FATPREN declara Estado de Alerta y Movilización en reclamo de recomposición salarial
Los trabajadores de prensa escrita de todo el país continúan en pie de lucha por la recuperación del salario en un contexto político poco favorable para el desarrollo de la profesión.
Los reclamos por salarios dignos de un tiempo a esta parte, están llevando al límite la paciencia y la economía de los trabajadores que siguen sin obtener respuestas favorables al reclamo de parte de la cámara empresaria ADIRA.
En este contexto, el Plenario de Secretarios/as Generales, Gremiales y Delegados/as de sindicatos adheridos a FATPREN aprobó por unanimidad este martes 20 de agosto declarar el Estado de Alerta y Movilización en reclamo de urgente recomposición salarial.
En este marco, el gremio informó que realizara asambleas y distintas acciones de protesta en las redacciones de todo el país.
La situación salarial de los trabajadores de prensa escrita es crítica, y desde la FATPREN detallaron el escenario actual: “En un contexto en el cual se profundizan los ataques contra la libertad de expresión, la situación salarial y laboral en la actividad es crítica. El básico de la categoría redactor alcanza los $415.000 mientras que la canasta básica para una familia de cuatro personas supera los $900.000 y la línea de indigencia se ubica por encima de los $405.000. El deterioro de los ingresos de las trabajadoras y trabajadores de prensa se ha agravado profundamente desde la devaluación del mes de diciembre pasado”.
Ante esta situación, de no obtener respuestas favorables al reclamo por parte parte de la cámara empresaria ADIRA, en la próxima audiencia paritaria, el Plenario se reunirá nuevamente para definir la adopción de medidas de acción directa y la profundización del conflicto.
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Paro general de la CGT: sectores estratégicos paralizaron Argentina contra la reforma laboral
La medida convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) contra la reforma laboral que se debate en la Cámara de Diputados tuvo cumplimiento total en puertos, transporte ferroviario e industrias estratégicas. La jornada dejó cadenas logísticas interrumpidas, fábricas sin actividad y ciudades con movilidad reducida.
Desde las 00 de este jueves comenzó el paro general impulsado por la CGT, en rechazo al proyecto de reforma laboral. Con el correr de las horas, la medida se hizo sentir con fuerza en los sectores neurálgicos de la economía nacional, evidenciando el alcance territorial y sectorial de la convocatoria.
El impacto más contundente se registró en el sistema portuario. La adhesión de la Federación de Estibadores Portuarios Argentinos (FEPA) paralizó completamente las operaciones en terminales de carga general, puertos cerealeros y muelles pesqueros. La interrupción de tareas dejó sin movimiento a buques y mercaderías, con efectos inmediatos sobre exportaciones y abastecimiento interno.
La postal se replicó en los principales nodos logísticos del país: filas de camiones varados en accesos portuarios, embarques suspendidos y operadores aguardando definiciones en un escenario de incertidumbre. En un país cuya balanza comercial depende en gran medida del complejo agroexportador, la paralización de los puertos adquiere un significado económico y político de alto voltaje.
En simultaneo, la industria reportó niveles de adhesión totales en múltiples ramas. Plantas metalúrgicas, alimenticias, refinerías, laboratorios y fábricas de insumos interrumpieron su actividad durante toda la jornada. La detención de la producción no solo evidenció la capacidad de coordinación gremial, sino también el peso específico de los trabajadores en la cadena de valor nacional.
El transporte, otro engranaje central, mostró un acatamiento extendido. Sindicatos ferroviarios y del transporte urbano confirmaron la suspensión de servicios en corredores estratégicos. La Unión Tranviaria Automotor (UTA), junto con la La Fraternidad, la Unión Ferroviaria y los Metrodelegados, entre otros, adhirieron a la medida, afectando trenes, subtes y gran parte de los colectivos en distintas jurisdicciones.
Incluso el transporte aéreo registró cancelaciones y reprogramaciones, ampliando la dimensión de la protesta. La conjunción de estos factores configuró una jornada de circulación limitada, avenidas semivacías y actividad comercial reducida en numerosos centros urbanos.
No obstante, hubo excepciones. El grupo empresario DOTA mantuvo en funcionamiento 65 líneas de colectivos en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Desde la entidad que conduce Miguel Ángel Bustinduy señalaron que “todas las líneas están funcionando con servicio regular, normal de día hábil, excepto la línea 60”, que operó con frecuencia reducida por mayor adhesión de choferes afiliados a la UTA. Esa decisión atenuó parcialmente el impacto en el AMBA, aunque no alteró el cuadro general de fuerte cumplimiento.
Más allá de las cifras de acatamiento, la jornada dejó un mensaje político claro. La paralización de puertos, transporte e industria —sectores estratégicos por su peso en la producción, el comercio exterior y la vida cotidiana— exhibe la capacidad de presión de las organizaciones sindicales frente a una reforma que consideran regresiva en materia de derechos laborales.
