Para la UIA habrá mejoras en el sector industrial
Esta entidad estimó que «dependerá de la normalización de las regulaciones en el mercado de trabajo, así como incentivos concretos a la inversión»

a Unión Industrial Argentina (UIA) señaló que «de no mediar problemas macro-cambiarios que modifiquen la trayectoria del tipo de cambio oficial y afecten el desempeño de la actividad interna y los costos, se espera para 2021 una recuperación generalizada del entramado productivo, luego de tres años de fuertes caídas, y a partir de la recuperación que está mostrando la demanda de bienes durables». La profundidad de la recuperación, señaló la entidad en su Informe de Actividad Industrial, «dependerá de la normalización de las regulaciones en el mercado de trabajo, así como incentivos concretos a la inversión, dado el elevado nivel presión tributaria, el bajo nivel de crédito y tasas elevadas».
También se prevé «cierta recuperación de las exportaciones industriales, a partir de la mejora del escenario global, aunque la reciente suba de las alícuotas para los derechos de exportación para gran parte de las exportaciones industriales (MOI y alimentos elaborados) seguirá repercutiendo en la competitividad externa en un contexto de excedente de producción a nivel global», consideró la UIA.
El informe puntualiza que la actividad fabril creció 2,2% en noviembre y 3,7% contra octubre, con lo cual «retomó la tendencia positiva de septiembre y se recortó la baja acumulada a -7,3% en los primeros once meses del año». Sin embargo, analizó la UIA, el sector todavía se ubica 2,3% por debajo de los niveles de la prepandemia (febrero 2020).
El repunte de la actividad fabril a lo largo de noviembre «correspondió a la expansión de diversos sectores que ya habían mostrado signos de recuperación en meses anteriores». Ese fue el caso de los Automotores (20,2%) que mostraron un buen desempeño, principalmente por el aumento de las ventas de autos nacionales a concesionarios.
Por su parte, el bloque de Minerales no metálicos (19%) registró el tercer aumento interanual consecutivo, producto de los mayores despachos de cemento, así como el incremento en los insumos para la construcción por la reactivación de las obras.
Papel y cartón (3,8%) fue traccionado por el incremento en papel para embalaje, para corrugar, papel tissue, agregó el informe, en tanto el sector de Sustancias y productos químicos (2,8%) creció en todos los subrubros, a excepción de gases industriales.
La industria Metalmecánica (2,6%) consolidó la tercera suba interanual, motorizada, en gran medida, por la industria automotriz, metálica básica y la maquinaria agrícola. Finalmente, el sector de Alimentos y bebidas (1,2%) revirtió la merma del mes anterior, impulsado por los productos lácteos, chocolates, vinos y carnes.
Por otro lado, resaltó la UIA, «hay sectores que atenuaron el incremento del indicador, aunque recortaron la contracción con respecto a los meses anteriores». En este contexto heterogéneo, la utilización de la capacidad instalada de la industria se ubicó en 63,3% en noviembre según el Indec, 2,6 puntos más que un año atrás. También se registró una recuperación respecto de los meses previos (octubre: 61,8%; y septiembre: 60,8%), con lo que se ubicó en el nivel más alto desde noviembre 2018.
En referencia a diciembre, la UIA precisó que los primeros datos interanuales «mostraron una tendencia similar a la de noviembre». La producción de automóviles mostró un elevado incremento (107,7% interanual), mientras los insumos para la construcción (18,1%) y los despachos de cemento (33,6%) continuaron la tendencia positiva de los tres meses anteriores. Además, en línea con la recuperación sectorial, la demanda de energía registró el segundo incremento interanual desde que comenzó la pandemia (4,1%).
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La CGT gana terreno en tribunales mientras se define quién juzgará la constitucionalidad de la reforma
El Ministerio Público Fiscal avaló que la causa impulsada por la CGT continúe en la Justicia del Trabajo, al considerar que la materia en discusión es eminentemente laboral. El criterio refuerza la estrategia sindical y agrega presión sobre el Gobierno en una disputa que excede lo técnico y adquiere relevancia institucional.
La controversia judicial en torno a la reforma laboral sumó un elemento de peso. Un dictamen del fiscal general Rodrigo Cuesta ante la Cámara Contencioso Administrativo Federal sostuvo que la causa iniciada por la Confederación General del Trabajo debe permanecer bajo la órbita de la Justicia Nacional del Trabajo, desplazando la pretensión oficial de trasladarla al fuero contencioso administrativo.
