destacada
El nuevo modelo laboral del Gobierno que beneficia a empleadores incumplidores

El Ejecutivo nacional puso en marcha un programa piloto que transforma el perfil de los inspectores laborales y reemplaza el enfoque sancionatorio por un esquema de “acompañamiento” empresarial. La iniciativa contempla hasta cuatro visitas de cortesía antes de aplicar multas por irregularidades y busca difundir las “bondades” de la reforma laboral entre comerciantes y pymes. Sindicatos y especialistas advierten sobre un fuerte debilitamiento de los mecanismos de control y un avance de la precarización.
El Gobierno nacional avanza en una transformación profunda del sistema de inspecciones laborales en Argentina. Bajo el argumento de construir un “Estado amigable” con el sector privado y fomentar la formalización, la administración de Javier Milei implentó un esquema piloto que reduce el peso de las sanciones, flexibiliza los controles y redefine el rol histórico de los inspectores de trabajo.
La nueva orientación oficial implica un cambio conceptual de gran magnitud: cerca de 300 funcionarios de la Secretaría de Trabajo y de distintas agencias territoriales dejarán atrás el tradicional perfil fiscalizador para asumir una tarea más cercana a la asistencia y el acompañamiento empresarial. En la práctica, el objetivo ya no será detectar y sancionar rápidamente irregularidades laborales, sino establecer vínculos “cordiales” con los empleadores y difundir las ventajas de la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo.
La iniciativa fue formalizada bajo el nombre de Programa de Fomento del Empleo y Buenas Prácticas, mecanismo que reemplazó al histórico Plan Nacional de Regularización del Trabajo, vigente desde 2003. Aquel esquema articulaba verificaciones entre las áreas de Trabajo, Seguridad Social y la entonces AFIP, con facultades para aplicar multas, promover acciones judiciales y registrar públicamente a las empresas infractoras.
El nuevo programa, en cambio, modifica sustancialmente esa lógica. Según trascendió, los inspectores deberán realizar al menos cuatro visitas antes de avanzar hacia una eventual sanción por empleo irregular. Incluso, durante los primeros contactos ni siquiera tendrían autorización para indagar sobre la cantidad de trabajadores empleados en cada establecimiento. La prioridad será generar un acercamiento “amistoso”, brindar información y persuadir a los empresarios sobre las “bondades” de la reforma laboral y los beneficios del blanqueo.
La discusión, de fondo, excede el funcionamiento administrativo de las inspecciones. Lo que está en debate es el modelo de relaciones laborales que busca consolidar el Gobierno: uno con menor intervención estatal, menos penalidades para el incumplimiento y una presencia más limitada del Estado en los conflictos entre capital y trabajo.
Mientras el oficialismo sostiene que la flexibilización permitirá fomentar el empleo privado y aliviar la presión sobre las pymes, sectores gremiales denuncian que la nueva política termina trasladando el costo del ajuste hacia los trabajadores y debilitando conquistas históricas vinculadas a la registración, la estabilidad y la protección laboral.