La búsqueda de la concordia en tiempos de polarización
Bajo la consigna de fomentar el diálogo social, referentes políticos, sindicales y empresarios de San Juan participarán de un retiro espiritual organizado por la Iglesia. Un espacio de reflexión que oscila entre la mística y la política, en un contexto de fragmentación institucional y demandas sociales urgentes.
En un país donde los límites entre lo público y lo privado, lo laico y lo confesional, se desdibujan con naturalidad alarmante, San Juan vuelve a ser escenario de una postal conocida pero no por ello carente de interrogantes. Este sábado 12 de abril, en la Casa de Retiro Emaús —emplazada en la apacible localidad de Las Chacritas— se desarrollará el tradicional retiro espiritual promovido por la Comisión de Justicia y Paz del Arzobispado de San Juan. La cita reunirá a funcionarios del oficialismo, miembros de la oposición, dirigentes sindicales, empresarios de peso y representantes del ámbito social en torno a un mismo eje: la reflexión sobre el rol del poder en clave de servicio.
Encabezado por el Arzobispo Jorge Lozano y con la destacada presencia de monseñor Dante Braida —obispo de La Rioja y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social—, el encuentro se presenta como un intento por recuperar una dimensión trascendente del quehacer público. Braida, de conocida vocación crítica respecto al abordaje estatal de problemáticas estructurales como el narcotráfico y la exclusión juvenil, sumará a la jornada un tono de urgencia ética, alejado de los protocolos edulcorados del ceremonial político.
A tono con las declaraciones de Héctor Allende, titular de la comisión organizadora, el evento apunta a «bajar los niveles de crispación» y propiciar una «amistad social» que, más allá del idealismo retórico, suena casi utópica en el escenario político provincial. La concurrencia de figuras como el gobernador Marcelo Orrego, el vicegobernador Fabián Martín, el senador Sergio Uñac y dirigentes históricos del peronismo sanjuanino, entre ellos José Luis Gioja y Fabián Gramajo, plantea una convivencia inusual fuera de los marcos institucionales convencionales. Más aún, en un año preelectoral, donde las tensiones internas y las estrategias de reposicionamiento se intensifican.
En este marco, la pregunta inevitable —y quizás incómoda— gira en torno al verdadero alcance de este tipo de encuentros. ¿Hasta qué punto estos retiros trascienden la puesta en escena de una concordia simbólica? ¿Se trata de instancias auténticas de introspección o de pausas ceremoniales que embellecen una praxis política muchas veces ajena al espíritu del servicio que se pregona? La institucionalidad eclesiástica se esfuerza por ofrecer un espacio de comunión, pero la realidad sociopolítica, marcada por la desconfianza ciudadana y el descreimiento generalizado, interpela con crudeza.
A esto se suma un trasfondo inquietante: la creciente influencia de sectores religiosos en la vida pública, en momentos donde las políticas de Estado deberían priorizar el laicismo, la racionalidad democrática y la inclusión efectiva. La espiritualización del poder, si no está acompañada de una transformación concreta de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables, corre el riesgo de convertirse en un bálsamo para conciencias en deuda.
El retiro espiritual que congregará a la elite dirigencial sanjuanina es, sin dudas, un gesto necesario en tiempos de polarización y desencuentro. Sin embargo, para que este tipo de iniciativas no queden encapsuladas en el terreno de lo simbólico, deben traducirse en compromisos reales, sostenidos y tangibles en el plano de las políticas públicas. La espiritualidad, sin acción, corre el riesgo de ser apenas un espejismo ético en medio del desierto político argentino. En una sociedad urgida de justicia, diálogo y proyectos a largo plazo, no alcanza con orar: hay que transformar. Y ese es un desafío que no admite contemplaciones.
