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Un supermercado marca el rumbo del ajuste laboral: jornadas extenuantes y salarios de subsistencia

La precarización del mercado laboral argentino empieza a mostrar su fase más descarnada. En un contexto signado por la destrucción del poder adquisitivo, el debilitamiento de las protecciones legales y una narrativa oficial que celebra la “flexibilización”, algunas empresas ya se adelantan a la reforma laboral con ofertas que rozan límites históricamente inaceptables.

En las últimas horas, un local de la franquicia de supermercados Día difundió a través de la red social X una propuesta de empleo para el sector fiambrería que desató una fuerte polémica: 407 mil pesos mensuales a cambio de jornadas de 12 horas diarias, de lunes a lunes. El aviso, lejos de ser un caso aislado, funciona como una radiografía anticipada del modelo laboral que sectores del empresariado parecen dispuestos a consolidar.

El salario ofrecido apenas alcanza para cubrir el costo de la Canasta Básica Total de noviembre, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), y sin margen alguno para gastos adicionales. En términos reales, se trata de un ingreso de subsistencia. Incluso comparado con el Salario Mínimo Vital y Móvil, la cifra resulta engañosa: supera ese piso en unos 66 mil pesos, pero lo hace exigiendo cuatro horas diarias más de trabajo que la jornada legal de referencia.

La publicación detalla que el horario sería de 9 a 21, con una hora de descanso para almorzar, lo que implica 11 horas efectivas de trabajo diario, muy por encima de las 8 horas diarias o 48 semanales que establece la vigente Ley de Contrato de Trabajo. Como complemento, el aviso promete unos 20 mil pesos adicionales por presentismo y eventuales premios sujetos al “cumplimiento de objetivos de venta”, mecanismos que trasladan al trabajador la presión por resultados comerciales.

El trasfondo de esta oferta no puede leerse de manera aislada. Durante los dos años de gestión de Javier Milei, el salario mínimo sufrió una pérdida acumulada de hasta el 36% de su poder adquisitivo, producto de laudos oficiales muy por debajo de la inflación. Al mismo tiempo, la economía expulsó cientos de miles de empleos registrados, mientras la precarización laboral supera hoy el 40% de la población ocupada.

Este escenario no solo profundiza desigualdades, sino que habilita prácticas que normalizan la sobreexplotación. En rubros como el comercio, donde históricamente ya existían tensiones por condiciones laborales, el deterioro actual expone niveles de exigencia que rozan lo inhumano y reinstalan debates que se creían saldados hace décadas.

La oferta difundida por el supermercado Día no es una anomalía: es una señal de época. Funciona como una ventana al futuro laboral que algunos sectores económicos imaginan y que el Gobierno busca legitimar bajo el rótulo de “modernización”. Jornadas extensas, salarios de hambre y derechos reducidos a su mínima expresión configuran el horizonte de una reforma que promete profundizar la desigualdad.

Antes incluso de que el Congreso debata los cambios, el mercado ya comenzó a aplicarlos. Y lo hace sobre una población trabajadora debilitada, con escaso margen de negociación y urgida por la necesidad. El riesgo es claro: que la precarización deje de ser una excepción para convertirse en la nueva norma del trabajo en la Argentina.

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