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El robot fumigador de la UNSJ despierta interés entre productores agrícolas

El desarrollo tecnológico impulsado por investigadores de la Universidad Nacional de San Juan atraviesa una fase decisiva de pruebas de implementación antes de su salida comercial. El sistema combina inteligencia artificial, automatización y aplicación selectiva de agroquímicos para reducir desperdicios, mejorar la eficacia sanitaria y disminuir el impacto ambiental en cultivos arbóreos.

Mientras el agro mundial acelera su transición hacia sistemas productivos más eficientes y sustentables, en San Juan avanza una innovación que busca modificar de manera profunda la forma en que se realizan tratamientos fitosanitarios en plantaciones arbóreas. Se trata del robot fumigador desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional de San Juan, un proyecto que ya representa la novena patente obtenida por la casa de altos estudios y que comienza a ingresar en una etapa decisiva: la validación intensiva en campo con vistas a su futura comercialización.

El desarrollo, denominado formalmente “Método de aplicación de tratamientos líquidos de acción foliar y brazo motorizado de configuración adaptable para implementar dicho método”, fue concebido en el Instituto de Automática, unidad de doble dependencia entre la UNSJ y el CONICET. Detrás de la iniciativa se encuentran los doctores Pedro Bocca, Ricardo Carelli y Carlos Soria, quienes desde hace años trabajan en soluciones de automatización aplicadas al sector productivo.

La propuesta surge a partir de una problemática concreta y persistente en economías regionales vinculadas a cultivos como olivos, pistachos y cítricos: el elevado costo de los tratamientos sanitarios tradicionales, la baja precisión en la aplicación de productos y el impacto ambiental derivado de sistemas de pulverización masiva.

“Estamos haciendo pruebas de campo para comparar el sistema convencional con nuestro nuevo desarrollo. La idea es detectar posibles fallas, corregirlas y avanzar hacia una versión preparada para uso intensivo y comercial”, explicó el doctor ingeniero Pedro Bocca, uno de los autores del proyecto.

La diferencia tecnológica respecto de los métodos habituales es sustancial. El sistema tradicional se apoya en grandes ventiladores que dispersan químicos en amplias superficies, generando una nube tóxica de escasa precisión y alto desperdicio. El robot desarrollado en San Juan, en cambio, trabaja con lógica de agricultura inteligente: identifica zonas específicas del árbol, adapta la posición de su brazo motorizado y aplica únicamente la cantidad necesaria de producto sobre el área afectada.

“El sistema actual genera una nube tóxica gigante. Nuestro desarrollo permite ahorrar producto, mejorar el tratamiento y aumentar la precisión de aplicación”, señaló Bocca.
La innovación incorpora además una herramienta de inteligencia artificial capaz de detectar enfermedades foliares. A través del análisis de muestras de hojas tomadas en campo, el software clasifica patologías y determina el nivel de afectación del cultivo. Esa información es procesada para que el brazo robotizado ubique estratégicamente los picos dosificadores y realice aplicaciones dirigidas.

El mecanismo habilita distintos tipos de intervención agronómica: preventiva, predictiva o correctiva. En términos productivos, esto abre la posibilidad de reducir costos operativos, optimizar recursos y disminuir considerablemente la utilización indiscriminada de agroquímicos, una demanda creciente tanto de productores como de mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental.

La génesis del proyecto se remonta a la tesis doctoral que Bocca presentó en 2019 bajo el título “Detección y control preciso de plagas en agricultura intensiva”. Aquella investigación sentó las bases conceptuales y técnicas del sistema actual. Primero llegó el desarrollo mecánico, luego las pruebas experimentales con árboles individuales y, durante la pandemia, se consolidó la arquitectura de inteligencia artificial que hoy constituye uno de los pilares centrales del dispositivo.

El equipo montó inicialmente el sistema sobre un cuatriciclo para evaluar maniobrabilidad, capacidad de adaptación y comportamiento operativo en condiciones reales. Con el paso de los ensayos, el prototipo comenzó a mostrar resultados alentadores no sólo en tratamientos fitosanitarios, sino también en aplicaciones de fertilizantes y otros productos de acción foliar.

La versatilidad tecnológica es otro de los atributos que más interés despierta entre especialistas y productores. La plataforma puede adaptarse a distintos tipos de cultivos y escalas productivas, algo especialmente relevante para provincias con fuerte perfil agroindustrial como San Juan, donde la incorporación de tecnología aplicada al riego, monitoreo y automatización aparece cada vez más vinculada a la competitividad del sector.

El desafío pendiente ya no es estrictamente científico. El desarrollo requiere ahora de un socio industrial capaz de transformar el prototipo experimental en una maquinaria comercial escalable. “Estamos buscando una empresa o fabricante de maquinaria agrícola para construir la versión final. Ya tomamos contacto con productores interesados en esta tecnología y esperamos avanzar pronto en esa alianza”, indicó Bocca.

La experiencia vuelve a poner en evidencia el papel estratégico que cumplen las universidades públicas y los organismos científicos en la generación de soluciones aplicadas a la economía real. En un país donde buena parte del debate sobre ciencia y tecnología suele quedar reducido a discusiones presupuestarias, proyectos de este tipo muestran la capacidad concreta de transferencia de conocimiento hacia sectores productivos que demandan innovación para sostener competitividad y eficiencia.

Lejos de tratarse de un desarrollo experimental aislado, el robot fumigador de la UNSJ sintetiza una tendencia global: la incorporación de automatización, inteligencia artificial y precisión quirúrgica en la producción agrícola. La meta ya no pasa únicamente por producir más, sino por hacerlo con menor impacto ambiental, mayor racionalidad en el uso de insumos y mejores estándares sanitarios.

En ese tránsito hacia un modelo agroindustrial más sofisticado, la tecnología desarrollada en San Juan comienza a consolidarse como una herramienta con potencial de proyección nacional. El interés de productores y la etapa avanzada de pruebas abren una expectativa concreta: que una innovación nacida en laboratorios públicos argentinos pueda transformarse en una solución de uso masivo para el campo del futuro.

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