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La CGT expuso ayer una aparente crisis financiera de las obras sociales luego de meses de negociar de manera infructuosa con el Gobierno nacional por una compensación que, aunque plasmada en el Presupuesto, no se cristalizó todavía. El encargado de dejar en evidencia el malestar fue José Luis Lingeri, del gremio de Obras Sanitarias y encargado de la secretaría de Acción Social de la central obrera. En un documento que difundió hizo saber que entre ingresos por recaudación y gastos proyectados, en particular por servicios a discapacitados, el «sistema solidario» de salud de las prestadoras gremiales alcanzará un déficit a fin de año de 132.610 millones de pesos.

El documento no hizo más que dejar asentado por escrito un quebranto creciente que los gremios con mayor número de afiliados en sus obras sociales denuncian desde hace años, producto de una suba exponencial de los gastos en rubros no estrictamente sanitarios como los de educación y transporte para afiliados discapacitados. Esa tendencia, presente en una negociación que la CGT inició en 2021 con Alberto Fernández, derivó en sucesivas promesas del Presidente primero, y de sus equipos económicos después, desde el año pasado con Sergio Massa a la cabeza, de reembolsos a cargo del Tesoro nacional para compensar las pérdidas.

De aquellos compromisos sólo hubo reparaciones puntuales a cargo del Tesoro nacional y la garantía, supuestamente enunciada por Massa, de que este año los reembolsos se harían de manera automática tras haber volcado al Presupuesto una reserva de fondos por alrededor de 138 mil millones de pesos. De aquel fondo, que el Gobierno propuso reforzar con una norma que haría su ejecución más automática y favorable a las obras sociales sindicales pero que fue bloqueada por el oposición en el Congreso, no hubo en lo que va del año los desembolsos prometidos.

El texto distribuido por la CGT despliega un mapa de las 288 obras sociales nacionales inscriptas que destaca una cobertura de salud para 14.244.066 personas, de las cuales 12 millones pertenecen al régimen general, 2 millones al monotributo y otras 255 mil provienen del estatuto para personal de casas particulares. Tras destacar que los aportes y contribuciones al sistema de seguridad social de cada trabajador no alcanzan en promedio a cubrir el costo del Programa Médico Obligatorio, el documento avanza sobre lo que es, a criterio de la central, el mayor problema: el financiamiento de sus afiliados discapacitados.

En esa línea señala que mientras en 2016 esos servicios representaban el 22% del Fondo Solidario de Redsitribución (FSR, el instrumento central de recursos que aportan las obras sociales y que administra el Estado) en la actualidad esa proporción subió al 75 por ciento. A continuación apunta que esa mayoría de presupuesto se dedica a 99.843 personas registradas como discapacitadas. Y que el 47% de los gastos totales «corresponde a educación y transporte, prestaciones no ligadas a situaciones sanitarias de manera directa».

«En otras palabras, el 0,7 % de los beneficiarios del sistema consume el 75% de los recursos del FSR», responsabiliza el estudio, en una lectura al menos sesgada: el espíritu con el que fue ideado el seguro de salud apunta a direccionar los recursos que apota una mayoría para sustentar las prestaciones médicas de una minoría. Al final la CGT reclama la definición de «una canasta básica de servicios» diferente del PMO para reducir el impacto en las cuentas de las obras sociales así como «la creación de un fondo especial que financie los medicamentos de altísimo costo» y de una agencia evaluadora de las prestaciones y remedios que deberán efectivamente brindar más allá de amparos judiciales que afectan al sistema. Y, esencialmente, crear «un fondo específico para financiar educación y transporte de personas con discapacidad».

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La motosierra vuelve sobre el Estado y amenaza con agravar la disputa laboral

Equipos del Ministerio de Desregulación recorren dependencias nacionales para evaluar estructuras, funciones y plantillas de personal. La iniciativa forma parte de una nueva etapa del plan de reducción estatal impulsado por Javier Milei. Los sindicatos denuncian un avance sobre áreas sensibles de la administración pública y advierten que responderán con medidas de fuerza.

La reducción del aparato estatal ingresa en una nueva instancia. Mientras el Gobierno celebra los resultados fiscales obtenidos a partir del recorte del gasto público, en distintos organismos nacionales comenzó a instalarse una creciente preocupación por la posibilidad de una nueva ola de despidos que impactaría durante la segunda mitad del año.

La avanzada está encabezada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que conduce Federico Sturzenegger. Funcionarios y equipos técnicos recorren oficinas, entes descentralizados y reparticiones nacionales con una consigna clara: revisar estructuras, analizar funciones y determinar qué áreas pueden operar con menos personal.

