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El Gobierno impulsa un ajuste en el INTA y crece la preocupación de los trabajadores

La conducción del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria aprobó un nuevo esquema de retiros voluntarios que podría alcanzar a 1.500 empleados. Desde el gremio advierten que la medida forma parte de un plan más amplio de reducción del empleo público y alertan por su impacto en la investigación y la asistencia al sector productivo.

La iniciativa fue aprobada por el Consejo Directivo del organismo y, de acuerdo con lo señalado por la Asociación del Personal del INTA, responde a un objetivo más amplio del Gobierno: reducir en torno al 10% la planta de empleados estatales. La medida se suma a una serie de recortes que ya impactaron en distintas áreas del sector público.

Desde el gremio expresaron su preocupación tanto por el volumen de desvinculaciones proyectadas como por sus consecuencias a mediano plazo. Paulo García, secretario general de APINTA, cuestionó la decisión al sostener que los retiros “debilitan la capacidad de organización de los trabajadores” y erosionan la estructura interna del organismo. Además, advirtió que la experiencia previa demuestra que quienes aceptan estas salidas difícilmente logran reinsertarse en condiciones laborales equivalentes.

El antecedente inmediato refuerza esa mirada crítica: en 2024 se implementó un plan similar que apenas logró la adhesión de unos 300 empleados, muy por debajo de las expectativas oficiales. En este sentido, desde el sindicato temen que, si no se alcanza el número previsto, se avance con mecanismos alternativos como pases a disponibilidad o directamente cesantías.

Un organismo en reducción

El recorte proyectado forma parte de una reconfiguración estructural del INTA. Según datos gremiales, el organismo contaba originalmente con unos 6.300 trabajadores. Actualmente, esa cifra habría descendido a alrededor de 5.800, producto de jubilaciones anticipadas, renuncias y la no renovación de becas.

La meta oficial sería reducir la planta hasta unos 4.500 empleados, lo que implicaría un ajuste profundo en un organismo clave para el desarrollo agropecuario, la innovación tecnológica y la extensión rural en todo el país.

Mario Romero, ex secretario general de APINTA, señaló que la estrategia de las autoridades no se limita a la reducción de personal, sino que también incluye una revisión de la “cartera programática”, lo que podría traducirse en recortes o redefiniciones de proyectos de investigación y asistencia técnica.

La incertidumbre crece entre los trabajadores no solo por la magnitud del ajuste, sino también por sus posibles efectos sobre el entramado productivo. El INTA cumple un rol central en la generación de conocimiento aplicado, la transferencia tecnológica y el acompañamiento a productores, especialmente en economías regionales.

Mientras se aguardan definiciones formales sobre los criterios de adhesión y la implementación del plan, APINTA no descarta la adopción de medidas gremiales. El conflicto, aún en fase incipiente, abre un nuevo frente de tensión en el marco del proceso de reestructuración del Estado, con impacto directo en uno de los pilares del sistema científico-tecnológico vinculado al agro.

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