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Se bajará un 45% de aumento en cuotas hasta septiembre, donde se haría una nueva reunión con las centrales obreras y empresarios

El Gobierno convocó al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, para reunirse en sesión plenaria ordinaria el 16 de marzo próximo. La reunión será a las 15, mediante plataforma virtual. En el orden del día de los temas previstos para la reunión se encuentra, además, la determinación de los montos mínimo y máximo de la prestación por desempleo. El Salario Mínimo, Vital y Móvil asciende actualmente a 33.000 pesos, según se dispuso en septiembre del año pasado.

En esa oportunidad, sindicalistas de la CGT y de ambas CTA y las cámaras empresarias convinieron elevar el salario mínimo, vital y móvil de 29.160 pesos a 33.000 pesos en tres tramos: 9% en septiembre de 2021, un 4% en octubre de ese año y otro 3% en febrero de 2022.

Ante el proceso inflacionario y con los datos del INDEC que apuntan a unos $ 35.000 para no caer en la pobreza, se estimaba que el Gobierno iba a convocar al Consejo del Salario para fines de febrero. Pero las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otras situaciones, postergaron la reunión prevista para mediados de mes, donde ya se juega con algunos porcentajes, como un 45% de aumento en cuotas hasta septiembre, donde las partes volverían a reunirse.



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Gremios del PAMI denuncian «despidos encubiertos» de médicos de cabecera y se agrava la atención de jubilados

Sindicatos que representan a trabajadores y profesionales del PAMI denunciaron que el organismo redujo drásticamente la cantidad de afiliados asignados a numerosos médicos de cabecera, una medida que califican como un mecanismo de «despidos encubiertos». Advierten que la decisión no solo compromete la continuidad laboral de los profesionales, sino que también profundiza las dificultades de acceso a la salud para millones de jubilados y pensionados.

La política sanitaria del PAMI volvió a quedar en el centro de la controversia tras las denuncias formuladas por los principales gremios del organismo, que aseguran que la conducción nacional impulsa un proceso de reducción de prestaciones mediante la disminución masiva de pacientes asignados a médicos de cabecera. Según sostienen, la decisión busca tornar económicamente inviable la continuidad de numerosos consultorios y provocar la renuncia de profesionales sin recurrir a despidos formales.

La denuncia es respaldada por la Unión de Trabajadores del Instituto (UTI), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y la Asociación de Profesionales del Programa de Atención Médica Integral y Afines (APPAMIA), organizaciones que coinciden en advertir sobre un proceso de ajuste que, afirman, repercute directamente en la calidad de la atención brindada a los afiliados.

De acuerdo con los representantes gremiales, algunos médicos perdieron hasta el 90% de los jubilados que tenían asignados. Esa reducción implica una drástica caída de ingresos y vuelve insostenible el funcionamiento de muchos consultorios particulares que prestan servicios al instituto.

Carlos Mulqui, referente de la organización Médicos de Cabecera, sostuvo que la metodología constituye un mecanismo de «despido encubierto», ya que los profesionales conservan formalmente el vínculo con el organismo, pero quedan prácticamente sin pacientes para atender. Según explicó, esa situación reduce considerablemente la carga laboral y coloca a numerosos médicos ante la imposibilidad económica de continuar prestando servicios.

La experiencia relatada por el médico cordobés Atilio Rossi refleja, según los sindicatos, una realidad que comienza a repetirse en distintas provincias. El profesional explicó que de los aproximadamente 600 afiliados que atendía desde hacía varios años, el PAMI le retiró alrededor de 500, alterando la continuidad de tratamientos y obligando a cientos de jubilados a buscar un nuevo médico de cabecera.

Los gremios sostienen que las consecuencias exceden el ámbito laboral. La reasignación compulsiva de profesionales obliga a miles de afiliados a reiniciar vínculos médicos construidos durante años, repetir trámites administrativos y concurrir a las agencias del PAMI para conocer quién será su nuevo prestador. A juicio de los denunciantes, esta dinámica deteriora la relación médico-paciente, considerada uno de los pilares de la atención primaria de la salud.

