CGT: “toda la responsabilidad del desastre económico es del Gobierno”
Daer y Acuña celebraron el encuentro con Alberto Fernández y aseguraron que será el próximo presidente.
Los secretarios generales de la Confederación General del Trabajo (CGT), Héctor Daer y Carlos Acuña, celebraron el encuentro de ayer en Tucumán con Alberto Fernández, en el marco de los 50 años de la Unión Industrial de Tucumán (UIT), y volvieron a responsabilizar al gobierno de Macri por la crisis económica.
Allí, los referentes de la CGT sostuvieron que “es quizás el primer encuentro de un proceso que nos encontrará en un gran acuerdo social” y criticaron la medida del Gobierno de que las empresas adelanten un bono de 5.000 pesos.
Por su parte, Carlos Acuña garantizó que Fernández será el próximo presidente y ante la pregunta acerca de qué pasaría si el Frente de Todos no gana en octubre afirmó que “¿te imaginas cómo vamos a estar? Fundidos, muertos y sin trabajo”.
Al mismo tiempo, Héctor Daer, espera que “ojalá encontremos rápido el punto de inflexión para volver a crecer, volver a tener consumo y encontrar el rumbo que todos queremos. Para eso, debemos ser un país que deje de basarse sólo en las materias primas y empecemos a pensar una Nación con desarrollo, trabajo, economías regionales y cortando con la bicicleta financiera que erosiona totalmente la producción”.
Respecto de las prioridades del país, Daer afirmó que “hay que cambiar de rumbo. Lo primero que hay que hacer es garantizar la alimentación y la salud de todos los argentinos. La CGT no apoyó a este Gobierno que sistemáticamente vino a quitarnos derechos. Toda la responsabilidad del desastre económico es de este gobierno. Por eso vamos a volver para ser mejores, con Alberto presidente, con Cristina (Fernández) vicepresidenta, con todos los gobernadores y con los trabajadores”.
Por último, en referencia al bono de 5.000 pesos que anunciará el Gobierno nacional para los trabajadores privados, los referentes argumentaron que “será un castigo a las Pymes y un paliativo insuficiente para los empleados” y agregaron que “si no le devolvemos el poder adquisitivo a la gente para que haya consumo, para que las Pymes tengan qué producir y la industria nacional se recupere, no sirve de nada”.
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Correo Argentino: FOECYT endurece su estrategia y activa un plan de lucha con impacto nacional
La Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones puso en marcha una batería de medidas que incluye trabajo a reglamento, movilización y un paro general de 48 horas. Reclama reapertura de paritarias y una compensación salarial ante la caída del poder adquisitivo.
El conflicto en el Correo Argentino ingresó en una etapa de mayor intensidad tras la decisión de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) de profundizar su plan de lucha. Con una estrategia escalonada que combina medidas progresivas y una escalada en aumento, el sindicato busca forzar una respuesta frente al deterioro salarial que, según denuncia, atraviesan los trabajadores del sector.
La resolución fue adoptada por el Secretariado Nacional de la organización, con respaldo unánime del LXXV Congreso Nacional Ordinario realizado en Santa Fe. Allí no solo se ratificó la conducción gremial, sino que también se delineó un esquema de acción que anticipa una disputa prolongada si no se reactivan las negociaciones.
El cronograma comenzó con el establecimiento del estado de alerta y la implementación de trabajo a reglamento desde el 27 de abril, una modalidad que implica el cumplimiento estricto de las tareas según normativa, con el consiguiente impacto en la operatoria cotidiana del servicio. La hoja de ruta continuará con una movilización prevista para el 30 de abril, en articulación con la CGT, y alcanzará su punto más crítico con un paro general de 48 horas los días 4 y 5 de mayo, sin asistencia a los lugares de trabajo.
Tras esa instancia, el sindicato prevé retomar el trabajo a reglamento entre el 6 y el 8 de mayo, en una secuencia que busca sostener la presión de manera continua y visible. El diseño de las medidas responde a una lógica de acumulación progresiva, donde cada acción amplifica el impacto de la anterior y refuerza la capacidad de negociación del gremio.
En el núcleo del conflicto se encuentra la discusión salarial. FOECYT exige la reapertura urgente de paritarias, al considerar que las negociaciones permanecen estancadas mientras los ingresos pierden capacidad de compra. Como parte de su planteo, el sindicato reclama el pago de un bono extraordinario de $840.000, distribuido en cuatro cuotas, con el objetivo de compensar la pérdida acumulada en los haberes.
