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La disputa entre Rodolfo Aguiar, titular de ATE Nacional, y Andrés Rodríguez, líder de UPCN, refleja la profunda división dentro del movimiento sindical argentino. Mientras Aguiar cuestiona la postura dialoguista de Rodríguez, este último defiende su estrategia de negociación sectorial.

El marco de tensión tensión entre ATE y UPCN ha escalado en las últimas semanas, con Aguiar acusando a Rodríguez de ser un «ministro sin cartera del león». La crítica se centra en la postura de Rodríguez respecto a la conveniencia de un paro general, que considera no es el momento adecuado debido a la falta de un clima favorable.

Por su parte, Rodríguez defiende su estrategia de negociación sectorial, argumentando que ha logrado mejores resultados para los trabajadores que la conducta confrontativa de ATE. Además, critica la actitud autónoma de Pablo Moyano, líder de la Unión de Camioneros, y asegura que su propuesta de un nuevo paro general no es compartida por su padre, Hugo Moyano.

La discrepancia entre ATE y UPCN refleja la complejidad del panorama sindical argentino, donde diferentes visiones y estrategias enfrentan. Mientras algunos sectores abogan por una posición más dura, otros defienden la negociación y el diálogo como herramientas más efectivas para lograr mejoras para los trabajadores.

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Junio llega con nuevos aumentos en luz y gas y más presión sobre los hogares

El Gobierno nacional oficializó incrementos en las tarifas eléctricas y de gas que comenzarán a regir desde el 1° de junio. Las actualizaciones alcanzan a usuarios residenciales, comercios y entidades de bien público, mientras continúan los subsidios focalizados con recortes graduales en las bonificaciones. El impacto será más visible en los sectores de menor consumo debido al fuerte incremento de los cargos fijos.

Las actualizaciones fueron publicadas en el Boletín Oficial mediante distintas resoluciones del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (Enrge), el organismo surgido tras la unificación de los entes reguladores energéticos. Las medidas impactarán sobre los cuadros tarifarios de las distribuidoras Edenor, Edesur y Metrogas, además de otras compañías del sector.

En electricidad, las resoluciones 25 y 26 fijaron nuevos valores para los usuarios residenciales. En el caso de Edesur, la tarifa variable para los hogares sin subsidios de la categoría R1 quedó establecida en $145,404 por kWh, mientras que Edenor aplicará un valor de $146,551 por kWh.

Para los usuarios alcanzados por el esquema de asistencia estatal, el precio dentro del bloque subsidiado continuará siendo menor. Edesur cobrará $70,513 por kWh y Edenor $71,518 por kWh para los consumos bonificados.

La administración nacional ratificó además la continuidad del régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), que mantiene cobertura parcial para consumos mensuales de hasta 300 kWh en determinados períodos del año. Sin embargo, el beneficio continuará reduciéndose de manera progresiva durante 2026, en línea con la política de recorte gradual de subsidios impulsada por el Ejecutivo.

A esto se suma una bonificación extraordinaria adicional del 11,97% para los usuarios subsidiados, aunque el porcentaje resulta inferior al aplicado en meses anteriores, consolidando el proceso de disminución paulatina de la asistencia estatal.

Desde la Secretaría de Energía aclararon que cualquier consumo que exceda los límites establecidos será facturado a tarifa plena, sin compensaciones. Las facturas seguirán exhibiendo el aporte estatal bajo la leyenda “Subsidio Estado Nacional”, mecanismo con el que el Gobierno busca transparentar el costo real de la energía.

Uno de los puntos que más preocupación genera entre especialistas y asociaciones de consumidores es el comportamiento de los cargos fijos. Mientras la variación en los componentes variables resulta relativamente moderada, los costos fijos registran incrementos considerablemente más elevados, afectando especialmente a los usuarios de menor consumo.

En Edesur, por ejemplo, el cargo fijo para un usuario residencial R1 ascenderá a $1.629,50 mensuales, con una suba cercana al 4,65%. En Edenor, el mismo concepto trepará a $1.661,69, con un incremento del 4,73%.

La situación también se trasladará al servicio de gas natural. A través de la Resolución 39/2026, el Gobierno aprobó nuevos cuadros tarifarios para Metrogas que alcanzarán tanto a usuarios residenciales como a comercios, clubes de barrio, entidades de bien público y grandes consumidores.

Para los usuarios R1 de la Ciudad de Buenos Aires, el cargo fijo mensual pasará a $4.151,79, mientras que el valor variable quedará en $287,45 por metro cúbico consumido. En el conurbano bonaerense, el cargo fijo ascenderá a $4.794,67.

En este segmento también continuará vigente el esquema de subsidios focalizados. El Ejecutivo decidió prorrogar una bonificación adicional del 25% sobre el consumo alcanzado por asistencia estatal para los hogares de menores ingresos, definidos como aquellos cuyos ingresos mensuales no superen el equivalente a tres Canastas Básicas Totales.

