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Los gremios que integran la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) resolvieron este jueves la convocatoria a paros por turnos en clínicas y sanatorios de todo el país, ante la falta de respuestas de los empresarios a demandas salariales a más de un mes de iniciadas las negociaciones.

Los trabajadores de la sanidad comenzarán un plan de acción la próxima semana con tres días de protestas. El cronograma se iniciará el miércoles 11 con un paro de 2 horas por turno, continuará el jueves 23 con cese de actividades de 3 horas por turno, y la primera etapa de medidas, cerrará el viernes 24 con 4 horas de paro por turno.

La entidad que conduce Héctor Daer aprobó las medidas de acción directa tras reunión de consejo directivo por el atraso en la paritaria del sector asistencial. Días antes habría se había declarado en estado de alerta y movilización.

En la previa a las jornadas de paro, entre lunes y martes, las distintas asociaciones de trabajadores de sanidad (ATSA) se mantendrán en estado de asamblea permanente en establecimientos para informar sobre el estado de la negociación, confirmaron a Mundo Gremial.

Los empresarios del sector asistencial, que nuclea a sanatorios y clínicas privadas, geriátricos, emergencias médicas y laboratorios de análisis clínicos, entre otros, se niegan a otorgar el aumento paritario solicitado por la FATSA y se plantó en porcentajes por debajo de la inflación, informaron fuentes sindicales a Mundo Gremial.

Semanas atrás, la federación se había referido a la “irresponsabilidad empresaria y la intransigencia de las Cámaras Empresariales para firmar un acuerdo paritaria” y recalcado que la responsabilidad por los “perjuicios que en la atención de los servicios de salud puedan ocasionar las medidas de acción sindical” recaería sobre la patronal.

Durante toda la semana, los distintos sindicatos que integran la FATSA llevaron adelante asambleas y manifestaciones en establecimientos como forma de protesta.

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Cambio de manos o continuidad condicionada: San Juan redefine el control de su sistema eléctrico

El llamado a concurso internacional para vender el 51% de la distribuidora eléctrica inaugura un nuevo ciclo de gestión en San Juan. Aunque el Gobierno garantiza que no habrá impacto inmediato en el servicio, el proceso reabre el debate sobre la eficacia del modelo concesionado, la calidad de las inversiones y el rol del Estado en un sector estratégico.

La decisión del Ente Provincial Regulador de la Electricidad de activar la venta del paquete accionario mayoritario de Naturgy San Juan S.A. no es un movimiento discrecional ni una señal de crisis empresaria. Es, en rigor, el cumplimiento estricto de un contrato diseñado hace tres décadas, en pleno auge de las privatizaciones, cuando el sistema energético argentino fue reorganizado bajo la lógica de concesiones de largo plazo y competencia regulada.

Sin embargo, que el proceso sea formalmente obligatorio no lo vuelve neutro en términos políticos ni económicos. Por el contrario, expone —una vez más— las tensiones de un modelo que, si bien ha logrado sostener la prestación del servicio, arrastra cuestionamientos persistentes en torno a la calidad de las inversiones, la evolución tarifaria y la capacidad real del Estado para ejercer un control efectivo.

El nuevo llamado a licitación, que definirá quién controlará el 51% de las acciones Clase A, marca el inicio del denominado Tercer Período de Gestión. En los papeles, se trata de una instancia pensada para introducir competencia, comparar ofertas y garantizar estándares internacionales. En la práctica, la experiencia previa invita a matizar ese optimismo: en 2011, un proceso similar quedó desierto, consolidando la continuidad del operador sin que mediara competencia real.

El esquema actual repite una lógica que combina apertura formal con fuertes incentivos a la continuidad. Los actuales accionistas tienen la potestad de igualar la mejor oferta que surja del concurso. Esto implica que cualquier intento de ingreso de nuevos actores dependerá no solo de su capacidad financiera, sino también de la voluntad del operador vigente de sostener su posición. La competencia, en este sentido, aparece condicionada desde el origen.

Desde el organismo regulador insisten en que el proceso no tendrá impacto en los usuarios: no habrá modificaciones en el suministro ni alteraciones contractuales inmediatas. Es una aclaración necesaria, aunque insuficiente para disipar las dudas de fondo. Porque el verdadero debate no pasa por la continuidad del servicio en el corto plazo —algo que ningún actor pone en riesgo— sino por la calidad estructural del sistema, su capacidad de expansión y la sostenibilidad de las inversiones en un contexto económico cada vez más incierto.

