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Alarma en el comercio de San Juan por cierre de locales y preocupación por los puestos de trabajo

La crisis comercial en San Juan provoca nuevos cierres y afecta el empleo, según advirtió el Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) tras las bajas de la sucursal de Vea en Villa Krause, el mayorista Cabral y el inminente cierre de Niko Calzados
El caso de Vea involucra directamente a 12 trabajadores. Según explicó la secretaria general del SEC, Mirna Moral, los empleados fueron notificados del cierre aproximadamente 15 días antes de concretarse y comenzaron a recibir propuestas de desvinculación. Algunos analizan aceptar los acuerdos ofrecidos, mientras otros evalúan alternativas vinculadas con la continuidad laboral, la cobertura de salud y el acceso al seguro de desempleo.
La situación del mayorista Cabral suma otros 18 puestos de empleo. El local de calle Nuche dejó de funcionar el 4 de octubre y, según la información transmitida por el gremio, la decisión estaría relacionada con la necesidad de reducir costos y achicar la estructura de la empresa.
Entre los factores determinantes se encuentran los costos operativos del establecimiento, destacando un alquiler mensual aproximado de $14 millones, además de la planilla salarial y los servicios públicos. Al respecto, voceros de la firma indicaron que se estudia la reubicación de una parte de la plantilla en el futuro local de Rawson, el cual se encuentra en fase de construcción.
Asimismo, trascendió que Niko Calzados planea clausurar una de sus sedes en la peatonal sanjuanina, una decisión que ya habría sido informada a sus dependientes. Ante esto, el SEC anunció que intervendrá para revisar las propuestas de la empresa y gestionar posibles traslados.
El impacto laboral de los cierres todavía no puede traducirse íntegramente en despidos efectivos, ya que en algunos casos continúan las negociaciones y existe la posibilidad de trasladar trabajadores a otros establecimientos. Sin embargo, los tres episodios comprometen más de 30 puestos de trabajo y vuelven a instalar la preocupación por la capacidad del comercio para sostener sus estructuras.
Moral vinculó esta sucesión de cierres con el deterioro del poder de compra y el aumento de los costos que deben afrontar las empresas. “Estamos pasando épocas bastante malas, de crisis grande, donde ni siquiera los supermercados se están salvando”, sostuvo la dirigente mercantil.
El problema excede la pérdida inmediata de un empleo. Para los trabajadores, una desvinculación implica afrontar alquileres, servicios, deudas y gastos familiares con ingresos que ya vienen condicionados por la evolución de los precios. La eventual pérdida de cobertura médica y el tiempo necesario para conseguir una nueva ocupación agregan presión sobre los hogares.