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Alarma en la comunidad médica por el cierre del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas que salvó miles de vidas infantiles

Sin anuncio oficial, el Gobierno nacional desarticuló el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, despidió a sus siete profesionales hiperespecializados y dejó sin coordinación estatal a la red que garantizaba la atención de unos 4.000 bebés que nacen cada año con estas afecciones. La medida generó conmoción en el ámbito sanitario y fuertes cuestionamientos por su impacto directo en la mortalidad infantil.

El Gobierno de Javier Milei decidió desarticular el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), una política pública clave del sistema de salud argentino que durante 15 años coordinó la atención, derivación y tratamiento de niños con cardiopatías congénitas en todo el país. La medida se ejecutó sin comunicación previa y se tradujo en el despido de los siete profesionales hiperespecializados que conducían el programa.

El equipo estaba integrado por Willy Conejeros Parodi, Paula Campana, Carlos Fernando Rosental, Silvina Rosellot, Mariana Fernández, Tomás Schwaller y María Eugenia Olivetti, quienes fueron notificados de manera verbal o mediante un escueto mensaje administrativo que informaba la no renovación de sus contratos para 2026. Ante esa decisión, el resto de los integrantes dio por finalizada su relación laboral.

La desvinculación del equipo técnico, columna vertebral del programa, provocó una inmediata alarma en la comunidad médica, dado que el PNCC recibía y gestionaba derivaciones de familias de alrededor de 4.000 bebés que nacen cada año con cardiopatías congénitas, de los cuales el 50% requiere cirugía, muchas veces en las primeras horas de vida.

Un programa federal que salvó miles de vidas

Creado en 2008 y respaldado por una ley sancionada en 2023, el PNCC surgió con el objetivo de reducir la mortalidad infantil asociada a las cardiopatías congénitas, que constituyen la tercera causa de muerte en niños y niñas en la Argentina.

“El programa nació por iniciativa de Guillermo Kreutzer y Horacio Capelli para dar respuesta a una demanda crítica del sistema de salud”, explicó Willy Conejeros Parodi, uno de los coordinadores despedidos. “Se creó una red federal de centros de distintas complejidades para asistir a los pacientes, disminuir los tiempos de espera y reducir la morbimortalidad. Hoy tenemos una sobrevida cercana al 95%, comparable con la de países del Primer Mundo”.

El PNCC articulaba 15 centros categorizados según niveles de complejidad y funcionaba como un nodo central que, a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SIISA), evaluaba cada caso y definía la mejor derivación posible.

Derivación urgente, atención especializada

La tarea del equipo era decisiva. “Si el niño estaba en Salta y el caso era de baja complejidad, se resolvía en la provincia. Si era más complejo, se derivaba a Córdoba o Tucumán, y si era de alta complejidad, a Buenos Aires”, detalló Conejeros. En la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires operan los cinco centros de mayor complejidad del país.

El programa también capacitó profesionales en todas las provincias, fortaleció el diagnóstico prenatal, orientó la estabilización de pacientes críticos y garantizó derivaciones en tiempo récord. “En muchas provincias no hay diagnóstico prenatal. Si no se interviene rápido, el bebé puede morir. Nosotros interveníamos para que llegara estabilizado al lugar adecuado”, subrayó el especialista.

Resultados concretos y reconocimiento internacional

El PNCC realizaba alrededor de 800 cirugías por año, recibía más de 6.000 notificaciones anuales, eliminó la lista de espera quirúrgica y ayudó a equipar hospitales con bombas de circulación extracorpórea, instrumental quirúrgico y equipos de hemodinamia.

Además, fue considerado un programa modelo en la región y presentado como experiencia exitosa ante organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En 2023, la sanción de la Ley Integral de Atención del Paciente Cardiópata, aún sin reglamentar, consolidó su marco normativo y garantizó la continuidad de la atención más allá de los 18 años.

Denuncias y críticas

Desde las redes sociales, el médico y diputado Pablo Yedlin advirtió que el desmantelamiento del programa “es ilegal y constituye un grave error del Ministerio de Salud”, al tiempo que recordó que el PNCC permitía que bebés nacidos en cualquier punto del país accedieran al centro de complejidad que necesitaban.

La situación fue definida por sus protagonistas como un vaciamiento deliberado. “Funcionábamos las 24 horas, los 365 días del año, incluso durante la pandemia. No lo hacíamos por el sueldo, sino por los chicos”, afirmó Conejeros. Y alertó: “Los más perjudicados no son los grandes hospitales, sino los niños que nacen lejos de los centros de alta complejidad”.

Una red que se apaga

Hoy, del programa solo quedan seis empleados administrativos y un asesor médico del Hospital Garrahan. La estructura técnica que garantizaba coordinación, seguimiento y decisión clínica fue eliminada.

En una carta abierta, Alejandra Villa, primera coordinadora del PNCC, sintetizó el alcance de lo perdido: “No se trata de cargos ni de estructuras. Se trata de personas, de familias y de un modelo que demostró que cuando el Estado y los equipos de salud trabajan en red, los resultados salvan vidas”.

El cierre del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas representa mucho más que un ajuste administrativo: implica la desarticulación de una política pública federal que redujo la mortalidad infantil y garantizó equidad en el acceso a la salud. La decisión del Gobierno abre un interrogante profundo sobre el futuro de miles de bebés que nacen cada año con estas afecciones y vuelve a colocar en el centro del debate el rol del Estado en la protección de la vida desde el inicio.

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