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Los gremios argentinos cierran paritarias al ritmo del 1% mensual, sumando bonos y sumas no remunerativas para sostener el salario en un contexto de inflación creciente.

La escena sindical argentina se encuentra en un momento crítico, donde los gremios están siendo forzados a aceptar una pauta salarial del 1% mensual, impuesta por el Gobierno nacional. Esta medida, que se ha convertido en un techo para los aumentos salariales, ha generado una ola de protestas y reclamos por parte de los trabajadores, quienes ven cómo su poder adquisitivo se desvanece ante la inflación descontrolada.

En julio, la mayoría de los gremios terminó de adaptarse a esta pauta salarial, pero muchos sindicatos acordaron sumas no remunerativas por única vez, bonos especiales y revisiones periódicas para evitar una pérdida mayor del poder adquisitivo.

La medida responde a que el Ejecutivo no homologa acuerdos que superen ese 1%, aunque la inflación de junio fue del 1,6%, según el INDEC. 

Uno de los casos más visibles fue el del empleo público nacional. El Gobierno ofreció un incremento escalonado del 7,5% hasta noviembre, con una suba mensual de apenas entre 1,1% y 1,3%, pero con sumas fijas de $25.000 hasta agosto y $20.000 desde septiembre. UPCN aceptó la propuesta, pero ATE la rechazó. «No alcanza para cubrir ni la mitad de la inflación», denunció el gremio estatal.

En Comercio, la FAECyS selló un aumento del 6% semestral (1% por mes hasta diciembre) y una asignación mensual de $40.000 no remunerativa que en enero de 2026 pasará al básico.

Los gastronómicos de UTHGRA acordaron escalas que elevarán el básico a $819.527 en junio, más una suma no remunerativa de $24.342.

Las trabajadoras de casas particulares lograron su primer aumento desde febrero: un 3,5% sobre los sueldos de enero más un 1% adicional mensual y una suma extra, según la carga horaria.

La UOCRA y UECARA también se ajustaron al 1,1% mensual, pero con bonos que van de $40.000 a $48.000, dependiendo del rol. El acuerdo fue homologado por el Gobierno.

El transporte público también cerró nuevos números: los colectiveros del AMBA cobrarán en agosto $1.600.000 en promedio, mientras que los ferroviarios pactaron aumentos del 4,1% y 5,7%, más un bono por el Día del Ferroviario.

En sanidad, FATSA cobró un 1,5% en julio más un bono de $60.000, y cerró un nuevo aumento del 5,98% en farmacéutica. Los farmacéuticos sindicalizados en SAFyB, por su parte, pasaron a tener salarios iniciales de $2.775.000 en julio y $2.850.000 en agosto, más adicionales.

Los bancarios mantuvieron el acuerdo atado al IPC y percibirán un 1,6% de suba con salarios iniciales que rozan los $1.873.000.

La UOM y los metalúrgicos acordaron aumentos del 1% mensual más $25.000 en julio y agosto, con revisión en septiembre. SMATA cerró un aumento trimestral del 6%, más un plus de eficiencia.

En alimentación, la FTIA cerró subas del 1% entre mayo y julio, más un bono de $85.000 en tres cuotas, mientras que para la rama avícola se acordó un 3,5% adicional desde julio.

Los aceiteros de San Lorenzo todavía deben cobrar un 20% en julio, mientras que los desmotadores de algodón percibirán una mejora del 21% con nuevos salarios base de $1.309.770.

En el sector seguro, los aumentos van del 10,38% (capitalización y ahorro) al 13,67% (seguros generales y ART) entre junio y octubre. Cada rama definió escalonamientos específicos.

En telecomunicaciones, los gremios lograron una mejora del 3,15% en julio y un bono extraordinario del 1,28%. También el plástico cerró subas del 1% mensual, con bono de $45.000 en agosto.

En seguridad privada, UPSRA acordó subas del 1% en julio, 0,9% en agosto y 0,8% en septiembre, mientras que en televisión, SATSAID cerró un aumento del 10% para el trimestre julio-septiembre, y un 39,4% para las señales estatales.

Los trabajadores rurales verán mejoras del 3,9% en julio y 3,7% en agosto. En comida rápida, los aumentos serán del 1% mensual más bonos similares que luego pasarán al salario básico.

Los trabajadores de estaciones de servicio, químicos, mineros, perfumistas, marítimos, empleados de entidades deportivas, del caucho, del plástico y de la construcción también adaptaron sus acuerdos al límite oficial, pero sumaron bonos para amortiguar la caída del poder adquisitivo.

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La Justicia concedió la apelación del Gobierno, pero mantiene la obligación de financiar a las universidades

El juez Martín Cormick concedió el recurso presentado por el Gobierno nacional contra el fallo que ordenó aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, pero dispuso que continúe la ejecución de la medida cautelar. La Cámara deberá revisar la resolución mientras los gremios sostienen la marcha federal del 15 de octubre.

