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Peabody desmontó sus plantas en Argentina y redujo su personal


La controlante Goldmund S.A. desmontó toda la maquinaria y trasladó sus equipos a un depósito en San Martín. La empresa pasó a concentrarse en la comercialización de productos mientras intenta reestructurar un pasivo superior a $39.234 millones. En tres meses, la nómina cayó de 158 a 111 trabajadores.

La crisis de Peabody terminó de modificar el perfil de una de las marcas históricas de electrodomésticos del país. Goldmund S.A., su compañía controlante, dejó de fabricar en la Argentina, desmontó la maquinaria que permanecía instalada y trasladó los equipos a un depósito en San Martín. La empresa también mudó sus oficinas administrativas dentro de la Ciudad de Buenos Aires y actualmente concentra su operatoria en la comercialización de productos, mientras atraviesa un concurso preventivo y busca reestructurar un pasivo que supera los $39.234 millones.

El impacto sobre el empleo fue inmediato. Cuando se abrió el concurso, el 20 de abril, la compañía declaró una dotación de 158 trabajadores. Durante mayo se produjeron 10 bajas y el plantel descendió a 121 personas. En junio se concretaron otras 12 desvinculaciones, principalmente entre trabajadores encuadrados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En ese último mes, además, los retiros voluntarios representaron un desembolso cercano a $89 millones.

La nómina cerró junio con apenas 111 empleados: 47 menos que al comienzo del proceso judicial, una reducción del 29,7% en tres meses. Los informes de la sindicatura también consignaron que la compañía no incorpora personal desde octubre de 2025.

El abandono de la fabricación nacional no surgió con la apertura del concurso, sino que profundizó una transformación que Goldmund ya había iniciado. Parte de la producción, particularmente la vinculada con climatización, había comenzado a realizarse en Paraguay mediante el régimen de maquila. De acuerdo con la documentación presentada ante la Justicia, fabricar allí representa un ahorro de entre 30% y 35%, asociado principalmente a costos laborales, beneficios fiscales y condiciones tributarias diferentes.

La empresa también había planteado que avanzar hacia un esquema basado en importaciones respondía a la pérdida de competitividad de la producción argentina. El propio propietario de Goldmund, Dante Choi, había anticipado públicamente que no contemplaba retomar la fabricación local.

A la pérdida de capacidad industrial se sumó un fuerte deterioro de las ventas. En diciembre de 2025, la compañía había comercializado 62.545 unidades y registrado una facturación de $3.360 millones. Sin embargo, los números posteriores muestran una contracción pronunciada.

En junio, las ventas gravadas se ubicaron en $1.324,5 millones, frente a los $2.737,8 millones registrados en mayo. La caída superó el 52% en un solo mes. La compañía atribuyó el retroceso a la fuerte reducción de los precios promedio de sus productos: según explicó en la documentación judicial, durante los últimos seis meses esos valores se redujeron aproximadamente a la mitad por efecto de las condiciones del mercado, con una incidencia directa sobre la facturación.

Las compras también retrocedieron. Pasaron de $2.579,3 millones en mayo a $1.830,3 millones en junio, en línea con una operatoria cada vez más reducida y con el abandono progresivo de la fabricación nacional.

La presión financiera aparece todavía con mayor claridad al observar el movimiento de caja. Durante junio, Goldmund registró ingresos por ventas por $824,3 millones, mientras sus egresos alcanzaron los $2.326,3 millones. El resultado dejó un déficit operativo de aproximadamente $1.501,9 millones.

Para sostener la continuidad de la empresa, la firma volvió a recurrir a herramientas de financiamiento de corto plazo, entre ellas préstamos y descuento de cheques, mientras afrontaba obligaciones con proveedores nacionales y extranjeros.

El concurso preventivo busca ahora ordenar una estructura financiera deteriorada, pero la transformación empresarial ya produjo un cambio profundo: Peabody dejó de ser un fabricante con capacidad productiva propia en la Argentina y pasó a funcionar fundamentalmente como una compañía comercializadora.

La evolución del caso será seguida dentro del proceso judicial a medida que avance la negociación con los acreedores. Para los trabajadores, en cambio, una parte sustancial del ajuste ya se concretó: 47 puestos de trabajo desaparecieron en apenas tres meses, al mismo tiempo que la histórica marca abandonó definitivamente la fabricación local.

La trayectoria de Goldmund expone el impacto simultáneo de la caída de las ventas, el deterioro financiero y el desplazamiento de parte de la producción hacia otros países. El concurso deberá determinar si la empresa logra recomponer sus cuentas y sostener su marca, pero la primera consecuencia de la crisis ya quedó definida: Peabody redujo drásticamente su estructura laboral y dejó atrás la fabricación de electrodomésticos en la Argentina.

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