La tarea forma parte de la estrategia oficial destinada a profundizar el proceso de achicamiento estatal iniciado en diciembre de 2023. Según trascendió, cada relevamiento busca establecer cuántos trabajadores cumplen funciones en cada dependencia, cuál es su nivel de actividad y qué puestos podrían ser eliminados bajo criterios de reorganización administrativa.

Sin embargo, dentro de la propia administración nacional aparecen voces que observan con preocupación las consecuencias de una nueva ronda de recortes. La advertencia es que determinadas áreas ya funcionan con dotaciones reducidas y que nuevas bajas podrían afectar prestaciones esenciales, controles, fiscalizaciones y servicios que dependen directamente del Estado.

Los sindicatos preparan la respuesta

La posibilidad de nuevas cesantías activó rápidamente las alarmas en el universo gremial estatal.

Desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar aseguró que el sindicato no permanecerá inmóvil frente a una profundización del ajuste y anticipó una etapa de confrontación con la Casa Rosada.

La organización considera que el Gobierno busca avanzar sobre organismos que ya fueron afectados por sucesivos recortes presupuestarios y reducciones de personal. Además, vincula el conflicto con el deterioro salarial que atraviesan los trabajadores estatales, cuyos ingresos continúan perdiendo terreno frente al costo de vida.

La reapertura de las negociaciones paritarias aparece como uno de los principales reclamos sindicales. En ATE sostienen que la discusión salarial se encuentra rezagada respecto de la evolución de los precios y advierten que la combinación entre despidos y pérdida de poder adquisitivo configura un escenario de creciente malestar dentro de la administración pública.

Preocupación también en UPCN

La inquietud no se limita a los sectores más confrontativos del sindicalismo estatal.
Desde la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), encabezada por Andrés Rodríguez, también expresaron reparos frente a la continuidad de los recortes. Aunque el gremio mantiene una estrategia más moderada respecto del Gobierno, sus dirigentes reconocen que existe preocupación por el impacto que las cesantías pueden tener sobre el funcionamiento de organismos estratégicos.

La entidad sostiene que las desvinculaciones alcanzaron incluso a trabajadores con una extensa trayectoria y experiencia acumulada dentro de la administración pública, una situación que —afirman— debilita capacidades técnicas difíciles de reemplazar en el corto plazo.

Asimismo, UPCN cuestiona una visión que, a su entender, confunde modernización con desmantelamiento. La organización considera legítimo discutir mecanismos para mejorar la eficiencia estatal, pero rechaza cualquier esquema que reduzca la capacidad de respuesta de organismos encargados de brindar servicios, asistencia y controles.

Un segundo semestre cargado de disputas

El debate sobre el tamaño y el rol del Estado vuelve así a ubicarse en el centro de la agenda política.

Para el oficialismo, la reducción de estructuras constituye una condición indispensable para sostener el equilibrio fiscal y avanzar con su programa económico. Para los sindicatos, en cambio, el proceso ya comenzó a mostrar consecuencias que exceden el plano administrativo y afectan directamente el empleo, los salarios y la capacidad operativa de numerosos organismos.

Con miles de puestos eliminados desde el inicio de la gestión libertaria y nuevos relevamientos en marcha, el conflicto parece lejos de encontrar un punto de equilibrio.
Todo indica que el segundo semestre no sólo estará cruzado por la discusión salarial. También pondrá en disputa dos concepciones opuestas sobre el Estado: la de un Gobierno decidido a profundizar su reducción y la de organizaciones sindicales que consideran que detrás de cada recorte se debilitan funciones esenciales para la vida social y económica del país.

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ASIJEMIN advirtió que sin consenso social no habrá desarrollo minero sostenible

El sindicato que representa a profesionales, técnicos y personal jerárquico de la actividad sostuvo que las inversiones, el empleo y la aceptación comunitaria deben avanzar de manera articulada para garantizar resultados duraderos en las regiones mineras.

En momentos en que la minería argentina se consolida como una de las principales apuestas productivas del país, la Asociación Sindical del Personal Jerárquico, Profesional y Técnico de la Actividad Minera (ASIJEMIN) advirtió que el éxito de los grandes proyectos no dependerá exclusivamente de la magnitud de las inversiones o del valor de los recursos existentes en el subsuelo.

Para la organización sindical, la denominada licencia social constituye un componente indispensable para otorgar previsibilidad a una industria que busca afianzarse como generadora de empleo, divisas y actividad económica en numerosas provincias argentinas.

Desde ASIJEMIN sostuvieron que la aceptación de las comunidades debe construirse mediante un vínculo permanente basado en información clara, mecanismos de control eficientes y una participación activa de los distintos actores involucrados. La entidad remarcó que la confianza pública no se obtiene por decreto ni mediante campañas de comunicación, sino a partir de hechos concretos que permitan fortalecer el vínculo entre la actividad extractiva y las poblaciones donde se desarrollan los emprendimientos.

