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Desde el inicio del año se reavivó la Red Intersindical contra la Violencia Laboral. Ya son más de 70 organizaciones que se nuclean en ella. Buscan una ley nacional y la ratificación del convenio de la OIT contra la violencia y el acoso.


Durante los primeros meses del 2019 más de 30 organizaciones gremiales impulsaron la creación de la Red Intersindical contra la Violencia Laboral. La misma nació a partir de un acta compromiso firmada en el 2012 con más de 100 organizaciones de todo el país, con el apoyo del entonces Ministerio de Trabajo.

Entre los objetivos de esta red se propone acompañar, asesorar y representar a trabajadores que atraviesan situaciones de violencia laboral, incluyendo la violencia de género en el ámbito laboral.

Además se plantean la capacitación para combatir la violencia laboral en todas sus formas, la inclusión de cláusulas específicas en los Convenios Colectivos de Trabajo, la aplicación de protocolos de actuación y prevención, el desarrollo de nodos en todo el país, la integración intersindical y lograr implementar una ley nacional sobre violencia laboral.

Además reclamarán la ratificación y el cumplimiento efectivo del Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo para la eliminación de la violencia y el acoso en el mundo laboral.

En lo que va del año la convocatoria a los encuentros fue creciendo y ya son más de 70 los sindicatos que se nueclean, agrupados por comisiones de trabajo.

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Paritaria nacional sin acuerdo: Docentes rechazaron la propuesta y la negociación pasó para abril

Los cinco gremios docentes nacionales rechazaron de manera unánime la propuesta del Gobierno, al considerar que no recompone la pérdida del poder adquisitivo. La negociación se retomará el 8 de abril en un escenario de fuerte deterioro salarial y reclamos por financiamiento educativo.

La tercera reunión de la paritaria nacional docente, realizada el jueves 19 de marzo, concluyó sin acuerdo entre las autoridades de la Secretaría de Educación y las organizaciones sindicales del sector. Lejos de acercar posiciones, el encuentro profundizó las diferencias: el Gobierno ratificó su oferta salarial y los gremios la rechazaron de manera unificada por considerarla insuficiente frente a la acelerada pérdida de ingresos que atraviesa el colectivo docente.

La propuesta oficial, según detallaron los representantes gremiales, contempla elevar el salario mínimo docente a $650.000 en marzo y $700.000 en abril. Sin embargo, los sindicatos cuestionaron que esos valores no sólo resultan insuficientes en términos reales, sino que además reproducen niveles salariales ya superados por la dinámica inflacionaria.

Desde la Unión Docentes Argentinos (UDA), su secretario general, Sergio Romero, confirmó el rechazo inmediato de la propuesta y señaló que no hubo avances sustanciales en la negociación. La postura fue compartida por la Confederación de Educadores Argentinos (CEA), cuyo titular, Fabián Felman, cuestionó con dureza la falta de actualización real del salario mínimo, al que calificó como equivalente a valores de fines de 2023.

En la misma línea se expresó el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP). Su secretaria general, Marina Jaureguiberry, advirtió que el piso propuesto pierde sentido como referencia nacional, dado que —según sostuvo— ninguna provincia se ubica actualmente por debajo de los $700.000. La dirigente también insistió en la necesidad de restituir el Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), eliminado por el Gobierno, y de reabrir instancias de discusión sobre condiciones laborales y salud docente.

Por su parte, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) remarcó que la oferta oficial no compensa la pérdida del poder adquisitivo acumulada en los últimos meses. En un presente de creciente precarización, el gremio alertó que miles de docentes se ven obligados a multiplicar cargos o buscar ingresos complementarios para sostener su nivel de vida.

El cuadro se completa con la participación de la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET), que junto al resto de las organizaciones conforma la representación sindical nacional del sector. La coincidencia en el rechazo evidencia un frente gremial cohesionado frente a una oferta que consideran alejada de las necesidades actuales.

El conflicto docente expone una rigidez estructural entre la política de contención del gasto público y la urgencia de recomponer salarios en un sector clave del sistema educativo. La eliminación del FONID —históricamente un componente central del ingreso docente— profundizó el deterioro salarial y debilitó la capacidad del Estado nacional para fijar un piso que funcione como referencia efectiva en las negociaciones provinciales.

A su vez, la discusión paritaria pierde eficacia cuando el salario mínimo se ubica por debajo de los valores reales que ya pagan las jurisdicciones, lo que desdibuja su rol ordenador. En este escenario, los gremios elevan sus demandas hacia una recomposición más significativa —en algunos casos cercana al millón de pesos— que permita recuperar parte del poder adquisitivo perdido.

La falta de acuerdo también abre interrogantes sobre el impacto en el ciclo lectivo y la posibilidad de medidas de fuerza si no se registran avances en la próxima instancia de negociación.

Sin señales de mejora en la oferta oficial, la paritaria nacional docente entra en una fase de estancamiento que refleja el deterioro de los ingresos del sector y la fragilidad del esquema de financiamiento educativo. El cuarto intermedio hasta el 8 de abril aparece como una oportunidad clave para redefinir posiciones: de no mediar una propuesta superadora, el problema podría escalar y trasladarse a las aulas, con consecuencias directas sobre la continuidad del ciclo lectivo y el sistema educativo en su conjunto.

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Alerta en el Banco Central: clausuran 12 sedes y crece la preocupación en las provincias

La decisión del Directorio del Banco Central de la República Argentina, encabezado por Santiago Bausili, afecta sedes clave en todo el país. El gremio La Bancaria denuncia pérdida de capacidades operativas, riesgo laboral y debilitamiento del control financiero fuera del Área Metropolitana.

