CONÉCTATE CON NOSOTROS

Se establecen los presupuestos legales mínimos para la regulación de esta modalidad labora

El gobierno nacional promulgó la Ley de Teletrabajo aprobada en el Congreso el 30 de julio último, en la que se establecen los presupuestos legales mínimos para la regulación de esta modalidad laboral en actividades que, por su naturaleza y particulares características, lo permitan. La modalidad de teletrabajo se incorpora así al Título III “De las modalidades del contrato de trabajo” del Régimen de Contrato de Trabajo aprobado por la ley 20.744. El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación será la autoridad de aplicación de la ley y deberá dictar la reglamentación respectiva dentro de los próximos noventa días.

E n tanto, la ley entrará en vigor luego de noventa días contados a partir de que se determine la finalización del período de vigencia del aislamiento social, preventivo y obligatorio, dispuesto por el coronavirus.

La ley N° 27.555 fue promulgada con su publicación en el Boletín Oficial bajo el decreto 673/2020, firmado por el presidente Alberto Fernández; el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; y el ministro de Trabajo, Claudio Moroni.

Según se establece, habrá contrato de teletrabajo «cuando la realización de actos, ejecución de obras o prestación de servicios, sea efectuada total o parcialmente en el domicilio de la persona que trabaja, o en lugares distintos al establecimiento o los establecimientos del empleador, mediante la utilización de tecnologías de la información y comunicación».

Los presupuestos legales mínimos del contrato de teletrabajo se establecerán por ley especial y las regulaciones específicas para cada actividad se establecerán mediante la negociación colectiva. Las personas que trabajen contratadas bajo esta modalidad «gozarán de los mismos derechos y obligaciones que las personas que trabajan bajo la modalidad presencial y su remuneración no podrá ser inferior a la que percibían o percibirían bajo la modalidad presencial», según indica la norma.

Asimismo, «los convenios colectivos deben, acorde a la realidad de cada actividad, prever una combinación entre prestaciones presenciales y por teletrabajo».

La jornada laboral debe ser pactada previamente por escrito en el contrato de trabajo de conformidad con los límites legales y convencionales vigentes, tanto en lo que respecta a lo convenido por hora como por objetivos.

Las plataformas y/o software utilizados por el empleador deberán desarrollarse de modo acorde a la jornada laboral establecida, impidiendo la conexión fuera de la misma. En tanto, la persona que trabaja bajo esta modalidad tendrá derecho a no ser contactada fuera de su jornada laboral y no podrá ser sancionada por hacer uso de este derecho.

Además, el empleador no podrá exigir a la persona que trabaja la realización de tareas, ni remitirle comunicaciones, por ningún medio, fuera de la jornada laboral.

Por otra parte, las personas que acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de personas menores de trece (13) años, personas con discapacidad o adultas mayores que convivan con la persona trabajadora y que requieran asistencia específica, tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado a su cargo y/o a interrumpir la jornada. Cualquier represalia u obstaculización del empleador que lesione estos derechos se presumirá discriminatorio resultando aplicables las previsiones de la ley 23.592, establece la ley.

Mediante la negociación colectiva podrán establecerse pautas específicas para el ejercicio de este derecho vinculadas a la voluntariedad (el traslado de quien trabaja en teletrabajo debe ser voluntario y prestado por escrito), y la reversibilidad (el consentimiento prestado por la persona que trabaja en teletrabajo, podrá ser revocado por la misma en cualquier momento de la relación).

Respecto de los elementos de trabajo, el empleador debe proporcionar el equipamiento y asumir los costos de instalación y la persona que trabaja será responsable por su correcto uso. Además tendrá derecho a la compensación por los mayores gastos en conectividad y/o consumo de servicios que deba afrontar.

Por otra parte, el empleador deberá garantizar la correcta capacitación en nuevas tecnologías y eso no implicará una mayor carga de trabajo. Las personas que se desempeñen bajo la modalidad de teletrabajo, gozarán de todos los derechos colectivos y la representación sindical será ejercida por la asociación sindical de la actividad donde presta servicios.

Continúe Leyendo

destacada

Paritarias bajo presión: el Gobierno impone un techo y redefine la negociación salarial

La decisión del gobierno de Javier Milei de no homologar acuerdos que superen la inflación reconfigura el mapa paritario. Mientras algunos gremios negocian a la baja, otros se preparan para disputar aumentos por fuera del aval oficial.

El escenario paritario de 2026 quedó atravesado por una señal política contundente: no habrá homologación para acuerdos salariales que superen la pauta inflacionaria definida por el Ejecutivo. Con un objetivo implícito de subas mensuales por debajo del 2%, el Gobierno busca anclar expectativas y consolidar su estrategia de desaceleración de precios, aunque a costa de prersionar la relación con el movimiento sindical.