El pronunciamiento se inscribe en el expediente mediante el cual la central obrera promovió una acción declarativa de inconstitucionalidad contra el Estado Nacional, cuestionando más de 80 artículos de la Ley 27.802 de Modernización Laboral. Desde el inicio, la CGT planteó que las modificaciones introducidas implican un retroceso en derechos individuales y colectivos, con impacto directo sobre principios de jerarquía constitucional como la protección del trabajo, la progresividad normativa y la libertad sindical.

El recorrido procesal expone la complejidad del caso. El Juzgado Nacional del Trabajo N° 63 asumió competencia, encuadró el expediente como proceso colectivo y dictó una medida cautelar de no innovar que suspendió la aplicación de los artículos impugnados. La reacción del Estado fue doble: apeló esa decisión y, en simultáneo, impulsó una inhibitoria para desplazar la causa hacia el fuero contencioso administrativo federal. La coexistencia de decisiones contrapuestas —con un juzgado que ratifica su intervención y otro que se declara competente— derivó en un conflicto positivo de competencia que ahora debe resolver la Cámara.
En ese marco, el dictamen fiscal introduce un criterio claro: la naturaleza de la materia resulta determinante para definir el juez competente. “Las normas cuestionadas se insertan en el derecho del trabajo, tanto en su dimensión individual como colectiva”, sostuvo Cuesta, al tiempo que subrayó que el análisis de constitucionalidad deberá realizarse a la luz de ese marco normativo específico.
El fiscal descartó, además, que la participación del Estado Nacional sea un argumento suficiente para justificar el desplazamiento del caso. En línea con la doctrina de la Corte Suprema, precisó que la competencia no se define por la calidad de las partes, sino por el contenido jurídico del conflicto. Es decir, lo que está en juego no es quién dicta la norma, sino qué derechos se encuentran comprometidos.
Uno de los puntos más sensibles del dictamen radica en la interpretación del alcance de la propia Ley 27.802 en materia de competencia. La norma establece que, en conflictos laborales con intervención del Estado, debe actuar el fuero contencioso administrativo federal. Sin embargo, el fiscal introdujo un matiz decisivo: esa disposición no resulta operativa en la actualidad.
Según explicó, su vigencia efectiva depende de la concreción de un Acuerdo de Transferencia de la Función Judicial en Materia Laboral a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un proceso que requiere aval legislativo y la instrumentación de convenios específicos. Al no haberse cumplido esas condiciones, el cambio normativo carece, por ahora, de efectos prácticos.
Esta lectura no solo debilita la estrategia del Gobierno para redirigir la causa, sino que reafirma un principio estructural del sistema judicial: la especialidad del fuero laboral para abordar conflictos vinculados con derechos del trabajo. En términos concretos, implica que la discusión sobre la validez de la reforma se desarrollará en un ámbito donde históricamente prevalece una interpretación más protectoria de los derechos de los trabajadores.
El fallo también despeja un argumento recurrente en la defensa estatal: la supuesta afectación de su prerrogativa de litigar ante tribunales federales. Para el Ministerio Público, el propio Congreso diseñó un esquema que contempla excepciones, lo que habilita la continuidad del proceso en la Justicia del Trabajo sin menoscabar ese principio.
El pronunciamiento fiscal no define la disputa, pero introduce un elemento de fuerte gravitación en una causa que combina técnica jurídica y alto voltaje político. Al respaldar la competencia del fuero laboral, consolida la posición de la CGT y condiciona la estrategia del Gobierno en un expediente donde se discute mucho más que la validez de una norma.
La resolución final quedará en manos de la Cámara Contencioso Administrativo Federal. De su decisión dependerá no solo el recorrido procesal del caso, sino también el terreno sobre el cual se dirimirá una discusión de fondo: el alcance de los derechos laborales en el nuevo marco normativo y quién tiene la última palabra para interpretarlos.
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Paralización en Vicuña: jerárquicos mineros responsabilizan a la operadora
Marcelo Mena, titular nacional de los jerárquicos mineros, cuestionó con dureza a la empresa a cargo del proyecto Vicuña por la falta de diálogo, deficiencias en la planificación y riesgos en materia de seguridad. En medio de la disputa entre San Juan y La Rioja, advirtió sobre el impacto en el empleo y reclamó definiciones urgentes.
