CONÉCTATE CON NOSOTROS

En julio, los precios de los medicamentos interrumpieron la desaceleración -medida respecto del nivel promedio de la economía- de suba para arrojar un alza de 5%, lo que implica una aceleración del 2,2 puntos porcentuales contra el mes previo; es decir, casi duplicando la suba de junio previo.

Dentro del aumento de 5% en julio que sufrió la canasta de medicamentos, se destacan la suba del 9,2% en promedio de los diez medicamentos que más aumentaron. «Por encima del promedio encontramos subas mensuales de 13 y 10,9%», señala el informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

El incremento se inscribe dentro de un contexto generalizado de desregulación y devaluación del peso de diciembre, lo que repercute de manera directa en la caída del poder adquisitivo de los ingresos.

«Teniendo en cuenta que las personas mayores consumen en promedio cinco medicamentos mensuales, es notoria la proporción cada vez mayor que el gasto en medicación representa para sus ingresos», señala el informe.

Si se toma en cuenta los aumentos del 25,7% en noviembre, 40,9% en diciembre, 13,6% en enero, 15% en febrero, 8,4% en marzo, 2,5% en abril, 3,8% en mayo, 2,8 % en junio, con el dato de julio, desde que Javier Milei ganó el ballotage en noviembre de 2023, los medicamentos que las personas mayores utilizan habitualmente remarcaron sus precios en 188,2%, superando ampliamente a la ya elevada inflación de ese mismo período.

Muy por encima del 263% de inflación interanual a julio de 2024, el promedio de los diez medicamentos que más aumentaron en el último año alcanza una suba interanual del 386%. Por encima del promedio se encuentran subas interanuales de hasta 482% para DAFLON 500 y de 456% para IBUPIRAC 600 MG. «Estos medicamentos son bienes de primera necesidad para gran parte de la población, especialmente para las personas mayores», ejemplifica el informe del CEPA.

La fuerte concentración que existe en el mercado de medicamentos a nivel mundial también se evidencia en Argentina.

No obstante, pese a la existencia de un alto número de empresas en el mercado, según CILFA, las ventas están concentradas en las principales firmas: las primeras diez facturan casi el 51% del total y las primeras 20, el 71% del total.

Continúe Leyendo

destacada

Reforma laboral: Gobernadores denuncian una “reforma tributaria encubierta” en el proyecto oficial

El capítulo tributario de la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo encendió la alarma en las provincias. Los cambios en Ganancias y la eliminación de impuestos internos amenazan con recortar recursos coparticipables clave, en un marco de finanzas provinciales ya tensionadas y una distribución desigual de beneficios fiscales.

La reforma laboral que el Gobierno nacional busca aprobar en las próximas semanas abrió un nuevo y delicado frente de conflicto político. Esta vez, el foco no está puesto en los sindicatos ni en el Congreso, sino en las provincias, que advierten que el proyecto incluye modificaciones tributarias con impacto directo sobre la coparticipación federal y denuncian una transferencia de costos hacia los distritos subnacionales.

El núcleo de la preocupación reside en los cambios propuestos al impuesto a las Ganancias, uno de los tributos con mayor peso en la masa coparticipable. Según el proyecto de “modernización laboral”, se plantea una reducción de alícuotas para las sociedades en los tramos más altos y la exención del impuesto para los alquileres destinados a vivienda. Para los gobernadores, estas medidas implican una caída automática de recursos sin ningún mecanismo de compensación.

De acuerdo con un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el costo fiscal directo inicial de estas modificaciones alcanzaría el 0,22% del PBI, equivalente a $1,9 billones anuales. De ese total, $1,12 billones impactarían de manera directa en las provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que verían reducidos sus ingresos coparticipables.

Impacto desigual y beneficios concentrados

La pérdida de recursos no sería homogénea. La provincia de Buenos Aires aparece como la más afectada, con un recorte estimado en $238.558 millones, seguida por Santa Fe, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, Tucumán y Mendoza. En todos los casos, se trata de distritos con estructuras fiscales frágiles y fuertes compromisos en materia de educación, salud y asistencia social.

Desde el Gobierno, la defensa oficial se apoya en el argumento de que la baja de Ganancias busca mejorar la rentabilidad empresaria y estimular la inversión privada. Sin embargo, en las provincias cuestionan con dureza el reparto de costos y beneficios. El senador Jorge Capitanich fue uno de los más explícitos al calificar la iniciativa como “una reforma tributaria encubierta” que favorece a un grupo reducido de grandes empresas.

Los números refuerzan esa crítica: el tramo más alto del impuesto a las Ganancias, que concentra el 76% de la recaudación, alcanza apenas a 1.856 sociedades, alrededor del 1% del total. La reducción de alícuotas, sostienen los detractores del proyecto, beneficia a ese universo acotado mientras traslada el ajuste al conjunto de las provincias.

Impuestos internos y otro golpe a la coparticipación

A los cambios en Ganancias se suma la eliminación de impuestos internos que gravan rubros como seguros, telefonía celular, artículos suntuarios, vehículos de alta gama, embarcaciones de recreo y aeronaves. Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esta decisión tendría un costo fiscal cercano a los 334 millones de dólares anuales, aunque Capitanich eleva esa cifra a 548 millones.