El caso paradigmático fue el del Sindicato de Camioneros, conducido por Hugo Moyano. Tras una retórica inicial más confrontativa —con pedidos de recomposición cercanos al 8%—, el gremio terminó acordando un incremento semestral del 10,1% entre marzo y agosto, con tramos mensuales por debajo del umbral fijado y una suma no remunerativa inicial. El acuerdo fue leído en despachos oficiales como un modelo a replicar.

Sin embargo, no todos los sectores logran alinearse sin fricciones. La negociación de la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles quedó en zona de conflicto: el entendimiento del 9,5% en tres meses supera la pauta implícita y enfrenta el riesgo de no ser homologado. En paralelo, la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina debió reabrir su acuerdo tras objeciones oficiales a una suma fija mensual que impactaba en los ingresos por encima de lo tolerado.

En contraste, otros gremios optaron por moverse dentro del corset oficial. El sector de Sanidad, por ejemplo, selló un incremento del 5,1% trimestral en tramos decrecientes, mientras que en el ámbito ferroviario los acuerdos lograron sostener porcentajes compatibles con la pauta al distribuirlos mensualmente.

El sector público, en tanto, exhibe una excepción parcial. El Gobierno habilitó una recomposición levemente superior a la inflación para compensar atrasos salariales, acuerdo que fue aceptado por la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) pero rechazado por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que mantiene una postura crítica y anticipa medidas de fuerza.

La mirada ahora se posa sobre la negociación de Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios, el gremio más numeroso del país. Su acuerdo no sólo impacta sobre más de un millón de trabajadores, sino que funciona como referencia para el resto de las actividades. El desafío será encontrar un equilibrio entre recomposición salarial y cumplimiento de los requisitos de homologación, clave en un sector con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas.

La estrategia oficial introduce un cambio sustantivo en la lógica paritaria: la homologación deja de ser un trámite administrativo para convertirse en una herramienta de disciplinamiento macroeconómico. En los hechos, el Gobierno establece un techo indirecto que condiciona la negociación colectiva y reduce el margen de maniobra de los sindicatos.

Este esquema genera una dinámica dual. Por un lado, gremios con mayor poder de presión o capacidad de conflicto evalúan tensar la cuerda y negociar por fuera de la validación oficial. Por otro, sectores más dependientes de la homologación —por estructura empresarial o nivel de formalidad— tienden a aceptar acuerdos más moderados, aun cuando impliquen resignar recuperación salarial.

El antecedente de 2025, cuando acuerdos por encima de la pauta quedaron congelados durante meses, actúa como un factor disciplinador adicional. La incertidumbre sobre la validación estatal se convierte así en un elemento central de la negociación.

Con inflación persistente y salarios rezagados, el nuevo esquema paritario anticipa un año de alta conflictividad. La política de homologación selectiva redefine el equilibrio de fuerzas entre el Gobierno y los gremios, y abre un escenario donde la disputa por el poder adquisitivo se trasladará, cada vez más, del ámbito de la negociación al terreno del conflicto.

Continúe Leyendo

destacada

Monotributistas sin elección: el Estado reasignará cobertura médica de forma directa

En un entorno marcado por la fragilidad del sistema de salud y la creciente salida de entidades del padrón oficial, el Gobierno nacional avanzó con una medida que modifica de manera sustancial la lógica de afiliación de los monotributistas. A través de la Resolución 492/2026, publicada el 19 de marzo en el Boletín Oficial, dispuso la asignación automática de una nueva obra social para aquellos afiliados que queden sin cobertura.

La normativa, establece la creación de un registro específico de agentes del seguro de salud habilitados para recibir a estos beneficiarios. Se trata de un esquema preventivo que apunta a evitar interrupciones en la atención médica frente al cierre o la inhabilitación de obras sociales, una situación que se ha vuelto recurrente en los últimos meses.

Hasta ahora, el procedimiento contemplaba que cada monotributista gestionara por su cuenta el cambio de cobertura, con la posibilidad —aunque no siempre efectiva— de elegir una nueva entidad. Con la nueva resolución, ese margen de decisión queda reducido: el traspaso será automático hacia alguna de las obras sociales previamente inscriptas en el registro, lo que introduce un criterio de asignación centralizado.

El ingreso a este listado será voluntario para las obras sociales, aunque condicionado a requisitos estrictos: deberán estar activas, contar con padrón vigente y no atravesar procesos de crisis o liquidación. El objetivo oficial es evitar un efecto dominó que profundice la inestabilidad del sistema.

La medida se inscribe en un momento de creciente preocupación por la sostenibilidad del modelo de cobertura para trabajadores independientes. Días antes de la resolución, la advirtió sobre un fuerte desfasaje estructural entre los costos reales de la atención médica y los aportes que realizan los monotributistas.