La paralización del proyecto minero Vicuña ha reavivado una confrontación de gran alcance entre las provincias de San Juan y La Rioja, pero también ha dejado al descubierto tensiones más profundas vinculadas a la gestión empresarial, la seguridad operativa y la relación con las comunidades. En esa estructura, el posicionamiento del gremio que representa a los jerárquicos mineros introduce un elemento clave: la responsabilidad directa de la compañía en la interrupción de las tareas.
Marcelo Mena, fue categórico al señalar que el conflicto no puede reducirse a una puja política. A su juicio, el foco debe ponerse en la conducta de la empresa, a la que acusa de no haber generado los mecanismos institucionales necesarios para garantizar previsibilidad. “No cuesta nada conformar una mesa de diálogo y ordenar la actividad con todos los actores involucrados”, planteó.
El dirigente insistió en que cualquier emprendimiento de esta magnitud requiere no solo inversiones, sino también una estrategia integral que contemple la denominada “licencia social”. En esa línea, remarcó la necesidad de involucrar a las comunidades cercanas, coordinar con autoridades locales y definir de manera transparente aspectos sensibles como el uso del territorio, la circulación de vehículos y la contratación de mano de obra.
Uno de los puntos más críticos señalados por Mena está vinculado a la seguridad. Según explicó, la empresa habría introducido modificaciones en los accesos y condiciones de traslado sin cumplir con los protocolos establecidos. Esta situación, advirtió, podría derivar en consecuencias graves tanto para los trabajadores como para el entorno. “Si ocurre un accidente, no solo hablamos de un hecho laboral, sino también de un posible impacto ambiental”, alertó.
El planteo no es menor en una actividad donde los estándares de seguridad constituyen un pilar central. El representante gremial reclamó la conformación urgente de comités específicos para evaluar riesgos, definir circuitos seguros y garantizar el cumplimiento de la normativa vigente. “Las condiciones deben ser analizadas previamente; no se puede improvisar en una actividad de estas características”, subrayó.
El freno en las tareas ya tiene efectos concretos en el empleo. De acuerdo con los datos aportados por el gremio, alrededor de 80 trabajadores jerárquicos vinculados directamente al proyecto se encuentran afectados, a lo que se suman operarios de empresas contratistas. La cifra, aunque acotada en términos absolutos, adquiere relevancia por el tipo de actividad y la especialización requerida.
Mena también puso el foco en las condiciones laborales de quienes prestan servicios indirectos. En particular, expresó preocupación por aquellos trabajadores que deben trasladarse por sus propios medios para cumplir con sus tareas, lo que expone a situaciones de riesgo adicionales. “Nos interesa que todos tengan condiciones adecuadas, no solo los afiliados directos”, sostuvo, ampliando el alcance del reclamo.
Más allá de las responsabilidades empresariales, la disputa entre San Juan y La Rioja agrega un componente político que complejiza la resolución. En este punto, el titular de ASIJEMIN fue enfático al defender la posición sanjuanina en materia de jurisdicción y regalías. “Los recursos pertenecen a la provincia y eso debe respetarse”, afirmó, al tiempo que consideró que no corresponde ceder en aspectos vinculados a la renta minera.
No obstante, también planteó la necesidad de que La Rioja tenga participación en términos sociales y laborales, especialmente en lo relativo al paso por su territorio y la integración de trabajadores locales. Esta visión busca equilibrar intereses sin desvirtuar la titularidad de los recursos, promoviendo acuerdos que permitan avanzar sin profundizar el conflicto.
El mensaje hacia la empresa fue igualmente directo: debe abandonar posturas unilaterales y asumir un rol activo en la construcción de consensos. “No se puede imponer una lógica propia en un territorio donde intervienen múltiples actores”, sostuvo. En ese sentido, reclamó una conducción más cercana a la realidad local y menos condicionada por decisiones tomadas a distancia.
La reactivación del proyecto, depende de la capacidad de articular intereses y restablecer condiciones mínimas de confianza. Para ello, propuso una mesa de trabajo que incluya a gobiernos provinciales, representantes sindicales, comunidades y directivos de la compañía. Solo a partir de ese diálogo, reiteró, será posible recuperar la actividad y brindar certidumbre a los trabajadores.
El conflicto en torno al proyecto Vicuña expone con nitidez las presiones que atraviesan a la actividad minera cuando convergen intereses económicos, jurisdiccionales y sociales sin una coordinación efectiva. La paralización no solo refleja un litigio territorial, sino también falencias en la gestión y en la construcción de acuerdos.