Se trata, además, de tributos coparticipables desde 1996, por lo que su eliminación representa otro recorte directo a las finanzas provinciales. La preocupación se agrava si se considera que, en paralelo, el Estado nacional continúa trasladando responsabilidades a los distritos —como en el caso de la educación— sin garantizar los recursos necesarios para sostenerlas.

El malestar provincial se potencia por las asimetrías en la distribución de transferencias automáticas. Un informe de Politikon Chaco revela que las provincias alineadas con el oficialismo registraron incrementos superiores al 200%, mientras que los distritos más críticos del Gobierno no alcanzaron el 50%, profundizando las tensiones políticas y fiscales.

Con el dictamen ya firmado, el ministro del Interior, Diego Santilli, y la jefa del bloque de senadores libertarios, Patricia Bullrich, se preparan para una ronda de negociaciones que promete ser intensa. El objetivo oficial es llevar el proyecto al recinto en la segunda semana de febrero, aunque el desenlace permanece abierto.

El interrogante central no es solo si la reforma laboral logrará los votos necesarios, sino si el Gobierno estará dispuesto a revisar su capítulo tributario para evitar una ruptura más profunda con las provincias. En un contexto de ajuste fiscal, recursos escasos y creciente desigualdad territorial, la discusión expone una rigidez estructural: quién paga el costo de las reformas y quién se queda con sus beneficios.

Continúe Leyendo

destacada

Petróleo y minería sin efecto derrame: las regiones energéticas pagan el costo del ajuste

Mientras el Gobierno nacional presenta al petróleo y la minería como pilares del crecimiento, en las provincias energéticas se profundiza la pérdida de empleo, la caída del ingreso y la fragilidad del entramado productivo. El ajuste se territorializa y desnuda una nueva brecha federal.

El debate económico argentino suele concentrarse en variables macroeconómicas y balances sectoriales agregados, pero deja en un segundo plano una dimensión clave: el impacto territorial del modelo productivo. En ese plano, los datos del mercado laboral en petróleo y minería revelan una paradoja inquietante. Los sectores que el gobierno de Javier Milei presenta como “motores del desarrollo” no solo no están generando empleo, sino que están destruyendo puestos de trabajo en las regiones donde históricamente funcionaron como columna vertebral de la economía local.

Según datos oficiales, el complejo de petróleo y minería cuenta hoy con unos 87.500 empleos formales, frente a los 94.600 registrados en noviembre de 2023. En poco más de un año se perdieron más de 7.000 puestos, una caída que se consolida desde mediados de 2024 y que tiene consecuencias particularmente severas en provincias altamente dependientes de estas actividades.

La situación se vuelve más evidente en territorios como Chubut y Santa Cruz, corazón de la Cuenca del Golfo San Jorge, donde la actividad hidrocarburífera no solo explica el empleo directo, sino también buena parte del consumo, la recaudación y la dinámica del comercio regional. Allí, la retracción del empleo petrolero actúa como un factor de arrastre negativo sobre todo el tejido económico.

Federalismo estadístico y desigualdad real

Las estadísticas oficiales muestran tasas de desempleo relativamente bajas en estas provincias, pero los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) cuentan otra historia: una pérdida sostenida de empleo formal, especialmente en puestos calificados y de altos ingresos. Esta brecha entre indicadores no es casual, sino el reflejo de un proceso de degradación laboral que no siempre se traduce en desocupación abierta.

En las regiones energéticas, el ajuste adopta formas silenciosas: retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, contratos no renovados y un desplazamiento hacia la informalidad.

Para la metodología del INDEC, quien abandona la búsqueda activa de empleo deja de ser desocupado, aunque haya sido expulsado del circuito formal. Así, miles de ex trabajadores petroleros pasan a engrosar un universo de ocupaciones precarias —delivery, transporte, changas, microemprendimientos— que sostienen la subsistencia, pero no reemplazan la calidad del empleo perdido.

Este fenómeno genera un efecto particularmente regresivo en el interior del país, donde las alternativas laborales son más limitadas y la dependencia de un solo sector productivo amplifica los impactos negativos.

Salarios, consumo y economías regionales en retroceso

La pérdida de empleo petrolero no es solo una estadística laboral: es un shock económico regional. Un trabajador de yacimiento puede percibir ingresos cercanos a los 3,8 millones de pesos netos mensuales, con aportes, cobertura de salud y capacidad de crédito. Ese salario dinamiza el comercio, los servicios, la construcción y la recaudación provincial y municipal.

Cuando ese puesto desaparece, lo que lo reemplaza suele ser empleo informal o cuentapropismo de baja productividad, con ingresos 50% inferiores o más, sin estabilidad ni protección social. En términos concretos, se necesitan dos o tres trabajos precarios para igualar el ingreso que generaba un solo empleo petrolero.

Las estimaciones regionales indican que la Cuenca San Jorge perdió alrededor de 300.000 millones de pesos anuales en capacidad de consumo, una cifra que explica la caída del comercio, el cierre de pymes y el deterioro del entramado social en ciudades fuertemente ligadas a la actividad energética.

