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El Gobierno dispuso aumentos escalonados en el salario mínimo, vital y móvil, pero muy por debajo de la inflación. La medida fue tomada después de que fracasara la reunión del Consejo del Salario, donde los representantes de los trabajadores y las cámaras empresarias no llegaron a un acuerdo.

El Gobierno de Javier Milei publicó en el Boletín Oficial la Resolución 5/2025, que establece aumentos en el salario mínimo, vital y móvil. Según la resolución, el salario mínimo subirá de $296.832 a $308.200 en mayo para trabajadores mensualizados que cumplen la jornada completa de trabajo, y a $1513 por hora para empleados jornalizados.

Los aumentos serán escalonados hasta agosto, con los siguientes montos:

  • Mayo: $308.200 para mensualizados y $1513 por hora para jornalizados
  • Junio: $313.400 para mensualizados y $1567 por hora para jornalizados
  • Julio: $317.800 para mensualizados y $1589 por hora para jornalizados
  • Agosto: $322.000 para mensualizados y $1610 por hora para jornalizados

Esta medida establece que la Prestación por Desempleo será equivalente a un 75% del importe neto de la mejor remuneración mensual, normal y habitual del trabajador en los seis meses anteriores al cese del contrato de trabajo.

La actualización del salario mínimo es insuficiente para cubrir la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores. La inflación sigue siendo alta, y los aumentos establecidos no logran compensar la pérdida de valor del salario.

La reunión del Consejo del Salario fracasó debido a la falta de acuerdo entre los gremios y las cámaras empresarias. Los sindicatos reclamaban un incremento superior al 100%, mientras que las cámaras empresarias ofrecieron aumentos de apenas 1,3% por mes.

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La Corte Suprema desestimó el per saltum y volvió a tensionar la estrategia oficial

El máximo tribunal rechazó el recurso extraordinario presentado por el Gobierno nacional para intervenir de manera directa en la causa que discute la validez de la reforma laboral. La decisión llegó en medio de una compleja pulseada judicial por la competencia del expediente y representó un nuevo obstáculo para la estrategia oficial de obtener una definición rápida sobre uno de los pilares centrales de su programa económico.

La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional volvió a quedar en el centro de la disputa institucional luego de que la Corte Suprema rechazara el pedido de per saltum presentado por la Procuración del Tesoro para acelerar una resolución definitiva sobre la constitucionalidad de la norma. La decisión del máximo tribunal no sólo frustró el intento oficial de llevar el conflicto directamente a la instancia suprema, sino que además dejó expuesta la complejidad jurídica y política que rodea a una de las iniciativas más sensibles de la administración libertaria.

Con las firmas de Horacio Rosatti, Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz, la Corte entendió que no se encuentran acreditadas las condiciones excepcionales previstas por el artículo 257 bis del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación para habilitar la vía extraordinaria del per saltum. El mecanismo, de aplicación restrictiva, permite omitir las instancias judiciales ordinarias únicamente cuando existe una cuestión federal de gravedad institucional manifiesta y una necesidad impostergable de intervención inmediata.

El Gobierno había recurrido a esa herramienta luego de que un juez de primera instancia declarara la inconstitucionalidad de varios puntos centrales de la Ley 27.802 de Modernización Laboral. Aquella resolución representó el primer gran traspié judicial para la reforma. Sin embargo, posteriormente la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo revirtió ese fallo y restituyó la vigencia plena de la normativa, modificando parcialmente el tablero jurídico que enfrentaba el oficialismo.

Aun así, la administración nacional insistió en llevar el expediente de manera directa a la Corte Suprema con el objetivo de obtener una definición definitiva que despejara incertidumbres alrededor del nuevo régimen laboral. El rechazo del per saltum desactivó esa posibilidad y obligó al Ejecutivo a continuar transitando el recorrido judicial ordinario.

La decisión del máximo tribunal se conoció en simultáneo con otra disputa de alto voltaje institucional: la pelea por el fuero que debe intervenir en la causa promovida por la CGT. Esa discusión, lejos de ser un tecnicismo procesal, se convirtió en un elemento central dentro de la estrategia política y jurídica de cada sector involucrado.