La discusión adquiere especial relevancia en distritos como San Juan, Catamarca, Salta y Santa Cruz, donde la minería aparece como uno de los principales motores de inversión para los próximos años. En esas provincias, el impacto de cada proyecto trasciende los indicadores económicos y se proyecta sobre el empleo, la contratación de proveedores, la infraestructura y las perspectivas de crecimiento regional.

La organización resaltó que la sustentabilidad de la actividad exige integrar las demandas ambientales dentro de una visión estratégica de largo alcance. Según señalaron, la competitividad minera contemporánea ya no se mide únicamente por los niveles de producción, sino también por la capacidad de compatibilizar desarrollo económico, responsabilidad ambiental y beneficios tangibles para las comunidades.

Con ese diagnóstico, ASIJEMIN reafirmó su acompañamiento a una minería moderna, generadora de trabajo y comprometida con el desarrollo territorial. Para el sindicato, la oportunidad que hoy tiene la Argentina será verdaderamente transformadora en la medida en que la riqueza surgida de sus recursos minerales logre convertirse en empleo calificado, arraigo productivo y progreso compartido para las regiones que sostienen esa actividad.

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La oficina que custodia los derechos laborales puertas adentro de cada empresa

La Dirección Policía de Trabajo concentra funciones esenciales para garantizar el cumplimiento de la legislación laboral, promover condiciones seguras en los ámbitos de empleo y brindar asistencia tanto a trabajadores como a empleadores en toda la provincia.

Mientras gran parte de la atención pública suele concentrarse en los conflictos laborales o en las negociaciones salariales, existe una estructura estatal que desempeña una función decisiva para el funcionamiento cotidiano del mundo del trabajo: la Dirección Policía de Trabajo de San Juan.

Dependiente de la Subsecretaría de Trabajo del Ministerio de Gobierno, el organismo tiene a su cargo la verificación del cumplimiento de las normas laborales, la supervisión de las condiciones de higiene y seguridad y el acompañamiento técnico en cuestiones vinculadas con las relaciones laborales.

Su actuación se encuentra respaldada por la Ley Provincial 377-A, que establece las facultades necesarias para intervenir en la protección de los derechos de los trabajadores y en la promoción de ámbitos laborales ajustados a las exigencias legales vigentes.

Control, regularización y cumplimiento normativo

Una de las áreas centrales de la dependencia es el Departamento de Inspección y Vigilancia, encargado de recorrer establecimientos de distintos sectores productivos para constatar que se respeten las obligaciones previstas por la normativa laboral.

La labor no se limita únicamente a detectar irregularidades. También comprende tareas preventivas, orientación a empleadores y trabajadores, además de la atención de consultas vinculadas con registración laboral y documentación obligatoria.

Cuando se verifican incumplimientos, intervienen las áreas administrativas responsables de sustanciar los procedimientos correspondientes y aplicar las sanciones previstas por la legislación.

La prevención como herramienta estratégica

Otro de los pilares de la Dirección es el Departamento de Higiene y Seguridad en el Trabajo, cuya misión apunta a fortalecer la cultura preventiva dentro de los establecimientos laborales.
La dependencia realiza evaluaciones técnicas destinadas a comprobar que los espacios de trabajo reúnan las condiciones necesarias para proteger la salud y la integridad física de quienes desarrollan sus tareas.

A ello se suma la promoción de capacitaciones, actividades de formación y acciones coordinadas con distintos organismos especializados, orientadas a reducir riesgos laborales y prevenir accidentes o enfermedades profesionales.
La premisa es clara: una política laboral eficaz no sólo corrige infracciones, sino que también impulsa herramientas que permitan evitarlas.

Un servicio permanente para trabajadores y empleadores

Además de sus funciones de supervisión y asesoramiento técnico, la Dirección Policía de Trabajo constituye un espacio de consulta para quienes necesitan orientación sobre derechos, obligaciones y procedimientos administrativos relacionados con la actividad laboral.

La atención se brinda de lunes a viernes, de 7:30 a 13 horas, en su sede ubicada en calle Santa Fe 54 Oeste, Primer Piso, Ala Sur.

Lejos de los grandes titulares, la Dirección Policía de Trabajo desarrolla una tarea permanente que impacta de manera directa en la calidad del empleo, la formalidad laboral y la protección de miles de trabajadores sanjuaninos. Su función combina control, prevención y acompañamiento institucional, tres herramientas fundamentales para consolidar relaciones laborales más seguras, equilibradas y ajustadas a derecho.

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