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San Juan se prepara para una primavera con más agua y nuevos riesgos climáticos

La consolidación de El Niño, la acumulación de nieve en la cordillera y la llegada de la temporada de mayores temperaturas obligan a reforzar el monitoreo hídrico y la prevención. El desafío provincial será administrar el aporte de agua y, al mismo tiempo, reducir los riesgos de crecidas, aluviones y tormentas intensas.

San Juan ingresa en una primavera marcada por una combinación que no se presentaba con esta intensidad durante los últimos años: El Niño se encuentra plenamente instalado, la cordillera acumuló una reserva de nieve significativa y comienza el período en que el aumento de las temperaturas puede acelerar el deshielo. Para una provincia que atravesó una prolongada escasez hídrica, el mayor aporte de agua constituye una oportunidad, pero también exige preparación ante eventuales crecidas.

El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones del océano Pacífico son compatibles con una fase cálida de El Niño. En su actualización de agosto, el organismo estimó una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persistiera durante el trimestre agosto-septiembre-octubre. Los últimos informes internacionales muestran, además, un fortalecimiento del fenómeno.

El dato no permite traducir de manera directa El Niño en una determinada cantidad de lluvia para la provincia. El fenómeno modifica los patrones de circulación atmosférica y aumenta la probabilidad de determinadas condiciones meteorológicas, pero sus efectos varían según la región y no permiten anticipar hoy dónde ni cuándo se producirá una tormenta intensa.

  1. El Niño cambia las probabilidades, no determina una tormenta
    El Niño se origina por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y altera la interacción entre el océano y la atmósfera. En 2026, las temperaturas del Pacífico oriental alcanzaron anomalías superiores a los 3 °C en algunas áreas y el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos elevó a más del 90% la probabilidad de un episodio muy fuerte durante el otoño e invierno boreal.
    Para San Juan, la importancia está en observar cómo esa configuración se combina con las condiciones locales. El pronóstico estacional permite detectar tendencias con meses de anticipación; los sistemas de corto plazo, en cambio, son los que permiten precisar la llegada de tormentas, lluvias intensas o episodios de granizo.
  2. La nieve acumulada será determinante cuando llegue el calor
    La otra pieza fundamental está en la cordillera. Después de varios años con bajos aportes nivales, la mayor acumulación registrada durante este invierno modifica las perspectivas para el próximo ciclo hídrico.
    Pero la cantidad de nieve no es el único dato relevante. También importa cómo y cuándo se producirá el deshielo. Una transición gradual hacia temperaturas más elevadas permite que el aporte a los ríos se distribuya durante un período más prolongado. Un ascenso brusco puede acelerar el derretimiento y concentrar mayores volúmenes en menos tiempo.
    La propia experiencia reciente de San Juan muestra la importancia de ese seguimiento: el Departamento de Hidráulica advirtió que durante el ciclo anterior parte de la nieve permaneció retenida o se perdió por sublimación debido a las bajas temperaturas, reduciendo el escurrimiento respecto de las estimaciones iniciales.
  3. Más agua beneficia a la provincia, pero una crecida rápida puede generar daños
    El aumento del aporte hídrico es particularmente relevante para San Juan después de los años de sequía. Una mayor disponibilidad permitiría recomponer reservas y mejorar las perspectivas para el consumo, el riego y la producción, además de aportar a los embalses.
    El riesgo aparece cuando el agua se concentra en períodos breves. Una tormenta intensa puede incrementar rápidamente los caudales de ríos y arroyos, activar cauces aluvionales y transportar barro, piedras y otros materiales. En áreas de piedemonte o próximas a cursos de agua, esos procesos pueden afectar viviendas, caminos y servicios.
    El granizo constituye otra variable de atención para la producción agrícola, mientras que las crecidas repentinas pueden comprometer rutas y accesos, particularmente en departamentos cordilleranos y zonas con antecedentes aluvionales.
  4. Los embalses regulan los caudales, pero no reemplazan la prevención
    San Juan dispone de una infraestructura hidráulica que permite administrar parte de los aportes provenientes de la cordillera. Caracoles, Punta Negra y Ullum, sobre el río San Juan, y Cuesta del Viento, en el río Jáchal, cumplen funciones centrales en la regulación y almacenamiento del recurso.
    La preparación, sin embargo, comienza antes de que el agua llegue a los diques. La revisión de cauces, defensas, puentes, alcantarillas y caminos resulta determinante para evitar que una crecida encuentre obstáculos o puntos vulnerables.
    Por eso, la prevención provincial involucra a distintos organismos y municipios, con especial atención sobre áreas de Calingasta, Iglesia, Jáchal, Valle Fértil, Albardón, Sarmiento, Zonda y Ullum, entre otras zonas que presentan exposición a crecidas o procesos aluvionales.
  5. El pronóstico permite anticipar tendencias, pero los tiempos cambian según el fenómeno
    La capacidad de anticipación no es igual para todos los riesgos. Una tendencia climática estacional puede conocerse con meses de anticipación; la evolución del deshielo puede seguirse mediante mediciones de nieve, temperatura y caudales; una tormenta severa, en cambio, puede desarrollarse en pocas horas.
    Esa diferencia explica por qué la prevención no depende de acertar una fecha exacta. Consiste en disponer de información actualizada, mantener operativa la infraestructura y contar con mecanismos de respuesta cuando los pronósticos de corto plazo advierten condiciones adversas.
    Después de años de escasez, San Juan afronta la posibilidad de un ciclo con mayor disponibilidad de agua, pero el desafío ya no es solamente conseguir que el recurso llegue: también será necesario administrarlo y reducir los riesgos asociados a aportes concentrados, tormentas intensas y crecidas repentinas.
    La consolidación de El Niño no anticipa por sí sola una emergencia. Sí refuerza la necesidad de monitorear, con mayor atención, cómo interactúan el comportamiento atmosférico, la nieve cordillerana y el sistema hídrico provincial durante los próximos meses.

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