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Reforma de la Ley de Glaciares: entre promesas de desarrollo y advertencias por el futuro del agua

La Cámara de Diputados sancionó la modificación de la Ley de Glaciares tras un extenso debate. Mientras el oficialismo defendió la iniciativa como motor de inversiones y empleo, sectores científicos, políticos y ambientales alertan sobre riesgos en la protección de reservas estratégicas de agua.

Tras más de once horas de deliberación, la Cámara de Diputados convirtió en ley la reforma del régimen de protección de glaciares, en una votación que expuso tanto la capacidad de articulación del oficialismo como la profundidad de las diferencias en torno al modelo de desarrollo. Con 137 votos afirmativos, 111 negativos y tres abstenciones, La Libertad Avanza consolidó una mayoría transversal que incluyó al PRO, la Unión Cívica Radical y bloques provinciales, además de adhesiones puntuales desde la oposición.

El nuevo marco normativo introduce modificaciones sustanciales en los criterios de protección ambiental. Entre los puntos más discutidos, se redefine el alcance de las zonas periglaciales —áreas clave en la regulación hídrica— y se delega en las provincias la responsabilidad de realizar estudios de impacto ambiental. Esta decisión reduce el rol del Instituto Argentino de Nivología Glaciología y Ciencias Ambientales, organismo científico que hasta ahora concentraba la elaboración del inventario y la supervisión técnica de los glaciares.

Desde el oficialismo, la reforma fue presentada como una herramienta indispensable para atraer inversiones y dinamizar las economías regionales. En línea con lo expresado por el presidente Javier Milei durante la apertura de sesiones legislativas de 2026, los defensores del proyecto sostuvieron que la expansión de la actividad minera podría generar un volumen significativo de empleo y fortalecer la balanza exportadora.

Sin embargo, las críticas no tardaron en emerger. Especialistas y dirigentes opositores cuestionaron la viabilidad de esas proyecciones, al señalar que la megaminería es una actividad intensiva en capital, con alta mecanización y limitada capacidad de absorción de mano de obra. La experiencia en provincias con tradición extractiva, como San Juan, es citada con frecuencia como evidencia de un impacto acotado en los indicadores sociales.

Dentro del recinto, el debate estuvo atravesado por advertencias sobre las posibles consecuencias ambientales. La científica y diputada Adriana Serquis advirtió que la modificación de las áreas protegidas podría comprometer cuencas hídricas fundamentales para millones de personas. En la misma línea, Miguel Ángel Pichetto, uno de los impulsores de la ley original de 2010, cuestionó la pérdida de centralidad del IANIGLA y sostuvo que la normativa vigente ya permitía compatibilizar inversión y resguardo ambiental.

Más contundente fue la intervención de Maximiliano Ferraro, quien denunció que el texto aprobado responde a intereses del sector regulado. Estas objeciones se sumaron a cuestionamientos sobre el proceso legislativo previo, particularmente en relación con la audiencia pública obligatoria, donde —según denunciaron— una proporción mínima de los inscriptos pudo exponer su postura.

El clima de confrontación también se reflejó en las calles. Durante toda la jornada, organizaciones sociales, políticas y ambientalistas se movilizaron en las inmediaciones del Congreso. Tras la aprobación, entidades como Fundación Ambiente y Recursos Naturales, Greenpeace y la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas anticiparon acciones judiciales para impugnar la norma, al considerar que el procedimiento estuvo viciado y que la ley compromete la seguridad hídrica de amplios sectores de la población.

La reforma de la Ley de Glaciares reabre una discusión estructural sobre el equilibrio entre desarrollo económico y preservación de recursos estratégicos. Mientras el oficialismo apuesta a la expansión minera como motor de crecimiento, las voces críticas advierten sobre los costos potenciales de flexibilizar los resguardos ambientales.

En el centro del debate se encuentra el agua, un recurso cada vez más valioso en un escenario global marcado por el cambio climático. La sanción de la norma no clausura la controversia: por el contrario, inaugura una nueva etapa donde el conflicto se trasladará al ámbito judicial y al terreno social, con implicancias que exceden el plano legislativo y proyectan efectos de largo alcance sobre el futuro productivo y ambiental del país.

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