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La CGT endurece su postura y marcha el 30 de abril en defensa de las paritarias
La Confederación General del Trabajo (CGT) definió retomar la iniciativa en el escenario público con una convocatoria a movilizarse el próximo 30 de abril hacia Plaza de Mayo, en la antesala del Día del Trabajador. La decisión se adoptó en el marco de una reunión del Consejo Directivo realizada en la sede de la calle Azopardo, donde la central delineó una estrategia que combina presión callejera, posicionamiento político y reivindicación simbólica.
La protesta se inscribe en una etapa de reconfiguración del movimiento obrero, luego de una serie de fallos judiciales que limitaron aspectos centrales de la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo. En ese clima, la conducción cegetista busca recuperar protagonismo frente a un esquema económico que —según denuncian— condiciona las negociaciones salariales.
Uno de los ejes del reclamo apunta directamente a la política de ingresos. Desde la central sostienen que el Gobierno fijó un límite implícito en las paritarias que se ubica por debajo de la evolución de los precios, lo que impacta de manera directa en el poder adquisitivo de los trabajadores. “Se impone un techo que no refleja la realidad inflacionaria”, advirtió Jorge Sola, uno de los integrantes del triunvirato que conduce la CGT.
El dirigente, referente del Sindicato del Seguro, remarcó la necesidad de garantizar negociaciones libres y sin condicionamientos, con acuerdos que respondan a las particularidades de cada actividad. En esa línea, el planteo sindical apunta a recuperar margen de discusión en un escenario donde los ingresos muestran dificultades para acompañar el ritmo de los precios.
La jornada del 30 de abril tendrá además un componente simbólico y religioso. La central obrera confirmó que se realizará una ceremonia en homenaje al Papa Francisco, destacando su histórica cercanía con el mundo del trabajo y su prédica en favor de la justicia social. La figura del pontífice será un eje articulador del mensaje que la CGT buscará proyectar durante la movilización.
Se prevé una amplia participación de distintos sectores. A la convocatoria se sumarán organizaciones sociales agrupadas en la Unión de los Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), que en los últimos días protagonizaron protestas en rechazo a decisiones del Ministerio de Capital Humano vinculadas a la reducción de programas de asistencia. La confluencia entre el sindicalismo tradicional y los movimientos sociales configura un frente más amplio de oposición a las políticas oficiales.
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Otro golpe al bolsillo: el monotributo sube 14,2% y habrá una nueva actualización en 2026
Desde el 20 de abril rige una suba del 14,2% en todas las categorías del monotributo. La actualización impacta sobre más de cinco millones de contribuyentes y ya se prevé un nuevo incremento para septiembre, en un esquema atado a la inflación.
El régimen simplificado para pequeños contribuyentes vuelve a encarecerse. A partir del vencimiento del 20 de abril, las cuotas del monotributo registran un incremento del 14,2% en todas sus categorías, una actualización que responde al índice de inflación acumulado durante el segundo semestre de 2025 y que impacta de manera directa en el universo de trabajadores independientes.
La medida fue dispuesta por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero y alcanza a los tres componentes del sistema: el impuesto integrado, los aportes jubilatorios y la cobertura de obra social. Además, la actualización también modifica los topes de facturación anual, lo que redefine los márgenes de permanencia dentro de cada categoría.
El impacto es significativo en toda la escala. En la categoría A, la más baja del esquema, la cuota mensual asciende a $42.386, mientras que en el extremo superior, la categoría K, el aporte total ronda los $1.300.000 para quienes abonan la totalidad de los componentes. Entre ambos extremos, los valores crecen de manera sostenida, reflejando el carácter progresivo del sistema.
A partir de las categorías intermedias, el salto en los montos se vuelve más pronunciado. En la categoría E, por ejemplo, los contribuyentes que prestan servicios superan los $100.000 mensuales, con un aporte de $102.537,97, mientras que quienes comercializan bienes abonan $92.658,35. En los niveles siguientes, la presión se intensifica: la categoría F alcanza los $129.045,32 para servicios, la G supera los $197.000 y, desde la H en adelante, las cifras se elevan de manera considerable hasta rozar el millón de pesos en las categorías más altas.
