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La inflación volvió a subir y agrava la pérdida del poder adquisitivo

El índice de precios registró en marzo un incremento del 3,4%, el mayor en doce meses, y acumuló diez subas consecutivas. El dato presiona las negociaciones salariales y expone las dificultades para contener la escalada de precios.
Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos, la inflación de marzo alcanzó el 3,4%, consolidando una secuencia de diez meses consecutivos de incrementos y marcando el registro más elevado en un año. Con este resultado, el índice acumuló una suba del 9,4% en el primer trimestre y un 32,6% en la comparación interanual.
El comportamiento de los distintos componentes del índice revela una incidencia determinante de los valores regulados, que treparon un 5,1%, impulsados por ajustes en tarifas de servicios públicos, transporte y educación. Por su parte, la inflación núcleo —que excluye factores estacionales y regulados— se ubicó en el 3,2%, evidenciando una inercia persistente en los precios de la economía. En contraste, los rubros estacionales mostraron una variación más moderada del 1%, influida por movimientos vinculados al turismo y a los cambios de temporada.
El desglose por divisiones expone con claridad los motores de la suba. Educación encabezó los incrementos con un 12,1%, en línea con el inicio del ciclo lectivo. Le siguió Transporte, con un alza del 4,1%, traccionada por combustibles, tarifas y pasajes aéreos. Sin embargo, el mayor impacto sobre el índice general provino de Alimentos y bebidas no alcohólicas, un rubro de fuerte peso en el consumo cotidiano. Allí, las carnes y derivados registraron aumentos significativos, con subas cercanas al 6,9% solamente en el Gran Buenos Aires.
Otros sectores mostraron variaciones más contenidas, como Bienes y servicios varios (1,7%) y Equipamiento y mantenimiento del hogar (1,3%), aunque sin capacidad para compensar el impulso de los rubros más activos.
El dato oficial se ubicó en línea con las proyecciones del Banco Central de la República Argentina a través del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que anticipaba una inflación cercana al 3%. No obstante, el resultado introduce un matiz de cautela frente a las previsiones de desaceleración gradual para los próximos meses, que proyectan una convergencia hacia niveles cercanos al 2% a partir del invierno.
Más allá de las proyecciones, el impacto inmediato se siente en el frente salarial. La cifra de marzo supera ampliamente el objetivo del 2% mensual que el Gobierno intenta establecer como referencia en las negociaciones paritarias. Este desfasaje profundiza la pérdida del poder adquisitivo y refuerza los reclamos gremiales por aumentos que acompañen la evolución real de los precios.
El efecto es particularmente visible en bienes esenciales. Productos básicos como la carne, el pan o el aceite registran valores que coaccionan sobre el ingreso disponible, mientras los ajustes en servicios regulados amplifican el impacto en los hogares. A nivel regional, además, se observan diferencias significativas, con zonas del norte del país registrando subas superiores al promedio nacional.
El dato de marzo confirma que la desaceleración inflacionaria enfrenta obstáculos que impiden una trayectoria descendente sostenida. La combinación de ajustes en precios regulados, persistencia en la inflación núcleo y presión sobre alimentos configura un cuadro que condiciona tanto la política económica como las negociaciones salariales. En este escenario, la evolución del índice de precios no sólo define el rumbo de la macroeconomía, sino también el equilibrio social, con el poder adquisitivo en el centro de la discusión.