El jueves el Senado debatirá la nueva ley de ganancias
La vicepresidenta Cristina Kirchner convocó a oficialmente la sesión este martes por la noche. También se tratará la reforma del monotributo.

El proyecto que eleva el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias a 150 mil pesos será tratado el próximo jueves por el Senado y se prevé que sea convertido en ley con consenso entre oficialismo y oposición.
Este martes por la noche la presidenta de la Cámara alta, Cristina Kirchner, convocó a una sesión especial para el 8 de abril a las 14:00 con el fin de tratar esa iniciativa y la reforma del régimen de monotributo.
Ambos temas fueron aprobados por la Cámara de Diputados a fines de marzo y, si no hay sorpresas, el Senado los sancionaría con fuerza de ley y acuerdo entre las principales bancadas, dado que la oposición se manifestó a favor en ambos temas durante el debate de comisiones.
La iniciativa impulsada por el Gobierno eleva el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias a 150 mil pesos brutos y, en el caso de los jubilados, comenzará a pagarse a partir de los ocho haberes mínimos y ya no de los seis.
Según explicó el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, durante su exposición ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado la semana pasada, «alrededor de 1.300.000 trabajadores» dejarían de pagar este tributo.
El Ministerio de Trabajo estima que además otros 200 mil trabajadores, cuyos ingresos están entre los 150 mil y los 173 mil pesos, verán reducida la carga tributaria a través de una deducción especial y pagarían menos que en la actualidad.
En tanto, las personas que cobran hasta 300 mil pesos mensuales podrán deducir el 40% de la ganancia no imponible, según había explicado el secretario de Políticas Tributarias, Roberto Arias.
Durante aquella reunión de comisiones, el ministro Moroni subrayó que originalmente el impuesto a las ganancias alcanzaba «a algo así como el 10% de los trabajadores» y que actualmente llega «casi al 20%», por lo que el proyecto volvería a los niveles de tributación anteriores.
El objetivo del Gobierno, según el ministro, es que el ahorro que consigan quienes dejarían de estar alcanzados por Ganancias se vuelque al consumo y ayude «a la reactivación» de la economía.
La iniciativa también amplía la deducción para cónyuges y establece que las asignaciones mensuales y vitalicias de los ex presidentes y vicepresidentes van a estar alcanzadas por el impuesto.
En tanto, el proyecto sobre monotributo apunta a resolver el problema de la actualización surgido de la suspensión del índice de movilidad previsional anterior y a generar un puente para la transición al régimen general.
Según explicó oportunamente la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, el «núcleo duro del proyecto» es que «el paso al régimen general no sean tan abrupto, que no pase a tener una carga tributaria muy superior»
Fuente: Martes 6 de abril de 2021 Escrito por Pablo Sieira Noticias Argentinas
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Endeudamiento en barrios populares: el 97% pide dinero para comprar comida
Un relevamiento sobre 5.000 personas de 15 provincias reveló que el 61,8% de los trabajadores que viven en barrios populares tiene deudas financieras. Dentro de ese grupo, el 97% recurrió al préstamo para afrontar gastos de alimentación.
El endeudamiento dejó de ser para muchas familias de los barrios populares un recurso reservado para afrontar gastos extraordinarios y pasó a convertirse en una herramienta para llegar a fin de mes. Un relevamiento realizado por el Instituto Periferias en 15 provincias mostró que el 61,8% de las personas que trabajan y viven en barrios populares tiene algún tipo de deuda financiera.
El dato más significativo aparece al analizar el destino de esos préstamos: el 59,8% del total de los encuestados aseguró haber tenido que pedir dinero para comprar alimentos. Esa proporción equivale al 97% de quienes declararon tener deudas, según los resultados del estudio, realizado sobre 5.000 casos.
La investigación expone así una modificación en las formas de subsistencia de los hogares de menores ingresos. El crédito, en lugar de financiar bienes durables, proyectos familiares o gastos excepcionales, aparece cada vez más asociado a la compra cotidiana de productos básicos.
