Para los Empresarios de la industria el 2020 fue positivo
La UIA destacó el crecimiento productivo de diciembre y subrayó esa tendencia incluso respecto de noviembre

La Unión Industrial Argentina (UIA) destacó signos de recuperación en el balance general de la actividad industrial durante el 2020. Es que más allá de la parálisis general a causa de la pandemia que azotó de manera sideral a la mayoría de los sectores del trabajo, los últimos meses del año reflejaron notable progresión y un panorama alentador para lo que viene.
Desde la entidad empresaria destacaron el crecimiento de diciembre, que fue del 4,8% en la comparativa con el mismo mes del 2019. Además, las cifras también fueron positivas en el plano productivo en un 2,7% respecto a noviembre.
“La tendencia positiva continuó en noviembre y se encontró por encima de los niveles pre pandemia (+1,1%). Con esta recuperación, finalizó el año con una caída acumulada menor que la esperada, de -6,3% similar a la de 2019”, remarcó la entidad a través de su informe de actualidad industrial.
No obstante, la industria manufacturera de mantiene en una situación crítica. Tal como explicó Ariel Maciel para BAE Negocios, la contracción de la actividad sectorial sufrió la tercera caída anual. La producción industrial acumulada cayó 14,8% en los últimos tres años. Si se observa 2015 la el número alcanza el 18,5%.
Específicamente, la entidad empresaria hizo hincapié en los sectores que mantuvieron marcados incrementos a lo largo del año pasado. Entre ellos se encuentran Alimentos, limpieza y cigarrillos y Sustancias y productos químicos. Por su parte, el marcado farmacéutico también vio incrementada su actividad.
Por último, la UIA explicó que vastos sectores que se vieron fuertemente dañados en el período más duro de la pandemia, pudieron recuperar gran parte de lo perdido y se encaminan hacia una progresión aún mayor.
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El conflicto universitario entra en una nueva fase y enciende alertas en toda la educación pública
La disputa por el financiamiento de las universidades nacionales atraviesa una instancia de complejización progresiva. Luego de una nueva semana de paros, movilizaciones y actividades de protesta, el conflicto ingresó en una etapa en la que la discusión ya no se limita exclusivamente a los claustros universitarios. La expansión del malestar hacia otros segmentos de la educación pública comienza a configurar un cuadro de alcance nacional que preocupa tanto a dirigentes sindicales como a autoridades académicas.
Las medidas de fuerza desarrolladas durante los últimos días volvieron a exhibir una fuerte capacidad de movilización. Docentes, nodocentes y estudiantes coincidieron en reclamar la plena aplicación de la ley de financiamiento universitario, mientras el Gobierno mantiene su rechazo a instrumentar los recursos previstos por la normativa sancionada por el Congreso.
La falta de avances en la negociación profundiza la sensación de estancamiento. Los gremios sostienen que, lejos de encaminar una solución, el Ejecutivo apuesta a dilatar definiciones mediante una estrategia política y judicial que posterga cualquier resolución de fondo. En ese marco, la expectativa se concentra ahora en la Corte Suprema de Justicia, donde se encuentra bajo análisis un expediente que podría influir de manera determinante en el futuro inmediato del conflicto.
Sin embargo, dentro del movimiento universitario crece la percepción de que una eventual intervención judicial no garantizará respuestas rápidas. La ausencia de plazos para una definición del máximo tribunal alimenta la incertidumbre y fortalece las posiciones que impulsan una profundización del plan de lucha.
Desde las organizaciones sindicales advierten que las próximas semanas estarán atravesadas por nuevas acciones destinadas a mantener visible la problemática. La estrategia apunta a sostener la presión social y política sobre un Gobierno que, hasta el momento, no ha dado señales de modificar su postura respecto de los recursos destinados a la educación superior.
Pero la preocupación excede a las universidades. Las recientes tomas registradas en colegios preuniversitarios y las medidas impulsadas por organizaciones docentes de distintos puntos del país revelan que el descontento comienza a irradiarse hacia otros niveles educativos.
Los establecimientos dependientes de universidades nacionales padecen las mismas restricciones presupuestarias que afectan a las casas de altos estudios. La falta de recursos impacta sobre infraestructura, funcionamiento institucional y condiciones laborales, generando un clima de creciente preocupación entre docentes, estudiantes y familias.
En este punto, sindicatos del nivel inicial y medio que integran espacios alternativos a las estructuras tradicionales del sector han comenzado a desarrollar acciones propias para reclamar recomposiciones salariales y mejores condiciones de trabajo. Esta simultaneidad de reclamos alimenta la hipótesis de un efecto multiplicador que podría derivar en una conflictividad más amplia durante el segundo semestre.
La raíz del problema aparece reflejada con claridad en los indicadores laborales que emergen desde las propias universidades. Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Tierra del Fuego expuso una realidad que se repite en buena parte del país: la expansión del pluriempleo como mecanismo de supervivencia entre los trabajadores de la educación superior.