Bajo estas circunstancias, la responsabilidad empresarial aparece como un factor determinante para encauzar la situación. Sin mecanismos de diálogo, planificación rigurosa y respeto por las normas, cualquier intento de avanzar queda condicionado. La resolución a la problemática exigirá algo más que definiciones políticas: demandará una conducción capaz de integrar actores, garantizar seguridad y sostener un desarrollo que no quede librado a decisiones unilaterales.
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Escala la conflictividad laboral: paros, marchas y reclamos sectoriales desafían la estrategia económica del Gobierno
Gremios bancarios, estatales, universitarios, metalúrgicos y organismos técnicos despliegan medidas de fuerza en distintos puntos del país. Reclamos salariales, despidos y cuestionamientos a políticas públicas configuran un escenario de alta conflictividad que interpela al Gobierno nacional.
La agenda sindical ingresó en una fase de fuerte activación con una secuencia de paros, movilizaciones y protestas que abarcan múltiples sectores de la actividad económica y estatal. La acumulación de reclamos —que van desde la pérdida del poder adquisitivo hasta el cierre de áreas productivas— dibuja un mapa de ambiente caldeado entre las organizaciones gremiales y la administración de Javier Milei.
El sistema financiero abrió la semana con un paro impulsado por la Asociación Bancaria en rechazo al cierre de dependencias del Banco Central en el interior del país. La medida, aunque sin impacto directo en la atención al público, introduce dificultades en la logística del efectivo, un eslabón sensible en la operatoria diaria.
En simultaneo, el sector estatal profundiza su confrontación con el Ejecutivo. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) convocó a una movilización hacia el Ministerio de Desregulación para denunciar el deterioro salarial y cuestionar la política de reducción del aparato público. Desde el gremio advierten que los ingresos del personal quedaron rezagados frente a la inflación, mientras critican la reconfiguración del Estado impulsada por el oficialismo.
El conflicto también alcanza al Servicio Meteorológico Nacional, donde ATE dispuso un paro de 24 horas en rechazo a cesantías y recortes operativos. La medida, según alertan, podría afectar servicios esenciales vinculados a la aviación, la navegación y la producción agropecuaria, además de debilitar los sistemas de alerta temprana.
En el ámbito universitario, docentes y no docentes sostienen un plan de lucha que incluye interrupciones de actividades durante toda la semana. El reclamo central apunta a la recomposición salarial y al cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya aplicación —según denuncian— presenta demoras prolongadas que erosionan el funcionamiento del sistema.
La industria tampoco permanece al margen. En Santa Fe, la decisión de discontinuar la fabricación de heladeras de la marca Electrolux en una planta operada por la firma Ferimetal anticipa un recorte significativo de puestos de trabajo, consolidando un proceso de retracción que ya había impactado en otras líneas de producción.
El cuadro general revela algo más que conflictos sectoriales aislados. La simultaneidad de las medidas y la diversidad de actores involucrados configuran un escenario donde la protesta adquiere volumen y capilaridad. La pérdida de ingresos reales, combinada con procesos de reestructuración en áreas clave, actúa como denominador común de los reclamos.
En ese entramado, la Confederación General del Trabajo busca ordenar la respuesta sindical con una estrategia que combina acción judicial y movilización callejera. La central no solo avanzó con una recusación contra un juez que intervino en la causa por la reforma laboral, sino que además convocó a una marcha a Plaza de Mayo bajo la consigna de defensa del empleo formal. La convocatoria, prevista en la antesala del Día del Trabajador, apunta a consolidar una señal política frente al rumbo económico.
La dinámica actual también refleja una disputa más amplia sobre el rol del Estado, la orientación de las políticas públicas y los mecanismos de regulación del mercado laboral. Mientras el Gobierno impulsa reformas orientadas a reducir estructuras y flexibilizar normas, los sindicatos advierten sobre los efectos sociales de esas decisiones y buscan instalar sus demandas en el centro del debate.
La proliferación de medidas de fuerza y la articulación de reclamos en distintos frentes colocan a la conflictividad laboral como uno de los ejes centrales de la coyuntura. Más allá de cada disputa puntual, lo que emerge es un momento crucial donde se redefine el vínculo entre el Estado, el trabajo y la producción.
El desafío para el Gobierno radica en administrar ese frente sin profundizar la confrontación, mientras que el movimiento sindical busca capitalizar el malestar y proyectarlo en términos de incidencia política. En ese equilibrio inestable se jugará, en buena medida, la evolución del clima social en los próximos meses.
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