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Orrego anticipó un año hídrico excepcional y encabezará la prevención

El gobernador Marcelo Orrego anticipó que el próximo año hídrico podría presentar volúmenes de agua similares a los registrados hace cuatro décadas y confirmó que conducirá personalmente el Comité de Crisis. La provincia prepara obras y controles ante un deshielo que podría marcar un fuerte contraste con los años de sequía.

Después de varios años signados por la escasez, San Juan se prepara para un cambio drástico en sus condiciones hídricas. El pimer mandatrio provincial advirtió que el siguiente ciclo podría registrar un caudal extraordinario en el río San Juan y confirmó que asumirá personalmente la conducción del Comité de Crisis que coordinará las acciones preventivas.

La preocupación está vinculada con la acumulación de nieve en la Cordillera durante el invierno y con el volumen que podría transformarse en escurrimiento durante el deshielo. El pronóstico hídrico definitivo para la temporada 2026-2027 será determinante para establecer con mayor precisión cuánto recurso llegará a los principales cauces provinciales.

Orrego sostuvo que la magnitud esperada podría remontarse a niveles que San Juan no registra desde la década de 1980. Por ese motivo, la preparación involucrará a organismos de seguridad, Defensa Civil, Infraestructura, Hidráulica y otras dependencias provinciales.

“Yo voy a estar adelante de ese comité”, afirmó el mandatario, quien anticipó que el objetivo será coordinar las intervenciones necesarias para reducir los posibles efectos derivados de un volumen excepcional de agua. También reconoció que, aun con las medidas preventivas, podrían producirse consecuencias debido a la magnitud del fenómeno.

Los antecedentes que explican la advertencia

Los registros históricos del Departamento de Hidráulica permiten dimensionar la referencia realizada por el gobernador. Durante los años ’80, el río San Juan atravesó varios ciclos de abundancia muy superiores a los volúmenes observados en la última década.

En la temporada 1982-83, el derrame alcanzó los 3.793 hectómetros cúbicos (hm³). Dos años después llegó a 3.621 hm³, mientras que el máximo de aquella década se produjo en 1987-88, con 4.664 hm³.

La diferencia con los años recientes resulta significativa. Entre 2019-20 y 2021-22, el río registró apenas 636, 609 y 536 hm³, respectivamente. La recuperación posterior llevó el derrame a 1.010 hm³ en 2022-23 y a 1.061 hm³ durante 2023-24.

El contraste volvió a ser pronunciado en el ciclo 2025-26. Aunque inicialmente se había estimado un derrame cercano a 950 hm³, la proyección fue revisada a medida que avanzó la temporada y en julio se calculó un cierre de entre 630 y 640 hm³. El período hídrico concluirá el 30 de septiembre.

Si se compara esa estimación con los 4.664 hm³ registrados en 1987-88, la diferencia supera ampliamente los siete veces. El desafío, por lo tanto, no está relacionado solamente con disponer de más agua después de años secos, sino también con administrar eventuales excedentes de manera segura.

Más infraestructura para afrontar un escenario diferente

San Juan cuenta actualmente con una capacidad de regulación que no existía en la década de 1980. El sistema del río San Juan incorporó, además de la presa de Quebrada de Ullum —inaugurada en 1980—, los diques Los Caracoles y Punta Negra, mientras que el sistema provincial también dispone de infraestructura como Cuesta del Viento.

En este sentido, la Provincia licitó trabajos de mantenimiento por $1.061,8 millones destinados a Ullum, Punta Negra, Los Caracoles y Cuesta del Viento, con una duración prevista de un año.

La combinación entre una mayor acumulación nívea y una infraestructura de regulación más desarrollada coloca a San Juan ante un desafío distinto al de los últimos años. La prioridad oficial será conocer con precisión el volumen disponible y anticipar las maniobras necesarias antes de que comience el período de mayor deshielo.

La definición del pronóstico 2026-2027 marcará el próximo punto de referencia. Hasta entonces, la Provincia profundizará la preparación institucional para un ciclo que podría modificar de manera sustancial la administración del recurso hídrico después de años de caudales excepcionalmente bajos.

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