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Aunque se desactivó la huelga, la disputa entre los choferes y el Ejecutivo nacional permanece sin resolución. Las bases sindicales exigen medidas urgentes, mientras el Gobierno apuesta a dilatar la negociación con promesas de subsidios futuros. La incertidumbre domina un escenario en el que el diálogo parece más una estrategia de contención que una vía hacia el consenso.

La tregua alcanzada tras el paro de colectivos de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) no es más que una suspensión momentánea en una contienda cuya solución parece cada vez más lejana. Mientras los colectivos vuelven a circular, el conflicto entre los trabajadores del transporte y el Gobierno de Javier Milei persiste latente, alimentado por promesas postergadas, demandas insatisfechas y una creciente impaciencia entre las bases sindicales.

El lunes, las últimas horas previas a la huelga fueron un torbellino de gestiones a contrarreloj: la Secretaría de Transporte, la cúpula de la UTA y las cámaras empresariales mantuvieron reuniones sin avances concretos. El martes, mientras se desarrollaba el paro en el Área Metropolitana de Buenos Aires y varias ciudades del interior, sectores disidentes del sindicato se manifestaban con cortes espontáneos, evidenciando una fractura interna cada vez más notoria.

Desde el oficialismo, la postura fue clara: no habrá revisión de subsidios ni incremento tarifario antes de junio. El mensaje dirigido a las empresas fue tajante: deben hacerse responsables de los compromisos asumidos en paritarias. Esta afirmación, sin embargo, carece de sustento económico para las prestatarias, que operan con márgenes estrechos y estructuras tarifarias evidentemente rezagadas respecto a la inflación acumulada.

Mientras tanto, la conducción de la UTA, encabezada por Roberto Fernández, opta por una estrategia de mesura. Si bien parte de la base exige profundizar las medidas de fuerza, la dirigencia prefiere postergar cualquier nueva acción directa, confiando en la posibilidad de que la designación de Luis Pierrini como nuevo secretario de Transporte pueda abrir una instancia más favorable de diálogo y negociación.

El Gobierno, por su parte, se recuesta en esta actitud contemplativa de la UTA como un recurso táctico para dilatar la solución del conflicto. La promesa de una futura actualización de subsidios funciona como una aspirina presupuestaria: alivia momentáneamente la presión sin resolver la enfermedad estructural que arrastra el sistema de transporte público.

No escapa al análisis que cualquier incremento tarifario en el corto plazo tendría un efecto directo sobre los indicadores del IPC que el oficialismo busca contener. Por eso, todo indica que el ajuste previsto en junio se canalizará mediante subsidios, con el fin de evitar un impacto inflacionario indeseado, en un contexto económico extremadamente sensible.

El margen de maniobra es estrecho para todos los actores: los trabajadores reclaman una recomposición que preserve el poder adquisitivo frente a un proceso inflacionario erosivo; las empresas denuncian insolvencia y riesgo operativo; y el Ejecutivo intenta mantener su política de ajuste sin desgastar aún más su frágil legitimidad social.

El conflicto entre la UTA y el Gobierno nacional se encuentra hoy en una suerte de compás de espera, más forzado que consensuado. El paro quedó atrás, pero el desencuentro persiste, encapsulado en promesas aplazadas, liderazgos desgastados y una estrategia oficialista que privilegia la dilación por sobre la solución. La calma aparente que reina hoy en el sistema de transporte público de pasajeros no es sinónimo de estabilidad, sino la antesala de una nueva fase del conflicto que, de no ser abordado con decisión y realismo, amenaza con estallar nuevamente, esta vez con mayor virulencia y menor margen de contención.

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La CGT redefine su estrategia y prepara una reforma laboral propia para el debate en el Congreso

Convencida de que el Gobierno avanzará con cambios estructurales en la legislación laboral, la CGT decidió pasar de la resistencia pura a una estrategia de incidencia política: elabora una propuesta alternativa para negociar en el Congreso y preservar los pilares del modelo sindical.

La Confederación General del Trabajo (CGT) asumió que el debate por la reforma laboral ya no es una hipótesis, sino un escenario inminente. Con esa lectura, la central obrera resolvió redefinir su estrategia y comenzó a trabajar en una propuesta alternativa que le permita incidir en el texto final que el oficialismo buscará impulsar en el Congreso, con el objetivo de limitar el alcance de los cambios y preservar los ejes centrales del actual modelo sindical.

La decisión fue adoptada en el seno de la mesa chica cegetista, junto al nuevo triunvirato de conducción y dirigentes históricos del espacio, tras analizar el nuevo equilibrio político que dejó la aprobación del Presupuesto 2026. En la CGT interpretan que el Gobierno logró consolidar poder parlamentario y capacidad de articulación con gobernadores y bloques legislativos, una dinámica que ahora intentará replicar para avanzar con reformas estructurales en el régimen laboral.

