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El ala dialoguista de la administración libertaria resolvió darle la espalda este martes al tercer intento de la UCR por imponer una ley de limitación del poderío de los sindicatos como la que intentó Raúl Alfonsín. La CGT volverá a juntarse para analizar la invitación oficial a una mesa tripartita con empresarios.

Por: Mariano Martín.

El Gobierno dará esta semana otra señal a la CGT para sentarla a la mesa tripartita de diálogo con el sector empresario: dejará sin apoyo al intento de un sector del radicalismo por insistir con una reforma de los sindicatos destinada a acotar su estructura financiera y su poder de negociación. El diputado nacional Martín Tetaz tenía previsto reimpulsar hoy la iniciativa pero desde el Ejecutivo confirmaron que no contará con respaldo del oficialismo. En cambio, admitieron en el Ejecutivo, en los próximos días podrá avanzar un proyecto que apunta a poner fin a los aportes forzosos de las empresas a las cámaras que las nuclean. 

Se trata de la tercera y última oportunidad que este martes pondrá en juego la UCR para impulsar una iniciativa tendiente a eliminar las denominadas «cuotas solidarias» que los sindicatos recaudan entre los trabajadores no afiliados como contraprestación de la representación que sobre ellos ejercen, así como poner límites a las reelecciones de dirigentes y forzar la integración de las minorías en las estructuras de las organizaciones gremiales, entre otros puntos. «Ese proyecto no es para nada la agenda del Gobierno», confimó a El Destape un funcionario situado en la primera línea de la negociación con la CGT. 

Los dos intentos anteriores de Tetaz y el sector más refractario a los sindicatos fracasaron a la hora de darle tratamiento parlamentario a una reversión de la «ley Mucci», en alusión a la que intentó impulsar sin éxito en su gestión Raúl Alfonsín a caballo de una denuncia sobre un aparente «pacto militar-sindical». En septiembre y octubre, sendas reuniones de la comisión de Legislación del Trabajo, que encabeza el economista y expanelista televisivo de la UCR, naufragaron a último momento tras la orden del Gobierno a sus diputados de no facilitar un dictamen. 

La quita de apoyo en esta tercera y última chance coincide con la reanudación del contacto entre el Ejecutivo y la central obrera mayoritaria. Tal como reveló este medio, el asesor plenipotenciario Santiago Caputo retomó el diálogo, junto al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y al secretario de Trabajo, Julio Cordero, con la «mesa chica» de la CGT y espera de ese espacio la confirmación esta misma semana de que participará de la convocatoria tripartita con el Grupo de los Seis, que nuclea a las mayores patronales argentinas (industria, comercio, agro, construcción, banca y finanzas). 

De hecho este mismo martes habrá una reunión ampliada de la «mesa chica» para poner en común los pro y contras de abrir la etapa de diálogo que planea la administración libertaria. En rigor los espacios más negociadores como los «gordos» de los grandes gremios de servicios y los «independientes» de buen vínculo con todos los gobiernos ya tienen resuelto desde hace meses su concurrencia pero esperan convencer a Pablo Moyano de participar también, o al menos de no dinamitar esa instancia. Durante el fin de semana largo el hijo mayor de Hugo Moyano hizo saber en cambio que espera de la CGT un plan de lucha con alguna protesta en diciembre. 

Pablo Moyano atraviesa una encrucijada: su ánimo habitualmente confrontativo choca con la voluntad conciliadora de los socios más influyentes de la CGT, más interesados en sellar un entendimiento con el Gobierno que incluya concesiones como la caída del paquete antisindical de Tetaz o un blindaje financiero para las obras sociales que en apurar un tercer paro nacional, y hasta de su propio padre, Hugo, abocado a la salvaguarda de la prestadora de salud de Camioneros (Oschoca) y a las paritarias del gremio. Incluso en el entorno más cercano al heredero del gremio de choferes admiten que una nueva huelga nacional corre el riesgo de diluirse por las deserciones de gremios clave y de sectores de trabajadores poco dispuestos a perder un día de salario por su adhesión a la medida de fuerza. 

En el Gobierno, en tanto, esperan con ansias la mesa de diálogo con la CGT. La iniciativa lleva la bendición de los negociadores Caputo, Francos y Cordero, que creen haber convencido a Javier Milei de su conveniencia. Y, como muestra de buena voluntad, no sólo le darán la espalda al paquete legislativo de Tetaz que prometía desfinanciar a los sindicatos sino que analizan avanzar en una medida en sentido inverso: poner fin a las contribuciones forzosas que las cámaras patronales les cobran a empresas que ni siquiera forman parte de sus estructuras. 

Entre las cámaras en la mira figuran las que nuclean a empresas mercantiles (CAC y CAME) e industrias metalúrgicas (Adimra). También aparecen como posibles apuntadas otras entidades patronales que hacen lo propio como la de la actividad maderera (Faima), la industria gráfica (Faiga) y la de fábricas de calzado (Faica) entre otras. La mecánica es similar y prevé el pago mensual, por parte de todas las empresas comprendidas en un convenio colectivo de trabajo (sean o no afiliadas a la cámara sectorial), de un porcentaje de la masa salarial a favor de la entidad bajo la premisa de que es la encargada de llevar adelante la gestión salarial y en los conflictos. 