La Sala IV de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal había ordenado recientemente al juez laboral Raúl Ojeda remitir en un plazo de 24 horas el expediente al fuero contencioso administrativo. La resolución, firmada por los camaristas Rogelio Vincenti, Jorge Eduardo Morán y Marcelo Daniel Duffy, incluyó además la habilitación de días y horas inhábiles para garantizar el traslado inmediato de la causa.

La definición fue interpretada en ámbitos judiciales como un avance favorable para el Gobierno, que busca desplazar el tratamiento del expediente fuera de la Justicia laboral, un ámbito históricamente más receptivo a los planteos sindicales. De hecho, fue allí donde la CGT consiguió inicialmente una medida cautelar contra varios artículos de la reforma.

La central obrera sostiene que buena parte de los cambios introducidos por la ley afectan derechos adquiridos y alteran principios fundamentales del derecho laboral argentino. Entre otros puntos, el sindicalismo cuestiona modificaciones vinculadas a indemnizaciones, modalidades contractuales, mecanismos de registración y regulaciones sobre conflictos colectivos.

Para el oficialismo, en cambio, la reforma constituye una pieza clave dentro de su programa de desregulación económica y flexibilización del mercado laboral. El argumento central del Gobierno apunta a reducir costos de contratación, fomentar la formalización y generar condiciones más favorables para la inversión privada. Sin embargo, la resistencia sindical y las objeciones judiciales terminaron convirtiendo el debate en uno de los principales focos de confrontación política y social de los últimos meses.

La negativa de la Corte a intervenir de forma inmediata también deja entrever la decisión del máximo tribunal de evitar, al menos por ahora, involucrarse anticipadamente en una discusión atravesada por fuertes implicancias institucionales y económicas. En los hechos, el expediente continuará su curso en instancias inferiores mientras persiste la disputa sobre la competencia y sobre el fondo de la cuestión.

Detrás del debate jurídico subyace una discusión mucho más profunda: el alcance de las reformas estructurales impulsadas por el Gobierno y los límites constitucionales de esos cambios. La controversia alrededor de la reforma laboral ya excede el terreno estrictamente técnico y se proyecta sobre el vínculo entre el Estado, el sindicalismo, el sector empresario y el modelo de relaciones laborales que pretende instalar la actual administración.

Con el rechazo del per saltum, la Corte Suprema no resolvió la cuestión de fondo, pero sí trazó un límite claro a la estrategia oficial de acelerar los tiempos judiciales. La reforma laboral seguirá atravesando un extenso recorrido en tribunales, mientras el Gobierno busca sostener uno de los ejes más ambiciosos de su proyecto político y la CGT redobla su ofensiva para frenar modificaciones que considera regresivas para los trabajadores.

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Marcelo Trujillo cuestionó la reforma laboral y alertó por la pérdida del poder adquisitivo


El titular de SOEESIT San Juan e integrante de la CGT, Marcelo Trujillo, esbozó un duro diagnóstico sobre la situación económica y laboral del país. En diálogo con Mundo Laboral SJ, cuestionó la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, advirtió sobre la caída del consumo, el deterioro del salario y el impacto de la tecnología sobre el empleo privado. También anticipó definiciones políticas dentro de la CGT y destacó la recuperación del predio sindical de SOEESIT en la capital sanjuanina.

La movilización convocada por la CGT en Capital Federal volvió a poner en escena el creciente malestar del movimiento obrero frente al rumbo económico del Gobierno nacional. En ese clima de conflictividad, el secretario general del Sindicato de Empleados de las Telecomunicaciones de San Juan e integrante de la CGT Regional, Marcelo Trujillo, ofreció una lectura crítica sobre el presente laboral y social del país, con cuestionamientos a la reforma laboral, advertencias sobre el deterioro del poder adquisitivo y una fuerte preocupación por el futuro del empleo privado.

