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El gabinete supera los $8 millones mientras crecen las críticas por la situación estatal

Los salarios del gabinete del presidente Javier Milei registraron incrementos que rondan el 123% en pocos meses y superarán los $8 millones en mayo. La recomposición convive con denuncias sindicales por un deterioro significativo en los ingresos de los trabajadores estatales.
Los ingresos de los principales funcionarios del Gobierno nacional atravesaron en los primeros meses de 2026 una recomposición de gran magnitud que reconfiguró la estructura salarial de la alta administración pública. De acuerdo con datos difundidos en medios nacionales, los ministros pasaron de percibir $3.584.006 en diciembre a $7.129.501 en enero, con una progresión que los ubicará en torno a los $7.902.331 en abril y por encima de los $8 millones a partir de mayo.
La suba acumulada, cercana al 123%, responde a un esquema que vincula las remuneraciones de la alta función pública con los acuerdos salariales del sector estatal. La actualización fue formalizada mediante una disposición del Poder Ejecutivo que habilitó la recomposición y estableció su alineamiento con las negociaciones paritarias.
El alcance de la medida se extendió a secretarios y subsecretarios, cuyos ingresos también registraron incrementos significativos, superando en varios casos los $7 millones mensuales. De este modo, se consolida una pirámide salarial más elevada en los niveles jerárquicos del Estado.
En contraste, las remuneraciones del propio jefe de Estado y de la vicepresidenta permanecen sin modificaciones desde el inicio de la gestión. El presidente Javier Milei percibe $4.066.018 mensuales, mientras que la vicepresidenta Victoria Villarruel cobra $3.764.821.
El contraste con el resto del sector público
La recomposición en la cúpula del Estado convive con una realidad adversa para el conjunto de los trabajadores públicos. Desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) advierten que el sector acumula una pérdida superior al 44% del poder adquisitivo durante la actual gestión, como consecuencia de incrementos salariales que no logran acompañar la evolución de los precios.
El planteo sindical se inscribe en un entorno de ajuste fiscal, reducción de plantillas y acuerdos paritarios que, según sostienen, se ubican por debajo de la inflación. Esta combinación amplía la brecha entre los niveles jerárquicos y la base de la administración pública, alimentando el malestar en distintos organismos del Estado.
La discusión por los ingresos forma parte, además, de una revisión más amplia del gasto público. La estrategia oficial orientada a la reducción del déficit condiciona las negociaciones salariales y restringe el margen de mejora para amplios sectores del empleo estatal.
El fuerte incremento en los salarios del gabinete reabre el debate sobre la equidad interna dentro del Estado y la coherencia de la política de ingresos en una situación de marcado ajuste. Mientras la alta función pública recompone rápidamente sus remuneraciones en términos nominales, amplios sectores del empleo estatal enfrentan dificultades para sostener su poder adquisitivo.
La coexistencia de ambas realidades plantea un desafío político y social de magnitud. La evolución de las paritarias y la capacidad de respuesta frente a los reclamos gremiales serán factores decisivos para evitar una escalada de conflictos en un ámbito clave para el funcionamiento del aparato estatal.