La investigación determinó que tres de cada cuatro docentes universitarios necesitan complementar sus ingresos mediante otras actividades remuneradas. Más preocupante aún resulta que una proporción significativa de esas ocupaciones se desarrolla en condiciones de informalidad, fenómeno que revela un proceso de deterioro que trasciende la mera discusión salarial.
La situación adquiere una dimensión particularmente delicada cuando el empleo adicional deja de estar vinculado con la formación profesional de los docentes. Cada vez más trabajadores universitarios recurren a actividades completamente ajenas a su especialización para compensar la pérdida de ingresos generada por la aceleración inflacionaria y la insuficiencia de las actualizaciones salariales.
Este escenario repercute directamente sobre las funciones esenciales de las universidades. La investigación, la extensión y la capacitación permanente, pilares históricos del sistema universitario argentino, comienzan a verse condicionadas por la necesidad de destinar tiempo y esfuerzo a actividades complementarias que permitan sostener la economía familiar.
Los datos difundidos por la universidad fueguina muestran la magnitud del deterioro. Mientras la inflación acumulada durante el período analizado avanzó a un ritmo muy superior, las actualizaciones salariales quedaron considerablemente rezagadas, provocando una abrupta reducción del poder adquisitivo de docentes y nodocentes.
La consecuencia inmediata es una extrema fragilidad de las condiciones laborales y una pérdida sostenida de capacidad de retención de recursos humanos altamente calificados. En numerosos ámbitos académicos ya se observan renuncias, reducción de dedicaciones y dificultades para cubrir determinadas funciones, especialmente en áreas estratégicas para el desarrollo científico y tecnológico.
Con el primer cuatrimestre acercándose a su cierre y las vacaciones de invierno en lo inmediato, la disputa ingresa en una etapa decisiva. Las organizaciones sindicales ratifican que mantendrán las medidas de presión, mientras la comunidad universitaria aguarda definiciones políticas y judiciales que permitan destrabar un conflicto que se prolonga desde hace meses.
Lo que comenzó como una controversia vinculada al presupuesto universitario exhibe hoy características mucho más amplias. La combinación de salarios deteriorados, financiamiento insuficiente y fuerte malestar en distintos niveles de enseñanza configura un cuadro que trasciende las fronteras de las universidades y coloca a la educación pública frente a uno de los desafíos más complejos de los últimos años.
La evolución de las próximas semanas será determinante para establecer si el conflicto permanece circunscripto al ámbito universitario o si termina articulando una protesta de mayor alcance dentro del sistema educativo. Con salarios erosionados, instituciones bajo presión presupuestaria y una negociación política estancada, el panorama comienza a mostrar señales de una disputa cuya dimensión podría exceder ampliamente los límites de las universidades nacionales.
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Jerárquicos de Comercio acusan a ChangoMás de reemplazar salarios por órdenes de compra
Un nuevo foco de conflicto se abrió en el sector supermercadista luego de que la Asociación del Personal Profesional y Jerárquico de Comercio (APPYJC) denunciara públicamente a Dorinka, empresa controlante de la cadena ChangoMás, por una propuesta de recomposición salarial que el gremio considera lesiva para los trabajadores.
El sindicato cuestionó una propuesta de recomposición del 9% al considerar que no constituye un aumento salarial real. Advirtió que parte de los montos se abonaría mediante órdenes de compra y reintegros de gastos, sin incorporarse al salario básico.
La Asociación del Personal Profesional y Jerárquico de Comercio (APPYJC) denunció a la firma Dorinka, controlante de la cadena ChangoMás, por impulsar una modalidad de actualización de ingresos que, según el gremio, perjudica los derechos laborales de supervisores y mandos medios.
La controversia surgió tras la presentación de una propuesta de recomposición del 9%, luego de más de siete meses sin modificaciones salariales para ese segmento de trabajadores. De acuerdo con la organización sindical, el esquema contempla un 6% a través de créditos de compra utilizables en los propios supermercados de la empresa y un 3% mediante reintegros de gastos sujetos a la presentación de comprobantes.
Desde APPYJC sostienen que estos conceptos no constituyen salario genuino y alertan que, al no integrarse al sueldo básico, afectan el cálculo del aguinaldo, las vacaciones, las indemnizaciones y los aportes previsionales.
La entidad que conduce Gastón Gallo calificó la propuesta como una práctica que recuerda mecanismos de flexibilización laboral aplicados durante la década de 1990 y anunció el estado de alerta, exigiendo la apertura inmediata de una mesa de negociación.
Entre sus reclamos, el sindicato exige incrementos remunerativos incorporados al básico, el cese de cualquier modalidad que considere precarizadora y una negociación salarial que permita recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores.
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El derrumbe de la obra pública obligó a Loma Negra a frenar producción en su planta más moderna
La decisión de Loma Negra de paralizar hasta fin de año el horno principal de su planta L’Amalí, en Olavarría, expuso la profundidad de la retracción que atraviesa la construcción en Argentina. La acumulación de stock, la caída sostenida en los despachos de cemento y el freno de la obra pública conforman un cuadro que comenzó a impactar sobre empleo, producción y actividad industrial.