Según ese diagnóstico, el Programa Médico Obligatorio supera los $100.000 mensuales por adulto y puede alcanzar entre $160.000 y $170.000 en personas mayores, mientras que el componente destinado a obra social dentro del monotributo se ubica en apenas $21.990,11 desde febrero de 2026. La brecha expone un esquema financieramente inviable en el mediano plazo.

En este aspecto, desde el sector alertan sobre el riesgo de una expulsión progresiva de monotributistas del sistema de obras sociales, con el consecuente traslado de la demanda hacia el sistema público, ya tensionado por restricciones presupuestarias.

La política de fiscalización impulsada durante la gestión de también contribuyó a este escenario. Desde su asunción, más de 160 entidades —entre obras sociales y empresas de medicina prepaga— fueron excluidas del registro oficial por incumplimientos en materia de solvencia, documentación y operatividad. Solo en marzo de 2026, se dieron de baja diez nuevas prepagas.

Continúe Leyendo

destacada

El pescado vuelve a encarecerse hasta 40% en la previa de Semana Santa

El kilo de filet de merluza se ubica entre $9.000 y $10.500 en pescaderías sanjuaninas, consolidando una suba cercana al 40% en un año. A días de Semana Santa, el incremento refleja el peso de la inflación, la estacionalidad y los costos del sector, en un marco de consumo más cauteloso.

A pocos días de una nueva celebración de Semana Santa, uno de los productos emblemáticos de la mesa sanjuanina vuelve a registrar un marcado incremento de precios. El filet de merluza, principal referencia del consumo en esta época, se comercializa actualmente entre $9.000 y $10.500 por kilo, con picos que ya alcanzan los $11.000 según el punto de venta.

La comparación interanual permite dimensionar el impacto: a fines de marzo de 2025, el mismo producto rondaba los $7.500, luego de haber escalado desde los $6.000 el año previo. La dinámica evidencia una tendencia sostenida al alza que, lejos de moderarse, encuentra en la estacionalidad un nuevo impulso.

Desde el sector comercial señalan que este comportamiento no resulta novedoso. En la previa de la festividad del año pasado ya se advertía sobre posibles aumentos adicionales en cuestión de semanas, impulsados por el repunte de la demanda y la presión de los costos. Aquella proyección se cumplió y consolidó un escenario de ajustes periódicos que se mantiene vigente.

A esta sitación se suma la incertidumbre que en algunos momentos generaron faltantes de mercadería, especialmente en los días de mayor demanda. Históricamente, el consumo se concentra en la recta final previa a la celebración, lo que presiona la oferta y suele derivar en remarcaciones de último momento.

En cuanto a la estructura de precios actual, el filet de merluza continúa siendo la opción más accesible dentro del segmento, aunque otras variedades presentan valores significativamente más elevados. El filet de atún y el abadejo se ubican en torno a los $12.500 por kilo, mientras que el congrio puede alcanzar los $16.000. En el caso del salmón, producto importado, los precios escalan hasta un rango de entre $33.000 y $38.000 por kilo.

Los mariscos, por su parte, también registran valores altos, con precios que oscilan entre los $18.000 y los $24.000 por kilo. Esta situación impacta de lleno en platos tradicionales como la paella, cuyo costo se incrementa de manera considerable: una porción para dos personas puede rondar los $12.000, dependiendo de la combinación de ingredientes.

Más allá del incremento de precios, el comportamiento del consumo muestra señales de cambio. Desde las pescaderías locales describen un nivel de ventas estable, sin picos pronunciados, y advierten una menor incidencia de las tradiciones religiosas en los hábitos de compra en comparación con años anteriores.

En este marco, el pescado mantiene cierta competitividad frente a la carne vacuna, cuyos valores también han experimentado fuertes subas, lo que podría favorecer una leve reactivación de la demanda en las próximas semanas. Sin embargo, el factor precio continúa siendo determinante en la decisión de compra.

Las subas responden, en gran medida, a la actualización progresiva de costos en línea con la inflación acumulada, junto con variables propias del sector como paritarias, logística y estacionalidad. De cara a los próximos días, no se descartan nuevos incrementos, aunque se estima que serían acotados, en torno al 2% o 3%.

En la antesala de Semana Santa, el filet de merluza vuelve a posicionarse como un termómetro del poder adquisitivo y de los focos inflacionarios . Con precios en alza y un consumo más selectivo, la tradición persiste, aunque adaptada a un contexto económico más restrictivo.

Las proyecciones indican un escenario de ventas moderadas y ajustes contenidos, con aumentos que no superarían el 5% en el corto plazo. Frente a ello, comerciantes recomiendan anticipar las compras y optar por la conservación en frío, como estrategia para evitar nuevas subas y garantizar disponibilidad en los días de mayor demanda.

Continúe Leyendo

Tendencias