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Cristina Fernandez de Kirchner y Sergio Massa alcanzaron un acuerdo salarial con los gremios de empleados del Congreso Nacional, que contempla un incremento de sueldos de un 40 por ciento

El acuerdo fue firmado entre las autoridades del Congreso Nacional y la Asociación del Personal Legislativo (APL) -el gremio mayoritario- la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y Unión Personal Civil de la Nación (UPCN), se informó oficialmente.

Participaron del encuentro encabezado por Kirchner y Massa el secretario general de APL, Norberto De Próspero, Claudio Britos de ATE, y Martin Roig de UPCN y la secretaria administrativa del Senado, María Luz Alonso.

El acuerdo salarial establece que los trabajadores recibirán este año un 40 por ciento de aumento que se pagará en los meses de julio, agosto, septiembre y octubre.

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Más de cinco millones de argentinos ya registran deudas impagas y crece la polémica con el Gobierno

El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó el nivel más elevado de los últimos dieciséis años y abrió un nuevo frente de discusión entre el Gobierno nacional y el movimiento sindical. Mientras el vocero presidencial Adrián Ravier adjudicó la creciente morosidad a errores en la administración de las finanzas personales, informes del Banco Central y consultoras privadas muestran un fuerte deterioro de los ingresos, un aumento sostenido del costo del crédito y una expansión de las dificultades para afrontar gastos básicos.

La combinación de pérdida del poder adquisitivo, tasas de interés elevadas y una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo cotidiano volvió a colocar a las finanzas de los hogares en el centro del debate económico. Con más de cinco millones de personas registrando deudas impagas dentro del sistema financiero ampliado, el Gobierno nacional optó por explicar el fenómeno como una consecuencia de decisiones individuales antes que como el resultado de un deterioro de la capacidad de compra.

Desde la Casa Rosada, el vocero presidencial Adrián Ravier sostuvo que parte de la población «se pone en riesgo de impago» por no administrar correctamente sus ingresos y obligaciones. Incluso afirmó que el incremento de la morosidad constituye un signo de normalización financiera, al interpretar que refleja una mayor utilización del crédito en la economía.

Las declaraciones generaron un inmediato rechazo desde el movimiento obrero. El secretario general de la CTA de los Trabajadores y diputado nacional, Hugo Yasky, sostuvo que las familias no recurren al financiamiento por una mayor confianza en el sistema sino para afrontar necesidades elementales como la compra de alimentos, medicamentos y el pago de servicios públicos. A su entender, el deterioro salarial, la evolución de las tarifas, las restricciones sobre las negociaciones paritarias y el elevado costo del financiamiento explican el crecimiento de la mora.

Los indicadores disponibles respaldan la magnitud del problema. De acuerdo con un informe de la consultora Analytica elaborado sobre datos del Banco Central, la irregularidad de la cartera de créditos destinada a los hogares alcanzó en mayo el 15,9%, el nivel más elevado desde la salida de la crisis financiera de 2009. El relevamiento también identificó 5,3 millones de personas con al menos una obligación impaga dentro del sistema financiero ampliado.

El deterioro no se limita a la mora bancaria. La carga financiera consolidada de las familias —que incorpora préstamos bancarios, tarjetas de crédito, billeteras virtuales y entidades no financieras— pasó de representar el 17% de la masa salarial en 2024 al 30% en la actualidad, impulsada por una tasa de interés real promedio cercana al 58% para los créditos destinados al consumo.

A la presión del endeudamiento se suma un fuerte deterioro de la capacidad de compra. Un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales reveló que el 56,6% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria, mientras que el 89% debió recurrir al fiado, a las tarjetas de crédito o a préstamos personales para adquirir alimentos, un dato que refleja la creciente utilización del financiamiento para solventar gastos esenciales y no consumos extraordinarios.

La evolución de estos indicadores coincide con un proceso más amplio de recomposición de los precios relativos impulsado por el Gobierno nacional. La reducción de subsidios, la liberación de tarifas, el encarecimiento de los servicios públicos y una política monetaria basada en tasas de interés positivas modificaron profundamente la estructura de gastos de los hogares. En paralelo, la recuperación de los salarios avanzó de manera desigual entre las distintas actividades, dejando amplios segmentos con ingresos que todavía no logran recomponer la pérdida acumulada desde fines de 2023.