La disputa por el financiamiento universitario sumó una nueva instancia judicial sin modificar, por ahora, la obligación del Gobierno de cumplir con la cautelar vigente. El juez federal Martín Cormick concedió la apelación del Poder Ejecutivo contra la resolución que ordenó aplicar la Ley 27.795, pero dispuso que continúe el trámite para hacer efectiva esa medida mientras interviene la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal.

La resolución mantiene abierto el reclamo por la actualización de los salarios docentes y nodocentes, las partidas para el funcionamiento de las universidades nacionales y las becas estudiantiles. El tribunal de segunda instancia deberá determinar si confirma o revoca el fallo de primera instancia, mientras el expediente continúa su curso.

Los argumentos del Gobierno

El Ministerio de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello, cuestionó la medida por considerar que provoca perjuicios institucionales y compromete el equilibrio fiscal. En su presentación, sostuvo que la aplicación de la ley tendría efectos presupuestarios de gran magnitud sin identificar una fuente de financiamiento específica y suficiente.

La cartera también objetó la utilización del amparo colectivo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Según su planteo, la vía judicial elegida no sería adecuada para resolver una controversia que requiere establecer montos, fuentes de recursos y alcances normativos.

El Ejecutivo argumentó, además, que el financiamiento debería instrumentarse mediante reasignaciones presupuestarias y advirtió que esa alternativa comprometería una proporción significativa de los créditos disponibles para gastos primarios. Para fundamentar su posición, invocó las leyes 24.629, 24.156 y 27.798, vinculadas con la administración y ejecución del gasto público.

La discusión enfrenta así dos cuestiones centrales: el alcance de una ley aprobada por el Congreso y la posición oficial de que su cumplimiento debe ajustarse a las reglas presupuestarias y a la disponibilidad de recursos.

Los gremios ratificaron la marcha del 15 de octubre

Mientras avanza la revisión judicial, las federaciones universitarias confirmaron la Quinta Marcha Federal Universitaria del 15 de octubre. La convocatoria se mantiene ante la falta de certezas sobre la aplicación efectiva de la ley y la recomposición de los ingresos del personal.

El titular de la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN), Daniel Ricci, ratificó la movilización. La Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN), que representa al personal nodocente, también anunció que sostendrá las medidas gremiales, incluidos paros escalonados en distintas instituciones.

Según las cifras difundidas por las organizaciones sindicales, el Gobierno habría cancelado el 21,3% de los montos reclamados, mientras que seguiría pendiente un 33,4% de la recomposición salarial y un 20% de los fondos vinculados con presupuesto y becas.

Con la concesión del recurso de apelación y la subsistencia de la medida cautelar, la controversia se eleva a la Cámara sin que se haya dirimido la cuestión presupuestaria. Simultáneamente, las entidades gremiales sostienen las medidas de fuerza como mecanismo de presión, demandando que la resolución judicial impacte de manera efectiva en el sistema universitario nacional.

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Milei y Sturzenegger avanzan con un nuevo plan de retiros voluntarios en el Estado

El Gobierno de Javier Milei prepara un nuevo régimen de retiros voluntarios para reducir la dotación de personal de la Administración Pública Nacional (APN). El proyecto, elaborado por la Secretaría de Transformación del Estado, a cargo de Maximiliano Fariña, bajo la conducción del ministro Federico Sturzenegger.

La iniciativa contempla compensaciones diferenciadas por edad y antigüedad, la eliminación de las vacantes y una prohibición de reingreso al Estado durante ocho años. La iniciativa también exige renunciar a la representación sindical y deja la aprobación de cada solicitud en manos de las autoridades de cada organismo.

La plan todavía debe completar su trámite para convertirse en una norma vigente. Entre sus principales condiciones figura la supresión del cargo presupuestario de cada trabajador que se retire, con la prohibición de cubrir esa vacante durante al menos dos años. El mecanismo busca que las desvinculaciones se traduzcan en una reducción efectiva de la estructura estatal.

El régimen alcanzaría al personal de planta permanente comprendido en la Ley 25.164 y a trabajadores con contratos por tiempo indeterminado bajo la Ley de Contrato de Trabajo. Quedarían excluidos, entre otros, integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad, personal del Servicio Exterior, organismos de inteligencia y cargos docentes. Tampoco podrían adherir quienes afronten determinados sumarios disciplinarios o procesos judiciales, ni quienes ya estén en condiciones de acceder a la jubilación ordinaria.

Tres modalidades de compensación

El borrador divide a los posibles beneficiarios en tres grupos, con fórmulas de pago diferentes:
Próximos a la edad jubilatoria: mujeres desde los 58 años y hombres desde los 63 que no reúnan los aportes necesarios. Podrían optar por una prestación mensual equivalente al 60% del sueldo bruto habitual hasta alcanzar la edad jubilatoria, con un máximo de 36 meses, o por un pago calculado a razón de un sueldo por año de antigüedad, hasta 18 remuneraciones.