Enn 2019, y tras años de litigio administrativo y judicial, el gobierno de Mauricio Macri dictaminó en contra del pago forzoso que exigía Adimra a las empresas metalúrgicas no asociadas. El diferendo tenía como histórico contendiente a la Asociación de Fábricas de Autopartes (AFAC) que rechazaba ese pago al sostener su propia presencia en las paritarias con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) sin depender de Adimra. 

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Aunque baja la inflación, el costo de vida sigue elevando el umbral de la pobreza

Los nuevos datos del Indec muestran que una familia tipo requirió en mayo $1.498.741 para no quedar por debajo de la línea de pobreza. Mientras la inflación desaceleró su marcha por segundo mes consecutivo, los alimentos continuaron ejerciendo presión sobre los presupuestos familiares.

La desaceleración de los precios no logró modificar una realidad que continúa condicionando a millones de hogares. Durante mayo, el costo mínimo necesario para cubrir las necesidades esenciales volvió a incrementarse y empujó hacia arriba el umbral que define la pobreza en Argentina.

De acuerdo con los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia integrada por dos adultos y dos menores necesitó ingresos por $1.498.741 para afrontar gastos básicos de alimentación, vivienda, transporte, indumentaria, educación y servicios. La cifra representa un aumento mensual del 2% y confirma que la recuperación del poder adquisitivo sigue siendo uno de los principales desafíos de la economía doméstica.

La evolución de los alimentos volvió a ocupar un lugar determinante. La Canasta Básica Alimentaria, que establece la línea de indigencia, registró una variación del 2,4%, ubicándose por encima del Índice de Precios al Consumidor del mismo período. Para una familia tipo, cubrir exclusivamente los requerimientos nutricionales indispensables demandó $681.246.

El dato adquiere relevancia porque evidencia una dinámica que se repite desde hace varios meses: aun cuando la inflación general muestra señales de moderación, los productos de consumo cotidiano mantienen una velocidad de ajuste que continúa erosionando la capacidad de compra de amplios segmentos de la población.

Las diferencias se observan también según la composición de cada hogar. Una persona adulta necesitó $485.029 para no ser considerada pobre, mientras que un grupo familiar de cinco integrantes requirió más de $1,57 millón para superar ese umbral. En el caso de la indigencia, los ingresos mínimos oscilaron entre $220.467 para una persona sola y más de $716.000 para familias numerosas.

La publicación de estos indicadores coincidió con un nuevo descenso del ritmo inflacionario. El IPC de mayo fue del 2,1%, por debajo del 2,6% registrado en abril y lejos del 3,4% observado en marzo. Se trata de la segunda desaceleración consecutiva y consolida una tendencia que el Gobierno exhibe como uno de sus principales logros económicos.

Sin embargo, la distancia entre la evolución de los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de los hogares continúa siendo significativa. Mientras los índices muestran una moderación en la velocidad de los aumentos, los ingresos todavía encuentran dificultades para recuperar el terreno perdido durante los últimos meses.

Los números difundidos por el Indec dejan una conclusión contundente: la reducción de la inflación representa una condición necesaria, pero todavía insuficiente para aliviar las dificultades que enfrentan millones de familias. La verdadera medida del bienestar económico no se refleja únicamente en cuánto suben los precios, sino en la capacidad de los ingresos para sostener niveles de vida dignos. Y, por ahora, esa brecha continúa siendo uno de los desafíos más profundos de la Argentina actual.

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Reforma laboral: el Gobierno ordena revisar 446 convenios colectivos

La Secretaría de Trabajo puso en marcha el proceso de revisión de 446 convenios colectivos alcanzados por la reforma laboral. La medida inaugura una etapa de negociaciones que podría modificar aspectos centrales de las relaciones laborales y reaviva el enfrentamiento entre el Gobierno y el movimiento sindical.

La reglamentación de la reforma laboral comenzó a mostrar sus efectos más profundos. Con una decisión que impacta sobre buena parte de la estructura convencional del mercado de trabajo argentino, el Gobierno nacional inició la convocatoria para que sindicatos y cámaras empresarias renegocien 446 convenios colectivos, una cifra muy superior a la prevista inicialmente.

La medida constituye uno de los movimientos más ambiciosos impulsados por la administración de Javier Milei en materia laboral y abre una instancia de discusión que podría redefinir aspectos sustanciales de los acuerdos que regulan la actividad de millones de trabajadores en distintos sectores productivos.

El punto de partida se encuentra en la modificación del régimen de ultraactividad, un principio que históricamente garantizó la continuidad de los convenios aun después de su vencimiento.

Con los cambios introducidos por la Ley de Modernización Laboral y su reciente reglamentación, numerosas disposiciones deberán volver a negociarse entre las partes, habilitando una revisión de alcance mucho más amplio que la prevista originalmente.

Desde el Ministerio de Capital Humano sostienen que el proceso busca actualizar los instrumentos de negociación colectiva y adecuarlos a las nuevas realidades productivas. La apuesta oficial consiste en promover acuerdos considerados más flexibles, adaptables y compatibles con las transformaciones que atraviesan distintas actividades económicas.

