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La decisión fue oficializada hoy por el Ministerio de Seguridad de la Nación. El Gobierno creó lo que denominó el Comando Unificado de Seguridad Productiva. Se trata de una fuerza especial para “proteger” a petroleras, cerealeras y mineras de bloqueos y protestas sindicales.

En sintonía con la intención del Gobierno libertario de limitar el derecho de huelga y de habilitar los despidos con causa contra aquellos trabajadores que encaren protestas sindicales, la gestión de Javier Milei crea una fuerza especial para “enfrentarlos”.

Se trata de el Comando Unificado de Seguridad Productiva que se oficializó en la jornada de hoy en el Boletín Oficial por la Resolución 893/2024 que lleva la firma de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich.

Las creación de las nuevas milicias, que específicamente se enfocarán en la “protección” de las empresas petroleras, cerealeras y mineras, entre otras grandes firmas y parques industriales, se fundamentan en la supuesta necesidad de “protección especial” que requieren.

Entre los fundamentos de la decisión, se lee: “Que se han originado graves hechos de violencia, bloqueos e impedimento por medios ilícitos para que se pueda trabajar, comercializar y distribuir libremente la producción, en zonas portuarias Bahía Blanca San Lorenzo – Timbúes, zonas de producción de hidrocarburos como Vaca Muerta o zonas mineras, o Parques Industriales, hechos que concretamente incidieron en un peligro colectivo a la vida, la libertad y el patrimonio de los habitantes y de las empresas o libre circulación de los trabajadores, como también de su actividad productiva”.

El Comando en cuestión dependerá directamente de Patricia Bullrrich y buscará “contribuir con una mejor y más eficiente organización sobre el despliegue territorial de tareas destinadas a la prevención de los delitos contra la propiedad, las personas y acciones delictivas que dañen los sectores productivos, mediante hechos o amenazas que pongan en riesgo la vigencia de los derechos y garantías constitucionales en el territorio nacional”.

La creación de una milicia es un nuevo paso en la escalada contra el derecho a la protesta, cuyos alcances legislativos todavía desconocemos. De hecho se espera la reglamentación de la Reforma Laboral de la Ley Bases para saber la profundidad de las normas que buscan cercenarlo por la vía legislativa.

Fuente: Infogremiales

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Universidades al límite: aumento unilateral, ley incumplida y una crisis que escala sin contención

El Gobierno nacional dispuso un incremento salarial del 1,7% para abril sin negociación paritaria y en incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. La medida agrava la pérdida del poder adquisitivo y presiona a un sistema ya afectado por recortes presupuestarios y demoras en la transferencia de fondos.

El conflicto en las universidades nacionales atraviesa un punto culminantel. La decisión del Ejecutivo de otorgar un aumento del 1,7% de manera unilateral —formalizada mediante un instructivo de la Subsecretaría de Políticas Universitarias— no sólo reaviva el malestar gremial, sino que expone un cuadro más profundo: la combinación de salarios deteriorados, financiamiento restringido y compromisos legales incumplidos.

La medida alcanza tanto a docentes como a trabajadores nodocentes y fue adoptada al margen de la negociación colectiva. Desde la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) cuestionaron con dureza el mecanismo utilizado y el porcentaje definido.

“Se trata de una decisión sin paritarias y muy por debajo del índice inflacionario”, advirtieron, subrayando que la política salarial actual consolida una pérdida sostenida del poder adquisitivo.

El trasfondo normativo añade una dimensión institucional al conflicto. La Ley de Financiamiento Universitario 27.795 establece la obligación de convocar a paritarias, garantizar actualizaciones periódicas y recomponer ingresos en función de la inflación. Sin embargo, según denunció el Frente Sindical de las Universidades Nacionales, esas obligaciones no fueron cumplidas en los plazos previstos. El incumplimiento no es meramente formal: repercute de manera directa en la estabilidad del sistema.

A esta situación se suma una estrategia judicial que, en los hechos, prolonga la incertidumbre. A horas de vencer el plazo para transferir $2,5 billones destinados a las universidades, la Procuración del Tesoro presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema con el objetivo de frenar la aplicación de la ley, pese a que ya existían fallos en dos instancias que ordenaban su implementación inmediata. La maniobra introduce un nuevo factor de dilación tanto en la llegada de recursos como en la recomposición salarial.

