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Salarios que pierden, jubilaciones congeladas y consumo en baja: la otra cara del discurso oficial

Mientras el presidente Javier Milei insiste en que los salarios “se triplicaron en dólares” y el Gobierno reivindica un proceso de estabilización macroeconómica, los datos muestran un deterioro persistente del ingreso real. Caen los sueldos privados y públicos, se erosionan las jubilaciones y el consumo masivo continúa en retracción, configurando un escenario social cada vez más exigente.
El salario real del sector privado cayó 1,3% en enero, según la consultora C-P, en un clima de inflación que volvió a acelerarse y paritarias que no logran compensar la suba de precios. El incremento nominal promedio se desaceleró, condicionado en parte por el acuerdo del sector comercio, que otorgó una mejora en diciembre a cambio de un 0% durante el primer trimestre de este año.
Con una inflación mensual del 2,9%, los aumentos pactados —incluso aquellos que superaron el 2%— quedaron por debajo de la dinámica de precios. Desde la asunción de Milei, los salarios reales privados acumulan una baja de 1,3%, mientras que en el sector público el retroceso alcanza el 16,9%, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
La divergencia entre discurso y estadística oficial instala una problemátca evidente. Medidos en dólares al tipo de cambio oficial, los ingresos pueden exhibir una recomposición; en términos de poder de compra doméstico, en cambio, el resultado es adverso. Para el trabajador promedio, la referencia no es la paridad cambiaria sino el precio del alquiler, los alimentos y los servicios.
Jubilaciones en pérdida y gasto social en retroceso
La presión contractiva no se limita al mercado laboral activo. La jubilación mínima —que percibe el 60% de los adultos mayores— encadenó en enero su séptima caída consecutiva y perdió 4,8% de poder adquisitivo desde mediados de 2025. A ello se suma el congelamiento del bono complementario en 70 mil pesos desde hace dos años, lo que profundiza el rezago frente a la inflación acumulada.
El gasto social volvió a reducirse en términos reales y la Asignación Universal por Hijo, una de las variables que había mostrado cierta recuperación inicial, registra ahora un recorte del 35% en la actual gestión. El ajuste, por lo tanto, impacta tanto en trabajadores formales como en jubilados y beneficiarios de programas sociales, ampliando el alcance del deterioro.
Consumo masivo: el termómetro del mercado interno
El repliegue de los ingresos se refleja con nitidez en el consumo. En enero, el gasto masivo cayó 1,1% interanual y 7% respecto de diciembre, según la consultora Scentia. Las ventas en supermercados de cadenas retrocedieron 3,3% frente al mismo mes del año anterior y 15,4% en la comparación mensual.
Los autoservicios independientes y mayoristas también exhibieron bajas, al igual que el rubro farmacias. Solo el comercio electrónico mostró un crecimiento interanual del 33%, aunque su incidencia en el total sigue siendo limitada y no alcanza para compensar la contracción del canal físico.
La fotografía del consumo funciona como un indicador sensible de la economía cotidiana. Cuando los hogares restringen compras básicas o migran hacia segundas marcas y promociones, el impacto se extiende a toda la cadena productiva, desde la industria alimenticia hasta el transporte y la logística.
Estabilidad macro versus fragilidad micro
El oficialismo sostiene que la estabilización fiscal y monetaria constituye el cimiento indispensable para una recuperación sostenida. Sin embargo, economistas y referentes sindicales advierten que sin recomposición del poder adquisitivo y generación de empleo formal, la mejora macroeconómica corre el riesgo de apoyarse sobre una base social debilitada.
La discusión de fondo remite al modelo de salida de la crisis: si la prioridad absoluta es el equilibrio de las cuentas públicas, el costo inmediato recae sobre ingresos y consumo. Si, en cambio, se busca dinamizar el mercado interno, la política salarial y previsional adquiere centralidad.
Las cifras disponibles delinean un cuadro inequívoco: salarios que pierden frente a los precios, jubilaciones que se erosionan y consumo masivo en retroceso. Más allá de la narrativa oficial sobre el crecimiento en dólares, la economía real exhibe signos de fatiga que atraviesan a trabajadores activos y pasivos por igual.
La estabilidad macroeconómica es un objetivo legítimo y necesario. Pero sin una recuperación tangible del poder adquisitivo y del mercado interno, ese equilibrio puede resultar frágil. En definitiva, el desafío no es solo ordenar las variables financieras, sino reconstruir la capacidad de compra y la confianza de las mayorías sociales. Allí se juega, en última instancia, la consistencia del rumbo económico.