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Referentes de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina) asistieron este martes a una audiencia para abordar el cierre de la paritaria 2020-2021 y el inicio de la paritaria 2021-2022.

Llegaron a un acuerdo para el cierre de 2020 de 18 puntos en 3 cuotas y se llevaron para analizar una oferta idéntica a la que aprobaron hace pocos días los estatales. Se volverán a reunir el 9 de junio.

Luego de seis meses de reclamos para que se abra una mesa de negociación, finalmente este martes fueron convocados.

En la audiencia “se acordó convalidar los incrementos abonados por la Administración del 4% para el mes de febrero, 6% para marzo y un 8% para el mes de mayo”, indicó la Federación de Vialidad en un comunicado. Los porcentajes se aplicarán con carácter retroactivo.

“Asimismo y ante el desfasaje producido por la demora en la negociación, la Administración propuso que las retenciones de los aportes solidarios se realizaran con los haberes de los meses de julio, octubre y noviembre del corriente año”, detallaron.

“La Fepevina puso de manifiesto que considera más que insuficiente la propuesta realizada por la Administración, pero que se acepta teniendo en cuenta el marco que imprime al momento de la negociación la emergencia sanitaria y la depreciación del poder adquisitivo de los salarios producto de la inflación generada por los formadores de precios”, afirmaron.

A modo de «paliativo mínimo» se acordó el pago de un bono de $4.000 para quienes perciben menos de $60.000 de sueldo bruto.

Respecto a la negociación salarial para el periodo paritario 2021-2022, el gremio informó que “la Administración ofreció el mismo porcentaje que para los trabajadores del sector público (35% en 6 cuotas y cláusula de revisión para noviembre)”. Ante dicho ofrecimiento, las partes establecieron un cuarto intermedio hasta el 9 de junio para analizar la oferta.

Por otra parte, buscaron empezar a definir el método que defina el procedimiento para el pase a planta permanente de quienes hoy están en planta transitoria.

Asimismo, la organización sindical logró incorporar en la negociación “una serie de propuestas y reclamos”, entre los cuales mencionó: actualización y ampliación de licencias, regularización de los encargados de áreas, recategorizaciones, revisión de porcentaje de zona.

Las partes también se comprometieron a “avanzar en el reconocimiento y compensación al importante e imprescindible aporte que vienen efectuando cada una y uno de nuestras compañeras y nuestros compañeros desde sus puestos de trabajo en el marco de la emergencia sanitaria”.

Además, Fepevina anunció: “Acordamos la creación de la Comisión de Igualdad de Género y Oportunidades y la reglamentación de la misma en un plazo máximo de 90 días”.

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Universidades en alerta: ajuste presupuestario, salarios a la baja y un 2026 marcado por la conflictividad


Jaime Barcelona, dirigente de Adicus, realizó un balance negativo de 2025 para los docentes universitarios y anticipó un escenario de fuerte conflictividad para el próximo año. Salarios deteriorados, paritarias clausuradas y un presupuesto que recorta la inversión educativa configuran, advierte, un rumbo que amenaza el futuro de la universidad pública y del desarrollo nacional.

El cierre de 2025 encuentra a la docencia universitaria atravesada por un clima de profunda preocupación. Así lo expresó Jaime Barcelona, al realizar un balance del año y proyectar los desafíos que se avecinan. “Ha sido un año negativo para todos los trabajadores”, sintetizó, al señalar que los docentes universitarios no escaparon al deterioro general provocado por la combinación de inflación, caída salarial y un ajuste que definió como “brutal”.

Según explicó, el impacto no se limita a la pérdida del poder adquisitivo. A la degradación de los ingresos se suma una amenaza persistente sobre el financiamiento de las universidades, que compromete el normal funcionamiento del sistema educativo superior. “El gobierno mantiene una política de desfinanciamiento que pone en riesgo la continuidad de nuestro trabajo”, advirtió.

La preocupación se profundiza ante la aprobación del Presupuesto 2026, que fue duramente cuestionado por los gremios universitarios, científicos y estatales. Barcelona reveló que el sector recibió un instructivo de liquidación salarial con aumentos del 1% mensual para todo el próximo año, con apenas algunas excepciones del 2,5%. “Esto consolida la pérdida del poder adquisitivo y profundiza el ajuste sobre los trabajadores universitarios”, afirmó, al tiempo que denunció la decisión oficial de no convocar a paritarias y fijar aumentos por decreto.