El documento fue elaborado por el Instituto Periferias, conducido por Daniel Menéndez, referente de Barrios de Pie y subsecretario de Economía Popular del Gobierno bonaerense de Axel Kicillof. Para el funcionario, el patrón de endeudamiento se transformó a partir del deterioro de los ingresos.
Menéndez señaló que las familias pasaron de recurrir ocasionalmente a préstamos frente a una emergencia o un gasto extraordinario a utilizarlos de manera recurrente para sostener la alimentación. En esa lectura, la deuda comienza a ocupar el lugar que dejaron vacante los ingresos insuficientes.
De crédito a mecanismo de subsistencia
El estudio plantea que el fenómeno no puede explicarse únicamente por decisiones financieras individuales. Su principal conclusión apunta a la pérdida de capacidad de compra de salarios, ingresos informales y jubilaciones.
“Cuando el salario, las changas o la jubilación dejan de alcanzar para llegar a fin de mes, la deuda empieza a ocupar el lugar de los ingresos”, sostuvo Menéndez, al advertir que el crédito deja de funcionar como una herramienta para mejorar las condiciones materiales y pasa a utilizarse para cubrir necesidades básicas.
El diagnóstico se conoce mientras en el Congreso avanzan iniciativas vinculadas con el costo del financiamiento de los hogares y las tasas aplicadas por bancos y plataformas digitales. Organizaciones sociales y gremiales también vienen reclamando medidas frente al crecimiento del endeudamiento familiar.
Menéndez vinculó además el aumento de la mora con las dificultades para sostener los ingresos y cuestionó el efecto de la desregulación financiera. Su planteo apunta a una relación directa entre el deterioro del poder adquisitivo y la necesidad de recurrir cada vez más al crédito.
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El dólar y los precios: Argentina vuelve a ser más cara frente a sus vecinos
Un informe del Ieral detectó un aumento de los precios relativos frente a otros países de la región. Argentina pasó a ser más cara en el 48% de los alimentos y bebidas relevados y en el 38% de los servicios personales, mientras la apertura comercial redujo la brecha en bienes durables.
Argentina volvió a encarecerse en dólares frente a otros países de la región, aunque la evolución no fue uniforme. Mientras alimentos, bebidas y servicios personales recuperaron parte de la brecha de precios, los bienes durables continuaron abaratándose gracias a la mayor apertura comercial.
El diagnóstico surge del último informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), que comparó los precios de distintos productos y servicios argentinos con los vigentes en otros mercados.
En alimentos y bebidas, el país resultó más caro en el 48% de los productos relevados en agosto, frente al 47% registrado en mayo. El dato marca un cambio respecto del proceso observado durante 2025, cuando la depreciación cambiaria había reducido esa proporción hasta el 39% en diciembre.
El aumento relativo se verificó especialmente en productos como papas, gaseosas, cerveza y arroz blanco. En cambio, huevos y agua mineral mostraron una evolución favorable frente a los precios internacionales.
Los servicios familiares y personales siguieron una trayectoria semejante. Argentina pasó de registrar precios superiores a otros países en el 32% de los casos en diciembre de 2025 al 38% en agosto de 2026.
La comparación muestra diferencias importantes según el rubro. Gimnasios, educación preescolar, combustibles y taxis continúan siendo relativamente económicos frente a los países analizados, mientras que restaurantes y planes de telefonía celular aparecen entre los servicios más costosos.
Un salario industrial que compra más alimentos
El estudio también incorporó el poder adquisitivo de los salarios industriales formales. En 2025, el ingreso promedio argentino alcanzó los US$1.689 mensuales, por encima de los registrados en Brasil, México y Chile, aunque lejos de economías desarrolladas como Estados Unidos y Australia.
Esa diferencia salarial modifica la comparación cuando se mide cuántos productos puede adquirir un trabajador. Pese a que Brasil tiene alimentos y bebidas más baratos en el 90% de los casos relevados, el salario industrial argentino presenta mayor poder de compra que el brasileño y el mexicano en todos los productos de la canasta analizada.