Frente a ese panorama, la central obrera optó por una estrategia de doble carril. En el plano público, mantendrá un discurso de rechazo firme a la iniciativa libertaria, con el objetivo de marcar límites claros y sostener la cohesión interna. En paralelo, desplegará negociaciones políticas discretas con mandatarios provinciales y legisladores nacionales, buscando preservar los pilares considerados irrenunciables del sistema sindical antes de que el debate llegue formalmente al recinto.

El armado técnico de la propuesta quedó en manos de un grupo reducido de dirigentes y asesores con experiencia parlamentaria y trayectoria en negociaciones laborales. Ese equipo ya comenzó a analizar los artículos más sensibles del proyecto oficial, con la intención de redactar alternativas que atenúen su impacto y puedan resultar viables para los sectores del Gobierno abiertos al diálogo.

No obstante, el diseño de esta hoja de ruta expuso tensiones internas. Dentro de la CGT conviven posturas más confrontativas, que rechazan cualquier tipo de negociación, con otras más pragmáticas, que admiten la posibilidad de introducir modificaciones parciales en la legislación laboral. Esa diferencia atraviesa a la conducción cegetista y se profundizó luego de que el oficialismo demostrara su capacidad para sumar apoyos clave, especialmente en el Senado.

En ese contexto, la central obrera impulsa una estrategia de negociación segmentada, con gestiones caso por caso ante gobernadores y bloques legislativos. El objetivo es bloquear los artículos considerados innegociables, como la vigencia de los convenios colectivos nacionales, la ultraactividad de los acuerdos laborales y los mecanismos de financiamiento sindical, que constituyen la columna vertebral del modelo gremial argentino.

Al mismo tiempo, en la CGT admiten que existe margen para discutir otros aspectos vinculados al derecho individual del trabajo, como el régimen de vacaciones o el esquema de indemnizaciones. Esa apertura no implica un aval a la reforma oficial, sino una lógica que en la central definen como de “reducción de daños”, orientada a evitar un avance integral sobre la estructura sindical.

La CGT eligió anticiparse al debate y pasar a la ofensiva política. Con una contrarreforma en elaboración, el sindicalismo busca dejar de ser un actor meramente reactivo y convertirse en un jugador con capacidad de negociación real frente al Gobierno. En una situación adversa y con un oficialismo fortalecido, la disputa por la legislación laboral se perfila como uno de los ejes centrales del año parlamentario, con final abierto y alto impacto político y social.

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Fin de la segmentación: cómo funcionará el nuevo esquema de subsidios energéticos en 2026

Desde enero de 2026 entra en vigencia un nuevo régimen de subsidios energéticos que elimina la segmentación por niveles de ingresos y focaliza la asistencia estatal en un único grupo de beneficiarios. El cambio impacta de lleno en los hogares de ingresos medios y altos y acelera el traslado de los costos reales de la energía a las tarifas.

El Gobierno nacional puso en marcha un cambio estructural en la política de subsidios energéticos. A partir de enero de 2026, comenzó a regir el nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), que reemplaza definitivamente al sistema de segmentación por niveles de ingresos (N1, N2 y N3) vigente desde 2022 y cierra el período de transición iniciado en 2024.

El nuevo régimen unifica la asistencia estatal para los servicios de energía eléctrica, gas natural, gas propano indiluido por redes y gas licuado de petróleo (GLP) en garrafas de diez kilos. El objetivo central es avanzar en la reducción del gasto público y trasladar de manera progresiva a los usuarios el costo real de la energía, una política que en 2023 representó el 1,42% del Producto Interno Bruto (PIB) en subsidios y que fue señalada de manera reiterada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como un punto crítico de las cuentas fiscales.

La principal novedad del esquema es la eliminación de la segmentación por niveles. En su lugar, se establece una única categoría de beneficiarios, determinada exclusivamente por el nivel de ingresos del grupo familiar. Para acceder al subsidio, los hogares deberán contar con ingresos netos declarados o registrados iguales o inferiores al equivalente a tres Canastas Básicas Totales (CBT) para un “Hogar 2”, según la metodología del Indec.

Con el último valor de la CBT correspondiente a noviembre de 2025, el umbral quedó fijado en $ 3.771.987. Las familias que superen ese ingreso perderán todo tipo de apoyo estatal y comenzarán a pagar la tarifa plena de energía.

No obstante, el régimen mantiene algunas excepciones. Continuarán recibiendo subsidios los hogares que cuenten con integrantes poseedores del Certificado de Vivienda Familiar del ReNaBaP o beneficiarios de la Pensión Vitalicia a Veteranos de Guerra del Atlántico Sur. En el caso de personas con Certificado Único de Discapacidad (CUD), la Secretaría de Energía realizará evaluaciones específicas para determinar la necesidad de asistencia económica.

El nuevo esquema fue formalizado mediante el Decreto 943/2025, publicado en el Boletín Oficial, que designa a la Secretaría de Energía como autoridad de aplicación y faculta al organismo a dictar normas complementarias. A su vez, instruye al ENRE y al ENARGAS a adaptar los cuadros tarifarios a los nuevos criterios.

