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El costo del gas amenaza la producción y el empleo

La combinación entre el retiro de subsidios, una planificación cuestionada y la escalada internacional provocada por el conflicto en Medio Oriente disparó el costo del Gas Natural Licuado a niveles inéditos. Más de un centenar de establecimientos industriales comenzaron a restringir o detener su actividad, mientras el impacto ya se proyecta sobre el empleo, la producción y la competitividad de sectores estratégicos.

El invierno expuso una de las mayores vulnerabilidades del esquema energético argentino. El fuerte incremento del precio del Gas Natural Licuado (GNL), indispensable para abastecer la demanda durante los meses de mayor consumo, modificó por completo la estructura de costos de numerosas actividades manufactureras. Para buena parte de la industria, producir dejó de ser económicamente viable.

La decisión oficial de trasladar al sector privado la adquisición del combustible importado y eliminar los subsidios coincidió con un mercado internacional atravesado por la inestabilidad generada por la guerra en Medio Oriente. El resultado fue una escalada que llevó el valor del GNL hasta los 24 dólares por millón de BTU, muy por encima del costo histórico del gas de red que abastecía a las plantas industriales.

Ese salto alteró la ecuación económica de cientos de empresas. La Unión Industrial Argentina advirtió que más de 130 establecimientos debieron reducir o suspender procesos productivos debido a la imposibilidad de afrontar el nuevo costo energético. En numerosos casos, mantener las líneas de producción activas implica pérdidas superiores a las que ocasiona una paralización temporal.

La industria cerámica aparece entre los sectores más comprometidos. Empresas radicadas en la provincia de Buenos Aires ya interrumpieron completamente sus operaciones tras el corte del suministro firme de gas. Desde el sector explican que reemplazar ese abastecimiento por GNL importado representa un costo extraordinario imposible de absorber sin comprometer la continuidad económica de las compañías. La alternativa de trasladar semejante incremento a los precios finales tampoco resulta viable en un mercado interno que continúa mostrando bajos niveles de consumo.

Las dificultades se extienden a distintas regiones del país. En el norte argentino, cámaras empresarias alertan sobre fuertes restricciones en el suministro que obligarán a numerosas industrias a disminuir turnos de producción o detener completamente sus plantas durante buena parte del invierno. El impacto adquiere especial gravedad en provincias donde la capacidad instalada ya opera por debajo de sus niveles históricos y la actividad manufacturera atraviesa un prolongado proceso de desaceleración.

La emergencia energética también volvió a poner bajo discusión la planificación oficial. Diversos referentes industriales sostienen que la contratación del GNL se realizó con escaso margen frente al inicio del período invernal, reduciendo la posibilidad de acceder a precios más competitivos en el mercado internacional. A esa circunstancia se suma un problema estructural que permanece sin resolver: la insuficiente capacidad de transporte para aprovechar plenamente la producción de Vaca Muerta hacia los principales centros de consumo.

Las obras previstas para ampliar esa infraestructura avanzan con plazos que exceden la actual emergencia. La expansión del sistema troncal y los nuevos gasoductos proyectados para abastecer al centro y norte del país aún requieren inversiones, definiciones administrativas y financiamiento que permanecen pendientes, prolongando la dependencia del combustible importado durante los picos estacionales de demanda.

El escenario adquiere una dimensión todavía más delicada por su impacto sobre el mercado laboral. La desaceleración industrial ya venía reflejándose en una sostenida reducción del empleo registrado y las nuevas restricciones energéticas amenazan con profundizar esa tendencia. Cada planta que interrumpe su actividad no sólo deja de producir: también incrementa la incertidumbre de miles de trabajadores cuyos ingresos dependen de la continuidad de los procesos fabriles.

Para cámaras empresarias y organizaciones sindicales, el episodio trasciende una contingencia climática. Consideran que pone de manifiesto la fragilidad de un esquema energético que combina dependencia de importaciones, infraestructura insuficiente y elevados costos para la producción nacional. En un momento de consumo deprimido y retracción de la inversión, el encarecimiento del gas amenaza con convertirse en un nuevo factor de deterioro para una industria que ya enfrenta uno de los períodos más complejos de los últimos años.

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