En ese marco, también se multiplicaron las advertencias de entidades financieras. Datos difundidos por el Banco Provincia muestran que la irregularidad en los créditos destinados a personas físicas se cuadruplicó en apenas un año, mientras que ya son más de seis millones los adultos que presentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, considerando las distintas fuentes de financiamiento disponibles.

El debate excede la evolución de la morosidad. Lo que hoy está en discusión es el cambio de función que asumió el crédito en la economía doméstica. Durante años fue un instrumento para adelantar consumos o financiar bienes durables; actualmente, la tendencia de las familias a endeudarse para cubrir gastos corrientes —como comida, salud y tarifas— refleja una profunda pérdida de ingresos, un fenómeno que los economistas señalan como claro indicador de empobrecimiento.

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Gremios del PAMI denuncian «despidos encubiertos» de médicos de cabecera y se agrava la atención de jubilados

Sindicatos que representan a trabajadores y profesionales del PAMI denunciaron que el organismo redujo drásticamente la cantidad de afiliados asignados a numerosos médicos de cabecera, una medida que califican como un mecanismo de «despidos encubiertos». Advierten que la decisión no solo compromete la continuidad laboral de los profesionales, sino que también profundiza las dificultades de acceso a la salud para millones de jubilados y pensionados.

La política sanitaria del PAMI volvió a quedar en el centro de la controversia tras las denuncias formuladas por los principales gremios del organismo, que aseguran que la conducción nacional impulsa un proceso de reducción de prestaciones mediante la disminución masiva de pacientes asignados a médicos de cabecera. Según sostienen, la decisión busca tornar económicamente inviable la continuidad de numerosos consultorios y provocar la renuncia de profesionales sin recurrir a despidos formales.

La denuncia es respaldada por la Unión de Trabajadores del Instituto (UTI), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y la Asociación de Profesionales del Programa de Atención Médica Integral y Afines (APPAMIA), organizaciones que coinciden en advertir sobre un proceso de ajuste que, afirman, repercute directamente en la calidad de la atención brindada a los afiliados.

De acuerdo con los representantes gremiales, algunos médicos perdieron hasta el 90% de los jubilados que tenían asignados. Esa reducción implica una drástica caída de ingresos y vuelve insostenible el funcionamiento de muchos consultorios particulares que prestan servicios al instituto.

Carlos Mulqui, referente de la organización Médicos de Cabecera, sostuvo que la metodología constituye un mecanismo de «despido encubierto», ya que los profesionales conservan formalmente el vínculo con el organismo, pero quedan prácticamente sin pacientes para atender. Según explicó, esa situación reduce considerablemente la carga laboral y coloca a numerosos médicos ante la imposibilidad económica de continuar prestando servicios.

La experiencia relatada por el médico cordobés Atilio Rossi refleja, según los sindicatos, una realidad que comienza a repetirse en distintas provincias. El profesional explicó que de los aproximadamente 600 afiliados que atendía desde hacía varios años, el PAMI le retiró alrededor de 500, alterando la continuidad de tratamientos y obligando a cientos de jubilados a buscar un nuevo médico de cabecera.

Los gremios sostienen que las consecuencias exceden el ámbito laboral. La reasignación compulsiva de profesionales obliga a miles de afiliados a reiniciar vínculos médicos construidos durante años, repetir trámites administrativos y concurrir a las agencias del PAMI para conocer quién será su nuevo prestador. A juicio de los denunciantes, esta dinámica deteriora la relación médico-paciente, considerada uno de los pilares de la atención primaria de la salud.

Carlos Valenzuela, secretario general de UTI en la región Nordeste, advirtió que el sistema ya funciona con recursos insuficientes y cuestionó la reducción de prestaciones médicas y farmacológicas. A su entender, la combinación entre restricciones en el acceso a medicamentos, la escasez de profesionales y el aumento en los tiempos de espera comprometen severamente la salud de pacientes con patologías crónicas.»

Según las organizaciones sindicales, obtener una consulta con un especialista puede demandar hasta dos meses, mientras que la realización de estudios diagnósticos requiere otros dos meses adicionales. En consecuencia, un jubilado puede esperar hasta cinco meses para completar un diagnóstico, regresar al especialista e iniciar o modificar un tratamiento.

El deterioro del servicio se produce en un momento particularmente sensible para el sistema previsional y sanitario. El PAMI, creado en 1971, brinda cobertura médica a más de cinco millones de jubilados, pensionados y otros beneficiarios, constituyéndose en la mayor obra social de América Latina. Por esa magnitud, cualquier modificación en su esquema de prestaciones tiene un fuerte impacto sanitario, social y presupuestario.