Las consecuencias de este escenario se verifican con claridad en los ingresos del personal universitario. Según datos gremiales, los salarios acumulan 17 meses consecutivos de retroceso. Sólo durante 2025 la caída alcanzó los 35 puntos, mientras que en 2024 —a pesar de una inflación del 118%— no se registraron actualizaciones. En términos acumulados, la pérdida asciende a 141 puntos, un retroceso que ubica el poder adquisitivo en niveles comparables a los de la salida de la crisis de 2002.

El impacto no se limita a los ingresos individuales. El ajuste presupuestario condiciona el funcionamiento cotidiano de las universidades. De acuerdo con el Consejo Interuniversitario Nacional, los fondos destinados a gastos operativos se redujeron cerca de un 45% en los últimos dos años. Esta contracción afecta la continuidad de actividades académicas, proyectos de investigación y programas de extensión, pilares del sistema público universitario.

Rectores, gremios docentes, nodocentes y organizaciones estudiantiles avanzan en la organización de una nueva Marcha Federal, con el objetivo de visibilizar el conflicto y reinstalar el debate sobre el financiamiento universitario en la agenda pública. La convocatoria busca reeditar una tradición de movilización que, históricamente, ha logrado interpelar a los distintos niveles del Estado.

La crisis universitaria ya no puede leerse como una suma de cuestiones aisladas. La combinación de decisiones salariales unilaterales, compromisos legales incumplidos y restricciones presupuestarias configura un cuadro estructural que compromete el funcionamiento del sistema en su conjunto. En ese marco, la falta de instancias de negociación no sólo agrava el deterioro económico de los trabajadores, sino que erosiona los canales institucionales que sostienen la gobernabilidad del sector.

El conflicto, lejos de disiparse, tiende a profundizarse. La respuesta del sistema universitario —a través de la movilización y la articulación de sus actores— anticipa un clima donde la disputa por el financiamiento y las condiciones laborales volverá a ocupar un lugar central en el debate público. Lo que está en juego, más allá de la coyuntura, es la viabilidad de uno de los pilares históricos de la educación pública argentina.

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Médicos de cabecera del PAMI paralizan servicios por 72 horas en todo el país

Los profesionales de cabecera iniciaron una medida de fuerza de tres días en rechazo a cambios en el esquema de pagos que, según denuncian, reducen sus ingresos. Solo se atenderán urgencias, lo que afecta a millones de afiliados y expone las dificultades estructurales del sistema.

La atención médica de millones de jubilados y pensionados ingresó en una fase de fuerte incertidumbre tras el inicio de un paro nacional de 72 horas por parte de los médicos de cabecera del PAMI. La medida, impulsada por la APPAMIA, limita la asistencia a casos de urgencia y pone en evidencia un conflicto que trasciende lo salarial para instalar interrogantes sobre la sostenibilidad del sistema.

El eje de la protesta radica en una reciente resolución del organismo que modifica el esquema de remuneración. Aunque formalmente se presenta como una actualización de la cápita —que se eleva a $2.100—, los profesionales sostienen que el nuevo modelo implica una reducción efectiva de ingresos. La principal objeción apunta a la eliminación del pago por consulta presencial, una herramienta clave para sostener la actividad diaria en consultorios.

Según detallan desde el sector, el cambio incorpora un mayor volumen de prestaciones dentro de un monto fijo, al tiempo que elimina incentivos vinculados a la capacitación. La ecuación resultante, advierten, se traduce en un aumento de la carga laboral con una compensación económica inferior. “Más trabajo, menos ingresos” es la síntesis que repiten los profesionales frente a una modificación que altera de manera sustancial el esquema previo.

La preocupación no se limita a la pérdida de poder adquisitivo. Desde la entidad gremial alertan sobre el impacto directo en la viabilidad de los consultorios, cuyos costos operativos —alquileres, insumos, servicios— continúan en alza. En ese sentido, plantean la necesidad de fijar una cápita mínima de $6.500 para garantizar condiciones adecuadas de funcionamiento, además de exigir la derogación de la resolución y la recomposición de honorarios.

El reclamo incluye también la reincorporación de médicos desvinculados, en una señal de malestar dentro del sistema. Para los profesionales, la combinación de ingresos deteriorados y exigencias crecientes configura un escenario que compromete tanto el ejercicio de la medicina como la calidad de la atención brindada.

