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La carne sube por encima de la inflación y el nuevo acuerdo con EE.UU. reconfigura el tablero

La carne vacuna registró nuevas subas en enero y febrero, con incrementos que superan la inflación general y profundizan la caída del consumo interno. En consecuencia, el Gobierno anunció la ampliación del cupo de exportación a Estados Unidos, lo que genera expectativas en el sector agroexportador y dudas sobre el impacto en el mercado doméstico.

El mercado de la carne volvió a encender señales de alerta. Desde comienzos de febrero, los valores en mostrador registraron un incremento cercano al 10%, consolidando una escalada que ya venía presionando desde enero. En este sentido, el pollo había acumulado una suba del 25% el mes anterior, reflejando una dinámica alcista en las principales proteínas animales.

Hoy, el promedio del kilo de carne vacuna ronda los $15.000, con cortes que superan ampliamente ese valor. El fenómeno no pasa inadvertido: cuando la carne aumenta por encima del índice general de precios, el impacto en la inflación alimentaria es inmediato y sensible.

Menos consumo, más tensión

Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita se mantiene en niveles históricamente bajos, pese a leves repuntes registrados en 2025. La explicación es directa: la pérdida de poder adquisitivo de los salarios limita la capacidad de compra de los hogares.

La paradoja es evidente. Mientras los precios suben, el volumen consumido cae. Esta combinación revela un mercado atravesado por problemas estructurales: menor oferta estacional, recomposición de precios tras períodos de atraso relativo y una demanda interna debilitada.

Especialistas del rubro advierten que la producción bovina arrastra inconvenientes de stock derivados de ciclos climáticos adversos y decisiones de liquidación de hacienda en años previos, lo que reduce la disponibilidad en determinados momentos del año. A esto se suma una nueva temporalidad de la oferta, menos previsible y más concentrada.

El factor externo: más exportaciones a Estados Unidos

En este contexto interno complejo, el Gobierno nacional confirmó la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna a Estados Unidos, que pasará de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, tras una decisión presidencial firmada por Donald Trump en el marco del acuerdo comercial bilateral.

El Ejecutivo estima que el incremento —80.000 toneladas adicionales— podría generar ingresos cercanos a 800 millones de dólares para el sector agroexportador. Para los productores y frigoríficos exportadores, se trata de una oportunidad estratégica para consolidar mercados y capitalizar la demanda internacional.

Argentina exporta carne premium a Estados Unidos, aun cuando ese país es uno de los principales productores y exportadores globales. La ampliación del cupo fortalece esa relación comercial.

¿Impacto en el mercado doméstico?

Sin embargo, la medida abrió interrogantes. Diversos actores del sector productivo advierten que un mayor volumen destinado al exterior podría tensionar aún más la oferta local si no se incrementa la producción. Además, existen cuestionamientos sobre la eventual entrada de carne estadounidense sin aranceles, lo que podría generar competencia en precios en determinados segmentos.

La ecuación es delicada: más exportaciones implican mayor ingreso de divisas, pero también pueden presionar sobre los precios internos si el equilibrio entre oferta y demanda doméstica no se sostiene.

En un país donde la carne vacuna es un componente central de la canasta alimentaria, cualquier alteración en su precio tiene efectos sociales y políticos inmediatos.

Inflación alimentaria y desafío estructural

El encarecimiento de la carne vuelve a plantear un dilema clásico de la economía argentina: cómo compatibilizar una estrategia exportadora agresiva con la necesidad de garantizar abastecimiento y precios accesibles en el mercado interno.

Con consumo deprimido, salarios rezagados y un escenario internacional que ofrece oportunidades, el sector cárnico se mueve entre dos fuerzas contrapuestas: la presión de la demanda externa y la fragilidad del bolsillo doméstico.

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