El dirigente sindical consideró que la convocatoria realizada por la central obrera tuvo una participación significativa y sostuvo que la manifestación buscó enviar un mensaje político claro a la administración nacional. “Esperemos que sea la punta visible para que el Gobierno entienda que los cambios que se han hecho no son lo mejor”, expresó, en referencia al paquete de reformas impulsadas desde la Casa Rosada.

En su análisis, Trujillo remarcó que la disputa judicial alrededor de la reforma laboral continúa abierta y defendió la necesidad de preservar derechos históricos conquistados por los trabajadores. Vacaciones, horas extra y garantías laborales forman parte —según advirtió— de un conjunto de conquistas que hoy atraviesan un período de incertidumbre.

El referente gremial también hizo foco en la irrupción de sectores empresariales y corporativos dentro del debate laboral. La reciente intervención de la Sociedad Rural en defensa de la reforma libertaria, señaló, demuestra que existen intereses diversos y contrapuestos alrededor del nuevo esquema económico. Sin embargo, relativizó que el conjunto del empresariado acompañe plenamente esas medidas y aseguró que muchos sectores productivos tampoco observan beneficios concretos.

“Hay empresarios de servicios y de la industria que dicen que estas reformas no les convienen”, afirmó, al tiempo que planteó la necesidad de construir consensos que contemplen tanto la sustentabilidad empresarial como la protección del trabajador.

Más allá de la discusión normativa, el dirigente fijó un diagnóstico severo sobre la realidad cotidiana de las familias argentinas. Para Trujillo, la desaceleración inflacionaria exhibida por el Gobierno no se traduce en una mejora real del bolsillo y responde, en gran medida, a la caída abrupta del consumo.

“El trabajador no gana lo suficiente para consumir. Si no hay consumo, no hay movimiento económico”, sostuvo. Desde su mirada, los incrementos constantes en combustibles, alimentos, servicios y productos esenciales terminan neutralizando cualquier mejora estadística.

La crítica apuntó especialmente contra los índices oficiales de inflación y de costo de vida. Trujillo consideró que las mediciones actuales no reflejan la realidad que atraviesan los hogares y advirtió sobre un progresivo deterioro en la calidad alimentaria de la población. En ese sentido, describió un panorama donde muchas familias se ven obligadas a reducir el acceso a proteínas, lácteos y otros productos básicos ante la pérdida sostenida de capacidad adquisitiva.

El sindicalista también vinculó la situación económica con el cierre de empresas y la creciente fragilidad del empleo privado. Allí apareció uno de los puntos más sensibles de su exposición: el impacto de la tecnología sobre los puestos de trabajo tradicionales.

Desde la experiencia concreta del sector de telecomunicaciones, Trujillo reconoció que muchas tareas históricas están siendo reemplazadas por nuevas herramientas y automatizaciones. Frente a ese fenómeno, sostuvo que el desafío sindical ya no pasa únicamente por la negociación salarial, sino también por la reconversión laboral y la preservación de las fuentes de empleo.

“No se puede tomar decisiones sin mirar la realidad de los trabajadores”, dejó entrever al explicar las dificultades que atraviesan los gremios privados a la hora de impulsar medidas de fuerza prolongadas en un contexto de despidos, retiros voluntarios y reducción de planteles.

La preocupación, explicó, no se limita a las condiciones salariales inmediatas. También involucra la supervivencia misma de determinadas actividades laborales frente al avance tecnológico y los nuevos esquemas de productividad empresarial.

En este simultaneo, Trujillo confirmó que la CGT Regional San Juan aguarda definiciones de la conducción nacional para avanzar en el cronograma de renovación de autoridades. Según indicó, el reordenamiento interno de las seccionales dependerá de las disposiciones que emanen desde la central obrera nacional tras los recientes cambios de mandato.

En el plano local, el dirigente aprovechó la entrevista para destacar la recuperación del predio de SOEESIT, ubicado sobre calle General Acha a metros de calle Belgrano, en la capital sanjuanina. Explicó que el espacio permaneció durante décadas prácticamente abandonado y que su recuperación fue posible gracias al aporte de los afiliados y al trabajo sostenido del gremio.