El paro se inscribe en una problemática más amplia que viene afectando al PAMI en los últimos meses. Prestadores de distintos puntos del país vienen señalando demoras en los pagos, cambios contractuales y dificultades para sostener la prestación de servicios. La acumulación de estos factores ha generado un clima de desconfianza que ahora se traduce en una medida de alcance nacional.

El impacto sobre los afiliados resulta inmediato. Si bien se mantienen las guardias y la atención de urgencias, la suspensión de consultas programadas y controles periódicos afecta especialmente a pacientes con enfermedades crónicas, quienes dependen de un seguimiento continuo. La interrupción de estas prácticas no sólo posterga diagnósticos y tratamientos, sino que también incrementa la presión sobre otros niveles de atención.

En este contexto, desde APPAMIA anticiparon que evalúan avanzar por la vía judicial para frenar la implementación de la medida, al tiempo que convocan a los profesionales a sostener el plan de lucha.

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CAME advierte por la impactante caída del consumo y la falta de incentivos para invertir

Las ventas minoristas volvieron a mostrar una leve contracción en marzo y consolidan una tendencia que preocupa al entramado pyme. Con cinco de siete rubros en baja y una marcada desconfianza para invertir, el sector enfrenta un panorama complejo que condiciona su capacidad de recuperación.

El pulso del consumo sigue sin dar señales de recuperación sostenida y vuelve a impactar de lleno en el entramado de pequeñas y medianas empresas. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, las ventas minoristas registraron en marzo una caída interanual del 0,6%, con retrocesos en la mayoría de los rubros y un clima empresario dominado por la prudencia.

El informe también refleja un descenso del 0,4% en la comparación mensual desestacionalizada, lo que confirma un esquema de consumo debilitado que se extiende más allá de variaciones puntuales. La persistencia de este comportamiento configura un panorama en el que el comercio minorista enfrenta dificultades para consolidar un piso de actividad.

Uno de los indicadores más elocuentes del momento que atraviesan las pymes es la percepción sobre la inversión. El 59,1% de los empresarios considera que no es un momento adecuado para realizar nuevos desembolsos, una cifra que expone la falta de previsibilidad y las dudas sobre la evolución de la demanda. Apenas un 13,1% identifica oportunidades para expandirse, mientras que un 27,7% se mantiene sin una definición clara, lo que evidencia la fragilidad de las expectativas.

Las proyecciones para los próximos meses tampoco ofrecen una perspectiva contundente. Si bien el 48% de los consultados estima que la actividad se mantendrá en niveles similares, un 39,7% confía en una mejora y un 12,4% anticipa una profundización de la caída. Esta dispersión en las previsiones refleja la ausencia de señales firmes que permitan delinear una tendencia clara.

El análisis sectorial muestra que la retracción es amplia y heterogénea. Entre los rubros más afectados se destacan Perfumería, con una baja del 9,8%, y Bazar, decoración, textiles de hogar y muebles, que retrocedieron un 8,3%. También se registró una caída en Alimentos y bebidas (-0,9%), un dato particularmente sensible por tratarse de un segmento de consumo básico.

En contraposición, algunos sectores lograron sostener una evolución positiva. Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción mostró un crecimiento del 2%, mientras que Farmacia avanzó un 1,1% interanual. Ambos rubros se vieron impulsados por demandas específicas que tienden a sostenerse aun en períodos de menor dinamismo general.

El inicio del ciclo escolar aportó cierto movimiento en categorías vinculadas al consumo estacional, aunque ese impulso resultó insuficiente para revertir la tendencia general. La pérdida del poder adquisitivo y el incremento de los costos operativos continúan condicionando el volumen de ventas, mientras que la dependencia del financiamiento agrega presión sobre la operatoria cotidiana de los comercios.

En este aspecto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa comenzó a profundizar el seguimiento de los comercios con modalidad mixta, aquellos que combinan canales físicos y digitales. La incorporación de este enfoque permite analizar con mayor precisión el comportamiento del comercio electrónico, considerando como venta digital toda operación iniciada a través de medios online, independientemente de su forma de pago o entrega.

La metodología adoptada se alinea con los criterios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lo que aporta mayor rigurosidad al análisis y facilita la comparación con tendencias internacionales. Este monitoreo adquiere relevancia en un entorno donde la digitalización aparece como una herramienta clave para sostener la actividad.

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