El oficialismo, por su parte, sostiene que la iniciativa apunta a modernizar el mercado de trabajo y promover la generación de empleo. En ese cruce de narrativas se inscribe la medida de fuerza: mientras el debate parlamentario avanza, la calle y los centros productivos se convierten en escenario de una disputa más amplia sobre el modelo laboral y el equilibrio entre competitividad y protección social.
El paro general no solo interrumpió la actividad económica durante una jornada clave, sino que también funcionó como demostración de poder sindical en áreas vitales del entramado productivo. Con puertos detenidos, transporte afectado y fábricas sin actividad, la protesta expuso la magnitud del conflicto abierto en torno a la reforma laboral. El desenlace parlamentario marcará un antes y un después, pero el mensaje ya quedó instalado: en la Argentina, cualquier transformación estructural del mundo del trabajo inevitablemente se mide en la capacidad de organización y respuesta de sus sectores estratégicos.
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La CGT confirmó el paro nacional de 24 horas sin transporte y fútbol en suspenso
La central obrera confirmó la medida de fuerza para este jueves, en coincidencia con el tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados de la Nación. Se prevé paralización del transporte, administración pública, bancos, industrias y posibles suspensiones en el calendario deportivo.
La conducción de la Confederación General del Trabajo ratificó la realización de un paro general de 24 horas que se desarrollará este jueves en todo el país, en abierta señal de rechazo al proyecto de reforma laboral que será debatido en la Cámara de Diputados. La decisión fue formalizada tras una reunión del Consejo Directivo y difundida a través de los canales oficiales de la central.
a huelga se llevará adelante sin movilización centralizada, aunque cada organización sindical podrá instrumentar acciones propias en su ámbito de representación. La estrategia apunta a generar un impacto directo sobre la actividad económica y administrativa, con el objetivo explícito de enviar un mensaje político al Congreso en pleno tratamiento parlamentario.
Alcance e impacto
El efecto más visible se dará en el transporte público. De confirmarse la adhesión de los gremios del sector, la circulación de colectivos, trenes y subtes será nula o severamente reducida durante toda la jornada, afectando especialmente a los grandes centros urbanos.
En este sentido, la administración pública —nacional, provincial y municipal— operará con servicios mínimos o directamente sin atención. El sistema educativo también podría resentirse, con suspensión de clases en escuelas y universidades. La actividad bancaria y financiera aparece igualmente comprometida, al igual que buena parte del entramado industrial y comercial, donde la adhesión sindical suele traducirse en cierre de plantas y persianas bajas.
El alcance real dependerá del nivel de acatamiento en cada sector, pero todo indica que se tratará de una de las medidas de fuerza de mayor envergadura en lo que va del año.
El fútbol, en jaque
El paro no solo tendrá consecuencias económicas y administrativas. También impactará en el calendario deportivo. Al menos cinco partidos de la Liga Profesional programados para el jueves podrían quedar suspendidos ante la falta de personal operativo en estadios, seguridad privada, logística y servicios auxiliares.
La organización de los encuentros depende del funcionamiento coordinado de múltiples actores: transporte para planteles y público, operativos policiales, trabajadores de entidades deportivas y sistemas de control. Sin esos engranajes, la realización de los espectáculos se vuelve inviable.
La definición final quedará en manos de la Asociación del Fútbol Argentino, que evaluará en las próximas horas si reprograma los partidos o aguarda hasta último momento para medir el alcance efectivo de la medida.
Clima político y pulseada legislativa
El paro se inscribe en un fuerte contexto de tensión social y política. Desde la CGT sostienen que la reforma laboral implica retrocesos en derechos adquiridos y altera el equilibrio de protección histórica del trabajador argentino. La central enmarcó la huelga como una defensa “del trabajo y de las conquistas del movimiento obrero”, subrayando que la discusión excede lo técnico y se proyecta como una disputa de modelo.
En el oficialismo, en cambio, argumentan que la reforma busca modernizar el régimen laboral y fomentar la generación de empleo formal, en un momento de gran recesión y caída de la actividad.
Con transporte paralizado, servicios reducidos y el fútbol en suspenso, la jornada de este jueves se perfila como un momento decisivo, en la relación entre el movimiento sindical y el Gobierno. Más que una medida sectorial, el paro general adquiere dimensión política en el momento exacto en que el Congreso debate uno de los proyectos más sensibles del año.
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La Casa Rosada presiona a la UTA y La Fraternidad con los sindicatos responden con dureza
A horas del paro general convocado por la Confederación General del Trabajo, el Gobierno nacional intimó a la Unión Tranviarios Automotor y a La Fraternidad a abstenerse de realizar medidas de fuerza por considerar vigente una conciliación obligatoria. Los gremios rechazaron la advertencia, negaron su alcance y calificaron de “ignorantes” a funcionarios de la gestión de Javier Milei.