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Calculan que un trabajador necesita más de $3 millones para cubrir sus necesidades básicas

El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal) estimó que en junio un trabajador necesitó $3.000.352 mensuales para cubrir las nueve necesidades básicas contempladas en la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo. La organización sostuvo que esa cifra representa más de ocho veces el Salario Mínimo, Vital y Móvil vigente y denunció un profundo deterioro del poder adquisitivo, acompañado por un fuerte incremento del endeudamiento de los hogares.

El debate sobre el salario mínimo volvió a instalarse con fuerza tras el informe difundido por el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal), que calculó que un trabajador argentino necesitó en junio de 2026 un ingreso mensual de $3.000.352 para satisfacer las necesidades básicas que establece el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo. Según la entidad, el monto supera en más de ocho veces el actual Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), fijado por el Gobierno en $328.400, al que calificó como el más bajo de la historia en términos de poder adquisitivo.

El estudio sostiene que la distancia entre el salario legal y el costo de una vida digna se amplió significativamente desde diciembre de 2023. De acuerdo con el FreSU, los trabajadores acumularon una pérdida superior a $67 billones en ingresos laborales desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, producto del desfase entre la evolución de los salarios y el incremento del costo de vida.

La organización afirmó que el deterioro se profundizó durante los últimos siete meses. En ese período, los salarios reales del sector público retrocedieron más del 6%, mientras que los del sector privado registraron una caída superior al 5%, consolidando una nueva pérdida de capacidad de compra pese a la desaceleración de la inflación.

El informe también dimensiona el impacto sobre los ingresos individuales. Según sus cálculos, cada trabajador del sector privado resignó más de $2,5 millones de poder adquisitivo desde el comienzo de la actual administración nacional, mientras que la pérdida acumulada para cada empleado estatal supera los $14 millones.

Como consecuencia de ese proceso, el FreSU advierte que el financiamiento mediante crédito dejó de ser una herramienta coyuntural para convertirse en un mecanismo de supervivencia de los hogares. La entidad sostiene que el endeudamiento de las familias aumentó en $46 billones desde diciembre de 2023, al tiempo que la morosidad en los préstamos se cuadruplicó durante el último año, evidenciando el deterioro de los ingresos reales de los sectores activos y pasivos.

Para fundamentar su estimación sobre el salario mínimo necesario, el frente sindical tomó como referencia las nueve necesidades que la legislación argentina establece como piso para garantizar una vida digna. El cálculo contempla $640.428 para alimentación, $596.339 para vivienda, $268.502 para educación, $148.624 para vestimenta, $365.553 para salud, $650.867 destinados a transporte, esparcimiento y vacaciones, además de $330.039 para previsión social, entre otros componentes que integran el concepto legal del Salario Mínimo, Vital y Móvil.

El planteo adquiere relevancia en momentos en que la política salarial constituye uno de los principales focos de discusión entre el Gobierno, las organizaciones sindicales y el sector empresario. Mientras el Poder Ejecutivo sostiene que la prioridad es consolidar el proceso de desinflación y preservar el equilibrio fiscal, las centrales obreras reclaman una actualización del salario mínimo que permita recuperar parte del poder adquisitivo perdido y reactivar el consumo interno.

El FreSU reúne a organizaciones sindicales pertenecientes a las tres centrales obreras del país. Entre ellas se encuentran la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), ATE, la Federación Aceitera y Desmotadora, CONADU, CONADU Histórica, FESPROSA, sindicatos aeronáuticos, marítimos, fluviales, molineros, papeleros y viales, entre otros.

Durante su primer plenario nacional, realizado el 1° de mayo, el espacio aprobó el documento «Unidad, Lucha y Rebeldía para Recuperar la Patria», donde ratificó que el salario mínimo debe cumplir con el mandato constitucional de garantizar una existencia digna mediante la cobertura integral de alimentación, vivienda, educación, salud, vestimenta, transporte, recreación, vacaciones y previsión.

El informe vuelve a evidenciar la profunda brecha entre el sueldo básico y los gastos reales de subsistencia. Esa brecha no solo reabre el debate sobre la actualización del SMVM, sino también sobre el rol de las políticas salariales en un contexto donde la desaceleración inflacionaria aún no logra traducirse en una recuperación sostenida del poder de compra, el consumo y la capacidad económica de los trabajadores argentinos.

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