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A 50 años del golpe, miles de sanjuaninos renovaron el “Nunca Más”

En un nuevo aniversario del golpe de 1976, y a medio siglo de aquel quiebre institucional, una masiva movilización recorrió el centro sanjuanino con fuerte participación intergeneracional, consignas por los derechos humanos y señales de lectura política del presente.
La conmemoración del 24 de marzo en San Juan volvió a ratificar que la memoria, lejos de cristalizarse en un ejercicio conmemorativo, permanece como un territorio en disputa, activo y profundamente ligado al presente. A 50 años del golpe cívico-militar de 1976, miles de personas se movilizaron por el centro de la ciudad en una jornada que combinó evocación histórica, participación ciudadana y una clara interpelación al clima político actual.
La convocatoria comenzó por la tarde en la Plaza 25 de Mayo, donde desde las 17 se concentraron organismos de derechos humanos, agrupaciones políticas, sindicatos, estudiantes y vecinos autoconvocados. Con el correr de las horas, el espacio público se transformó en un escenario atravesado por símbolos persistentes: pañuelos blancos, banderas, carteles con rostros de desaparecidos y consignas que condensan décadas de lucha.
La marcha avanzó luego hacia Plaza España, en un recorrido que ocupó varias cuadras y que se desarrolló de manera mayormente ordenada, con cánticos, intervenciones y expresiones artísticas que acompañaron el tránsito de la columna. Allí estaba previsto el acto central, con la lectura de un documento consensuado entre los organismos convocantes, en el que se articulan memoria histórica y posicionamientos dadas las circunstancias.
Uno de los rasgos distintivos de la jornada fue la marcada presencia de jóvenes en los tramos iniciales de la movilización. Con banderas de la agrupación HIJOS y símbolos que remiten a las luchas de décadas anteriores, encabezaron la columna y aportaron una impronta que evidencia la transmisión generacional del reclamo. No se trató solo de heredar una memoria, sino de resignificarla en clave contemporánea.
Detrás, la marcha desplegó un amplio espectro político y social. La militancia partidaria tuvo un lugar visible, con columnas organizadas de distintos espacios, entre ellos sectores del peronismo, representados por dirigentes provinciales y referentes históricos, junto a agrupaciones juveniles que marcaron el pulso con cánticos y una fuerte presencia sonora.
También participaron referentes de la Unión Cívica Radical y autoridades de la Universidad Nacional de San Juan, en una muestra de transversalidad que suele caracterizar este tipo de convocatorias.
Hacia el final de la columna se ubicaron organizaciones de izquierda, completando un mapa diverso que refleja la heterogeneidad del campo político que converge en torno a la consigna de memoria, verdad y justicia.
En este sentido, la movilización dejó entrever tensiones propias del contexto actual. En distintos momentos, se escucharon cánticos críticos hacia el presidente Javier Milei, que fueron replicados por sectores de la marcha y generaron uno de los pocos picos de mayor intensidad dentro de una jornada predominantemente pacífica. Esa expresión, lejos de ser marginal, evidenció cómo la conmemoración también funciona como espacio de lectura política del presente, donde el pasado reciente dialoga con preocupaciones contemporáneas.
El trasfondo histórico otorga una densidad particular a esta fecha. El 24 de marzo de 1976 marcó el inicio de la última dictadura cívico-militar, un período signado por la represión sistemática, el terrorismo de Estado y la desaparición de más de 30.000 personas. Medio siglo después, esa herida continúa siendo un eje estructurante de la identidad democrática argentina.
En ese marco, la movilización sanjuanina no se limitó a una evocación simbólica. Cada tramo del recorrido, cada nombre exhibido y cada consigna coreada reafirmaron la vigencia de un reclamo que atraviesa generaciones: la necesidad de sostener la memoria como herramienta política y social frente a cualquier intento de relativización o negacionismo.
A 50 años del golpe, la marcha en San Juan dejó en claro que la memoria no es un ejercicio estático ni un ritual vacío. Es, por el contrario, una construcción colectiva que se actualiza en cada circunstancia, se resignifica en cada generación y se proyecta como una advertencia permanente hacia el futuro.
La masividad de la convocatoria, la diversidad de actores y la irrupción de nuevas voces en la escena pública configuran una señal nítida: el “Nunca Más” no pertenece únicamente al pasado, sino que se sostiene como un principio activo de la vida democrática. En tiempos de tensión política y debates sobre el alcance de los derechos, la calle volvió a convertirse en el espacio donde la historia se recuerda, pero también donde se disputa su sentido.