En ese contexto, anticipó que el inicio del ciclo lectivo 2026 estará atravesado por la conflictividad. “Estamos discutiendo con las bases cómo continuar, porque este escenario no deja margen”, señaló.

Para el dirigente sindical, la aprobación del presupuesto representa un quiebre histórico. Por primera vez en décadas, el Estado se desliga del compromiso de destinar un porcentaje mínimo del PBI a la educación y deja las actualizaciones salariales libradas a la discrecionalidad del Poder Ejecutivo. “Es un golpe directo y profundo al sistema educativo argentino”, sostuvo.

Barcelona fue más allá y vinculó estas decisiones con un modelo de país que, a su entender, renuncia al desarrollo industrial y científico. “Este gobierno no apuesta a la educación, la ciencia ni la técnica porque su proyecto es un país primarizado, exportador de commodities”, afirmó. En esa lógica, la universidad pública y el sistema científico resultan prescindibles.

Uno de los puntos más cuestionados es la eliminación, a través del artículo 30 del presupuesto, del histórico piso del 6% del PBI para educación. Para el dirigente, se trata de uno de los retrocesos más graves desde la recuperación democrática. “Los países que piensan su desarrollo invierten en educación e industria. Este es un modelo retrógrado que nos devuelve a la Argentina posterior a la generación del 80”, comparó, al advertir que incluso se desandan conquistas previas al impulso educativo promovido por Sarmiento.

El diagnóstico de Jaime Barcelona dibuja un escenario inquietante para la universidad pública y el conjunto de los trabajadores. Con salarios en retroceso, paritarias cerradas y un presupuesto que consolida el ajuste, el conflicto aparece como una consecuencia inevitable. “La pelea va a ser por el presupuesto, por la educación y por la reapertura de paritarias, y se va a dar en la calle”, anticipó.

En una situación de creciente tensión social, el debate trasciende lo sectorial y vuelve a plantear una discusión de fondo: qué modelo de país se construye cuando la educación, la ciencia y el conocimiento dejan de ser una prioridad estratégica. Para los docentes universitarios, la respuesta no admite neutralidad y el 2026 se perfila como un año decisivo en esa disputa.

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“Lo que está en juego es el futuro”: el mensaje de la CGT de cara a 2026


En su mensaje de fin de año, la Confederación General del Trabajo convocó a las y los trabajadores a fortalecer la unidad y la organización frente a un escenario que considera crítico. La central obrera advirtió que en 2026 estarán en juego derechos históricos, el empleo y el futuro de millones de familias.

En el cierre de un año marcado por la tensión social y la incertidumbre económica, la Confederación General del Trabajo (CGT) difundió un mensaje de fuerte contenido político y sindical, orientado a preparar al movimiento obrero para un 2026 que anticipa como decisivo.

A través de un posteo en la red social X y un video institucional, la central llamó a las y los trabajadores a asumir el nuevo año con mayor compromiso, organización y unidad.

“El 2026 no es un año más”, advierte el mensaje, que plantea la necesidad de defender derechos laborales conquistados tras décadas de lucha colectiva. Para la CGT, lo que está en discusión trasciende lo estrictamente salarial o sectorial y alcanza dimensiones sociales más profundas: “Lo que está en juego son familias, trabajo y futuro”.

La central obrera pone el foco en el valor concreto de los derechos laborales, a los que define no como cifras o estadísticas, sino como realidades que atraviesan la vida cotidiana de millones de personas. Desde esa perspectiva, el mensaje subraya que cada avance o retroceso en materia laboral impacta directamente en las condiciones de vida, la estabilidad y las posibilidades de desarrollo de amplios sectores de la sociedad.

El planteo se inscribe en un contexto que la CGT caracteriza como adverso, donde la incertidumbre económica y las políticas de ajuste obligan a una respuesta colectiva del movimiento obrero. “El año que comienza nos necesita más unidos”, señala la central, al remarcar que la organización sindical y la acción conjunta han sido, históricamente, las principales herramientas para la defensa y ampliación de derechos.

Sin aludir de manera directa a medidas específicas, el mensaje deja entrever una advertencia clara frente a posibles retrocesos en materia laboral. La apelación a la unidad no aparece sólo como una consigna, sino como una estrategia para afrontar un escenario que la CGT considera de riesgo para las conquistas históricas del mundo del trabajo.

