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El consumo no encuentra piso y ya afecta a los productos más básicos

Las ventas en supermercados y comercios volvieron a caer en mayo. La retracción alcanza a artículos esenciales de alimentación, higiene y limpieza, una señal que expone el deterioro persistente del poder adquisitivo de los hogares.
La recuperación del consumo masivo continúa sin aparecer. Las ventas en supermercados, autoservicios y comercios de cercanía registraron en mayo una caída del 4,2% respecto del mismo mes del año pasado y del 2,9% frente a abril, según el último relevamiento de Scanntech. Con estos números, la Argentina acumula más de dos años de retroceso casi ininterrumpido en las compras cotidianas, una anomalía incluso para una economía acostumbrada a los ciclos de ajuste.
El dato adquiere mayor relevancia porque la contracción ya no se concentra en bienes durables o gastos prescindibles. La reducción alcanza a productos de uso diario que forman parte de la canasta básica de millones de hogares. El único rubro que mostró una leve mejora fue el de alimentos esenciales, con un crecimiento apenas superior al 1% interanual, una variación insuficiente para modificar la tendencia general y que además coincide con un consumo difícilmente sustituible.
Las bebidas volvieron a encabezar las mayores bajas. El volumen comercializado retrocedió 9% frente a mayo de 2024 y 8,3% respecto del mes anterior. Dentro de esa categoría aparecen algunos de los indicadores más elocuentes del deterioro del ingreso familiar: los jugos en polvo cayeron 18,1%, las aguas saborizadas 13% y las gaseosas cerca de 7%.
La pérdida de ventas en artículos de bajo costo revela un cambio más profundo que una simple modificación de hábitos de consumo. Cuando los hogares reducen la compra de productos económicos, la explicación suele encontrarse menos en las preferencias y más en la necesidad de priorizar gastos indispensables.
La misma tendencia atraviesa a los productos de limpieza e higiene personal. Las ventas para el hogar descendieron más de 9% interanual y la lavandina registró una retracción del 11,2%. En cuidado personal, los desodorantes bajaron 12,7%, los shampoos 7,2% y las pastas dentales 4,7%.
Detrás de esos porcentajes aparece una conducta cada vez más extendida: compras más espaciadas, envases más pequeños, sustitución por marcas de menor valor y postergación de reposiciones. Son estrategias domésticas orientadas a administrar ingresos que pierden capacidad de compra frente al peso creciente de los gastos fijos.
Ni siquiera las promociones lograron revertir el escenario. Los hipermercados, que concentran buena parte de las ofertas bancarias y descuentos con billeteras virtuales, registraron una caída interanual del 3,7%, la más pronunciada entre los distintos canales comerciales.
Los tickets promedio reflejan con claridad ese cambio de comportamiento. En las grandes superficies apenas superan los 12.000 pesos y equivalen a unas cinco unidades por compra.
En los comercios de proximidad rondan los 8.000 pesos y representan poco más de tres productos. La lógica predominante ya no es la compra de abastecimiento sino la adquisición puntual de aquello que resulta indispensable para atravesar la semana o incluso el día.
La retracción tampoco distingue geografías. El Área Metropolitana de Buenos Aires registró una baja del 3,2%; el Norte y el Litoral, del 2,3%; mientras que el Centro y el Sur del país mostraron una contracción del 6,7%. En todas las regiones relevadas las ventas retrocedieron tanto en la comparación interanual como frente al mes previo.
Más allá de las estadísticas, el fenómeno expone una transformación silenciosa en la economía doméstica. El ajuste ya no se limita a la postergación de un electrodoméstico, un viaje o una compra importante. Hoy alcanza a productos elementales como un desodorante, una lavandina o un jugo en polvo. Cuando los hogares comienzan a recortar incluso esos consumos, la caída deja de ser un indicador comercial para convertirse en una señal directa del deterioro social que atraviesa una parte creciente de la población.