El Senado aprobó la Ley Bases, pero vuelve a Diputados
Con el desempate de Villarruel, la Cámara alta aprobó la iniciativa oficialista que ahora deberá volver a pasar por la Cámara baja.
Tras una extensa sesión y luego del desempate de la vicepresidenta Victoria Villarruel, la Ley Bases fue aprobada en general este miércoles en el Senado, pero deberá volver a la Cámara de Diputados para dar un paso legislativo más.
El reglamento del Congreso estipula que «si la cámara de origen acepta las modificaciones, se sanciona el texto aprobado en la cámara revisora». De esta manera, y debido a los variados cambios introducidos desde la media sanción, ahora el proceso debe continuar en la Cámara baja.
De esta manera, los diputados deberán revisar los artículos modificados en el Senado. «Si la Cámara de origen insiste en la redacción originaria, necesita alcanzar la misma mayoría o una superior que la de la Cámara Revisora para que se sancione como ley el texto originalmente aprobado», dice el reglamento.
Si en Diputados no se alcanzan los votos, la normativa vigente estipula que «en el caso de no lograr la mayoría en Diputados, quedará sancionado el texto aprobado en la Cámara revisora».
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CRA exigió explicaciones a la Sociedad Rural y profundizó la interna de la Mesa de Enlace
Confederaciones Rurales Argentinas envió una carta a Nicolás Pino para exigir explicaciones por las declaraciones de un director de la Sociedad Rural sobre la plataforma VISEC. El enfrentamiento expone diferencias sobre las exigencias ambientales del comercio internacional y quién debe asumir sus costos, aunque todavía no existe un planteo formal de ruptura.
La histórica unidad de la Mesa de Enlace enfrenta una nueva prueba. Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) reclamó explicaciones formales a la Sociedad Rural Argentina (SRA) por las declaraciones de uno de sus directores, Andrés Costamagna, quien cuestionó públicamente la posición de la entidad frente a la plataforma de trazabilidad VISEC. El episodio abrió una disputa institucional entre dos organizaciones fundadoras del espacio y dejó al descubierto diferencias que exceden el intercambio de declaraciones.
El conflicto quedó formalizado el 6 de noviembre, cuando el presidente de CRA, Carlos Castagnani, y el secretario de la entidad, Adrián Luna Vázquez, enviaron una carta a Nicolás Pino, titular de la Sociedad Rural. En el documento calificaron los dichos de Costamagna como agraviantes y reclamaron que la conducción de la SRA precise si el dirigente se expresó a título personal o si sus declaraciones representan la posición institucional.
El malestar se originó en una entrevista realizada por Silvio Baiocco en Canal Rural. Según la comunicación de CRA, Costamagna acusó a la organización de desinformar, comunicar de manera errónea y sostener una postura de negacionismo extremo frente al sistema de trazabilidad. Para la entidad, las expresiones excedieron el intercambio legítimo de argumentos y afectaron el respeto que debe regir entre organizaciones representativas del agro.
CRA pidió que, si la Sociedad Rural no comparte esas afirmaciones, lo manifieste públicamente y reclame una rectificación por los mismos canales en los que se difundieron. Aunque la carta no plantea abandonar la Mesa de Enlace, advierte sobre el deterioro de los vínculos institucionales y traslada a la conducción de Pino la responsabilidad de responder al reclamo.
La trazabilidad, en el centro de la disputa
Detrás del enfrentamiento aparece una discusión de creciente importancia para las cadenas agroexportadoras. VISEC es una plataforma destinada a documentar la trazabilidad de productos y acreditar el cumplimiento de requisitos ambientales exigidos por los mercados internacionales, particularmente las disposiciones europeas vinculadas con la comercialización de productos libres de deforestación.
El disentimiento no se limitan a la conveniencia de implementar estos mecanismos. También involucran la administración de la información, los procedimientos de verificación y, fundamentalmente, la distribución de los costos entre productores, industrias y exportadores.