Este esquema se aplica sobre un universo que supera los cinco millones de personas en todo el país, en un mercado laboral donde el trabajo independiente ha ganado terreno en los últimos años. La expansión de actividades vinculadas a plataformas digitales, como el reparto y el transporte, refleja una transformación estructural del empleo, con una creciente participación de trabajadores por cuenta propia.
Sin embargo, el mecanismo de actualización —vinculado exclusivamente a la inflación— introduce una tensión adicional para quienes no logran trasladar esos incrementos a sus ingresos. La dinámica del régimen no contempla la evolución real de la facturación, lo que puede derivar en un desfasaje entre lo que se gana y lo que se tributa.
A este escenario se suma la previsión de un nuevo aumento para septiembre de 2026, que volverá a calcularse en función de la inflación acumulada durante el primer semestre del año. De este modo, el esquema consolida una lógica de ajustes periódicos que mantiene bajo presión a los contribuyentes.
Incumplimientos y sanciones
En paralelo al incremento de las cuotas, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero endureció las condiciones para quienes registren atrasos en los pagos. Desde el primer mes de mora, el sistema genera automáticamente una deuda que limita la posibilidad de realizar trámites clave, como la recategorización o la adhesión a planes de facilidades.
Con el paso de los meses, la situación se agrava. La acumulación de períodos impagos no solo incrementa la deuda, sino que también compromete la continuidad dentro del régimen. La sanción más severa es la baja automática, que se aplica tras diez meses consecutivos sin abonar la cuota.
La exclusión implica la salida del monotributo y la imposibilidad de reingresar durante al menos dos años. En ese lapso, el contribuyente debe inscribirse en el régimen general, lo que supone tributar IVA y Ganancias, además de afrontar aportes como trabajador autónomo, con una carga económica y administrativa considerablemente mayor.
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UTA logró un avance con empresarios, aunque persiste la negociación nacional
La seccional sanjuanina de la UTA confirmó que las empresas abonarán una parte de las diferencias salariales. Sin embargo, la disputa en el sector sigue vigente y continuará en el ámbito nacional con nuevas negociaciones.
En medio de un ambiente de tirantez, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) Seccional San Juan logró un acuerdo parcial con las empresas de transporte que permitirá descomprimir, al menos de manera transitoria, el conflicto salarial que atraviesa el sector. Según confirmaron desde el gremio, las firmas se comprometieron a abonar el próximo lunes 13 de abril las diferencias correspondientes a los haberes de marzo, uno de los reclamos más urgentes de los trabajadores.
El origen del problema radica en que los choferes de corta y media distancia percibieron sus salarios de marzo sin la totalidad de los adicionales contemplados en el acuerdo firmado con la Asociación Transporte Automotor de Pasajeros (ATAP). Esta situación encendió las alarmas en el sector y derivó en un proceso de negociación que, si bien ahora muestra avances, aún está lejos de su resolución definitiva.
Desde la UTA aclararon que el pago anunciado corresponde únicamente a una parte de las diferencias adeudadas. Otros ítems salariales continúan en discusión y deberán resolverse en el ámbito de la paritaria nacional, donde intervienen actores clave del sistema de transporte.
En ese sentido, el Consejo Directivo Nacional de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) Seccional San Juan, prevé una audiencia para el miércoles 15 con la Federación Argentina de Transportadores por Automotor de Pasajeros (FATAP), instancia en la que se buscará definir un esquema que permita completar el pago de las sumas pendientes y avanzar hacia una solución de las diferencias .
El acuerdo parcial, no obstante, trae alivio inmediato al sistema de transporte en San Juan. La confirmación del pago desactiva, por el momento, la posibilidad de un paro y garantiza la normal prestación del servicio, un aspecto clave para miles de usuarios que dependen diariamente del transporte público.
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