Una herencia que se revisa, pero no se discute

El origen de este esquema se remonta a 1996, cuando el entonces servicio estatal, en manos de Servicios Eléctricos Sanjuaninos, fue transferido al sector privado. El contrato estableció una concesión de 50 años dividida en períodos sucesivos, con revisiones obligatorias al cierre de cada ciclo. La lógica era clara: garantizar eficiencia privada bajo supervisión estatal.

Tres décadas después, el balance es más complejo. Si bien el sistema evitó colapsos estructurales, la discusión sobre tarifas, inversión y calidad del servicio sigue abierta. Y este nuevo proceso licitatorio, lejos de clausurar ese debate, lo reactiva.

El informe técnico que elaborará la veeduría designada por el EPRE —que incluirá el estado de los activos, el nivel de litigiosidad y la situación del personal— será clave para entender el punto de partida. Pero incluso ese diagnóstico, por más exhaustivo que resulte, no resuelve una pregunta central: ¿qué modelo energético necesita San Juan para los próximos años?
Inversión, riesgo y rentabilidad: el triángulo decisivo

En el mercado energético, las decisiones no se toman en abstracto. Los potenciales oferentes evaluarán variables concretas: previsibilidad regulatoria, esquema tarifario, costos operativos y horizonte macroeconómico. En ese tablero, Argentina sigue presentando incertidumbres que suelen desalentar apuestas de largo plazo.

Por eso, aunque circulen versiones sobre el interés de grupos económicos con presencia en otras jurisdicciones, el escenario más probable no necesariamente es el de una competencia feroz, sino el de una continuidad negociada. Una continuidad que, en términos formales, cumple con las reglas, pero que en términos sustantivos deja abierta la discusión sobre la efectividad del mecanismo.

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Judiciales nacionales con salarios bajo la línea de pobreza en la mayoría del país

Un informe de la Federación Judicial Argentina advierte que 16 provincias no alcanzan el umbral básico y expone una brecha salarial de hasta 300% entre jurisdicciones.

La estructura salarial del Poder Judicial argentino quedó bajo fuerte cuestionamiento tras el último relevamiento de la Federación Judicial Argentina, que confirma un deterioro sostenido del ingreso real y una fragmentación territorial que desafía cualquier criterio de equidad federal. El estudio, basado en datos de marzo y contrastado con la Canasta Básica Total definida por el INDEC, revela que en 16 de las 24 jurisdicciones analizadas los sueldos iniciales se ubican por debajo de la línea de pobreza.

El dato sintetiza una transformación profunda: el ingreso de quienes recién ingresan a la carrera judicial ya no garantiza cubrir necesidades elementales en gran parte del territorio.

Un mapa salarial fragmentado

El informe —impulsado por la conducción de Matías Fachal— describe un país dividido en bloques claramente diferenciados. En la región patagónica, algunos distritos logran sostener ingresos por encima del costo de vida, aunque con matices. Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego exhiben márgenes positivos, mientras que Río Negro y Chubut, pese a salarios nominalmente altos, no logran cubrir la canasta regional.

En el Área Metropolitana, la distancia resulta aún más elocuente. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires muestra ingresos que superan ampliamente el umbral de pobreza, en tanto que la Provincia de Buenos Aires presenta un cuadro crítico, con salarios iniciales muy por debajo del nivel necesario para sostener un hogar. Entre ambas jurisdicciones se registra una diferencia cercana al 300%, un dato que desnuda una asimetría estructural dentro de un mismo sistema judicial.

Regiones en retroceso sostenido

El relevamiento también identifica zonas donde la insuficiencia salarial es generalizada. En la región pampeana —que incluye distritos como Córdoba, Entre Ríos y La Pampa— ninguna jurisdicción alcanza la línea de pobreza, consolidando un patrón de ingresos rezagados frente al costo de vida.

Una situación similar se observa en Cuyo, donde San Juan, San Luis y Mendoza presentan brechas negativas, con este último distrito registrando uno de los desfasajes más pronunciados del país.

En el norte argentino, la situación combina heterogeneidad y fragilidad. Mientras Chaco logra sostener un margen favorable, provincias como Formosa, Misiones, Salta, Jujuy y La Rioja exhiben déficits significativos, con salarios que quedan muy por debajo del costo de subsistencia.