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Reforma laboral y telecomunicaciones: advertencias sindicales ante un escenario regresivo

En diálogo con Mundo Laboral SJ, Marcelo Trujillo, dirigente de los trabajadores de las telecomunicaciones e integrante de la CGT San Juan, delineó un balance crítico del año que termina y encendió señales de alerta sobre el impacto del avance tecnológico, la caída del empleo y una reforma laboral que, advierte, amenaza con profundizar la desigualdad y debilitar derechos históricos.

El cierre de año suele ser un tiempo propicio para los balances, pero también para anticipar los desafíos que se avecinan. En el caso del sector de las telecomunicaciones, el diagnóstico que plantea Marcelo Trujillo dista de ser alentador. Según explicó, el proceso de transformación tecnológica que atraviesa la actividad —con el paso definitivo del cobre a la fibra óptica y la expansión del universo TIC— convive con una silenciosa pero persistente reducción del empleo formal.

“La fibra hoy transporta toda la información que consumimos a diario, pero ese avance no se tradujo en más puestos de trabajo”, señaló. Por el contrario, el dirigente remarcó que en los últimos años se acumularon bajas de personal, mayoritariamente a través de retiros voluntarios que luego no fueron reemplazados. El resultado es una doble afectación: menos trabajadores en actividad y una merma sostenida tanto en los ingresos familiares como en la capacidad económica de los propios sindicatos.

En ese marco, Trujillo advirtió sobre un fenómeno que comienza a hacerse sentir con mayor crudeza: la crisis de ingresos y el creciente endeudamiento de los hogares. Aunque los indicadores oficiales insistan en una desaceleración inflacionaria, el impacto cotidiano se mide, según ironizó, en el “IPG, el índice de precios en góndola”, el que golpea directamente a trabajadores y jubilados. “Eso todavía no terminó de reflejarse, pero inevitablemente va a impactar”, anticipó.

El panorama se vuelve aún más complejo al proyectar el escenario político y gremial de 2026. Para el dirigente sanjuanino, la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei no sólo genera incertidumbre, sino que encierra un claro sesgo regresivo. “No es una actualización, es una regresión”, afirmó, al advertir que la iniciativa avanza sin un debate serio y tripartito entre trabajadores, empresarios y Estado.

Trujillo cuestionó además el modo en que se discute la iniciativa en el Congreso y no descartó que se repitan prácticas del pasado, como la compra de voluntades legislativas. En ese sentido, recordó la experiencia de la denominada “ley Banelco” y expresó su preocupación ante la falta de instancias formales de diálogo.

Uno de los puntos más críticos, explicó, es el tratamiento de los trabajadores de plataformas y aplicaciones. Lejos de regularizar el sector, la reforma dejaría a amplios segmentos fuera del sistema, alimentando el empleo informal y el mercado negro. “No se entiende dónde está la mejora”, sostuvo.

También puso el foco en el nuevo esquema de fondo de cese laboral, donde el aporte empresario sería mínimo, mientras que el Estado y el propio trabajador terminarían asumiendo el costo de las indemnizaciones. A eso se suma, advirtió, un horizonte aún más incierto con los anuncios de futuras reformas tributarias y previsionales, que podrían desembocar en sistemas híbridos similares a las antiguas AFJP.

“El trabajador no ve futuro. Ni para jubilarse, ni para pensar una nueva etapa después del trabajo”, sintetizó, al describir un panorama que definió como “muy negro”.

El balance que deja el testimonio de Marcelo Trujillo es el de un sector atravesado por profundas transformaciones tecnológicas, pero también por decisiones políticas que amenazan con debilitar el entramado laboral y social. Frente a un discurso oficial que señala a los sindicatos como un obstáculo, el dirigente reivindica el rol histórico del movimiento obrero y plantea una pregunta de fondo: si los empresarios han podido crecer, incluso en contextos críticos como la pandemia, ¿por qué el ajuste vuelve a recaer sobre los trabajadores?

En un contexto de incertidumbre creciente, el reclamo es claro: discutir en serio, con transparencia y equilibrio, un modelo de desarrollo que no sacrifique derechos en nombre de una modernización que, hasta ahora, parece beneficiar a unos pocos y profundizar las desigualdades.

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