El cierre de 12 agencias regionales del Banco Central de la República Argentina abre una nueva fase en la reconfiguración del organismo monetario. La medida, que impacta de forma directa sobre 32 trabajadores, alcanza a dependencias ubicadas en Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Formosa, La Rioja, Paraná, Posadas, Río Cuarto, Río Gallegos, Río Grande, Salta, San Juan y Santa Rosa.

Desde la conducción del Central justificaron la decisión en la transformación del sistema financiero: menor uso de efectivo, expansión de los pagos digitales y mayor bancarización. Bajo ese diagnóstico, sostienen que resulta necesario “adecuar la estructura operativa” a una nueva lógica de funcionamiento.

Sin embargo, la medida encontró una rápida respuesta del sindicato La Bancaria, que encuadró el cierre dentro de un proceso más amplio de reducción del organismo. Para el gremio, no se trata solo de una reorganización técnica, sino de un recorte que erosiona capacidades construidas durante décadas.

El núcleo del conflicto excede lo estrictamente laboral. Las agencias regionales cumplen funciones críticas: distribución de billetes y monedas, provisión de efectivo a entidades financieras, compensación interbancaria, custodia y supervisión operativa. Su desaparición plantea interrogantes concretos sobre cómo se sostendrá ese entramado en territorios alejados de los grandes centros urbanos.

El impacto resulta especialmente sensible en la Patagonia. El cierre de sedes en Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y Río Grande deja a la región sin presencia directa del Banco Central, lo que podría traducirse en mayores costos logísticos, demoras en la provisión de efectivo y una dependencia creciente de centros operativos distantes.

En ese sentido, emerge otro foco de tensión: la posibilidad de traslados compulsivos. Desde el gremio advierten que esa alternativa desconoce las realidades personales y familiares de los trabajadores, y reclaman garantías de estabilidad laboral en un contexto de incertidumbre creciente.

El cierre de agencias no puede leerse de forma aislada. Se inscribe en una discusión más profunda sobre el rol del Banco Central de la República Argentina dentro del esquema económico impulsado por el gobierno de Javier Milei, quien ha planteado en reiteradas ocasiones la necesidad de reformular —e incluso eliminar— la institución.

Aunque no existe un plan integral público que detalle esa transformación, la reducción territorial aparece como un indicio concreto de cambio de paradigma: de un Banco con presencia federal activa a una estructura más concentrada y posiblemente más dependiente de la digitalización financiera.

El interrogante de fondo es si esa transición puede sostenerse sin afectar el funcionamiento cotidiano de la economía real. En amplias regiones del país, el efectivo continúa siendo un instrumento central, especialmente en economías informales, zonas rurales o localidades con menor acceso a servicios bancarios digitales.

La decisión de cerrar agencias del Banco Central de la República Argentina abre un doble frente de conflicto: por un lado, el laboral, con 32 trabajadores en situación de vulnerabilidad; por otro, el operativo, con dudas crecientes sobre la capacidad del Estado para garantizar el control y la distribución del efectivo en todo el territorio.

En un país con fuertes asimetrías regionales, la retirada del Banco Central del interior no es solo una cuestión administrativa. Es, sobre todo, una señal política y económica que reconfigura el vínculo entre el sistema financiero y las provincias, con consecuencias que aún están por medirse.

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Ajuste en el Correo Argentino: menos trabajadores y cierre de oficinas en el interior sanjuanino

La reestructuración del Correo Argentino comienza a mostrar efectos concretos en el interior del país. En San Juan, el proceso de ajuste ya se traduce en una reducción significativa del personal y en el cierre de oficinas que cumplen un rol clave en comunidades alejadas.

Desde la asunción del presidente Javier Milei, la plantilla de trabajadores en la provincia pasó de aproximadamente 200 empleados a unos 160, lo que implica una merma cercana al 20%. La cifra refleja una tendencia de retracción que, según denuncian los gremios, se replica a nivel nacional.

La Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) confirmó además que a fines de marzo cerrará la sucursal ubicada en el departamento San Martín. La oficina, situada sobre avenida Domingo Sarmiento, quedará fuera de funcionamiento y el único trabajador que se desempeña allí será reubicado en otra dependencia.

Víctor Ortega, dirigente del gremio, describió el escenario como “muy malo”, al vincular la reducción del personal con el deterioro del poder adquisitivo y la caída de la actividad. “Están quedando muy pocos trabajadores”, advirtió, al tiempo que subrayó el impacto que tendrá el cierre en la comunidad local.

La clausura de la sucursal implica la pérdida de servicios esenciales para la población: envío de correspondencia, cartas documento, telegramas, paquetería a través del sistema PAQ.AR y logística vinculada al comercio electrónico. También dejará de funcionar como punto de retiro de compras online, pago de servicios, gestión de oficios judiciales y trámites administrativos, lo que profundiza el aislamiento de la zona.

El caso de San Martín no es aislado. Ortega señaló que ya se han cerrado otras oficinas en la provincia, como la del departamento Angaco, en una dinámica que reduce la presencia territorial del correo estatal y limita el acceso a servicios básicos en localidades periféricas.

A nivel nacional, un informe del Centro de Economía Política Argentina ubica al Correo Argentino como la empresa estatal con mayor cantidad de desvinculaciones desde el inicio de la actual gestión, con un total de 5.284 bajas.

El proceso de ajuste en el Correo Argentino no solo redefine la estructura interna de la empresa, sino que también impacta directamente en el tejido social de las comunidades más alejadas. La reducción de personal y el cierre de oficinas exponen una problemática creciente entre la racionalización del gasto y la función estratégica de un servicio público que, en vastas regiones del país, continúa siendo un nexo indispensable para la integración territorial.

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