El salario judicial y la pérdida de referencia nacional

Más allá de las diferencias regionales, el informe plantea un cuestionamiento de fondo: la inexistencia de un piso salarial común vinculado al costo de vida. Esta ausencia ha convertido la remuneración judicial en una variable dependiente del territorio, desdibujando el principio de “igual tarea, igual remuneración”.

La federación advierte que el problema no se limita a la magnitud de los ingresos, sino a su desconexión con la realidad económica de cada región. Incluso en distritos donde los salarios parecen elevados en términos nominales, la presión de precios —especialmente en el sur— neutraliza cualquier ventaja aparente.

Reclamo gremial: paritaria nacional y convenios colectivos

Frente a este panorama, la Federación Judicial Argentina volvió a exigir la implementación de una paritaria nacional que establezca criterios mínimos homogéneos, junto con convenios colectivos en cada jurisdicción que contemplen particularidades locales sin profundizar desigualdades.

La organización sostiene que la actual dispersión salarial no solo afecta el poder adquisitivo, sino también las condiciones de trabajo y la calidad del servicio judicial, al generar realidades laborales profundamente dispares dentro de una misma estructura institucional.

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Cómo acceder a la jubilación para personal de casas particulares

El acceso a la jubilación para el personal de casas particulares exige mucho más que cumplir la edad requerida. Detrás del trámite hay una verificación exhaustiva de aportes, condiciones laborales y documentación respaldatoria que, en numerosos casos, termina siendo el principal obstáculo para quienes buscan iniciar el retiro.

El Ministerio de Gobierno de San Juan, a través de la Dirección de Asesoramiento Previsional, precisó los pasos y condiciones que rigen para este sector, uno de los más expuestos a la informalidad y a trayectorias laborales fragmentadas.

Quiénes pueden jubilarse y bajo qué condiciones

El esquema previsional vigente establece que las mujeres pueden acceder al beneficio a partir de los 60 años y los hombres desde los 65, con un requisito común: acreditar 30 años de aportes efectivos.

Sin embargo, en el caso del trabajo doméstico, ese requisito adquiere una particularidad central: las contribuciones deben corresponder, como mínimo, a una carga laboral equivalente a 16 horas semanales.

Cuando la actividad fue inferior a ese umbral, el sistema contempla la posibilidad de completar los aportes faltantes mediante un mecanismo de regularización. Este proceso no es automático: requiere evaluación técnica y la confección de formularios específicos para compensar los períodos incompletos.

El punto crítico: cómo demostrar la relación laboral

Uno de los aspectos más sensibles del trámite es la acreditación del vínculo laboral. A diferencia de otros sectores formales, donde los registros son más sistemáticos, en el servicio doméstico muchas relaciones se desarrollaron sin respaldo administrativo completo.

Por eso, la normativa exige una batería amplia de documentación que permita reconstruir la historia laboral. Entre los principales instrumentos se destacan:

.Certificación del empleador (Formulario PS 6.293)
.Declaraciones juradas del trabajador y sobre documentación (PS 6.292 y PS 6.294)
.Recibos de sueldo y comprobantes de pago
.Boletas de depósito previsional
.Constancias de obra social o afiliación sindical
.Registros médicos o laborales vinculados al domicilio de trabajo
.En ausencia de certificaciones formales, el sistema admite declaraciones juradas, aunque acompañadas de pruebas que respalden lo declarado.

Dónde y cómo iniciar el trámite

La gestión debe realizarse de manera presencial en la Dirección de Asesoramiento Previsional, ubicada en Casa de Gobierno, presentando:

.DNI
.Clave de Seguridad Social de ANSES
.Clave Fiscal de ARCA

El horario de atención es de lunes a viernes, de 7.30 a 14.30.
Desde el organismo recomiendan iniciar el proceso con anticipación y no esperar al cumplimiento exacto de la edad jubilatoria, debido a la complejidad administrativa que puede implicar la validación de aportes.

Trayectorias mixtas y evaluación diferencial

Un aspecto relevante es la situación de quienes alternaron tareas domésticas con otras actividades laborales. En esos casos, el análisis previsional no es uniforme: se ponderan los distintos regímenes para determinar tanto la edad de retiro como los años de aportes exigidos. Este criterio busca evitar inequidades, aunque introduce una mayor complejidad técnica en la evaluación de cada expediente.

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