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El empleo formal se derrumba mientras crece la informalidad y el cuentapropismo

Un relevamiento de la organización FUNDAR expuso el fuerte deterioro del entramado productivo desde la asunción de Javier Milei. El informe advierte sobre el cierre de más de 24 mil empresas, la destrucción de 266 mil puestos registrados y un acelerado corrimiento hacia formas laborales precarias e informales.
La economía argentina atraviesa una transformación profunda en su estructura laboral y productiva. Lejos de consolidar un proceso de expansión del empleo privado, la actual etapa exhibe un fenómeno inverso: caída sostenida del trabajo registrado, cierre de empresas y expansión de formas de subsistencia vinculadas a la informalidad y el cuentapropismo.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por la organización FUNDAR, que relevó el comportamiento del mercado laboral y del entramado empresario desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Según el estudio, desde diciembre de 2023 desaparecieron 24.437 empresas y se destruyeron 266.000 puestos de trabajo registrados en todo el país.
La magnitud del retroceso encendió señales de alarma en distintos sectores económicos y sindicales, especialmente por el carácter transversal de la caída, que impacta sobre industrias, comercios, servicios y actividades regionales.
El trabajo sostiene que la desaceleración no muestra señales de reversión. Sólo en el último mes dejaron de operar 257 firmas, mientras que en la comparación interanual ya se contabilizan más de 13 mil empresas menos.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es el quiebre entre crecimiento económico y generación de empleo formal. Para los investigadores, el vínculo histórico que conectaba expansión de actividad con creación de trabajo aparece severamente deteriorado.
El director de FUNDAR, Daniel Schteingart, advirtió que gran parte de quienes pierden empleos registrados terminan desplazándose hacia actividades de supervivencia sin estabilidad ni protección social. Entre 2023 y 2025, mientras el empleo asalariado formal cayó en 266 mil puestos, el trabajo no asalariado creció en 346 mil personas y el empleo no registrado sumó otros 33 mil trabajadores.
La industria manufacturera aparece entre las ramas más afectadas. El informe contabiliza la desaparición de unas 2.500 empresas fabriles en los últimos meses, en un escenario atravesado por apertura importadora, caída del consumo y menor competitividad local.
El relevamiento también cuestiona la idea de que el crecimiento de sectores extractivos pueda compensar la pérdida de empleo industrial. Aunque actividades vinculadas al petróleo y la minería exhibieron una mejora en términos de Producto Bruto Interno, el impacto sobre el mercado laboral continúa siendo reducido.
Según Schteingart, incluso con el impulso de Vaca Muerta y nuevos desarrollos mineros, el empleo total del sector energético y extractivo permanece por debajo de los niveles registrados al inicio de la actual administración.
“El petróleo y la minería pueden mover el PBI, pero tienen una capacidad muy limitada para absorber mano de obra”, sostuvo el economista, quien además remarcó que la industria manufacturera continúa siendo uno de los principales motores de empleo del país.
El informe también pone el foco sobre las consecuencias de la apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional. Para FUNDAR, la estrategia oficial privilegió la reducción de aranceles y la competencia externa como herramienta antiinflacionaria, sin generar alivios equivalentes para el aparato productivo local.
En ese aspecto, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) aparece señalado como un posible acelerador de la primarización económica, debido a los beneficios impositivos y aduaneros otorgados a grandes proyectos extractivos sin exigencias significativas de integración con proveedores nacionales.
La advertencia final del estudio resulta contundente: la economía puede exhibir algunos indicadores de recuperación macroeconómica mientras simultáneamente se deterioran el empleo formal, la producción industrial y la densidad empresarial.
Para los especialistas, el problema ya no pasa únicamente por la caída de actividad, sino por una modificación estructural donde crecimiento, trabajo y desarrollo productivo dejaron de avanzar en la misma dirección.