Con edad y aportes para jubilarse: mujeres de entre 58 y 64 años y hombres de entre 63 y 64 que reúnan los años de servicio requeridos. La compensación sería de un sueldo por año de antigüedad, con un tope de 18 salarios, más un adicional equivalente a cinco sueldos.

Trabajadores de menor edad: mujeres de hasta 57 años y hombres de hasta 62. Recibirían un sueldo por año trabajado, con un máximo de 20 remuneraciones, más una compensación adicional de cuatro o cinco sueldos según la antigüedad.

En los casos previstos de pago en cuotas, el proyecto establece desembolsos mensuales consecutivos y fija un límite de $20 millones para cada uno de los dos primeros pagos, con cancelación del saldo restante en una tercera cuota.

Restricciones para volver al Estado

Uno de los puntos centrales del borrador es la prohibición de reingresar al Sector Público Nacional durante ocho años desde la desvinculación. La restricción abarcaría distintas formas de contratación, incluidos cargos jerárquicos, asesorías y programas financiados por organismos internacionales. La excepción contemplada corresponde a la docencia en universidades nacionales.

Si una persona incumpliera esa condición, debería devolver la totalidad de la compensación recibida, actualizada por el índice de precios al consumidor (IPC), más un interés anual del 3%.

El texto también establece una condición que podría generar cuestionamientos sindicales: los empleados con mandato gremial vigente deberían renunciar a su condición de delegados y acreditar esa decisión al solicitar el retiro. La exigencia se extendería a quienes se hubieran postulado como candidatos sindicales.

La facultad de decisión final corresponderá a cada entidad

La incorporación al régimen tendrá carácter voluntario pero requerirá aprobación expresa. Los ministros, secretarios de la Presidencia y demás autoridades competentes estarán facultados para admitir o denegar las solicitudes por necesidades del servicio, conforme al procedimiento establecido en la propuesta.

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Minicuotas Ribeiro bajó la persiana definitiva y dejó a extrabajadores sin cobrar

La cadena de electrodomésticos cerró su local de Villa Mercedes, San Luis, donde había nacido en 1910. Llegó a contar con 87 sucursales y unos 2.500 empleados, pero su crisis financiera derivó en cierres, despidos y salarios pagados en cuotas. Años después, numerosos extrabajadores todavía reclaman las indemnizaciones adeudadas.

El deterioro financiero comenzó a hacerse visible con fuerza durante el gobierno de Mauricio Macri y, hacia fines de 2018, la compañía empezó a fraccionar el pago de los salarios en cuotas. La modalidad que había dado nombre a su negocio se convirtió así en una expresión de la incertidumbre que atravesaba su propia plantilla.

De la expansión al derrumbe

La historia de Ribeiro comenzó como un comercio de joyería, relojería y óptica fundado por Manuel Ribeiro. Con el paso de las décadas, incorporó electrodomésticos y desarrolló un sistema de financiación dirigido a personas que, por sus ingresos o su situación laboral, encontraban dificultades para acceder al crédito tradicional.

Las minicuotas comenzaron como experiencia piloto en 2001 y se lanzaron oficialmente en 2006. El mecanismo permitió ampliar la clientela y sostener la expansión territorial, pero no logró evitar el deterioro posterior de las cuentas de la empresa.

En 2019, Ribeiro solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis, cerró establecimientos y avanzó con despidos mientras buscaba un inversor que permitiera sostener la operación. La incorporación de un socio no se concretó y la reducción de la estructura comercial continuó.

La crisis también estuvo marcada por episodios que reflejaron la desesperación de los trabajadores ante la falta de pago. En Tartagal, una empleada llegó a iniciar una huelga de hambre para reclamar sus haberes. Ese mismo año, otro hecho ocurrido en una sucursal de Caballito expuso el grado de deterioro que atravesaban las relaciones laborales.

Una deuda que sobrevive al cierre

El final comercial de Ribeiro deja una cuenta pendiente: las indemnizaciones que numerosos exempleados todavía esperan cobrar. Durante el proceso de desvinculación, parte de los trabajadores recibió propuestas de pago en cuotas, pero las obligaciones denunciadas permanecieron sin resolución para quienes continúan reclamando.

Para esas familias, la desaparición de la marca no representa el cierre definitivo de la historia. A la pérdida del empleo se sumaron salarios adeudados, incertidumbre económica y años de espera por compensaciones que debían afrontar las consecuencias de los despidos.

El final de Ribeiro encierra una ironía dolorosa. La emblemática cadena, famosa por facilitar el consumo en pequeños pagos, claudicó al no poder afrontar sus propios compromisos con su personal. Hoy, tras el cierre definitivo de su última tienda tras un siglo de historia, el capítulo sigue abierto y amargo para los trabajadores que aún esperan el pago de sus deudas.

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