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El personal doméstico tendrá que pagar más aportes por jubilación y obra social. El organismo fiscal remarcó que «resulta necesario actualizar los valores de los aportes y contribuciones aplicables al referido régimen«. Cómo quedó ahora la escala.

La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) impuso este martes un aumento de los aportes por jubilación y obra social para el personal doméstico, que sus empleadores deberán pagar a partir de este mes.

Se trata de una medida que se confirmó a través de la Resolución General 4993/2021, publicada en el Boletín Oficial y ratificada con la firma de la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont.

De esta forma, las autoridades nacionales concretaron el ajuste de las cargas previsionales del personal doméstico, en relación la la carga horaria que presten servicio por semana y su condición de activo o jubilado.

Cómo se aplicarán los aumentos

Los aumentos se llevarán a cabo en los aportes y contribuciones que se devenguen en los períodos mayo a diciembre de 2021. Después, a partir de enero de 2022, se implementará el mecanismo de ajuste automático que determina la norma original y que se basa en la actualización del Régimen Simplificado para Pequeños Contribuyentes (Monotributo), de acuerdo con lo dispuesto.

Cuánto dispuso la AFIP que deberán pagar desde mayo para el personal doméstico:

  • Trabajador activo mayor de 18 años: el empleador tendrá que abonar $464,22 por jornadas de hasta 12 horas semanales; $764,14 de hasta 16 horas, y $2.232,98 por más de ese tiempo.
  • Trabajador activo menor de 18 años pero mayor de 16: $423,87 hasta 12 horas semanales; $683,46 hasta 16 horas, y $2.115,30 por más de ese tiempo.
  • Trabajador jubilado: el empleador deberá pagar $349,90 hasta 12 horas semanales; $552,31 por hasta 16 horas y $824,11 cuando supere esas horas.

En este marco, AFIP trajo a memoria que la Ley N° 27.541 declaró la emergencia pública y, entre numerosas cuestiones, no tuvo lugar el incremento automático de las cotizaciones previsionales para el personal doméstico.

Es así que remarcó que «a fin de garantizar el goce de las prestaciones por parte de los sujetos comprendidos en el Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, resulta necesario actualizar los valores de los aportes y contribuciones aplicables al referido régimen, a efectos de mantener el debido financiamiento de los subsistemas de la seguridad social«.

La Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares estableció hace poco un aumento del 28% en tres cuotas para el personal doméstico. Ese incremento se distribuyó de esta forma: un 10% en diciembre 2020, un 8% en febrero y un 10% en abril de 2021, a lo que se debe sumar un 3% adicional desde enero.

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ASIJEMIN advirtió que sin consenso social no habrá desarrollo minero sostenible

El sindicato que representa a profesionales, técnicos y personal jerárquico de la actividad sostuvo que las inversiones, el empleo y la aceptación comunitaria deben avanzar de manera articulada para garantizar resultados duraderos en las regiones mineras.

En momentos en que la minería argentina se consolida como una de las principales apuestas productivas del país, la Asociación Sindical del Personal Jerárquico, Profesional y Técnico de la Actividad Minera (ASIJEMIN) advirtió que el éxito de los grandes proyectos no dependerá exclusivamente de la magnitud de las inversiones o del valor de los recursos existentes en el subsuelo.

Para la organización sindical, la denominada licencia social constituye un componente indispensable para otorgar previsibilidad a una industria que busca afianzarse como generadora de empleo, divisas y actividad económica en numerosas provincias argentinas.

Desde ASIJEMIN sostuvieron que la aceptación de las comunidades debe construirse mediante un vínculo permanente basado en información clara, mecanismos de control eficientes y una participación activa de los distintos actores involucrados. La entidad remarcó que la confianza pública no se obtiene por decreto ni mediante campañas de comunicación, sino a partir de hechos concretos que permitan fortalecer el vínculo entre la actividad extractiva y las poblaciones donde se desarrollan los emprendimientos.

La discusión adquiere especial relevancia en distritos como San Juan, Catamarca, Salta y Santa Cruz, donde la minería aparece como uno de los principales motores de inversión para los próximos años. En esas provincias, el impacto de cada proyecto trasciende los indicadores económicos y se proyecta sobre el empleo, la contratación de proveedores, la infraestructura y las perspectivas de crecimiento regional.

La organización resaltó que la sustentabilidad de la actividad exige integrar las demandas ambientales dentro de una visión estratégica de largo alcance. Según señalaron, la competitividad minera contemporánea ya no se mide únicamente por los niveles de producción, sino también por la capacidad de compatibilizar desarrollo económico, responsabilidad ambiental y beneficios tangibles para las comunidades.

Con ese diagnóstico, ASIJEMIN reafirmó su acompañamiento a una minería moderna, generadora de trabajo y comprometida con el desarrollo territorial. Para el sindicato, la oportunidad que hoy tiene la Argentina será verdaderamente transformadora en la medida en que la riqueza surgida de sus recursos minerales logre convertirse en empleo calificado, arraigo productivo y progreso compartido para las regiones que sostienen esa actividad.