La organización también cuestiona la adopción de decisiones unilaterales por parte de la empresa en materia de remuneraciones y sostiene que cualquier recomposición debe canalizarse a través de instancias formales de negociación colectiva. Este punto se ha convertido en uno de los ejes centrales de la disputa, al tensionar los márgenes de diálogo entre las partes.
Desde la conducción encabezada por Alberto Cejas se ratificó que el plan de lucha no se detendrá en las medidas ya anunciadas. Por el contrario, se advirtió que podrían intensificarse en las próximas semanas si no se registran avances concretos. El escenario, en consecuencia, permanece abierto: la empresa sostiene limitaciones para dar respuesta a los reclamos, mientras el gremio profundiza su estrategia de presión.
La disputa adquiere relevancia adicional por el rol del Correo Argentino como servicio clave en la logística y las comunicaciones, lo que amplifica el impacto de cualquier interrupción en su funcionamiento. En este contexto, el conflicto trasciende el ámbito estrictamente laboral y se proyecta sobre la dinámica cotidiana de usuarios y actividades económicas vinculadas.
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El FreSU acelera su construcción nacional y proyecta un 1° de mayo con impacto en la agenda sindical
Con la convocatoria a un plenario nacional que reunirá a más de 1.500 delegados, el Frente de Sindicatos Unidos avanza en la consolidación de un espacio sindical que pretende incidir en el rumbo económico y laboral, en un escenario atravesado por recortes, caída del poder adquisitivo y redefiniciones del rol estatal.
El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) dio un paso decisivo en su proceso de consolidación al anunciar la realización de un plenario nacional el próximo 1° de mayo, en coincidencia con el Día del Trabajador. La convocatoria, que prevé la participación de alrededor de 1.500 delegados de todo el país, se presenta como una instancia de articulación que busca trascender lo declarativo y avanzar hacia la construcción de una estrategia común dentro del movimiento obrero.
El anuncio se formalizó en el cierre del 15° Plenario de Delegados de Base Aceiteros y Desmotadores, realizado en la Ciudad de Buenos Aires, donde confluyeron dirigentes sindicales de diversos sectores. Allí, el espacio ratificó su decisión de sostener la unidad de acción como principio organizador y definió a la huelga como herramienta central de intervención en el escenario laboral.
Entre los principales referentes, Abel Furlán (Unión Obrera Metalúrgica) planteó la necesidad de discutir un modelo de desarrollo desde la perspectiva de los trabajadores, al advertir que sin articulación colectiva resulta inviable recomponer el salario real. En la misma línea, Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, amplió el alcance del debate al incluir la soberanía sobre los recursos naturales estratégicos y el cuestionamiento a marcos normativos que —según expresó— favorecen la transferencia de activos nacionales.
El espacio también nuclea a referentes como Clara Chevalier, Carlos Minucci, Fabián González, María Fernanda Boriotti y Oscar Martínez, quienes aportaron diagnósticos sectoriales que confluyen en un mismo eje: la pérdida sostenida del poder adquisitivo y el deterioro de las condiciones laborales.
Uno de los puntos más concretos que emergieron del encuentro fue la propuesta de fijar un Salario Mínimo, Vital y Móvil en 2.802.755 pesos, cifra que el espacio plantea como referencia para recomponer ingresos en un contexto inflacionario persistente. La iniciativa, sin embargo, abre un interrogante sobre su viabilidad en un esquema económico condicionado por restricciones fiscales y tensiones macroeconómicas.
Alertas sectoriales y diagnóstico compartido
El debate no se limitó a las consignas generales. Desde el ámbito universitario y sanitario, representantes de CONADU y FESPROSA advirtieron sobre un proceso de deterioro estructural que, a su entender, responde a una lógica de reducción de costos laborales. La caída del financiamiento en ambas áreas, señalaron, impacta no solo en los trabajadores sino también en la calidad de los servicios.
A su vez, dirigentes de sectores estratégicos como Vialidad y energía pusieron el foco en la situación de las empresas estatales, atravesadas por recortes presupuestarios y redefiniciones de gestión. En ese marco, la necesidad de coordinación intersindical aparece como una condición indispensable para sostener capacidad de negociación frente a decisiones que exceden a cada actividad en particular.
De la consigna a la construcción política
El encuentro realizado en el Club Español, que reunió a unos 200 delegados aceiteros de distintos puntos del país, funcionó como plataforma de lanzamiento para una etapa de mayor estructuración del FreSU. Allí, Daniel Yofra, secretario general de la Federación Aceitera y Desmotadora, destacó el carácter permanente que busca asumir el espacio y la centralidad de la participación de base en su desarrollo.
