destacada
Salarios, deuda y consumo: las advertencias de uno de los empresarios más ricos del país

Roberto Urquía, propietario de Aceitera General Deheza y exsenador nacional, reconoció los avances del Gobierno en materia fiscal e inflacionaria, pero advirtió que esa mejora todavía no se refleja en los ingresos de los trabajadores ni en las ventas. También cuestionó el endeudamiento familiar, las tasas de algunas financieras y la apertura de las importaciones.
El empresario cordobés Roberto Urquía, propietario de Aceitera General Deheza (AGD) y uno de los principales referentes del complejo agroindustrial argentino, lanzó una advertencia sobre el deterioro del consumo y la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.
En declaraciones radiales, Urquía reconoció que el Gobierno de Javier Milei consiguió avances en materia fiscal y logró reducir la inflación, pero sostuvo que esa mejora macroeconómica todavía no se traduce de manera uniforme en la economía cotidiana.
“A los trabajadores no les alcanza para llegar al 15 de cada mes”, afirmó al describir la situación de los asalariados, y agregó que las empresas también enfrentan dificultades para afrontar el pago de salarios. “Hoy les cuesta mucho a las empresas pagar los sueldos y a la gente no le alcanza”, resumió.
Su diagnóstico expuso una de las principales dificultades que enfrenta el programa económico: la distancia entre la estabilización de algunas variables generales y la capacidad efectiva de los hogares para sostener sus gastos. “La macro hoy no llega a algunos sectores de la micro”, sostuvo.
El consumo como principal preocupación
Urquía trasladó esa mirada a las economías regionales y relató lo que observa en su comunidad de origen, en Córdoba. Según explicó, comerciantes con décadas de trayectoria atraviesan dificultades para mantener sus negocios, acumulan deudas y registran una fuerte caída de las ventas.
Para el empresario, la retracción dejó de estar vinculada exclusivamente con el origen de los productos. La menor demanda responde, a su entender, a una reducción de la capacidad de compra de los hogares que afecta tanto a bienes nacionales como importados.
También marcó diferencias entre las distintas ramas de la economía. Mientras identificó un desempeño favorable en minería, Vaca Muerta y parte del complejo agropecuario, señaló que el comercio y otras actividades vinculadas al mercado interno padecen con mayor intensidad el freno del consumo.
La advertencia adquiere relevancia por la posición de quien la formula: Urquía conduce una de las principales compañías agroindustriales del país y, al mismo tiempo, reconoció aspectos centrales del programa económico oficial. Su diagnóstico, por lo tanto, no parte de un rechazo integral al rumbo fiscal y monetario, sino de la preocupación por la demora en la transmisión de sus beneficios hacia empresas y trabajadores.
Endeudamiento y tasas de hasta 1.300%
Otro de los puntos cuestionados fue el crecimiento del endeudamiento de las familias. Urquía apuntó particularmente contra algunas fintech y financieras no bancarias por las tasas que aplican a los créditos destinados a consumidores.
“Hay fintech o estas financieras que han salido nuevas, que están cobrando hasta el 1.300% de interés anual. Es algo increíble”, afirmó.
El empresario reclamó una intervención del Estado para evitar prácticas que consideró abusivas. “Eso no hay que permitirlo. Ahí tiene que estar la intervención del Gobierno”, sostuvo, al considerar que la regulación debe proteger a quienes recurren al crédito para cubrir gastos cotidianos.
La advertencia se produce en un momento en que el crédito de corto plazo adquirió mayor importancia para numerosos hogares que afrontan el final del mes con ingresos insuficientes. El endeudamiento, en ese sentido, aparece como una consecuencia directa de la pérdida de capacidad de compra y como una vía para sostener consumos que los salarios ya no consiguen financiar por sí solos.
Críticas a la apertura importadora
Urquía también expresó reparos frente al avance de las importaciones y al tratamiento diferencial que, según su mirada, reciben las inversiones extranjeras respecto de la producción local.
Advirtió que determinados bienes ingresan al país respaldados por subsidios de sus lugares de origen y sostuvo que esa competencia puede afectar el empleo argentino. “Nos están enviando mano de obra de un país extranjero y quitándole trabajo a nuestra gente”, planteó.
El empresario reclamó una política que contemple con mayor atención a las compañías nacionales y a las economías del interior. “Me parece que se le da mucha importancia al capital extranjero. Al que viene de afuera, se le pone la alfombra roja”, cuestionó.
Las declaraciones vuelven a colocar en el centro del debate la dificultad de compatibilizar la apertura comercial con la recuperación del mercado interno. Mientras algunas ramas exportadoras encuentran mejores condiciones, otras dependen de una demanda doméstica que todavía no recuperó el dinamismo necesario para trasladar la estabilización de la inflación a una mejora perceptible en los ingresos y las ventas.
El diagnóstico de Urquía sintetiza así una preocupación que excede al sindicalismo: la estabilidad de las variables macroeconómicas todavía convive con salarios que pierden capacidad de compra, familias más endeudadas y empresas que enfrentan un mercado interno debilitado.