Un modelo que concentra rentas y descentraliza costos

Incluso dentro del propio sector energético, la reabsorción de trabajadores se produce bajo condiciones cada vez más desfavorables. Cambios de concesión, relicitaciones y reestructuraciones empresarias derivan en recortes salariales del 30 al 35%, reducción de beneficios y flexibilización de condiciones laborales, con el argumento de mejorar la competitividad.

Este esquema revela un problema estructural del modelo actual: las rentas y las decisiones estratégicas se concentran, mientras que los costos sociales y laborales se territorializan. Las provincias productoras asumen el impacto del ajuste sin herramientas fiscales, crediticias o de política industrial que amortigüen la caída.

En términos federales, el resultado es una profundización de las asimetrías: regiones ricas en recursos naturales, pero cada vez más pobres en empleo de calidad y capacidad de desarrollo endógeno.

El escenario energético actual deja una advertencia que trasciende al sector. El bajo desempleo agregado no alcanza para evaluar la salud de una economía, especialmente en un país federal y desigual como la Argentina. Lo que está en juego no es solo cuántos puestos existen, sino dónde se destruyen, qué calidad tenían y qué los reemplaza.

Hoy, el petróleo y la minería ya no funcionan como anclas de desarrollo regional. Lejos del efecto derrame prometido, concentran incertidumbre, ajuste y precarización en las provincias productoras. Sin una estrategia federal que articule inversión, empleo y desarrollo territorial, el modelo energético corre el riesgo de consolidar un país con enclaves extractivos prósperos y regiones cada vez más frágiles.

Continúe Leyendo

destacada

Reyes Magos 2026: el consumo repuntó a último momento y dejó tickets promedio de $40.000


Las ventas por Reyes Magos mostraron un crecimiento leve a nivel nacional y una recuperación sobre el final en San Juan. El uso intensivo de cuotas sin interés fue decisivo para sostener el consumo, en un contexto de ingresos ajustados y decisiones de compra cada vez más racionales.

El balance comercial de los Reyes Magos 2026 dejó una postal conocida, pero no por eso menos reveladora: consumo contenido durante la previa, compras concentradas en las últimas horas y una fuerte dependencia de la financiación para concretar operaciones. Así lo reflejaron los datos difundidos por la Cámara de Comercio Comerciantes Unidos y la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ).

En San Juan, la actividad comercial comenzó con un ritmo lento durante los días previos al 6 de enero, pero el escenario cambió de manera abrupta el lunes 5. Desde las primeras horas de la mañana, el microcentro registró una afluencia masiva de clientes que obligó a muchos locales a extender su horario habitual, algunos hasta las 14:00 y otros incluso en jornada corrida hasta las 22:00 horas.

El gasto promedio por regalo en la provincia alcanzó los $40.000, una cifra que duplicó ampliamente la media nacional de las jugueterías de barrio, estimada en $20.500. Sin embargo, ese mayor ticket no se tradujo en un aumento del volumen de ventas: la cantidad de unidades comercializadas fue similar a la de 2025, lo que confirma un patrón de consumo más selectivo y focalizado.

A nivel país, la CAIJ informó una mejora interanual del 0,9%, un crecimiento moderado que estuvo lejos de marcar un despegue contundente. La demanda se concentró, una vez más, en los productos destinados a la primera infancia, que explicaron más del 80% de las ventas, con especial protagonismo de juguetes de aire libre —como inflables, piletas y lanza aguas— y juegos de mesa en formatos reducidos, pensados para regalos accesibles.

La financiación, factor decisivo

Si hubo un denominador común en esta campaña de Reyes, fue el peso determinante de la financiación. Más del 70% de las operaciones se concretaron mediante tarjetas de crédito, billeteras virtuales o créditos personales, relegando al efectivo a compras de bajo valor.

En San Juan, el uso de 3 y 6 cuotas sin interés fue el principal motor del repunte comercial. Comerciantes del sector coincidieron en que, sin estas herramientas, gran parte de las ventas simplemente no se habría concretado. El consumidor, cada vez más cauteloso, priorizó estirar pagos antes que resignar el regalo, en un contexto donde los ingresos reales siguen tensionados.

En este escenario, los precios de los juguetes de producción nacional se mantuvieron relativamente estables, con aumentos por debajo de la inflación, lo que ayudó a sostener cierta competitividad frente a un mercado sensible a cualquier variación de valores.

Los Reyes Magos 2026 dejaron un balance que combina alivio y advertencia para el comercio. Si bien el repunte de último momento permitió cerrar la fecha sin caídas abruptas, el crecimiento fue moderado y altamente dependiente del crédito. El consumidor compró, pero lo hizo con cautela, concentrando decisiones, comparando precios y apostando casi exclusivamente a la financiación.

Más que una señal de recuperación plena, los datos confirman un consumo defensivo, sostenido por herramientas financieras y no por una mejora estructural del poder adquisitivo. Un patrón que, lejos de ser excepcional, parece consolidarse como la nueva normalidad del mercado interno argentino.

Continúe Leyendo

Tendencias