Desde el Gobierno sostienen que el promedio de aumento será del 2,81% para el gas y del 1,50% para la electricidad en el AMBA. Sin embargo, las variaciones finales dependerán del nivel de consumo, la región y la distribuidora correspondiente.

El nuevo ajuste llega en un momento particularmente delicado para el poder adquisitivo. Con salarios que continúan corriendo por detrás de numerosos costos esenciales y una desaceleración inflacionaria que aún no logra traducirse plenamente en alivio cotidiano, las tarifas vuelven a ocupar un lugar central en la estructura de gastos de los hogares argentinos.

La política energética oficial apunta a reducir progresivamente el peso de los subsidios sobre las cuentas públicas. No obstante, la aceleración de los costos fijos y la persistencia de aumentos mensuales generan gran inquietud entre usuarios residenciales, comerciantes y pequeñas entidades sociales, que advierten sobre las dificultades para sostener el pago regular de los servicios básicos.

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Víctor Menéndez alertó por paritarias frenadas, salarios deteriorados y temor por el empleo


El secretario general del Sindicato de Estaciones de Servicio de San Juan y referente regional de Cuyo, Víctor Menéndez, cuestionó con dureza la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, advirtió sobre su eventual judicialización y denunció el deterioro de los salarios frente al avance del costo de vida. En diálogo con Mundo Laboral SJ, también analizó el impacto de la falta de homologación paritaria y describió el complejo panorama económico que atraviesan los trabajadores.

La demora en la reglamentación de la reforma laboral volvió a encender señales de incertidumbre dentro del movimiento sindical. Mientras el Gobierno nacional posterga definiciones clave sobre la implementación plena de la normativa, distintos sectores gremiales comienzan a advertir sobre las consecuencias jurídicas, económicas y sociales que podría generar su aplicación.

En este sentido, Menéndez, sostuvo que la ley aprobada por el Congreso “nació viciada de inconstitucionalidad” y anticipó que, una vez reglamentada, podría abrir un escenario de fuerte conflictividad judicial.

“La reforma fue diseñada para beneficiar exclusivamente a los grandes grupos empresarios. Hay artículos que inevitablemente van a terminar en amparos y cautelares porque lesionan derechos laborales históricos”, afirmó .

El dirigente consideró que la Casa Rosada demora deliberadamente la reglamentación debido a la fragilidad jurídica de varios puntos incluidos en la norma. “El Gobierno sabe que habrá una catarata de juicios. Por eso todavía no termina de avanzar”, remarcó.

La mirada sindical no se limita únicamente al plano jurídico. Menéndez también vinculó el debate laboral con la pérdida acelerada del poder adquisitivo que atraviesan los trabajadores desde el inicio de la actual gestión económica.

Según explicó, el deterioro salarial ya supera ampliamente el 30 por ciento en términos reales, producto de una inflación que —a su entender— no refleja el verdadero comportamiento de los precios en la economía cotidiana.

“Las estadísticas oficiales no coinciden con lo que vive cualquier familia cuando va al supermercado, a la carnicería o paga una boleta de servicios. El salario quedó muy retrasado frente a la suba real del costo de vida”, sostuvo.

En esa línea, cuestionó las restricciones informales que, según denunció, el Ejecutivo impone sobre las negociaciones salariales mediante la demora en la homologación de acuerdos. “Hay gremios que alcanzan consensos con las cámaras empresarias y la Secretaría de Trabajo no los homologa porque pretende fijar aumentos por debajo de la inflación”, indicó.


Para el dirigente sindical, esa política termina profundizando el deterioro del ingreso de los asalariados y limita la capacidad de recuperación económica de los distintos sectores productivos.“La situación es cada vez más difícil para los trabajadores. No se trata solamente del salario; también hay incertidumbre sobre el empleo, cierres de pymes y caída del consumo”, aseveró.


Paritarias bajo presión e incertidumbre en el sector

Dentro de ese panorama, Menéndez confirmó que el gremio de estaciones de servicio ya inició conversaciones con cámaras empresarias de la región para discutir actualizaciones salariales correspondientes a los próximos meses.

El dirigente explicó que, pese al contexto adverso, existe una relación de diálogo madura con el sector empresario local, particularmente en la región de Cuyo, donde históricamente predominó una convivencia negociadora menos confrontativa que en otros puntos del país.

“Las cámaras conocen perfectamente la realidad económica porque también forman parte de ella. Saben cuánto aumentaron los alimentos, los servicios y el costo operativo diario”, expresó.

No obstante, reconoció que el escenario nacional condiciona cualquier discusión salarial de fondo, especialmente por la falta de previsibilidad macroeconómica y la intervención oficial sobre las homologaciones.

Aun así, destacó que el sector mantiene cierto dinamismo económico en San Juan y valoró las inversiones privadas que continúan generando empleo en medio de un presente complejo.

Mencionó, entre otros proyectos, nuevas estaciones de servicio en construcción y ampliaciones vinculadas al desarrollo del GNC, un rubro que comienza a expandirse nuevamente por el encarecimiento de los combustibles líquidos.

