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Con amplio respaldo político, Diputados aprobó la ley que redefine la inserción de San Juan en la nueva minería

En medio de la inminente llegada de inversiones multimillonarias para el desarrollo del cobre, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Desarrollo Local Minero, una norma destinada a consolidar la participación de proveedores, trabajadores y empresas sanjuaninas en la cadena de valor. La iniciativa incorpora obligaciones para las compañías, crea mecanismos de control e incentivos fiscales y expone una discusión de fondo sobre cómo distribuir el impacto económico que generará la minería durante las próximas décadas.

La Cámara de Diputados de San Juan convirtió en ley uno de los proyectos económicos más relevantes de la actual gestión provincial. Con una holgada mayoría legislativa, el cuerpo aprobó el Régimen de Desarrollo Local Minero, una herramienta concebida para que la expansión de la actividad extractiva se traduzca en empleo genuino, fortalecimiento empresarial y mayor integración de la producción sanjuanina con los grandes emprendimientos metalíferos.

La iniciativa obtuvo 32 votos afirmativos, dos rechazos y dos abstenciones, aunque posteriormente la diputada Cristina López solicitó dejar registrado su voto favorable en la versión taquigráfica al no encontrarse en el recinto al momento de la votación.

La sanción llega cuando San Juan comienza a posicionarse como uno de los principales polos cupríferos de América Latina. El avance de proyectos de gran escala, varios de ellos incorporados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), abrió una nueva etapa para la provincia, donde el desafío ya no pasa únicamente por atraer capitales sino por garantizar que esa expansión derrame sobre el entramado productivo local.

Ese objetivo constituye el eje central de la nueva legislación.
La norma obliga a las compañías mineras a presentar programas de desarrollo local con metas verificables para incorporar trabajadores sanjuaninos, contratar bienes y servicios provinciales y promover la capacitación permanente del recurso humano. El propósito es consolidar una cadena de abastecimiento con mayor participación de pequeñas y medianas empresas, favoreciendo la generación de empleo calificado y el crecimiento del tejido industrial asociado a la minería.

Entre las metas establecidas figura que las empresas procuren alcanzar una participación mayoritaria de mano de obra sanjuanina, priorizando además a los habitantes de los departamentos donde se ejecutan los proyectos extractivos.

El régimen incorpora, además, un registro oficial de proveedores, sistemas de monitoreo para verificar el cumplimiento de los compromisos asumidos y un esquema de incentivos fiscales destinado a aquellas compañías que superen los objetivos previstos por la legislación.

La construcción del proyecto demandó más de un año de negociaciones entre el Poder Ejecutivo, cámaras empresarias, representantes del sector minero y proveedores locales. Ese consenso volvió a reflejarse durante el debate parlamentario, cuando el oficialismo aceptó modificaciones impulsadas por el bloque justicialista.

Entre los cambios incorporados se resolvió que los planes de desarrollo local formen parte de las Declaraciones de Impacto Ambiental; se incorporó la planificación del cierre de mina dentro de esos programas; se amplió la participación de los municipios y se estableció que las exenciones fiscales deberán contar con intervención de la Legislatura.

Las modificaciones terminaron ampliando el respaldo político de la iniciativa, aunque no evitaron un intenso intercambio respecto de la verdadera capacidad de la provincia para incidir sobre las decisiones de las grandes compañías mineras.

Uno de los planteos más severos correspondió al diputado Jorge Castañeda, quien, pese a votar favorablemente, cuestionó la escasa participación que —a su criterio— tuvieron los gobiernos municipales para impulsar asociaciones capaces de fortalecer a los proveedores regionales. Incluso llegó a sostener que «la ley nace muerta», una afirmación que motivó respuestas inmediatas desde distintos bloques.

El rechazo formal fue expresado por Mario Herrero y Graciela Seva, integrantes de San Juan Vuelve. Ambos coincidieron en que las principales decisiones vinculadas a las inversiones continúan negociándose con el Gobierno nacional y consideraron que la norma difícilmente modifique las condiciones de competencia frente a las empresas beneficiadas por el RIGI, cuyo régimen tributario ofrece ventajas considerablemente más amplias. Desde el oficialismo, en cambio, defendieron la ley como un cambio de paradigma para la política minera provincial.

El diputado Gustavo Usín sostuvo que la experiencia acumulada durante los últimos años permitió construir una legislación mucho más ambiciosa que un simple régimen para proveedores, ya que incorpora herramientas destinadas a desarrollar capacidades productivas permanentes y a consolidar un ecosistema económico vinculado a la minería.

El cierre del debate quedó en manos del presidente del bloque Producción y Trabajo, Juan de la Cruz Córdoba, quien rechazó las críticas opositoras y reivindicó la capacidad técnica y empresarial de las firmas sanjuaninas para competir en igualdad de condiciones dentro de los grandes emprendimientos.

«Algunos diputados menosprecian la calidad del trabajo de nuestros proveedores y hasta su capacidad para comprender el alcance de esta ley. Nosotros creemos que las empresas sanjuaninas poseen experiencia, conocimiento y condiciones suficientes para convertirse en protagonistas del nuevo ciclo de crecimiento que vivirá la provincia», sostuvo antes de la votación definitiva.

La aprobación de la Ley de Desarrollo Local Minero inaugura una nueva etapa para la política productiva de San Juan. El desafío deja de limitarse a la captación de inversiones para trasladarse hacia un objetivo más complejo: transformar el extraordinario potencial geológico de la provincia en desarrollo económico sostenible, empleo de calidad, innovación tecnológica y fortalecimiento de las empresas locales.

La verdadera dimensión de la norma comenzará a medirse cuando los grandes proyectos de cobre entren plenamente en construcción y producción. Será entonces cuando pueda evaluarse si las herramientas aprobadas por la Legislatura logran convertir la riqueza mineral en una plataforma duradera para diversificar la economía sanjuanina y consolidar un modelo de crecimiento con mayor valor agregado dentro de la provincia.

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