CRA viene expresando su preocupación por la posibilidad de que las nuevas exigencias terminen trasladando mayores obligaciones económicas y administrativas a los establecimientos productivos, mientras los beneficios comerciales alcanzan al conjunto de la cadena. La discusión, por lo tanto, compromete tanto la competitividad de las empresas como las condiciones en las que los productores deberán acreditar el origen de sus mercancías.
La discrepancia adquiere mayor dimensión porque las entidades rurales comparten reclamos vinculados con la presión impositiva, las retenciones y la necesidad de mejorar las condiciones de competencia frente a otros países productores de la región. Sin embargo, las diferencias sobre cómo afrontar las regulaciones ambientales internacionales amenazan con debilitar la posición común que históricamente procuraron sostener.
Una unidad que deberá demostrar su fortaleza
La Sociedad Rural y CRA integran la Mesa de Enlace junto con Federación Agraria Argentina y Coninagro, una articulación que adquirió protagonismo como representación conjunta del campo frente a las distintas administraciones nacionales.
El enfrentamiento actual vuelve a poner a prueba esa construcción. La respuesta de Pino será determinante para establecer si el episodio queda circunscripto a un desacuerdo entre dirigentes o si deriva en un distanciamiento institucional de mayor alcance.
Por ahora, no hay una ruptura formal, pero sí una señal de desgaste en una alianza que necesita consensos para intervenir en las discusiones sobre producción, exportaciones y regulaciones internacionales. La divergencia por VISEC dejó expuesta una cuestión de fondo: la unidad de las entidades rurales depende no solo de sus reclamos compartidos, sino también de su capacidad para resolver diferencias sobre el rumbo que debe adoptar el sector.
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Brasil define entre Lula y Bolsonaro en una elección que puede reorientar la región
Más de 158,7 millones de electores están habilitados para votar este domingo 25 de octubre. Tras la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, Lula busca retener la Presidencia con el respaldo de sus bases populares y sindicales, en una disputa con consecuencias para la política económica, los derechos laborales y las relaciones internacionales.
Brasil afronta este domingo una de las elecciones más trascendentes de su historia reciente. Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, y el senador Flávio Bolsonaro, de 45, se enfrentan en una segunda vuelta que definirá no solo quién gobernará la mayor economía de América Latina, sino también qué orientación adoptará el país en materia social, laboral y diplomática.
La primera ronda dejó al candidato del Partido Liberal (PL) en ventaja, con el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% obtenido por el actual presidente, del Partido de los Trabajadores (PT). La diferencia obliga a Lula a ampliar su base electoral, mientras Bolsonaro procura convertir el respaldo conservador en una mayoría definitiva. La Justicia Electoral contabiliza más de 158,7 millones de personas habilitadas para participar.
La disputa se desarrolla en un país atravesado por preocupaciones sobre el costo de vida, la inseguridad y el alcance de las políticas sociales. El resultado también tendrá repercusiones regionales: Brasil es una potencia agrícola, industrial y energética, con un peso determinante en el Mercosur y en las relaciones comerciales de América del Sur.
Dos proyectos para la economía y el trabajo
Para el movimiento obrero, la elección tiene una dimensión inmediata. Lula construyó su trayectoria política desde el sindicalismo metalúrgico del cordón industrial del ABC paulista, donde encabezó huelgas obreras a fines de la década de 1970, durante la dictadura militar. Su historia personal continúa siendo uno de los principales activos simbólicos del PT entre trabajadores y organizaciones populares.
Durante sus primeros mandatos, entre 2003 y 2010, su gobierno impulsó programas sociales como Bolsa Família y políticas orientadas a reducir la pobreza. Ahora busca defender ese legado y sostener el papel del Estado en la protección de los ingresos y la inclusión social, aunque enfrenta cuestionamientos por el costo de vida, la aprobación de su gestión y las controversias políticas que marcaron su trayectoria.
Flávio Bolsonaro, por su parte, propone una agenda conservadora centrada en el endurecimiento de las políticas de seguridad, la reducción de la edad de responsabilidad penal y un mayor respaldo a las fuerzas de seguridad. Su candidatura también está atravesada por la situación judicial de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. Flávio prometió impulsar medidas para beneficiarlo, incluida una amnistía.
