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La inflación volvió a acelerarse y golpea con más fuerza en alimentos, transporte y servicios esenciales

El IPC de noviembre marcó 2,5%, el registro más alto en siete meses. Pero detrás del dato general, los aumentos se concentraron en los rubros vitales para la vida cotidiana: alimentos, transporte y servicios públicos. Las canastas básicas volvieron a superar con claridad a la inflación, dejando a la mayoría de los trabajadores por debajo del umbral de pobreza.

De acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el Indec, la inflación de noviembre fue del 2,5%, el tercer incremento consecutivo y el mayor desde abril. La variación interanual trepó al 31,4%, mientras que la acumulada del año alcanzó el 27,9%. Sin embargo, el dato global es apenas el punto de partida: el verdadero impacto se observa en los rubros básicos que lideraron las subas.

El capítulo Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó los aumentos con un 3,4%, principalmente por las actualizaciones en las tarifas de luz y gas. Pero el golpe más duro —como viene ocurriendo desde hace meses— volvió a darse en alimentos y bebidas crecieron 2,8%, aunque con fuertes disparidades internas: la carne y las frutas traccionaron muy por encima del promedio. Según los datos oficiales, el asado subió 13%, la nalga 10%, la carne picada 9,5%, mientras que las frutas saltaron 11,4% y las verduras 3,7%.

Un diciembre con riesgo inflacionario y perspectivas más tensas

Las consultoras privadas proyectan una inflación de 2,3% para diciembre, aunque con riesgos al alza por nuevas correcciones de precios regulados y ajustes en alimentos. Economistas como Gonzalo Carrera (Equilibra) advierten que, tras haber tocado un piso, la inflación interanual comenzó a acelerarse “aunque sea 0,1 punto”, signo de que “bajar una inflación moderada es más difícil” y que los aumentos en carne y tarifas dejan poco margen para un alivio rápido.

Firmas como Adcap y EcoGo coinciden en que el proceso de desinflación entró en una etapa más lenta, con un piso inercial alto marcado por el arrastre de tarifas, combustibles y alimentos frescos.

Noviembre dejó una conclusión contundente: la inflación no sólo volvió a subir, sino que lo hizo de manera más agresiva sobre los bienes esenciales, aquellos que definen el nivel de vida de los sectores populares y de la clase trabajadora. Mientras los salarios continúan rezagados, las canastas básicas avanzan a un ritmo que multiplica la vulnerabilidad social. La señal de alerta está encendida: la recuperación real del ingreso está aún lejos, y cada nuevo mes de remarcaciones en alimentos y servicios críticos profundiza la distancia entre el costo de vida y los ingresos formales.

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