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La CGT vuelve a mostrar fisuras: Sola respondió a Furlán y defendió la línea de conducción

El dirigente cegetista Jorge Sola cuestionó públicamente al titular de la UOM, Abel Furlán, y rechazó las críticas internas que reclaman una postura más confrontativa frente al Gobierno de Javier Milei. El cruce expone las tensiones estratégicas dentro de la central obrera en un marco de ajuste, despidos y conflictividad social creciente.

“No me vengas a correr por izquierda”, lanzó Sola en declaraciones públicas que dejaron al descubierto el malestar dentro de la CGT ante los cuestionamientos de sectores que reclaman una postura más dura y confrontativa frente a las políticas económicas y laborales impulsadas por la administración de Javier Milei. La frase sintetizó una discusión de fondo que atraviesa a la central obrera: cómo pararse frente a un escenario de ajuste, recesión y reformas que impactan de lleno en el mundo del trabajo.

Sola defendió la línea actual de la conducción cegetista y negó cualquier acusación de complacencia con el Ejecutivo. Según sostuvo, la CGT mantiene una posición clara en defensa de los derechos de los trabajadores, aunque basada en una estrategia que combina el diálogo institucional con medidas de protesta selectivas. En ese marco, rechazó ser señalado como funcional al Gobierno o como parte de un sindicalismo “tibio” frente al avance de políticas que afectan el empleo y el poder adquisitivo.

Del otro lado, desde la UOM vienen manifestando un creciente descontento con la actitud de la central. Furlán ha reclamado una reacción más contundente, con mayor protagonismo en la calle y acciones gremiales coordinadas que expresen con claridad el rechazo al rumbo económico oficial. Para el sindicalismo industrial, el impacto del ajuste sobre la actividad productiva, los puestos de trabajo y las paritarias exige una respuesta más firme y visible.

El cruce entre Sola y Furlán no es un episodio aislado, sino la expresión de una disputa más amplia dentro de la CGT entre los sectores moderados, que apuestan a preservar canales de diálogo con el Gobierno, y aquellos que impulsan una confrontación directa como herramienta central de presión. La discusión se da, además, en un momento de creciente conflictividad social, con despidos en distintos sectores, caída del consumo y negociaciones salariales condicionadas por la inflación y la recesión.

Mientras tanto, la conducción cegetista intenta sostener la unidad formal de la central, consciente de que una fractura abierta debilitaría su capacidad de incidencia política y gremial. Sin embargo, las diferencias estratégicas vuelven a emerger con fuerza y reflejan las dificultades para consensuar una hoja de ruta común en un escenario económico adverso y de alta tensión social.

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