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Sindicatos e Iglesia coinciden en la necesidad de fortalecer la representación de los sectores del trabajo

La convocatoria impulsada por el arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, reunió a referentes de las principales centrales obreras en un momento marcado por la desaceleración de la actividad económica, la pérdida de puestos de trabajo y la fragilidad de amplios sectores productivos. En ese marco, el secretario general de la UOM San Juan, Martín Solazzo, analizó en Mudo Laboral San juan la realidad industrial, se refirió a la intervención que atraviesa el gremio metalúrgico y reclamó una mayor articulación para defender el empleo y la producción nacional.

En una Argentina marcada por dificultades económicas persistentes y un gran malestar social, la Iglesia Católica volvió a convertirse en un ámbito de encuentro para sectores que observan con preocupación el rumbo del país. La reunión encabezada por monseñor Jorge Lozano con representantes de distintas organizaciones obreras dejó una imagen poco frecuente en tiempos de fragmentación: dirigentes de diversas extracciones compartiendo una misma mesa para debatir sobre empleo, desarrollo y cohesión social.

El encuentro tuvo un significado que fue más allá de la formalidad institucional. La convocatoria puso en discusión el impacto que la actual dinámica económica está generando sobre miles de familias, especialmente aquellas vinculadas al trabajo asalariado, la producción y los sistemas de protección social.

Entre los asistentes estuvo Martín Solazzo, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de San Juan, quien destacó la importancia de abrir espacios de diálogo capaces de construir respuestas colectivas frente a desafíos cada vez más complejos.

“El mensaje fue claro: nadie puede enfrentar esta realidad en soledad. Hace falta fortalecer los vínculos y generar acuerdos que permitan defender a quienes hoy soportan el mayor peso de la crisis”, sostuvo.

La búsqueda de una estrategia común

Uno de los aspectos más valorados por los participantes fue la posibilidad de avanzar hacia una agenda compartida entre distintas expresiones del movimiento obrero.
Para Solazzo, la magnitud de los problemas actuales exige superar diferencias sectoriales y concentrar esfuerzos en objetivos comunes vinculados con la defensa del empleo, la actividad económica y los derechos conquistados durante décadas.

En ese sentido, consideró que la construcción de consensos no puede agotarse en declaraciones ni fotografías circunstanciales. “La convergencia debe reflejarse en acciones concretas. La realidad demanda respuestas colectivas y presencia activa allí donde están los problemas cotidianos de la gente”, expresó.

Su reflexión se inscribe en un debate cada vez más presente dentro de las organizaciones gremiales: cómo recuperar capacidad de representación en un momento en que amplios segmentos de la sociedad enfrentan dificultades para sostener ingresos, acceder a servicios básicos o proyectar un futuro de estabilidad.


La industria bajo presión

Más allá de la reunión con la Iglesia, el referente metalúrgico deslizó un diagnóstico severo sobre la actualidad productiva del país.

A su entender, Argentina atraviesa una etapa en la que se debilitan capacidades estratégicas construidas durante años, mientras otras naciones profundizan políticas destinadas a proteger industrias, atraer inversiones y retener recursos humanos altamente calificados.

“Mientras gran parte del mundo compite por tecnología, conocimiento y desarrollo industrial, nosotros seguimos perdiendo herramientas fundamentales para crecer”, advirtió.

La preocupación no se limita a indicadores a corto plazo. Desde la óptica del sector metalúrgico, existe el riesgo de que ciertas decisiones económicas terminen erosionando Infraestructura operativa cuya recuperación demandaría años de esfuerzo e inversión.

El retroceso de la actividad manufacturera, la disminución de oportunidades laborales y la incertidumbre empresarial forman parte de un cuadro que, según explicó, impacta directamente sobre las posibilidades de crecimiento futuro.

La intervención de la UOM y sus consecuencias

La situación institucional que atraviesa la organización metalúrgica también ocupó un lugar central en el análisis del dirigente sanjuanino. Luego de que la Justicia resolviera mantener la intervención nacional del sindicato, persisten interrogantes sobre el funcionamiento administrativo y operativo de distintas áreas vinculadas a la vida interna de la entidad.

Solazzo recordó que el Consejo Directivo había impulsado mecanismos contemplados en el estatuto para garantizar la continuidad institucional, aunque finalmente la resolución judicial ratificó el esquema de intervención.

Más allá de la controversia jurídica, advirtió que las demoras derivadas de este proceso terminan afectando prestaciones esenciales para los afiliados.
“La principal preocupación es que cualquier retraso administrativo repercute directamente sobre quienes necesitan respuestas concretas”, señaló.

El dirigente explicó que cuestiones vinculadas con la gestión de recursos, autorizaciones y compromisos financieros generan dificultades adicionales en un sistema que ya enfrenta restricciones presupuestarias.

Para la conducción local, el desafío inmediato consiste en garantizar que los servicios continúen funcionando con normalidad y evitar que la disputa institucional tenga consecuencias sobre los beneficiarios.