La ventaja desaparece en determinados bienes de mayor valor. Para comprar un automóvil, un trabajador argentino necesita destinar el equivalente a 20 salarios mensuales, frente a 16 en Chile y apenas seis en Estados Unidos. Para una motocicleta de baja cilindrada, la relación es de 2,2 salarios locales contra 1,4 estadounidenses.
En indumentaria también persisten diferencias: un par de zapatillas representa el 7% del salario industrial argentino, frente al 4,7% en Chile y el 1,8% en Estados Unidos.
La apertura achicó la brecha en bienes durables
El cambio más marcado aparece en los bienes durables, la indumentaria y el calzado. Argentina continúa siendo cara frente al exterior, pero la distancia se redujo con fuerza durante los últimos meses.
En agosto, el país tuvo precios superiores a los internacionales en el 74% de los bienes durables relevados, una proporción considerablemente menor al 82% registrado en mayo de 2025 y al 96% correspondiente al comienzo de la medición, en marzo de ese año.
Según el Ieral, la eliminación de restricciones a las importaciones, la reducción de aranceles y determinados impuestos internos contribuyeron a compensar el efecto del fortalecimiento del peso y favorecieron una baja relativa de estos productos.
El informe ubicó el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) en $1.513 al cierre de agosto, un 20% por debajo del límite superior de la banda cambiaria. El indicador permanece además un 40% por debajo de su promedio histórico de largo plazo, estimado en $2.078 a valores actuales.
Aun así, algunos productos mantienen precios particularmente elevados. Entre ellos aparecen freidoras de aire, vestidos y zapatillas deportivas, que continúan ubicándose en la parte superior de la comparación internacional.
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Casi el 60% de los argentinos dice que su economía está empeorando
Una encuesta de Jorge Giacobbe registró un 58,9% de respuestas negativas sobre la evolución de la economía personal, cuatro puntos más que en la medición anterior. Además, el 47,8% considera equivocado el programa económico de Javier Milei.
La percepción de los argentinos sobre su economía personal volvió a deteriorarse en agosto. Según la última encuesta del consultor Jorge Giacobbe, el 58,9% de los consultados considera que su situación económica está empeorando, cuatro puntos más que el 54% registrado en la medición anterior, realizada entre fines de mayo y comienzos de julio.
El dato adquiere mayor relevancia al observar la intensidad de ese deterioro. El 48,9% afirmó que está sufriendo personalmente el retroceso, mientras que otro 9,5% reconoció que su economía empeora, aunque aseguró que todavía no tiene un impacto directo en su vida cotidiana.
En el extremo contrario, el 35,8% percibe una evolución favorable. Dentro de ese grupo, el 28,5% sostiene que la economía está mejorando y que ya siente ese cambio, mientras que el 7,3% considera que existe una mejora, aunque todavía no llegó a sus ingresos o condiciones de vida.
Un 5,3% definió el panorama como estancado. De esta manera, si se suman quienes perciben un deterioro con quienes no advierten avances, alrededor de dos tercios de los encuestados no identifica una mejora económica.
Críticas al programa de Milei
La valoración del programa económico también muestra un nivel elevado de disconformidad. El 47,8% considera que el rumbo adoptado por el Gobierno está equivocado y que el esfuerzo exigido a la sociedad carece de sentido.
Las respuestas restantes exhiben una sociedad dividida frente al ajuste. El 16,8% entiende que la reducción del gasto no es excesiva y que el país avanza en la dirección correcta. Otro 22,4% admite que hay que soportar el esfuerzo actual con la expectativa de una mejora futura.
A su vez, el 3,6% considera que el ajuste tiene sentido, aunque expresa dudas sobre cuánto puede resistir la población. Un 8,7% manifestó no comprender el programa económico y apenas un 0,7% se mostró indeciso.
Los resultados reflejan una brecha entre la evaluación que una parte de la población realiza sobre las políticas económicas y la percepción concreta de sus ingresos y condiciones de vida. Mientras el Gobierno sostiene su programa de estabilización y reducción del gasto, una mayoría de los consultados todavía no traduce ese proceso en una mejora concreta a nivel personal.
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