La reinauguración del lugar, concretada recientemente durante las celebraciones por el Día del Trabajador de las Telecomunicaciones, forma parte —según explicó— de una política destinada a fortalecer los espacios de contención y recreación para los afiliados en un período económico especialmente complejo.

Las declaraciones de Trujillo reflejan el momento de redefinición que atraviesa buena parte del sindicalismo argentino. Entre la presión económica, la discusión por las reformas estructurales, el avance tecnológico y la caída del poder adquisitivo, la dirigencia gremial intenta sostener su capacidad de representación en un país donde el empleo formal y el consumo aparecen cada vez más debilitados.

La discusión ya no gira únicamente alrededor de las paritarias o los reclamos sectoriales. El debate de fondo, según dejó expuesto el dirigente sanjuanino, atraviesa el modelo productivo, la distribución del ingreso y el lugar que ocuparán los trabajadores en una economía cada vez más exigente y desigual.

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Advierten que tres de cada cuatro rutas nacionales presentan deterioro crítico

Un informe impulsado por sectores técnicos, sindicales y asociaciones de usuarios señala que cerca del 75% de la red vial nacional se encuentra en estado regular o malo. La advertencia pone el foco en la seguridad, la inversión pública y el rol del Estado.

La infraestructura vial argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Un relevamiento difundido por organizaciones vinculadas al sector advierte que aproximadamente tres de cada cuatro rutas nacionales presentan condiciones deficientes, un registro que enciende señales de alarma en torno a la seguridad de quienes transitan a diario por estos corredores estratégicos.

El diagnóstico, respaldado por trabajadores, especialistas y asociaciones de usuarios, atribuye el deterioro a la interrupción de obras y a la reducción de tareas de conservación básica. Según sostienen, la falta de intervención sostenida aceleró el desgaste de la red, afectando tanto la transitabilidad como los estándares de seguridad. La consecuencia inmediata —advierten— es una mayor exposición a siniestros, especialmente en tramos donde el deterioro del pavimento, la señalización insuficiente y la ausencia de mantenimiento configuran un riesgo permanente.

En este punto, se conformó un espacio multisectorial que reúne a empleados de Vialidad Nacional, técnicos de organismos vinculados al transporte y la seguridad vial, junto a familiares de víctimas y usuarios autoconvocados. El objetivo es visibilizar la situación y promover un abordaje integral que permita revertir el cuadro actual. La iniciativa incluye la participación de trabajadores de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, entre otros actores con injerencia directa en la materia.

Desde estos sectores también surgieron cuestionamientos a la expansión de esquemas de concesión mediante peajes. Si bien reconocen la necesidad de financiamiento, plantean que este modelo no resuelve los problemas estructurales de la red y puede profundizar desigualdades territoriales. En particular, advierten que la lógica de rentabilidad podría relegar tramos menos transitados pero igualmente esenciales para la conectividad regional, consolidando un sistema fragmentado y con cobertura desigual.

Otro de los ejes de preocupación es el debilitamiento de organismos públicos clave. Referentes sindicales sostienen que la reducción de capacidades operativas y técnicas limita la posibilidad de planificar, ejecutar y controlar políticas viales de largo alcance. Esta situación, afirman, impacta de manera directa en la prevención de accidentes y en la calidad de los servicios asociados al transporte.

La problemática será expuesta este jueves 7 de mayo a las 12 en la sede del Sindicato de Empleados Viales Nacionales (SEVINA), en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, el secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, junto a representantes sindicales y organizaciones del sector, presentará un diagnóstico detallado y un conjunto de propuestas orientadas a atender la emergencia. Bajo la consigna “en defensa de la vida”, los convocantes buscarán instalar el tema en la agenda pública y reclamar definiciones concretas.

Más allá de las diferencias en torno a los modelos de gestión, existe un consenso amplio respecto de la necesidad de intervenir con urgencia. La red vial no solo es un componente esencial para la circulación de bienes y personas, sino también un factor determinante en la reducción de la siniestralidad. Su estado, por lo tanto, trasciende la discusión técnica y se inscribe en el terreno de las políticas públicas prioritarias.

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