Cómo funcionará el sistema

Para la administración del régimen, se crea el Registro de Subsidios Energéticos Focalizados (ReSEF), que se conformará a partir de la base de datos del actual Registro de Acceso a los Subsidios a la Energía (RASE). Los usuarios ya inscriptos no deberán volver a registrarse, aunque podrán actualizar datos de ingresos, composición del hogar o suministro energético a través de la plataforma Mi Argentina o de forma presencial en oficinas de ANSES.

En caso de exclusiones consideradas erróneas, se habilitará un mecanismo de revisión mediante la plataforma Trámites a Distancia (TAD). La Secretaría de Energía podrá, además, utilizar indicadores patrimoniales para rechazar solicitudes cuando se detecte capacidad de pago superior a los límites establecidos.

El régimen fija bloques de consumo base subsidiables. En electricidad, el tope será de 300 kWh mensuales durante enero, febrero, mayo, junio, julio, agosto y diciembre, y de 150 kWh en marzo, abril, septiembre, octubre y noviembre. Para el gas natural y el propano por redes, se mantienen los volúmenes estacionales actuales según región y subzona tarifaria. Todo consumo que supere esos límites se facturará a precio pleno.

En términos de bonificaciones, los hogares incluidos en el SEF recibirán un descuento general del 50% en electricidad durante todo el año sobre el bloque base. Para el gas, la bonificación del 50% solo se aplicará entre abril y septiembre, mientras que el resto del año no habrá subsidio.

De manera transitoria, durante 2026 se sumará una bonificación extraordinaria decreciente de hasta el 25%, que comenzará en enero y se reducirá mes a mes hasta desaparecer en diciembre. En el caso del gas natural, los descuentos se aplicarán sobre un Precio Anual Uniforme (PAU) para evitar fuertes saltos estacionales.

El decreto también deroga la Tarifa Social Federal de Gas y establece un plazo de seis meses para migrar a los beneficiarios del Programa HOGAR al nuevo régimen. Las Entidades de Bien Público y Clubes de Barrio conservarán bonificaciones plenas sin topes de consumo.

El nuevo régimen de subsidios marca un punto de inflexión en la política energética argentina. Con un esquema más restrictivo y focalizado, el Estado reduce su nivel de asistencia y acelera el traslado de costos a los usuarios, especialmente a los sectores medios. A partir de 2026, el acceso a la energía subsidiada dejará de ser un derecho amplio para convertirse en un beneficio selectivo, con impacto directo en las tarifas, el consumo y el presupuesto de los hogares.

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Diciembre dio un respiro a las ventas, pero no alcanzó para revertir la crisis del comercio en San Juan


Tras once meses consecutivos de retracción, diciembre mostró un crecimiento en las ventas del comercio sanjuanino. Sin embargo, el balance anual volvió a dejar en evidencia un problema estructural: la rentabilidad continúa deteriorándose y obliga a muchos comercios a operar con márgenes mínimos o incluso a pérdida.

El cierre de 2025 dejó una fotografía ambigua para el comercio sanjuanino. Según el informe difundido por la Cámara de Comerciantes Unidos, diciembre fue el único mes del año en registrar un crecimiento en las ventas, impulsado por el consumo estacional de las fiestas y un mayor movimiento en los centros comerciales. Las cifras mostraron un aumento interanual del 5% respecto de diciembre de 2024 y un repunte del 10% en comparación con noviembre.

No obstante, el dato positivo del volumen vendido contrastó con un indicador clave que encendió señales de alerta: la rentabilidad cayó un 3% durante el último mes del año. El fenómeno refleja una realidad que se repite en distintos puntos del país: vender más no necesariamente implica ganar más. El incremento sostenido de los costos operativos, los gastos financieros asociados a las ventas en cuotas y la necesidad de absorber aumentos para no perder clientela terminaron erosionando los márgenes.

El balance anual confirma que el repunte de diciembre no logró compensar un año marcado por la debilidad del consumo. En promedio, las ventas de 2025 registraron caídas de entre el 5% y el 8%, con un impacto especialmente fuerte en rubros sensibles como indumentaria, calzado, muebles, decoración y alimentos. La contracción del poder adquisitivo consolidó un patrón de “consumo defensivo”, en el que los hogares priorizaron gastos esenciales y postergaron compras no urgentes.

En este sentido, el informe puso el foco en la transformación de los medios de pago. El 50% de las operaciones se realizó con tarjeta de crédito, lo que evidencia una creciente dependencia del financiamiento para sostener el nivel de ventas. Las billeteras virtuales y transferencias concentraron el 30% de las transacciones, mientras que el uso de efectivo cayó al 20%, una señal clara de los cambios en los hábitos de consumo y de la presión que ejercen las tasas y los plazos de cobro sobre la estructura financiera de los comercios.

Desde la Cámara de Comerciantes Unidos fueron contundentes en su diagnóstico. Si bien reconocieron el alivio coyuntural de diciembre, advirtieron que el nivel actual de ventas sigue siendo insuficiente para recomponer la rentabilidad del sector. En muchos casos, señalaron, los comercios están operando con márgenes extremadamente reducidos o directamente a pérdida, con el único objetivo de mantener las puertas abiertas y preservar los puestos de trabajo.

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