Carlos Valenzuela, secretario general de UTI en la región Nordeste, advirtió que el sistema ya funciona con recursos insuficientes y cuestionó la reducción de prestaciones médicas y farmacológicas. A su entender, la combinación entre restricciones en el acceso a medicamentos, la escasez de profesionales y el aumento en los tiempos de espera comprometen severamente la salud de pacientes con patologías crónicas.»

Según las organizaciones sindicales, obtener una consulta con un especialista puede demandar hasta dos meses, mientras que la realización de estudios diagnósticos requiere otros dos meses adicionales. En consecuencia, un jubilado puede esperar hasta cinco meses para completar un diagnóstico, regresar al especialista e iniciar o modificar un tratamiento.

El deterioro del servicio se produce en un momento particularmente sensible para el sistema previsional y sanitario. El PAMI, creado en 1971, brinda cobertura médica a más de cinco millones de jubilados, pensionados y otros beneficiarios, constituyéndose en la mayor obra social de América Latina. Por esa magnitud, cualquier modificación en su esquema de prestaciones tiene un fuerte impacto sanitario, social y presupuestario.

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Calculan que un trabajador necesita más de $3 millones para cubrir sus necesidades básicas

El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal) estimó que en junio un trabajador necesitó $3.000.352 mensuales para cubrir las nueve necesidades básicas contempladas en la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo. La organización sostuvo que esa cifra representa más de ocho veces el Salario Mínimo, Vital y Móvil vigente y denunció un profundo deterioro del poder adquisitivo, acompañado por un fuerte incremento del endeudamiento de los hogares.

El debate sobre el salario mínimo volvió a instalarse con fuerza tras el informe difundido por el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal), que calculó que un trabajador argentino necesitó en junio de 2026 un ingreso mensual de $3.000.352 para satisfacer las necesidades básicas que establece el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo. Según la entidad, el monto supera en más de ocho veces el actual Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), fijado por el Gobierno en $328.400, al que calificó como el más bajo de la historia en términos de poder adquisitivo.

El estudio sostiene que la distancia entre el salario legal y el costo de una vida digna se amplió significativamente desde diciembre de 2023. De acuerdo con el FreSU, los trabajadores acumularon una pérdida superior a $67 billones en ingresos laborales desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, producto del desfase entre la evolución de los salarios y el incremento del costo de vida.

La organización afirmó que el deterioro se profundizó durante los últimos siete meses. En ese período, los salarios reales del sector público retrocedieron más del 6%, mientras que los del sector privado registraron una caída superior al 5%, consolidando una nueva pérdida de capacidad de compra pese a la desaceleración de la inflación.

El informe también dimensiona el impacto sobre los ingresos individuales. Según sus cálculos, cada trabajador del sector privado resignó más de $2,5 millones de poder adquisitivo desde el comienzo de la actual administración nacional, mientras que la pérdida acumulada para cada empleado estatal supera los $14 millones.

Como consecuencia de ese proceso, el FreSU advierte que el financiamiento mediante crédito dejó de ser una herramienta coyuntural para convertirse en un mecanismo de supervivencia de los hogares. La entidad sostiene que el endeudamiento de las familias aumentó en $46 billones desde diciembre de 2023, al tiempo que la morosidad en los préstamos se cuadruplicó durante el último año, evidenciando el deterioro de los ingresos reales de los sectores activos y pasivos.

Para fundamentar su estimación sobre el salario mínimo necesario, el frente sindical tomó como referencia las nueve necesidades que la legislación argentina establece como piso para garantizar una vida digna. El cálculo contempla $640.428 para alimentación, $596.339 para vivienda, $268.502 para educación, $148.624 para vestimenta, $365.553 para salud, $650.867 destinados a transporte, esparcimiento y vacaciones, además de $330.039 para previsión social, entre otros componentes que integran el concepto legal del Salario Mínimo, Vital y Móvil.

