3 millones a cerca de 12,8 millones, lo que implica una caída del 4%.
En este punto se inscribe el planteo del organismo. El Fondo Monetario Internacional propone “armonizar la tasa del monotributo” y facilitar la transición de los pequeños contribuyentes hacia el régimen general. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia orientada a simplificar el sistema tributario y reducir lo que considera distorsiones fiscales.
No obstante, el debate excede lo técnico. El monotributo no sólo cumple una función impositiva, sino también social: permite a trabajadores de ingresos medios y bajos acceder a cierta formalidad en un mercado laboral que ofrece cada vez menos alternativas estables. Su eventual modificación —o incluso su eliminación— despierta inquietud en amplios sectores que dependen de este esquema para sostener su actividad.
Desde el Gobierno, encabezado por Javier Milei, se buscó desactivar las versiones sobre una posible eliminación del régimen. El propio Presidente negó esa posibilidad, aunque el documento del FMI continúa vigente como orientación general dentro del programa económico acordado.
La presión entre las recomendaciones del organismo internacional y las necesidades del mercado interno plantea un dilema de fondo. Por un lado, la búsqueda de un sistema tributario más eficiente; por otro, la necesidad de preservar mecanismos que permitan sostener niveles mínimos de formalización en un momento de retracción del empleo asalariado.
destacada
¿Si cae el precio del petróleo, por qué no bajan los combustibles en en país?
La cotización internacional del petróleo registró una fuerte caída tras anuncios vinculados al Estrecho de Ormuz. Sin embargo, en Argentina no se esperan reducciones inmediatas en los precios de naftas y gasoil, condicionados por factores locales y la volatilidad global.
El mercado energético global vivió una jornada de alta sensibilidad tras conocerse la supuesta reapertura del Estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. La reacción inicial fue contundente: el barril de crudo tipo Brent llegó a desplomarse casi un 13% en las primeras horas de negociación.
Sin embargo, el entusiasmo inicial se moderó con rapidez. Reportes internacionales advirtieron que la navegabilidad en la zona dista de estar plenamente garantizada. La presencia de minas en el corredor marítimo y los elevados costos de los seguros —producto del riesgo latente— mantienen la operatoria bajo condiciones de alta incertidumbre. En ese marco, la cotización del Brent recortó pérdidas y cerró la jornada en torno a los 92 dólares, recuperando parte del terreno cedido.
La evolución del precio del crudo también está condicionada por factores geopolíticos más amplios. La tregua entre Israel y el Líbano, junto con las negociaciones en curso entre Estados Unidos e Irán, introduce un elemento de transitoriedad que limita cualquier previsión de estabilidad en el corto plazo.
En este tablero global, la pregunta que surge en el mercado local es inmediata: ¿puede esta baja trasladarse a los surtidores argentinos? La respuesta, al menos por ahora, es negativa.
Fuentes del sector energético coinciden en que los precios internos todavía no reflejan plenamente los valores internacionales. Durante marzo, los combustibles registraron incrementos superiores al 20%, aunque aún por debajo del ajuste que hubiera implicado una alineación completa con el mercado global.
A esta brecha se suma una decisión reciente de YPF, que estableció un congelamiento de precios por 45 días a partir de abril. Bajo este esquema, el valor de referencia del barril en el mercado interno se ubica en torno a los 85 dólares, lo que introduce un ancla adicional frente a eventuales variaciones externas.
Los analistas advierten que una ocasional reducción en los precios locales requeriría un escenario más consistente de baja en el crudo, con valores sostenidos por debajo de los 80 dólares. Hoy, esa posibilidad aparece lejana, en un entorno atravesado por oscilaciones permanentes y riesgos geopolíticos latentes.
En aspecto, proyecciones de organismos internacionales anticipan un año marcado por la volatilidad, con rangos estimados entre 80 y 90 dólares por barril. Este comportamiento errático del mercado global refuerza la cautela de las petroleras al momento de definir ajustes en el plano doméstico.
La reciente caída del petróleo ofrece un alivio parcial en el tablero internacional, pero no alcanza para modificar, en lo inmediato, la ecuación local de los combustibles. La combinación de precios internos aún desfasados, decisiones empresariales y un escenario global inestable configura un panorama donde las variaciones externas no se traducen automáticamente en beneficios para el consumidor.
-
Gremioshace 6 añosDieron a conocer el calendario de pagos anual de sueldos para estatales sanjuaninos
-
Localeshace 5 añosDetectan varios casos de trabajo esclavo en San Juan
-
Generalhace 5 añosMas de 300.000 niños fueron víctimas de la explotación laboral
-
Localeshace 4 añosCGT local: Moral asumió en la secretaría de Género
-
destacadahace 2 añosDesignan a Eugenia Cortona como la nueva subsecretaria de Empleo
-
Generalhace 7 añosEmpresarios pyme se reunieron con Alberto Fernández y Carlos Heller
-
Generalhace 3 añosLlaman a cubrir cargos en la Tecnicatura Superior en Criminalística
-
Gremioshace 3 añosUTHGRA acordó adelantar los aumentos