La antesala del paro general sumó un nuevo capítulo de confrontación institucional. En un comunicado oficial, el Ministerio de Capital Humano informó que, a través de la Secretaría de Trabajo, intimó a la UTA y a La Fraternidad a no llevar adelante acciones directas por entender que rige una conciliación laboral obligatoria “en pleno trámite”.
Según la postura oficial, cualquier medida de fuerza implicaría un incumplimiento de esa instancia administrativa y, por lo tanto, una vulneración de la normativa vigente. El mensaje no fue menor: el transporte es un sector neurálgico en la efectividad de un paro general y su paralización tiene impacto directo en la vida económica y social del país.
Sin embargo, la respuesta sindical fue inmediata y de alto voltaje. Desde La Fraternidad rechazaron la interpretación del Ejecutivo y sostuvieron que la conciliación obligatoria vigente responde exclusivamente a una discusión paritaria, no a la convocatoria al paro general.
“Nosotros no podemos parar por paritarias, pero por otros motivos sí”, explicaron desde el gremio ferroviario, al tiempo que calificaron de “ignorantes” a los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y denunciaron un “apriete” político.
La controversia abre un debate jurídico y político de fondo: ¿puede una conciliación dictada en el marco de una negociación salarial limitar la adhesión a una medida de alcance nacional convocada por la central obrera? Para el Gobierno, la respuesta es afirmativa; para los sindicatos, se trata de planos distintos que no se superponen.
La UTA y el argumento económico
Horas antes de la intimación oficial, la UTA había confirmado su adhesión al paro bajo un argumento central: la pérdida sostenida del salario real. El gremio que conduce Roberto Fernández describió un escenario marcado por la caída del poder adquisitivo, el deterioro del empleo y la creciente inestabilidad laboral en el sector.
En su comunicado, la organización sostuvo que los trabajadores “soportan el mayor peso del ajuste económico” y que los ingresos no acompañan el aumento del costo de vida. En ese marco, el paro fue definido como una “medida legítima de defensa colectiva” frente a políticas que —según su interpretación— afectan la dignidad del trabajo y la sustentabilidad de la actividad.

El encuadre discursivo no es casual. La UTA buscó despegar la decisión de cualquier interés sectorial inmediato y la presentó como parte de un reclamo más amplio del mundo laboral. El mensaje apunta a reforzar la legitimidad social de la medida en una circunstancia donde el Gobierno insiste en caracterizar las huelgas como obstáculos para la recuperación económica.
Maturano y la hipótesis del paro por tiempo indeterminado
El secretario general de La Fraternidad, Omar Maturano, fue más allá en sus declaraciones públicas. En entrevistas radiales planteó que la reforma laboral podría frenarse si el movimiento sindical avanzara hacia un paro por tiempo indeterminado, trasladando la presión a la dirigencia política.
“Que se arreglen los gobernadores, los políticos, el Presidente. Es problema de ellos”, sostuvo el dirigente, al sugerir que el conflicto excede a los sindicatos y debe ser resuelto en el plano institucional. La afirmación refleja un clima de máxima tensión y deja entrever que, si el proyecto avanza en el Congreso, el escenario gremial podría escalar.
Maturano también describió un cuadro social complejo: salarios que no alcanzan, pagos en cuotas y creciente fragilidad financiera en amplios sectores de trabajadores. Ese diagnóstico conecta con el núcleo del malestar sindical y explica la decisión de acompañar la protesta.
Un conflicto que trasciende lo administrativo
Más allá de la discusión técnica sobre la conciliación obligatoria, el episodio revela una confrontación más amplia entre el Gobierno y el movimiento obrero organizado. La reforma laboral se convirtió en el eje de una disputa que combina argumentos jurídicos, tensiones políticas y un trasfondo económico marcado por la caída del poder adquisitivo.
Para la Casa Rosada, sostener la vigencia de la conciliación es una herramienta para preservar servicios esenciales y desactivar el impacto del paro. Para los gremios, la intimación constituye una maniobra para limitar el derecho a la protesta y debilitar la capacidad de presión sindical.
En el centro del conflicto se encuentra el transporte, un sector estratégico cuyo funcionamiento define en gran medida la contundencia de cualquier medida de fuerza nacional.
La pulseada entre el Ejecutivo y los gremios del transporte anticipa un escenario de alta conflictividad en torno a la reforma laboral. La discusión ya no se limita al contenido del proyecto, sino que se extiende a los márgenes del derecho de huelga y a la capacidad del Gobierno para condicionar la acción sindical mediante herramientas administrativas.
Con el paro general como telón de fondo, el conflicto expone una resistencia estructural: la necesidad oficial de sostener gobernabilidad y agenda reformista frente a un movimiento obrero que percibe una pérdida acelerada de derechos e ingresos. En esa disputa, el transporte se convierte en pieza clave y el desenlace marcará el tono de la relación entre la gestión de Milei y el sindicalismo en los meses por venir.
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