“El FreSU vino para quedarse”, afirmó el dirigente, al tiempo que subrayó que la fortaleza del frente dependerá de su capacidad para sostener organización territorial y presencia en los lugares de trabajo. La definición no es menor: en un mapa sindical fragmentado, la construcción de legitimidad requiere algo más que coincidencias discursivas.
En esa línea, el plenario del 1° de mayo será el ámbito donde se presentará un programa integral que articule las demandas de los distintos sectores bajo tres ejes principales: salario, empleo y condiciones laborales. La intención es avanzar hacia un plan de acción que no solo exprese resistencia, sino que también configure una propuesta alternativa.
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Casa Rosada sin prensa: el veto a periodistas desata una crisis de alcance institucional
La prohibición de ingreso a periodistas en la Casa Rosada, dispuesta por el gobierno de Javier Milei y ejecutada por el secretario de Comunicación, Javier Lanari, provocó una reacción transversal de sindicatos, entidades periodísticas y legisladores. La medida, sin antecedentes en la etapa democrática reciente, expone un deterioro en el vínculo entre el poder y la prensa.
La decisión de impedir el ingreso de periodistas acreditados a la Casa Rosada irrumpió sin aviso previo y alteró de manera abrupta el funcionamiento habitual de la cobertura presidencial. Más de medio centenar de profesionales quedaron excluidos de su ámbito de trabajo en una jornada sin comunicación formal, lo que profundizó la incertidumbre y alimentó cuestionamientos sobre las motivaciones de fondo.
El episodio no aparece aislado. Se inscribe en una secuencia de acciones que, en pocas semanas, endurecieron el vínculo entre el oficialismo y los medios. Suspensiones de acreditaciones, descalificaciones públicas y acusaciones sin resolución judicial configuran un cuadro que distintas organizaciones interpretan como un deterioro progresivo de las condiciones para el ejercicio del periodismo.
La reacción institucional fue inmediata. La Confederación General del Trabajo, conducida por Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo, advirtió que la restricción compromete el derecho social a la información. En términos similares se pronunciaron el Sindicato de Prensa de Buenos Aires y el Foro de Periodismo Argentino, que coincidieron en señalar la gravedad de una decisión que altera las condiciones básicas de cobertura en la sede del Poder Ejecutivo.
Desde el Congreso, el tema escaló con rapidez. Diputados nacionales como Juan Marino, Mónica Frade, Esteban Paulón, Sabrina Selva, Nicolás Massot y Natalia de la Sota impulsaron la reactivación de la Comisión de Libertad de Expresión, con el objetivo de convocar a periodistas y funcionarios para analizar el alcance de la medida. La heterogeneidad política de los firmantes refleja una preocupación que trasciende alineamientos partidarios.
La justificación oficial, expresada por Lanari, aludió a razones preventivas vinculadas a una denuncia por presunto espionaje ilegal contra periodistas del canal TN. El argumento, sin embargo, fue cuestionado por su carácter generalizado: la sanción alcanzó a la totalidad de los acreditados pese a tratarse de un caso puntual sin resolución judicial firme. Para las entidades periodísticas, esa respuesta resulta desproporcionada y carece de sustento razonable.
A ello se suma un elemento que incrementa las dudas: la medida coincidió con una reunión reservada del Presidente con el empresario tecnológico Peter Thiel, desarrollada bajo un estricto hermetismo. La simultaneidad entre el cierre informativo y un encuentro de alto perfil alimentó interpretaciones sobre una posible intención de limitar la cobertura en momentos sensibles.
El trasfondo político tampoco pasa inadvertido. El vocero presidencial Manuel Adorni atraviesa cuestionamientos públicos, mientras que el asesor Santiago Caputo aparece asociado a la estrategia más confrontativa del oficialismo. En ese entramado, distintas fuentes describen tensiones internas y decisiones adoptadas con fuerte carga táctica, en un clima marcado por investigaciones judiciales y dificultades económicas que presionan sobre la agenda gubernamental.
El resultado es un contexto de creciente precariedad comunicativa. La restricción no solo interrumpe el flujo informativo, sino que también debilita un mecanismo esencial de control democrático: la posibilidad de que los actos de gobierno sean observados, interrogados y difundidos sin obstáculos indebidos.
En ese clima, comenzó a tomar forma la posibilidad de una protesta por parte de los periodistas afectados. La eventual concentración en Plaza de Mayo podría trasladar el conflicto al espacio público y amplificar su impacto político en un momento especialmente sensible.
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