Sin embargo, la iniciativa fue recibida con fuerte resistencia por parte de las organizaciones sindicales. La CGT advirtió que la reglamentación representa una intervención sobre instituciones centrales del sistema laboral argentino y cuestionó la decisión de avanzar con cambios que continúan bajo análisis judicial. Para la central obrera, la discusión excede cuestiones técnicas y alcanza principios vinculados con la autonomía sindical y la preservación de derechos conquistados durante décadas de negociación colectiva.

El debate adquiere una dimensión aún mayor porque coincide con los cuestionamientos formulados por organismos internacionales. En los últimos días, la Organización Internacional del Trabajo instó al Estado argentino a fortalecer los mecanismos de diálogo social y a garantizar que cualquier modificación de la legislación laboral sea resultado de consultas efectivas entre trabajadores, empleadores y autoridades públicas.

Una disputa con consecuencias de largo alcance

La revisión de 446 convenios no representa únicamente un procedimiento administrativo. Detrás de cada negociación se pondrán en discusión mecanismos de financiamiento sindical, modalidades de representación, condiciones de trabajo y criterios que durante años estructuraron la relación entre empresas y trabajadores.

Por esa razón, tanto el Gobierno como las organizaciones gremiales consideran esta instancia como una de las batallas más relevantes abiertas desde la sanción de la reforma laboral. Mientras el oficialismo busca consolidar un nuevo esquema de relaciones laborales, el sindicalismo interpreta que está frente a un intento de alterar pilares históricos de la negociación colectiva.

La convocatoria masiva lanzada por la Secretaría de Trabajo marca el comienzo de una etapa que podría dejar una huella duradera sobre el mundo del trabajo. Lo que se abre ahora no es sólo una ronda de negociaciones técnicas entre sindicatos y empresarios, sino una discusión de fondo acerca del modelo laboral que la Argentina pretende construir en los próximos años. Entre la promesa oficial de modernización y las advertencias gremiales sobre una pérdida de derechos, la disputa recién empieza.

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El turismo enfrenta uno de sus inviernos más débiles: reservas por debajo de las expectativas y consumo en retroceso

A pocos días del fin de semana largo, los principales polos turísticos exhiben niveles de ocupación muy por debajo de los registros habituales. Empresarios y comerciantes advierten que las escapadas de corta duración dejaron de ser una prioridad para numerosos hogares y alertan sobre un comienzo de temporada invernal marcado por la prudencia del gasto.

Durante años, los feriados extensos funcionaron como un impulso capaz de revitalizar hoteles, restaurantes y comercios en los meses de menor movimiento. Esta vez, sin embargo, el calendario parece haber perdido parte de ese efecto dinamizador.

A medida que se acerca el receso de junio, las proyecciones de ocupación muestran cifras discretas en buena parte del país. La respuesta del público avanza a un ritmo mucho más lento que el observado en otros períodos y obliga a replantear previsiones que hasta hace poco parecían razonables para una fecha de estas características.

Mar del Plata, uno de los grandes termómetros del turismo interno, refleja con claridad ese cambio de comportamiento. Operadores vinculados al alojamiento aseguran que las consultas disminuyeron notablemente y que muchas decisiones de viaje quedaron sujetas a la evolución de la economía doméstica. El fenómeno no distingue categorías y alcanza tanto a establecimientos tradicionales como a propuestas orientadas al turismo familiar.

La tendencia se replica en destinos históricamente asociados a las escapadas de corta distancia. Tandil, las sierras cordobesas y otros puntos consolidados dentro del mapa turístico nacional exhiben niveles de ocupación moderados, alejados de los porcentajes que solían registrarse en fines de semana largos de temporada baja.

Detrás de esos números aparece una variable que atraviesa a toda la economía: la reconfiguración de las prioridades de consumo. Frente a presupuestos más ajustados, muchas familias reducen gastos vinculados al esparcimiento o directamente postergan viajes que hasta hace algunos años formaban parte de la planificación habitual.

Ante esa realidad, empresarios apelan a estrategias cada vez más agresivas para captar visitantes. Bonificaciones, paquetes promocionales y beneficios especiales buscan seducir a un público que analiza cada desembolso con mayor detenimiento y que, en numerosos casos, decide sobre la marcha.

La preocupación trasciende el resultado puntual de un feriado. La hotelería, la gastronomía, el transporte y una extensa cadena de servicios dependen en gran medida de la circulación de visitantes para sostener niveles adecuados de facturación y empleo. Cuando el flujo de viajeros se reduce, el impacto se extiende mucho más allá de los destinos receptivos.

Las semanas previas al receso invernal suelen ofrecer una señal anticipada sobre el pulso del turismo argentino. Los indicadores actuales muestran una realidad distinta a la de otros años: menos anticipación, menor disposición al gasto y una marcada cautela al momento de organizar viajes. En ese cuadro, el próximo fin de semana largo se presenta como una prueba relevante para una de las economías regionales más sensibles a las oscilaciones del consumo.

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