La imagen de cientos de miles de toneladas de clínker acumuladas al aire libre en Olavarría resume con crudeza uno de los procesos económicos más delicados que atraviesa hoy la industria argentina. Loma Negra, la principal cementera del país, resolvió detener hasta fin de año el horno central de su planta L’Amalí, una de las inversiones fabriles más ambiciosas realizadas en las últimas décadas dentro del sector de materiales para la construcción.
La decisión, confirmada por la compañía, refleja el deterioro que golpea a toda la cadena vinculada a la actividad constructiva. La empresa argumentó que dispone de stock suficiente para sostener el abastecimiento del mercado durante un período prolongado, razón por la cual el tradicional parate invernal por mantenimiento será este año mucho más extenso y profundo.
El dato adquiere una dimensión aún más significativa si se observa el peso estratégico de L’Amalí dentro del entramado industrial argentino. Inaugurada en 2021 tras una inversión multimillonaria, la planta fue presentada como símbolo de modernización productiva, ampliación de capacidad instalada y expansión de la industria cementera nacional. Apenas cinco años después de aquel desembarco industrial, el principal horno de la fábrica permanecerá inactivo hasta finales de 2026.
La determinación no sólo impacta sobre la producción de cemento. También repercute sobre toda la estructura económica que rodea a la planta: extracción de piedra caliza, transporte de cargas, servicios logísticos, contratistas y empleo indirecto vinculado a la operación minera e industrial.
Desde la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) de Olavarría atribuyeron la situación al abrupto retroceso de la obra pública nacional y al desplome de la demanda interna. Alejandro Santillán, secretario general del gremio en la ciudad bonaerense, explicó que las detenciones técnicas durante el invierno suelen extenderse alrededor de cuarenta días por tareas de mantenimiento. Sin embargo, advirtió que el esquema definido para este año “difiere por completo” de lo habitual debido al extraordinario nivel de stock acumulado.
Según trascendió, en L’Amalí existen más de 700 mil toneladas de clínker fuera de los silos de almacenamiento, un volumen inédito que deja al descubierto la magnitud de la desaceleración que atraviesa el sector.
El panorama también quedó reflejado en las estadísticas de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland. Los despachos registraron en abril una caída interanual del 12,7%, profundizando una tendencia negativa que se arrastra desde hace meses y que comenzó a impactar de lleno sobre los niveles de producción industrial.
El cemento funciona históricamente como uno de los indicadores más sensibles de la economía argentina. Su comportamiento permite anticipar movimientos en inversión privada, actividad inmobiliaria, infraestructura y empleo. Por eso, el freno productivo de una compañía como Loma Negra trasciende el universo empresarial y se convierte en un síntoma de mayor alcance sobre el estado general de la actividad económica.
El ajuste sobre la obra pública nacional alteró de manera drástica el funcionamiento de numerosas ramas industriales asociadas a la construcción. La paralización de proyectos viales, habitacionales y de infraestructura redujo de forma abrupta la demanda de insumos pesados, afectando a fabricantes de cemento, acero, cerámicos y maquinaria.
A diferencia de otras etapas recesivas, el problema actual no parece concentrarse únicamente en la caída de la inversión estatal. El sector privado tampoco logró compensar la retracción. Las altas tasas de interés, el freno del crédito hipotecario y la pérdida del poder adquisitivo limitaron el desarrollo de nuevos emprendimientos inmobiliarios y redujeron el ritmo de obras particulares.
La consecuencia inmediata es una industria con capacidad instalada y empresas obligadas a recalcular operaciones para evitar mayores costos financieros y acumulación de mercadería sin salida comercial.
En ese cuadro, la decisión de Loma Negra adquirió un fuerte peso simbólico. La compañía, fundada en 1926 y convertida durante décadas en referencia central del sector cementero argentino, no sólo representa uno de los mayores jugadores del mercado local. También constituye un termómetro de la actividad industrial ligada a la construcción y la infraestructura.
El contraste entre la expansión anunciada pocos años atrás y el actual freno operativo evidencia la velocidad con la que cambió el ciclo económico. Lo que había sido presentado como una apuesta estratégica para abastecer un crecimiento sostenido de la construcción terminó enfrentándose a un mercado incapaz de absorber la capacidad productiva disponible.
La preocupación no se limita al presente inmediato. En ciudades como Olavarría, donde la actividad minera y cementera ocupa un lugar determinante dentro de la economía regional, cualquier reducción prolongada de operaciones repercute sobre empleo, consumo y movimiento comercial.
Por eso, el apagado del horno principal de L’Amalí excede el plano empresarial. Se trata de una señal que expone el delicado momento que atraviesa uno de los sectores históricamente más vinculados al desarrollo económico argentino.
La incógnita hacia adelante será cuánto tiempo demorará la recuperación de la demanda y si la actividad privada logrará ocupar el vacío dejado por la retracción estatal. Mientras tanto, la postal de una de las plantas más modernas del país operando por debajo de su capacidad sintetiza la profundidad de una desaceleración que ya dejó de ser estadística para convertirse en una realidad visible dentro del entramado industrial argentino.
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