“Que empresarios sigan invirtiendo y generando puestos de trabajo en este contexto es una señal importante. Son decisiones que ayudan a sostener actividad y empleo”, afirmó.

Una reforma cuestionada desde múltiples frentes

Las críticas de Menéndez se suman a las manifestaciones de rechazo que distintos gremios vienen expresando desde la aprobación parlamentaria de la reforma laboral. El eje principal de las objeciones gira alrededor de la flexibilización de condiciones de contratación, los cambios en materia indemnizatoria y las nuevas modalidades de negociación laboral.

Para el sindicalismo, el proyecto no apunta a generar empleo genuino sino a reducir costos laborales y debilitar la capacidad de organización de los trabajadores.

“Todo está pensado para darle mayor libertad al empleador a la hora de despedir o precarizar condiciones laborales”, sostuvo el dirigente sanjuanino.

Además, cuestionó el discurso oficial sobre la desaceleración inflacionaria y aseguró que la economía real continúa mostrando aumentos sostenidos en bienes esenciales.

“El trabajador percibe otra realidad completamente distinta a la que muestran los números oficiales. Esa diferencia termina golpeando directamente en la mesa familiar”, planteó.

Desde San Juan, Víctor Menéndez sintetizó esa inquietud con una advertencia que atraviesa hoy buena parte del universo sindical: “No se puede construir estabilidad económica debilitando a los trabajadores. Cuando el salario pierde poder adquisitivo, se resiente el consumo, la producción y toda la economía”.

La discusión sobre la reforma laboral, lejos de agotarse en el Congreso, parece haber ingresado en una nueva etapa donde la conflictividad judicial, la presión gremial y la presión social comenzarán a ocupar un lugar central en la agenda nacional.

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Caen las ventas y se profundiza el deterioro del poder de compra

La desaceleración inflacionaria todavía no alcanza para revertir el deterioro del mercado interno. Durante abril, el consumo masivo volvió a exhibir números negativos y confirmó una tendencia recesiva que se extiende desde hace más de dos años, en un contexto marcado por la pérdida sostenida de capacidad de compra de los salarios y el fuerte incremento de los gastos básicos de los hogares.

De acuerdo con un relevamiento de la consultora Scentia, las ventas registraron una caída interanual del 3,8%, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre de 2026 mostró un retroceso del 3,3%. El dato volvió a encender señales de preocupación en distintos sectores económicos, comerciales y sindicales, que observan un consumo cada vez más restringido y concentrado en bienes esenciales.

El retroceso se produjo incluso en un contexto de desaceleración de precios. Tras el 3,4% registrado en marzo, la inflación de abril descendió al 2,6%. Sin embargo, la mejora estadística todavía no encuentra correlato en la vida cotidiana de amplios sectores sociales. En comparación con marzo, las ventas volvieron a bajar un 4,7%, reflejando la persistente fragilidad de los ingresos reales.

El fenómeno expone una dinámica cada vez más visible en la economía doméstica: una proporción creciente del salario se destina a cubrir tarifas, alquileres, transporte, servicios y otros compromisos fijos que evolucionaron por encima de los aumentos salariales.

El estudio revela que los canales tradicionales de comercialización continúan atravesando una situación delicada. Supermercados, autoservicios, almacenes barriales, kioscos y mayoristas registraron caídas generalizadas, mientras que el comercio electrónico aparece como el único segmento con crecimiento, aunque todavía con una participación reducida dentro del volumen total de operaciones.

Las compras impulsivas retrocedieron 12% interanual, los productos perecederos cayeron 7,8%, los artículos asociados al desayuno y la merienda descendieron 7,6% y los productos de limpieza del hogar registraron una baja del 5,9%.

Incluso los alimentos básicos y los artículos de higiene personal comenzaron a mostrar retracciones, una señal que distintos analistas interpretan como un indicador del ajuste que atraviesan los hogares frente al encarecimiento del costo de vida.

En simultaneo, otros informes privados coinciden en describir un cuadro de pérdida de ingreso disponible. Un relevamiento de la consultora Equilibra señaló que, durante marzo, el dinero remanente luego de afrontar gastos esenciales volvió a disminuir y quedó 12% por debajo del promedio registrado en 2023.

La combinación entre salarios rezagados, consumo retraído y mayores costos estructurales configura uno de los principales desafíos para la actividad económica. Aunque el Gobierno de Javier Milei sostiene que la estabilización macroeconómica permitirá una recuperación más adelante, los indicadores de ventas continúan mostrando un panorama distante de cualquier reactivación sólida en el corto plazo.

Mientras tanto, la caída del consumo aparece como uno de los termómetros más sensibles de la situación social. Para sectores gremiales, comerciales y productivos, el freno en las ventas no sólo refleja una menor circulación de dinero, sino también el progresivo deterioro de las condiciones materiales de trabajadores, jubilados y amplias franjas de la clase media que ven cada vez más limitada su capacidad de sostener gastos cotidianos.

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