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Aceiteros endurece su postura tras la intervención de la UOM

La intervención judicial de la Unión Obrera Metalúrgica continúa generando réplicas dentro del movimiento obrero y empieza a configurar un escenario de creciente confrontación sindical. Esta vez fue la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines la que elevó el tono del conflicto al denunciar un “avance contra la democracia sindical” y convocar a las organizaciones gremiales del país a discutir un paro nacional por tiempo indeterminado.
La organización aceitera, considerada una de las estructuras sindicales con mayor capacidad de presión dentro del esquema productivo argentino por su peso estratégico en la cadena agroexportadora, expresó su respaldo a Abel Furlán y cuestionó con dureza la resolución emitida por la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que anuló los comicios metalúrgicos e intervino el sindicato por 180 días.
En un comunicado de fuerte contenido político, la federación sostuvo que la decisión judicial busca desconocer la voluntad expresada por los afiliados en las urnas y advirtió que el fallo constituye “un ataque directo contra las organizaciones gremiales que mantienen posiciones de confrontación frente al modelo económico oficial”.
La conducción aceitera vinculó además el conflicto de la UOM con una ofensiva más amplia contra el sindicalismo y señaló que la resolución judicial se inscribe en un proceso de presión política, empresarial y judicial orientado —según planteó— a debilitar la capacidad de negociación de los sindicatos industriales.
El documento apuntó particularmente contra los jueces Víctor Arturo Pesino y María Dora González, firmantes de la sentencia, y recordó que ambos magistrados también intervinieron en decisiones vinculadas a la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei.
Para la federación, la intervención sobre la UOM no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de una secuencia de conflictos que incluye despidos, cierre de pequeñas y medianas empresas, deterioro salarial y reducción de estructuras estatales vinculadas al sistema científico y productivo.
En ese contexto, el gremio elaboró un diagnóstico extremadamente crítico sobre la situación social y económica del país. Mencionó la pérdida de puestos de trabajo registrados, la crisis industrial y la reducción del poder adquisitivo como señales de un proceso de deterioro estructural que —según advirtió— golpea de manera directa sobre el entramado laboral argentino.
La organización también denunció episodios de persecución sindical y recordó distintos conflictos recientes que involucraron a gremios del transporte, estatales y sindicatos industriales. A su vez, sostuvo que existen intentos de disciplinamiento hacia sectores gremiales que mantienen posiciones críticas frente al Gobierno nacional.
Sin embargo, el aspecto más contundente del pronunciamiento fue la convocatoria explícita a construir una respuesta sindical unificada de alcance nacional. “Si este escenario no justifica un plan de lucha con paro por tiempo indeterminado, entonces cabe preguntarse qué hecho debería ocurrir para alcanzar ese nivel de reacción”, planteó el documento.
La declaración encendió señales de alerta dentro del mapa sindical por el peso específico que posee el sector aceitero dentro de la economía argentina. La federación representa a trabajadores estratégicos de la actividad agroexportadora, uno de los principales generadores de divisas del país, y cuenta con antecedentes de medidas de fuerza de alto impacto económico.
El endurecimiento del discurso gremial se suma a los cuestionamientos expresados en las últimas horas por distintos espacios sindicales y políticos tras la intervención de la UOM. Tanto sectores industriales como dirigentes vinculados al sindicalismo opositor comenzaron a interpretar el fallo como un precedente delicado sobre la autonomía interna de las organizaciones obreras.
Mientras tanto, la intervención judicial sobre el gremio metalúrgico continúa profundizando las presiones entre el Gobierno, la Justicia laboral y buena parte del movimiento sindical, en un escenario marcado por reformas estructurales, conflictos paritarios y una creciente disputa por el alcance de los derechos laborales y sindicales en la Argentina actual.