Las tensiones detrás del conflicto

Durante la entrevista, Solazzo también se refirió a las disputas que rodean la intervención y sostuvo que detrás de la controversia existen intereses económicos y políticos que exceden la vida interna del sindicato.

A su juicio, determinados sectores empresariales mantienen diferencias históricas con la conducción metalúrgica debido a los reclamos vinculados con salarios, convenios colectivos y condiciones laborales.

Las definiciones de Martín Solazzo reflejan algunas de las discusiones más relevantes que hoy atraviesan al movimiento obrero: la defensa de las instituciones gremiales, la necesidad de construir consensos duraderos, el futuro de la industria nacional y la preservación de derechos laborales en un período de profundas transformaciones.

En ese cuadro, el encuentro entre la Iglesia y las organizaciones obreras adquirió una dimensión que excede la coyuntura. Más que una reunión protocolar, representó un llamado a fortalecer la articulación social frente a desafíos que continúan acumulándose y que exigen respuestas capaces de combinar diálogo, representación y una mirada estratégica sobre el futuro del trabajo y la producción en el país.

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PAMI, al límite: prestadores alertan por una crisis que amenaza la atención de millones de jubilados

La situación de PAMI atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Prestadores de salud, profesionales médicos y trabajadores del organismo coinciden en un diagnóstico preocupante: la combinación de restricciones presupuestarias, atrasos arancelarios y dificultades de gestión está comprometiendo el funcionamiento de la principal obra social del país.

La advertencia más reciente provino de las cámaras empresariales que representan a clínicas, sanatorios y centros asistenciales que brindan cobertura a los afiliados. A través de un pronunciamiento conjunto, las entidades manifestaron que las actualizaciones arancelarias definidas para los próximos meses resultan insuficientes frente al incremento acumulado de los costos operativos, una brecha que, aseguran, pone en riesgo la sustentabilidad económica de numerosas instituciones.

Las organizaciones sostienen que la ecuación financiera se ha tornado cada vez más compleja. A los valores prestacionales desactualizados se agregan demoras en los pagos y descuentos aplicados sobre facturaciones ya presentadas, factores que deterioran la capacidad de respuesta de establecimientos que representan una porción sustancial de la infraestructura sanitaria argentina.

El planteo fue respaldado por ADECRA, CAPRESS, ACAMI, FECLIBA, SALUD FEDERAL y CONFECLISA, que reclamaron una instancia urgente de negociación destinada a revisar los mecanismos de actualización y garantizar condiciones que permitan sostener la atención de jubilados y pensionados en todo el territorio nacional.

Sin embargo, el conflicto excede largamente la discusión arancelaria. Dentro del organismo, los trabajadores describen una realidad marcada por el deterioro de los ingresos y la pérdida sostenida del poder adquisitivo. Desde el Sindicato Unido de Trabajadores y Empleados del PAMI (SUTEPA) sostienen que el personal enfrenta una de las etapas más complejas de las últimas décadas, con remuneraciones que quedaron rezagadas frente a la evolución general de los precios.

La organización gremial atribuye esta situación a una combinación de recortes presupuestarios, restricciones financieras y decisiones económicas que impactaron de manera directa sobre los recursos disponibles para el funcionamiento de la obra social. Según afirman, la insuficiencia de fondos repercute tanto en la calidad de las prestaciones como en las condiciones laborales de quienes sostienen diariamente la atención de millones de beneficiarios.

A este cuadro se suman cuestionamientos vinculados al esquema de conducción. Diversos sectores señalan que la coexistencia de múltiples líneas de influencia dentro de la estructura administrativa dificulta la toma de decisiones y retrasa la resolución de problemas operativos. La fragmentación de responsabilidades, advierten, ha derivado en una gestión cada vez más lenta para responder a demandas urgentes del sistema asistencial.

La tensión también alcanzó a los médicos de cabecera, actores fundamentales para el acceso a la atención primaria. Durante abril protagonizaron un paro nacional de 72 horas en rechazo a modificaciones impulsadas por el organismo sobre las condiciones de contratación y los honorarios profesionales. La protesta provocó la reprogramación de consultas, recetas y derivaciones en distintos puntos del país, exponiendo el malestar de un sector considerado estratégico dentro de la red sanitaria.

Para especialistas y referentes gremiales, la problemática de PAMI constituye además un reflejo de dificultades más amplias que atraviesan al sistema de salud y al mercado laboral argentino. El incremento de los costos operativos, la erosión de los salarios y la gran demanda social configuran un ámbito especialmente exigente para instituciones que deben garantizar cobertura a una población cada vez más vulnerable.

Mientras clínicas, médicos y trabajadores reclaman respuestas inmediatas, la incertidumbre crece entre los afiliados. La posibilidad de una reducción en la capacidad prestacional ya no aparece como una hipótesis lejana, sino como una preocupación concreta para millones de jubilados que dependen del organismo para acceder a tratamientos, consultas e internaciones.

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