La discusión laboral constituye otro punto de contraste. Los sindicatos observan con preocupación la posibilidad de que un gobierno alineado con el bolsonarismo profundice las reformas flexibilizadoras, en un país que ya atravesó una amplia modificación de su legislación laboral en 2017, durante la presidencia de Michel Temer. Para las organizaciones gremiales, el desenlace determinará buena parte de su capacidad de negociación en los próximos años.
Una elección con impacto internacional
La política exterior también divide a los candidatos. Lula reivindica el multilateralismo, la autonomía diplomática y los vínculos comerciales con China, principal socio comercial de Brasil. Su gobierno mantiene, al mismo tiempo, diferencias con la administración estadounidense de Donald Trump, especialmente por los aranceles aplicados a productos brasileños.
Flávio Bolsonaro plantea una relación más estrecha con Washington y comparte afinidades políticas con el presidente estadounidense. Un eventual triunfo reforzaría la influencia conservadora en América Latina y podría modificar las prioridades brasileñas en los organismos internacionales y en la integración regional.
Independientemente del resultado electoral, la nueva gestión asumirá el reto de gobernar un país polarizado y gestionar crisis socioeconómicas latentes. Este desenlace no solo definirá el futuro de Brasil, sino que también reconfigurará el mapa geopolítico de la región.
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La Lista 26 de Julio busca conducir la CTA de los Trabajadores en San Juan
La Lista 26 de Julio buscará disputar el próximo 3 de noviembre la conducción de la CTA de los Trabajadores en San Juan con una propuesta que combina renovación organizativa, autonomía sindical y reivindicaciones laborales. Encabezada por Carla Costabile, secretaria adjunta de ASIJEMIN, la lista incluye a representantes de una decena de gremios, agrupaciones y organizaciones sociales.
El espacio se presenta como una coalición multisectorial que procura ampliar la representación de la central, con participación de trabajadores de la minería, la industria, los servicios, la administración pública, la docencia, la seguridad social y la economía popular. Entre las organizaciones y espacios mencionados figuran SUTEPA, ASIJEMIN, AMMAR, Alternativa Docente, FETIA y referentes de ATE, además de agrupaciones territoriales vinculadas con trabajadores informales.
La propuesta plantea construir una central con mayor presencia cotidiana en los lugares de trabajo y los barrios, recuperar el vínculo con los afiliados y fortalecer la participación de las bases. “Buscamos un proyecto colectivo, al servicio de la unidad de todas las luchas de las y los trabajadores”, expresaron desde la lista, que también reivindica la independencia de los gobiernos nacional y provincial.
La agenda gremial incluye reclamos por la recuperación del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, más presupuesto para salud y educación, generación de empleo genuino y defensa del derecho de huelga y de protesta. En su pronunciamiento, la nómina cuestionó además la reforma laboral impulsada a nivel nacional y advirtió sobre el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores.
Junto con esas definiciones, la agrupación reclamó que se publiquen los padrones electorales y los lugares de votación, para que los afiliados puedan verificar si están habilitados y organizar su participación en los comicios.
La fórmula se completa con María Alejandra Báez y Raúl Eduardo Carrizo como secretarios adjuntos. La propuesta de Consejo Ejecutivo incluye, entre otros, a Humberto Miguel Coria en el área gremial, Cristian Jurado en Comunicación, Mariano Chousal en Acción Política, Jorge Vargas en Seguridad Social, Eliana Funes en Derechos Humanos y Soraya Anabel Ramírez en Géneros. La nómina incorpora además representantes para las áreas de juventud, formación, discapacidad, ambiente, cultura y economía social, junto con doce vocales titulares.
Con las elecciones del 3 de noviembre como próximo objetivo, la Lista 26 de Julio buscará convertir esa diversidad gremial y social en una propuesta común para conducir la CTA sanjuanina. La disputa estará condicionado por dos factores determinantes: la verdadera dimensión de la democracia interna y el poder de la central para nuclear las protestas salariales, laborales y sociales en una coyuntura de fuerte rechazo a las políticas vigentes.
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