El planteo adquiere relevancia en momentos en que la política salarial constituye uno de los principales focos de discusión entre el Gobierno, las organizaciones sindicales y el sector empresario. Mientras el Poder Ejecutivo sostiene que la prioridad es consolidar el proceso de desinflación y preservar el equilibrio fiscal, las centrales obreras reclaman una actualización del salario mínimo que permita recuperar parte del poder adquisitivo perdido y reactivar el consumo interno.

El FreSU reúne a organizaciones sindicales pertenecientes a las tres centrales obreras del país. Entre ellas se encuentran la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), ATE, la Federación Aceitera y Desmotadora, CONADU, CONADU Histórica, FESPROSA, sindicatos aeronáuticos, marítimos, fluviales, molineros, papeleros y viales, entre otros.

Durante su primer plenario nacional, realizado el 1° de mayo, el espacio aprobó el documento «Unidad, Lucha y Rebeldía para Recuperar la Patria», donde ratificó que el salario mínimo debe cumplir con el mandato constitucional de garantizar una existencia digna mediante la cobertura integral de alimentación, vivienda, educación, salud, vestimenta, transporte, recreación, vacaciones y previsión.

El informe vuelve a evidenciar la profunda brecha entre el sueldo básico y los gastos reales de subsistencia. Esa brecha no solo reabre el debate sobre la actualización del SMVM, sino también sobre el rol de las políticas salariales en un contexto donde la desaceleración inflacionaria aún no logra traducirse en una recuperación sostenida del poder de compra, el consumo y la capacidad económica de los trabajadores argentinos.

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Departamentales

Tras casi tres décadas de espera, unas 500 familias avanzan hacia la escritura de sus viviendas

El Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), el Municipio de Capital y la Unión Vecinal del barrio Frondizi iniciaron un operativo conjunto para regularizar la situación dominial de unas 500 viviendas. La iniciativa contempla asesoramiento personalizado, visitas domiciliarias y acompañamiento integral para que las familias puedan obtener el título de propiedad después de casi 30 años de espera.

La regularización dominial de unas 500 viviendas del barrio Frondizi comenzó a tomar impulso con un trabajo coordinado con una iniciativa que busca resolver un reclamo sostenido durante décadas y otorgar seguridad jurídica a cientos de familias.

El operativo se puso en marcha con una reunión informativa realizada en la Escuela Arturo Frondizi, donde técnicos del IPV explicaron el procedimiento administrativo, los requisitos documentales y las etapas que deberán cumplir los adjudicatarios para acceder a la escritura definitiva de sus inmuebles.

La iniciativa continuará con un amplio despliegue territorial. Equipos técnicos recorrerán el barrio casa por casa para relevar la situación de cada grupo familiar, informar sobre la documentación necesaria y brindar orientación personalizada. Posteriormente, se habilitarán jornadas de atención en la sede de la Unión Vecinal, donde los interesados podrán presentar la documentación requerida y resolver consultas específicas.

Desde el IPV señalaron que cada expediente será evaluado de manera individual debido a las particularidades jurídicas y administrativas que presenta cada vivienda. El organismo garantizó que el acompañamiento se mantendrá hasta completar la escrituración definitiva, procurando reducir demoras y facilitar la regularización de cada caso.

La obtención del título de propiedad representa mucho más que un trámite administrativo. La escritura constituye el instrumento legal que acredita la titularidad del inmueble, brinda seguridad jurídica, facilita el acceso al crédito, incrementa el valor patrimonial de la vivienda y permite transmitir el bien mediante herencia o venta con plena validez legal.

En Argentina, la regularización dominial se ha convertido en una política pública de relevancia para consolidar el derecho a la vivienda y fortalecer la integración urbana. Diversos programas impulsados por provincias y municipios buscan resolver situaciones de ocupación histórica o adjudicaciones que, pese al transcurso de los años, nunca concluyeron con la entrega del título de propiedad.

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